Comenta José Antonio Marina en Arquitecturas del deseo que la alianza del principio de individuación y del principio del placer nos ha conducido a un callejón sin salida que hace inviable la vida social.En lugar de actuar como sujetos libres, capaces de ir más allá del deseo, nos dejamos aprisionar por los estímulos que otros nos diseñan y que actúan como los grilletes de nuestra cárcel egoica. Enajenados de nosotros mismos y de los demás, y confinados en circuito hastiante, nuestra vulnerabilidad es cada vez mayor.
Este duro diagnóstico, todavía es más severo si pensamos en nuestros hijos, a los que no hemos conseguido trasmitir aquellos referentes residuales que a los adultos aún nos permiten alzar el vuelo, cuando el deseo se desboca. Al parecer, la única aspiración intensa que les hemos contagiado con éxito es la de ser feliz a cualquier el precio. Y en coherencia con este programa, los padres-niños eludimos poner limites a nuestra descendencia, convirtiendo a nuestros hijos en caricaturas de nosotros mismos.
Desarmados por la permisividad imperante, estos chicos y chicas satisfacen su anhelo ilimitado de “gozar sin trabas” en el mercado que, dispuesto a manipularlos y exprimirlos sin piedad, los lanza a un hiperconsumo devastador. El mundo adolescente parece educarse, construirse y alinearse exclusivamente a partir del orden económico. Son hijos del mercado. Se nos han escapado de las manos.
Pero, ¿qué efectos produce en nuestros jóvenes semejante deriva?. Tanto si nos centramos en el terreno del consumo, en el de la sexualidad -que el mercado explota a edades cada vez más tempranas-, o en el de las relaciones persónales, los estudios, los especialistas destacan, entre otros efectos, los siguientes:
-Dependecia de las modas en sucesión incesante dictadas por el amo-mercado
-Balcanización del consumo
-Comportamientos fragmentados, sin reglas, volátiles
-Perfomances constantes
-Inconstancia y inestabilidad
-Banalización de la sexualidad
Sin embargo, la sobrestimulación artificial del deseo tiene un límite imprevisto: el tedio. Es algo que ya se detecta en el ámbito sexual. Sin normas, sin límites, sin represión ni posibilidad de transgredir, los adolescentes se encuentran sin discursos en los que inscribir sus experiencias y dotarlas de sentido, sin vías de acceso al otro. El resultado es un sexo sin pasión, ni encuentro, construido bajo el signo de la indiferencia, quizás el estado emocional que mejor define nuestra época. Dice Lipovetsky, que el permisivismo “engendra un neo pauperismo tanto libidinal como afectivo”. Esos adolescentes “fijados, atornillados, a sus blogs, sus SMS, sus pantallas” más que el encuentro lo que negocian es el no encuentro, la relación sexual apática: hablar poco, hacerlo eventualmente, sacar la menor consecuencia posible. A la banalización del sexo ha seguido el desmoronamiento del imaginario controversial. La gastada retórica romántica mal sobrevive en la ficción mediática, pero ya no alcanza a la calle, y nada la ha reemplazado.
Esa ausencia de referentes que permitan percibir las propias experiencias en toda su plenitud, se abre el camino a nuevas búsquedas cada vez más fronterizas e inquietantes. Así se explica la prolofercaión de conductas cada vez más extremas, perversas y destructivas: droga, alcoholismo, comportamientos cínicas e incluso sádicos, violencia, los maltratos...
Éxito masivo de un juego que fomenta la cirugía estética
y la dieta en niñas
La Vanguardia, Sección 'Tendencias', Pàgina 22. 26/03/2008
El fenómeno ´Miss Bimbo´ desata la polémica en Francia y el Reino Unido
RAFAEL RAMOS - Londres. Corresponsal
Todo empieza con una dieta severísima para perder peso y quedarse con una cinturita más delgada que un alfiler, sigue con una operación de cirugía estética a fin de lucir unos pechos de película, y termina por supuesto cazando a un multimillonario... Pero no se trata de los mandamientos de Victoria Beckham o algún otro icono femenino contemporáneo, sino de un juego en internet para que niñas de menos diez años aprendan desde la más tierna edad a ser las "bimbos perfectas".
La página web con el jueguecito en cuestión, creada por un francés que se ha establecido en Londres, tiene alrededor de un millón y medio de seguidoras menores de dieciséis años que compran lencería, bikinis y vestidos de noche virtuales para sus bimbos,les dan pastillas para adelgazar y en general las matan de hambre, en un proceso que ha sembrado la alarma de numerosos padres y ha despertado la condena de organizaciones que se dedican a ayudar a las víctimas de la bulimia y la anorexia.
"Sólo faltaba que gracias a internet las niñas de primaria se dediquen ya a comer lechuga y conviertan la cirugía estética para tener el tipo perfecto en la gran aspiración de su vida: esa es una receta para la infelicidad", dice Susana Clayton, psicóloga británica especializada en ayudar a adolescentes con desórdenes alimentarios. Pero el creador de la web, un empresario francés llamado Nicholas Jacquart, opina que el juego es constructivo y enseña a las chicas a lidiar con situaciones a las que tendrán que enfrentarse en su vida.
