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jueves, octubre 30, 2008

A los padres se les ha metido en la cabeza que deben "gustar" a sus hijos


Lo comenta Aldo Nauri en LA VANGUARDIA. La entrevista y los artículos que la acomapañan no tienen desperdicio.

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20081029/53568566257.html

Soy tu padre, no tu amigo.

Cuando los niños sobreprotegidos acaban siendo adolescentes conflictivos

NÚRIA ESCUR - Barcelona

Cuentan que en su consulta, ante la pregunta de una madre preocupada - "¿cómo debo educar a mi hijo?"-el mismo Freud contestó: "Como le de la gana. ¡De todos modos estará mal!". Ante esa imposibilidad de ser infalible, surgen corrientes que empiezan a poner en tela de juicio prácticas educativas gestadas en la década de los sesenta como revulsivo contra una educación represiva y humillante. Nacieron para corregir la pésima herencia del jarabe de palo y "la letra con sangre entra". Ahora, en la otra orilla, nos encontramos con niños de infancia plácida que crecen en burbujas permisivas, sin un solo límite y con más capacidad de acción que de reflexión. Se diseñan adolescentes tiranos que se creen con la autoridad moral de manejar el mundo, y a quienes viven en él, a su antojo.

Teresa Pont Amenós ha trabajado durante diez años en los juzgados de Barcelona. Los ha probado todos: de menores, de familia, instrucción, penales. La reclamaban -por su experiencia como psicoterapeuta y especialista en criminología-en casos de adolesentes conflictivos. "Lo que me sorprendió es que, en muchos casos, al lado de un delincuente joven había una madre permisiva. Madres que me preguntaban ¿cómo puede ser, si lo ha tenido todo? Esa era mi alerta, la frase. Precisamente por eso, señora".

Los profesionales empiezan a enfrentarse a un cambio en el perfil prototípico de adolescente conflictivo. "Antes era sinónimo de familia desestructurada, barrio bajo, nulas posibilidades. Ahora nos encontramos con familias acomodadas, chicos con formación y, eso sí... sin límites". Insiste Pont en que la sociedad actual favorece un círculo vicioso: padres estresados que llegan a casa tarde y de mal humor "y para calmar su sentido de la culpabilidad le compran todo lo que pide. Esos chicos nunca interiorizarán valores intangibles como el esfuerzo, la espera, el ahorro. No tienen ni idea de eso".

Una advertencia rodea las reflexiones de pedagogos y juristas: si no pones límites a tu hijo le estás haciendo un mal favor. Le dejas indefenso ante las frustraciones futuras. Sin recursos para afrontar la crisis actual o las que queden por venir. Por eso recomiendan un cambio de actitud: "Los padres no deben tener miedo al ´no´. Hay chicos que están pidiendo a gritos que les frenen porque ya se han perdido. Pero si el ´no´ va acompañado de palabras, recuérdale que tu eres su padre o su madre, no su amigo".

O somos conscientes de esta circunstancia -insiste Teresa Pont-o "cada vez nos vamos a encontrar en los juzgados con más chicos rebeldes, hijos de familias acomodadas, convertidos en skins peligrosos. Lo peor de sus padres es que van tan desbordados que les admiten todo. Pero se olvidan de darles criterio. En eso son huérfanos".

Cada vez hay más niños con síndrome del emperador. se creen el centro del mundo. Aldo Naouri, pediatra y máxima autoridad en Francia, se ha atrevido a augurar que si no se toman medidas - "si la mala educación de las generaciones continúa"-peligrarán incluso los niveles superiores de enseñanza. En 20 años puede no haber nadie en condiciones de dedicarse a la investigación". Sugiere que estamos criando futuros fascistas: "Al fin y al cabo ¿qué es un fascista si no un individuo inmerso, por muy adulto que sea, en su infantil poder absoluto". Los adolescentes, añade, no sólo creen que pueden tenerlo todo sino que tienen derecho a todo.

Anna Berga, doctora en Sociología, profesora de las Escoles de Treball Social i Educació Social de la Fundació Pere Tarrés, advierte que en cuanto a violencia juvenil hay mucho falso mito. "La conducta incivilizada ahora sí se considera un problema nuevo.Cuando las conductas aberrantes las protagonizan jóvenes de clase media, de entornos familiares ´normalizados´ no encontramos explicación y acabamos por emplear el calificativo de violencia gratuita. Pero no es más que nuestra incapacidad para comprender sus razones".

