miércoles, noviembre 22, 2006

Un sueño...:

Fallecí según los indicadores terrenos y me reecontré con todos aquellos que conocí en vida y ya habían realizado el tránsito. No importaba si me habían dañado o habían sido dañados por mí: todos me daban la bienvenida y yo les saludaba también gozoso. Dominaba una risa fresca y benévola. La risa de los que se divertían entrañablemente ante tantas desmesuras y desenfoques acumulados.

Terminada la vida terrenal, imediatamente comprendías que nuestra limitaciones e inseguridades habían sido la causa de las tonterías infligidas y sufridas. Ahora todos disfrutábamos de nuestra mutua compañía. Había tanta dicha en el perdón que recibías o prodigabas... tanto agradecimiento por los bienes inmerecidos y ocultos de que habías sido objeto y ahora descubrías. Y los vivos..., allá seguían los vivos, siempre algo desconcetados y perplejos. ¡Qué espactáculo más fabuloso ver a los vivos luchando y amando, errando y rectificando!. Desde mi nueva condición me concentraba en apoyar y ayudar a mi familia terrena, a mis amigos, a todos, todos mis conocidos, ya definitivamente convertidos todos en amigos íntimos para siempre.

Tonterías

¡Cuántas tonterías hacemos los seres humanos!
¡Cuántos dramas imaginados!
¡Cuántos berrinches inútiles!

El día del “juicio final”, seguro, lo aclara.

Y vencida la confusión,
Nos reencontramos.

Y tu mirada tímida y cálida,
se vuelve sonrisa franca y fraterna

Sin reservas, ¡un abrazo!
Siempre y para siempre

Y nos reímos juntos
De tantas tonterías.

Qué entrañablemente tontos somos los humanos
Tienen que querernos con nuestras entrañables tonterías