Tu cuerpo robusto y vencido retiene en cada repliegue la tersura de la vida y la memoria de sus gestos generosos.
Y ahora me lo confías sin remilgos, sin resistencia, abandonándolo dócilmente al quehacer de mis manos.
Noto el amor de tu piel en cada surco, en cada intersticio, en cada poro.
Me impresiona, mamá, la dignidad con que rindes las armas y dejas hacer al dolor.
Lo asumes y vives sin estridencia, sin combates inútiles, como parte de la vida.
Sólo vestida de ternura, veo en tus ojos que sabes, que das, que aceptas, que agradeces y perdonas.
Te lavo. Paso la esponja por todo tu cuerpo, por el vientre que me gestó y alumbró, por los pechos que me amamantaron.
En la galería, junto a la nevera de hielo, conseguías haces hablar a una pinza entre tus labios para animarme a comer la papilla.
Ahora sigues ahí, sentada en el pequeño sillón, inerme y silenciosa, regalando incondicionalmente toda la vida que te queda. Libando el néctar hasta dar la última gota de miel.
La pinza a veces vuelve a hablarme tiernamente y me dice cosas tremendas. La última me alcanzó especialmente: “procura no resultar odioso”.
Te dejas hacer y te regalas sin pedir nada a cambio. Parece que ya lo tienes todo.
¡Qué sensación tan extraña! Nunca imaginé que iba a cuidarte y que cuidándote, me seguirías cuidando.
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viernes, agosto 24, 2007
Te preguntas por el Amor
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domingo, enero 14, 2007
LOS DIEZ RETOS DE LAS NUEVAS MASCULINIDADES
1. Asumir plenamente la crisis de la masculinidad tradicional que se deriva de la incorporación plena de las mujeres al trabajo asalariado y estable. Revisar críticamente los símbolos y las estructuras patriarcales que han articulado la vida social hasta ahora, pero sin caer en demonizaciones simplistas, que lleven a menospreciar o ignorar el complejo entramado de funciones, contraprestaciones y deberes que comportaba el modelo tradicional en sus formulaciones más equitativas. Promover nuevas pautas de conducta que desde la afirmación desacomplejada de la condición masculina permita construir relaciones equilibradas y satisfactorias. Desprenderse y liberarse de los aspectos insatisfactorios de los modelos hasta ahora dominantes. 2. Descubrir la importancia de nuestra presencia activa en el ámbito del hogar. Corresponsabilización total por parte del hombres de les tareas domésticas, de la atención de los hijos y del cuidado de los mayores y enfermos. Aprender a negociar el reparto de responsabilidades, reclamando a las mujeres que cedan poder en los espacios domésticos. Saber cuidar de uno mismo y de los que nos rodean. 3. Aprender a resolver los conflictos de pareja dentro del marco relaciones surgido de estos cambios –más dinámico e inestable que nunca-, desarrollando especialmente las habilidades comunicativas y la capacidad de negociación. Los hombres han de saber gestionar su específico lado oscuro y conseguir interactuar correctamente con el lado oscuro femenino, en un entorno frágil, sometido a fuertes tensiones –armonización compleja de los proyectos de realización personal, presión laboral, cargas familiares, etc,-. El reto exige competencias emocionales hasta ahora descuidadas: capacidad de identificar los estados emocionales y de expresar necesidades personales, asunción desproblematizada de la propia vulnerabilidad, predisposición al diálogo franco y constructivo sin pudores absurdos, dominio del tempo comunicativo, etc. 4. Construir o reconstruir creativamente las estructuras familiares a partir de las cenizas del modelo anterior, conjugando el refuerzo emocional mutuo y el respeto a la autonomía personal. Conseguir crear un entramado afectivo eficaz que favorezca el crecimiento y la maduración saludable de todos sus integrantes. 5. Contribuir a redefinir la maternidad desde la afirmación plena de la paternidad. 6. Reivindicar la paternidad afectiva no sólo como un proyecto deseable, sino como un derecho al que ningún hombre ha de renunciar y que, por tanto, debe estar plenamente reconocido a nivel jurídico. Luchar sin complejos contra las injusticias y vejaciones que se sufren en este ámbito. 7. Denunciar la criminalización de la condición masculina bajo cualquiera de sus formas. Combatir el recurso gratuito al binomio “hombre agresor-mujer víctima” en la articulación de los discursos. 8. Criticar las formas de construcción de la polaridad sexual que consagran hipócritamente la mirada masculina más rancia y obsoleta (música, moda, pornografía...). 9. Aprender a crear y mantener redes de relaciones y de apoyo. 10. Asumir plenamente la complejidad y diversidad de las identidades masculinas, huyendo de las identidades artificiosas, diseñadas para favorecer el consumo. |
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