Pasar de modelos autoritarios al vacío de autoridad -explica la socióloga-, además de la incertidumbre moral actual, ha hecho mucho daño a una generación de adolescentes que crecen con la dificultad de identificar límites. Tener autoridad es eso: un modelo, ser un referente válido. En ese sentido la autoridad es la base de toda educación".

Padres que quieren ser amigos, que ceden por no entrar en conflicto o "separados con diferencia de criterios, en alianza con el hijo y contra la otra figura parental -explica Pons-y que el único modo que encuentran para expresar sus afectos es el material" pueden perpetuar una actitud: pequeños tiranos hoy, grandes dictadores mañana.


ACTUAR PRONTO

En la década de los 50, Donald Winnicott, reconocido pediatra y psicoanalista, ya estudió las manifestaciones antisociales infantiles. Insistía en un punto: cuanto más se tarda en poner límites más difícil es llegar a reparar una situación de carencia (ausencia de límites, excesiva permisividad…), más difícil instalar la disciplina necesaria para frenar esa tendencia


EN LOS JUZGADOS "Al lado de un joven delincuente había una madre permisiva", explica Teresa Pont

VIOLENCIA GRATUITA "Así la definimos cuando son jóvenes de entornos normalizados"


ENTREVISTA A ALDO NAOURI

"La relación filial no puede ser horizontal"
N. ESCUR - Barcelona

Considera que hemos sido demasiado blandos con nuestros hijos. Que debemos volver a la disciplina y el rigor y que no por ello nos van a querer menos. Es pediatra y la máxima autoridad en relaciones interfamiliares en Francia, país donde su último libro ha abierto la caja de Pandora. Para Aldo Naouri (Libia, 1937) la frase Somos amigos como colofón entre padres e hijos ha sido "el peor maltrato que se puede inflingir a un niño". Pide una revisión.

¿Cuántos niños maleducados pasaron por su consulta?

De maleducados he visto más padres que hiios. En Francia me conocen como el pediatra de los padres.Calculo que he tratado unos 15.000 casos.

¿Nos odiarán nuestros hijos por ser más severos?

En absoluto. Con los años les darán las gracias. Todo hijo está condenado a amar y odiar a la vez a sus padres y, después, seguir su propio camino. No existen niños que puedan decir que han tenido padres perfectos.

LA HERENCIA DE LOS SESENTA Lo peor es que a los padres se les ha metido en la cabeza que deben "gustar a sus hijos"

Sería una desgracia

Totalmente. A menudo los que tienen esa sensación de padres ideales después no tienen hijos.

¿Por qué dice usted que un hijo atribuye a la madre lo permisivo y la negación al padre?

Estamos nueve meses en un vientre y allí establecemos una comunicación de gran fiabilidad: el niño interioriza la garantía de que la madre le va a decir que sí a todo, durante toda su vida. Predestina al padre a los no.

Los rols deben cambiar

En nuestra sociedad, hasta hace unos 50 años, el padre estaba apoyado por el cuerpo social. Hoy ya no hay nada de eso.

¿Cuál es la peor herencia de la pedagogía de los años sesenta?

Que a los padres se les ha metido en la cabeza que deben "gustar" a sus hijos. En una falsa idea de la democracia se ha creído que había que tratar al niño de igual a igual. Nefasto.

¿La relación padres-hijos no puede ser horizontal?

Jamás. En un vuelo en avión al piloto no se le ocurre, en nombre de la democracia, invitar a un pasajero a que pilote él.

Le leo: "No le mandes algo a un niño acabando la frase con con un por favor, cariño"

Odiamos tanto las dictaduras que hemos olvidado que la autoridad es necesaria.

Entonces no hay que darles excesivas explicaciones

Usted puede explicarle a un niño de dos años y medio cómo llega un bebé al mundo. Pero siempre entenderá que es por el conducto anal. ¡Ese experimento es universal! Cuando un niño no está preparado para una explicación busca él mismo la respuesta...

Antes se nos decía "en la vida no se puede tener todo"

Eso curtía. Ahora se les dice "haz lo que quieras, mientras seas feliz", "puedes tenerlo todo". ¡Que incierto! Paradójicamente, los movimientos de izquierdas que preconizan la libertad son los aliados objetivos de la sociedad de consumo.

¿Qué es lo peor que le han imputado esos movimientos?

