El verano os ofrece a muchos papás una de las pocas oportunidades de ejercer plenamente la paternidad que tenéis. Para los separados o divorciados que no habéis conseguido la custodia compartida, constituye de hecho el único periodo mínimamente prolongado de convivencia con vuestros hijos e hijas que os ha otorgado una legislación mezquina y reaccionaria. Para otros, que habéis asumido la carga de ser los proveedores principales del hogar queriéndolo o no, ocurre algo parecido, sin que ninguna ley de conciliación laboral presente o venidera parezca contemplaros. No os desaniméis y aprovechad estas semanas para que vuestros hijos e hijas descubran la vida doméstica con su padre y a través de él (gestión de los horarios y ritos cotidianos: desayunos, comidas, cenas, compras, parque, juegos compartidos, cuadernos escolares de verano, etc.; vivencia de los espacios y rutinas del hogar: cocinar, lavar la ropa, planchar, lavar los platos, limpiar la casa; seguimiento médico; ir de compras –ropa, complementos.. ; red social: invitar a la familia, a sus amigos, a los papás de sus amigos; actividades favorecedoras de las confidencias: ver y comentar películas juntos, leer libros en voz alta; etc.). En las familias tradicionales, en las que la madre asume las principales responsabilidades del hogar, sería muy aconsejable proponer una inversión de roles durante este período, que podría constituir el primer paso para un reparto de tareas y funciones más equitativo.
Vuestros hijos e hijas necesitan ver que la paternidad también se ejerce de ese modo. La semana pasada se dio a conocer un estudio de la profesora Enriqueta Díaz (www.elbaixllobregat.net/conselldones/pdf/premsa/72.pdf) donde revelaba que los adolescentes perciben la vida de hogar todavía organizada según los estereotipos y patrones de conducta tradicionales, a pesar de que son a todas luces disfuncionales e insatisfactorios.
Os equivocáis si persistís en eludir vuestras responsabilidades domésticas, autoexcluyéndoos y enajenándoos de un ámbito donde tanto os precisan, y se equivocan las mujeres que contribuyen a perpetuar ese modelo, porque les reporta beneficios secundarios. Urge asumir que la igualdad de género en el ámbito laboral conlleva indefectiblemente que hombres y mujeres también tiendan a equiparar su peso y presencia en el hogar, incluyendo todas los ámbitos la vida doméstica, desde los más impersonales (ámbito material: compras, comidas, limpieza, mantenimiento; ámbito político: toma de decisiones, establecimiento y aplicación de normas, distribución de tareas, gestión económica, gestión horaria, planificación general: eventos familiares, vacaciones, ocio, etc.), hasta los más íntimos y personalizados (cuidados y salud física; escucha, orientación, apoyo emocional y salud psíquica).
Este imperativo de nuestro tiempo histórico constituye un reto difícil –nada más peligroso que menospreciarlo- y nos está exigiendo a todos -hombres y mujeres- mucha clarividencia y capacidad de negociación. Pero, resistirse al cambio al amparo de los estereotipos tradicionales incapacita a nuestros hijos para el futuro y produce muchas disfunciones y sufrimiento. Nos jugamos mucho. Posiblemente, muchos fracasos matrimoniales tienen que ver con los problemas que se gestan en este terreno.
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lunes, julio 16, 2007
Paternidad de verano
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miércoles, febrero 14, 2007
Reapropiarse de la condición masculina
El feminismo del siglo pasado descubrió las claves del discurso masculino y aprendió a desconfiar de sus argumentaciones, pero se le fue la mano porque acabó por demonizar al hombre, exceso por otra parte muy rentable que permite a muchas mujeres –y hombres- instalarse en la posición de víctimas o protectoras de las víctimas y disfrutar de los beneficios secundarios de tal opción. Los medios invertidos en crear un imaginario en consonancia son colosales y están resultando efectivos.
Ahora "toca" enseñar a los hombres a reapropiarse de su condición masculina desde los desvelamientos del feminismo. De hecho, un sector del feminismo más lúcido y "sensible", consciente de la inevitabilidad del ser masculino, prepara incesantemente guiones para redimirlo y convertirlo a un nuevo estado, aunque a costa de negar más que de afirmar su naturaleza. Mal camino. Esa necesaria transformación –abandono de los estereotipos tradicionales, alumbramiento de un nuevo imaginario, etc.- sólo podrá conseguirse si los hombres aprenden a desconfiar sanamente del discurso feminista y parten de la afirmación desacomplejada de su condición masculina. El primer paso quizás sea el de crear un nuevo imaginario y divulgarlo insistentemente a través de los medios de comunicación. Al futuro de nuestra especie le conviene. Podría empezarse por “los nuevos papás”, un hito reciente en la historia de la humanidad.
Ahora "toca" enseñar a los hombres a reapropiarse de su condición masculina desde los desvelamientos del feminismo. De hecho, un sector del feminismo más lúcido y "sensible", consciente de la inevitabilidad del ser masculino, prepara incesantemente guiones para redimirlo y convertirlo a un nuevo estado, aunque a costa de negar más que de afirmar su naturaleza. Mal camino. Esa necesaria transformación –abandono de los estereotipos tradicionales, alumbramiento de un nuevo imaginario, etc.- sólo podrá conseguirse si los hombres aprenden a desconfiar sanamente del discurso feminista y parten de la afirmación desacomplejada de su condición masculina. El primer paso quizás sea el de crear un nuevo imaginario y divulgarlo insistentemente a través de los medios de comunicación. Al futuro de nuestra especie le conviene. Podría empezarse por “los nuevos papás”, un hito reciente en la historia de la humanidad.
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