"No creo que se trate de una mala influencia - dice Jacquart-, más bien de un espejo del mundo real. Las niñas aprenden que las frutas y verduras son mejores para la salud que el chocolate y las chucherías, por ejemplo. Las operaciones de pecho son tan sólo una pequeña parte, y en ningún momento animamos a las chicas jóvenes a que se sometan a ellas".
El registro para jugar en la red a Miss Bimbo es gratis, pero las participantes tienen que adquirir bimbodólares para alimentar, vestir y llevar de marcha a sus muñecas mediante mensajes de texto que cuestan el equivalente de unos dos euros. Tan sólo en Francia 1,2 millones de niñas y adolescentes están enganchadas al proyecto de desarrollar la chica perfecta de piernas largas, cintura diminuta y pechos considerables que abunda en las pasarelas de la moda, y que además sea feliz.

Las participantes pasan por una serie de niveles como en los juegos de rol, con desafíos cada vez más difíciles que les valen puntos que pueden canjear por prendas, limpiezas de cutis, estiramientos de piel u operaciones de cirugía estética para sus bimbos.El nivel diecisiete, una vez que la muñeca de los sueños ha adquirido ya por medios naturales y artificiales la figura ideal, consiste en llamar la atención de un multimillonario y conquistar su amor (y su dinero, se supone).
El objetivo del juego es crear "la bimbo más cool,más rica y más famosa del planeta", que según los creadores de la web es la receta de la felicidad. Pero padres y sociólogos creen más bien que se trata de un ejemplo pernicioso para niñas influenciables que pueden caer en la tentación de querer convertirse de mayores en sus muñecas.
y la dieta en niñas
La Vanguardia, Sección 'Tendencias', Pàgina 22. 26/03/2008
El fenómeno ´Miss Bimbo´ desata la polémica en Francia y el Reino Unido
RAFAEL RAMOS - Londres. Corresponsal
Todo empieza con una dieta severísima para perder peso y quedarse con una cinturita más delgada que un alfiler, sigue con una operación de cirugía estética a fin de lucir unos pechos de película, y termina por supuesto cazando a un multimillonario... Pero no se trata de los mandamientos de Victoria Beckham o algún otro icono femenino contemporáneo, sino de un juego en internet para que niñas de menos diez años aprendan desde la más tierna edad a ser las "bimbos perfectas".
La página web con el jueguecito en cuestión, creada por un francés que se ha establecido en Londres, tiene alrededor de un millón y medio de seguidoras menores de dieciséis años que compran lencería, bikinis y vestidos de noche virtuales para sus bimbos,les dan pastillas para adelgazar y en general las matan de hambre, en un proceso que ha sembrado la alarma de numerosos padres y ha despertado la condena de organizaciones que se dedican a ayudar a las víctimas de la bulimia y la anorexia.
"Sólo faltaba que gracias a internet las niñas de primaria se dediquen ya a comer lechuga y conviertan la cirugía estética para tener el tipo perfecto en la gran aspiración de su vida: esa es una receta para la infelicidad", dice Susana Clayton, psicóloga británica especializada en ayudar a adolescentes con desórdenes alimentarios. Pero el creador de la web, un empresario francés llamado Nicholas Jacquart, opina que el juego es constructivo y enseña a las chicas a lidiar con situaciones a las que tendrán que enfrentarse en su vida.
"No creo que se trate de una mala influencia - dice Jacquart-, más bien de un espejo del mundo real. Las niñas aprenden que las frutas y verduras son mejores para la salud que el chocolate y las chucherías, por ejemplo. Las operaciones de pecho son tan sólo una pequeña parte, y en ningún momento animamos a las chicas jóvenes a que se sometan a ellas".
El registro para jugar en la red a Miss Bimbo es gratis, pero las participantes tienen que adquirir bimbodólares para alimentar, vestir y llevar de marcha a sus muñecas mediante mensajes de texto que cuestan el equivalente de unos dos euros. Tan sólo en Francia 1,2 millones de niñas y adolescentes están enganchadas al proyecto de desarrollar la chica perfecta de piernas largas, cintura diminuta y pechos considerables que abunda en las pasarelas de la moda, y que además sea feliz.

Las participantes pasan por una serie de niveles como en los juegos de rol, con desafíos cada vez más difíciles que les valen puntos que pueden canjear por prendas, limpiezas de cutis, estiramientos de piel u operaciones de cirugía estética para sus bimbos.El nivel diecisiete, una vez que la muñeca de los sueños ha adquirido ya por medios naturales y artificiales la figura ideal, consiste en llamar la atención de un multimillonario y conquistar su amor (y su dinero, se supone).
El objetivo del juego es crear "la bimbo más cool,más rica y más famosa del planeta", que según los creadores de la web es la receta de la felicidad. Pero padres y sociólogos creen más bien que se trata de un ejemplo pernicioso para niñas influenciables que pueden caer en la tentación de querer convertirse de mayores en sus muñecas.