El 96% de la población -incluída prensa-me dió las gracias por decir en voz alta lo que llevan tiempo pensando. El4% restante me insulta sin argumentos: anticuado, reaccionario...

¿Por qué no mostrarnos desnudos ante nuestros hijos?

La curiosidad es un motor. Si la satisfacemos le restamos instrumentos de madurez: bloqueamos su deseo de saber. Lo que se llama la pulsión epistemofílica. La habitación conyugal debería estar siempre cerrada.

"A un adoptado dile que lo es sólo una vez ". ¿Por qué?

Porque si se lo repite demasiado pensará que es distinto como si eso fuera una tara.

¿Hasta cuando estamos a tiempo de corregir?

Siempre, sólo que tendrá más trabajo si no ha invertido en sus tres primeros años de vida.

Divide la sociedad entre neuróticos y perversos.

Los neuróticos -los que le decimos al niño que no puede tenerlo todo-tenemos un mecanismo con fantasma (que permite aceptar la frustración) y el perverso hace lo que quiere.



ANÁLISIS. Un legado en cuestión

Lluís Uría

Francia vuelve a abrazar el principio de la autoridad. ¿Una moda pasajera? ¿Un violento vaivén del péndulo cuarenta años después del prohibido prohibir?Los herederos de la generación de Mayo del 68, en todo caso, parecen mayoritariamente inclinados a abominar del legado libertario de sus padres y buscar nuevos referentes en los valores del pasado. ¿Cómo entender, si no, la adhesión suscitada en la campaña del 2007 por Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, defensores - cada cual desde su campo- de la autoridad, el orden y la disciplina?

El mismo fenómeno se está produciendo también - y con más virulencia que en ningún otro ámbito- en la educación infantil. Los canales de televisión rivalizan en programas - Supernanny,Gran Hermano-donde los nuevos héroes meten en cintura a los vástagos descarriados de familias exangües, mientras en las librerías proliferan los títulos contra la tiranía del niño rey y el desamparo de unos padres sin norte. El pediatra Aldo Naouri, de cuyo libro Educar a los hijos: una tarea urgente se han vendido 120.000 ejemplares en Francia, es uno de los principales exponentes. Pero no el único. Si Naouri reivindica la conveniencia de frustrar a los hijos y dar órdenes sin explicaciones, el psicólogo clínico Didier Pleux, autor de un panfleto titulado Generación Dolto,defiende tesis similares y atribuye toda la responsabilidad de la desorientación actual al método permisivo instaurado por Françoise Dolto.

Miles de franceses bebieron, entre los años 1976 y 1978, de las ideas de la psicoanalista Françoise Dolto (1908-1988) en sus célebres emisiones radiofónicas diarias de France Inter, donde respondía a las inquietudes de los padres y aconsejaba sobre el mejor proceder. Dolto instauró el principio de que el niño es una persona entera, sujeto de derechos, al que debe concedérsele toda la autonomía posible y darle explicaciones sobre las decisiones que le atañen. Una revolución que desmontó de arriba a abajo los principios de la educación tradicional.

Hoy, una nueva generación de psicólogos y pediatras cuestionan el legado de Dolto y atribuyen al éxito de sus postulados - bien o mal digeridos- los problemas actuales. Sus defensores, por el contrario, alegan que Dolto ha sido efectivamente mal leída y mal interpretada y que nunca propugnó la ausencia de reglas y las desaparición de la autoridad. Una autoridad que defienden...

BIBLIOGRAFÍA

Teresa Pont Amenós. PROFILING. EL ACTO CRIMINAL. Ed. UOC.Perfiles distintos

Aldo Naouri. EDUCAR A LOS HIJOS. UNA TAREA URGENTE.Ed. Taurus

Anna Sans Fitó. PER QUÈ EM COSTA TANT APRENDRE?.Ed. Edebé

Jordi Royo. ELS REBELS DEL BENESTAR.Ed. Alba. Claves para la comunicación con los nuevos adolescentes.

El manual de Aldo Naouri

"No anuncies un castigo si no eres capaz de cumplirlo. La palabra es algo sagrado para un niño"

"No dejes al niño que decida solo su ropa desde los primeros años de su vida porque acabará cuestionando incluso la tuya"

"No expliques demasiado tus decisiones y si debes hacerlo, que sea siempre después de ejecutarlas. Una orden es una orden"

"El castigo jamás debe ser físico. No levantemos un castigo hasta que nosotros mismos nos hayamos calmado"

miércoles, diciembre 19, 2007

¿Qué hacemos con los adolescentes?

Hasta hace una par de semanas asistí al ciclo de conferencias del “Àmbit Maria Corral” sobre adolescencia y comunicación. En general, entre los conferenciantes ha dominado un tono paternalista-benevolente, que ha frisado en muchas ocasiones el puro angelismo. Muy pocos se han permitido hacer análisis que incómodos, y en más de una ocasión me han asaltado las dudas sobre si queríamos hacer algo más que observar, analizar e ir tirando. Me temo que estos mimbres va a resultar difícil armar nuevas estrategias de actuación.

Hubo apelaciones a no caer en la eterna tentación de dramatizar “lo mal que está la juventud” y a no ser alarmistas. Se insistió en que permitiéramos correr riesgos a nuestros adolescentes, a que no cayéramos en el intervencionismo opresor, a que tuviéramos paciencia, -las aguas volverán a sus cauce cuando dejen de ser “cafeteras hormonales”-. Lo importante es mantener la cercanía y tender puentes pero sin agobiar.

En cuanto al contenido de los mensajes que les hemos de dirigir, apenas se dijo nada, como viene siendo habitual. ...La adolescencia no es momento de sermones. En ese período, son los chicos y las chicas quienes han de encontrar las respuestas. Los adultos educamos con nuestras actitudes, con la coherencia de nuestras vidas, estando disponibles y no con asfixiantes admoniciones…

Son apreciaciones sensatas, sin duda, pero creo que tras esta sabia y cómoda estrategia pedagógica se oculta una preocupante incapacidad para articular contenidos educativos ambiciosos, o algo todavía peor, la renuncia a educar.

Mientras tanto, las encuestas y los estudios estadísticos sobre la adolescencia se multiplican, y los expertos se entregan a realizar pormenorizados diagnósticos. Pero cuesta mucho hacer algo más que identificar síntomas alarmantes. De las posibles causas de lo que ocurre se habla poco y cuando se hace, se impone la inercia fatalista. Nos resistimos a concretar qué hay detrás de esas señales y nos perdemos en divagaciones confusas que nos impiden concretar qué hay que hacer. Tanta inflación de pensamiento esconde nuestra impotencia para actuar.

Me temo que si la educación anda mal es porque nos hemos ido instalando poco a poco en la anemia educativa y nos cuesta reconocerlo. Basta preguntarle a cualquier adulto qué hay que enseñar a un adolescente para constatar cuánto le cuesta balbucear algún contenido consistente e incuestionable. Y mientras los adultos andemos tan perdidos la educación continuará agradándose.

Además con esta falta de convicción en los contenidos educativos, tampoco encontramos la energía, la ilusión y la autoridad para inculcar los pocos contenidos que consideramos esenciales. Y ahí creo que radica la causa más profunda de la crisis de la educación actual. Podemos promover la cohesión social, formarnos de por vida y hacer filigranas pedagogistas, evaluarnos y reevaluarnos obsesivamente, culparnos mutuamente, etc. pero si no tenemos íntimamente asumido qué queremos enseñar a las generaciones futuras, la educación seguirá herida de muerte. Y seguirá extendiéndose el abstencionismo educativo, disfrazado eso sí de fatuas pirotecnias: innovación pedagógica, nuevas tecnologías, proyectos, campañas, etc.

Solo alcanzamos cierto consenso en las acciones preventivas de urgencia, que utilizan la alarma y el miedo como único argumento. Un trasunto sin duda del miedo de los adultos a que los adolescentes nos compliquen y perturben nuestro ensimismamiento. Quizás sea el destino inevitable de las sociedades opulentas: incapacidad creciente para asumir proyectos colectivos, egos narcisistas, escapismo, consumismo adictivo, vacuidad formalista, hipocresía, cinismo...

Mientras tanto hay un “maestro” dispuesto a ocupar la posición abandonada por los adultos y a colonizar sus mentes de nuestros adolescentes. Me refiero al mercado y a sus nuevos instrumentos tecnológicos. O lo que es lo mismo, me refiero al lado más oscuro de nosotros los adultos, dispuestos a explotar la fragilidad de nuestros menores para obtener beneficios emocionales, para comprar nuestra tranquilidad, o directamente para enriquecernos a costa de la inmadurez de los menores (el consumo infantil y juvenil es un gran negocio).

Las nuevas subjetividades adolescentes están siendo construidas por el mercado, mientras los adultos, escondemos nuestra comodidad e impotencia enredándonos en discusiones bizantinas. No exagero. Basta comprobar cuántos teléfonos móviles de última generación tienen los chicos y chicas que nos rodean.

¿Y qué construye el mercado? El mercado sólo puede construir egos ansiosos permanentemente necesitados de la sobreestimulación de sus pulsiones más primarias; perfiles psicológicos caracterizados por su falta de interioridad y juicio crítico; personalidades impulsivas, adictivas y dependientes, incapaces de aceptar la frustración; identidades débiles e inseguras que mendigan reconocimiento recurriendo a prótesis externas y autopromocionándose como si fuesen una mercancía; seres inmaduros con dificultades para asumir compromisos o implicarse en proyectos a largo plazo... Poca broma, señoras y señores.

La adolescencia se ha convertido en un extraño periodo, en el que los adultos en lugar de iniciar al chico o la chica en el combate de la vida adulta, optamos por mantenerlos infantilizados y dependientes el mayor tiempo posible, sumidos en una monstruosa e interminable niñez, en la que se disfrutan de todos los derechos del adulto, pero de ninguna de sus obligaciones.

En esa etapa, en lugar de descubrir a los adolescentes la gran empresa de la vida adulta, que siempre ha sido luchar por reducir el dolor del mundo y por elevar la dignidad de la condición humana, dejamos que se atrincheren en sus miedos y que se encierren en sus mundos clausurados y gregarios, regidos por el consumo adictivo, el Messenger, el “ruido” escapista y la autopromoción permanente (yo-mercancía). Y lo que es peor, no faltan los adultos infantilizados que, seducidos por esos paraísos ficticios de los adolescentes, se empeñan en emularles.

Pero, afortunadamente en el ciclo del Àmbit Maria Corral también se escucharon algunas voces incisivas y críticas. Javier Elzo, por ejemplo, recordó que los adolescentes necesitan adultos que sepan decirles “NO”, que den importancia a la competencia personal y a la racionalidad en las conductas, que les descubran el valor objetivo del dinero, que les enseñen a distinguir lo que es importante de lo que es urgente, que aprecien la diferencia entre calidad de vida y nivel de vida, que les enseñen a gestionar su sexualidad, que crean en la posibilidad de construir un mundo mejor y les que les animen a diseñar su proyecto de vida.


Jaume Funes propuso que fuésemos especialmente exigentes en cinco ámbitos: orden, respeto, higiene y estudio. Insistió en que a nuestros adolescentes se les haga razonar sus “por qué sí” o “por qué no”. Deben tomar decisiones, asumir sus errores y a aprender de ellos.

La investigadora Carme Timoneda animó a los padres y educadores a no taponar las grietas inesperadas que aparecen en las conductas adolescentes con remedios de urgencia (dudas, desmotivación, incomunicación, posibles comportamientos agresivos, etc.). Y nos instó a asumir sus desconcertantes comportamientos de defensa (por ejemplo, las incongruencias entre el lenguaje oral –de signo lógico cognitivo- y la expresión corporal –de signo emocional-) como reflejo de su inmadurez emocional. Hay que enseñarles a gestionar sus emociones. Para ello, propuso hacerles ver las consecuencias de sus actos, activando tanto la parte cognitiva como la emocional (“aunque si están muy bloqueados, puede resultarles imposible”, comentó). Y hay que ponerles límites con firmeza, aunque no con gritos.

Amparo Tomé, que nos recordó la diferente percepción de la realidad que tienen los adolescentes según su sexo y cómo siguen condicionándoles extraordinariamente los estereotipos de género, enfatizó la necesidad de no abandonar en manos de la televisión o internet la educación sexual de nuestros adolescentes.

Y Jaume Cela habló de habló de acompañarles en su descubrimiento del mundo (la belleza del sexo, la agresividad, el amor, el sufrimiento...) combinando dos acciones: “domesticar” (hacer entender el valor de las normas) y “liberar” (darles confianza para que puedan ir más allá de las normas). E insistió especialmente en que no podemos ahorrarles la experiencia educadora del dolor. Han de descubrir que pueden hacer y hacerse daño para salir de la inocencia y conquistar su autonomía. Solo así llegarán a ser plenamente adultos, es decir, capaces de asumir como propias las necesidades del otro. Y planteó cinco custiones en los que se debería ser muy exigente: el orden, el respeto, la higiene, las tareas domésticas y el estudio.

Por supuesto, todos estuvieron de acuerdo en que lo primero que necesitan los adolescentes es sentirse queridos. Es algo que exige de nosotros una comunicación que no sea exclusivamente racional, sino también emocional y empática. Desde luego, sólo amándoles, podrán aprender a amar y encontrar el estímulo para luchar por un mundo más digno y mejor. Su reto futuro será ese: luchar y amar.

jueves, junio 28, 2007

El juego perverso del poder y el control del imaginario


Alcanzar el poder y conservarlo, actualmente pasa por conseguir que se perciba como real aquello que te permite demostrar tu competencia operativa y afirmar tu posición. Por tanto, es imprescindible que sepas transitar con desenvoltura por los mimbres que configuran el imaginario social en el que deseas ejercer tu autoridad y jugar las cartas con destreza.



Una vez ocupada la posición central de ese imaginario, deberás esmerarte en controlar eficazmente sus resortes simbólicos. A partir de entonces, mantener la posición te resultará relativamente fácil, sobre todo si sabes subrayar mediante la retórica publicitaria lo que te convenga, dejando que se subsuma en la opacidad lo que te incomoda. La discreción amable y la sabia gestión de los silencios se convertirán en tus mejores aliados, porque te investirán de un halo de autoridad y, sin que digas nada, todos percibirán cuáles son tus deseos y tratarán de acomodarse a tus expectativas. La imaginación temerosa de tus subordinados hará el resto.





Si alguien vacila o parece disentir, no trates de convencerle, porque es evidente que tu poder no depende de la fuerza de los argumentos, sino de tu destreza para imponerte. Semejante error, debilitaría tu posición, especialmente ahora que la argumentación carece de prestigio, genera desconfianza y sobre todo cansa. Si no hay más remedio, limítate a repetir alguna de esas consignas irrefutables que evocan el imaginario compartido y deja que quien te incomode se desvanezca en el silencio. El autismo formal de tus subordinados le harán entender cuan débil es su posición.


En lo que sí debes poner especial empeño es en autoinvestirte del imaginario compartido y en apropiártelo sin complejos. Todos los resortes del poder caerán paulatinamente en tus manos. El dominio de tus subordinados será prácticamente total si consigues que ellos perciban sólo como plausible aquello que te conviene. Tus intereses pasarán a ser asumidos oficialmente como la realidad, o cuando menos como lo inevitable, que es de lo que se trata. La confusión, los autoengaños, la negociación de los intereses inconfesables y el miedo difuso harán el resto.


No busques adhesiones profundas. Si lo haces, demostrarías pecar de un narcisismo demasiado tosco. Tu narcisismo es más elaborado: te basta con estar en el centro y sentirte temido y admirado. No olvides nunca que lo que te interesa es el poder, no el amor. Lo sabes, lo tienes claro. Por tanto, confórmate con el respeto formal, que es el importante y cuídate de los sinceros admiradores, porque te traerán problemas. Has de saber trasmitir a los demás que en el fondo no les quieres y que no te importa que no te quieran, pero que los tratarás bien si son dóciles. Recuerda que el poder es un placer solitario.

Evidentemente, en un contexto semejante, se instalará la inautenticidad, la desconfianza, la vigilancia mutua, el lenguaje huero y el simulacro constante. Pero, no importa. Lo que importa es que no se exhiban demasiado las fugas de la “la realidad” que tú defines y controlas.


Y si no hay más remedio que castigar a alguien, hazlo exhibiendo discreción, determinación y celeridad. Un golpe seco demuestra que puedes resolver los problemas sin desgaste de energías. Recurre siempre que puedas a las exclusiones oprobiosas sin opción de retorno.



Si esta estrategia se combina con las buenas maneras, y la obsequiosidad selectiva o la indiferencia cortés según convenga, el éxito está asegurado. El despotismo blando resulta a la postre bastante llevadero.




“…Cuando disminuye la participación, cuando se extinguen las asociaciones laterales que operaban como vehículo de la misma, el ciudadano individual se queda sólo frente al vasto estado burocrático y se siente, con razón impotente. Con ello se desmotiva aún más, y se cierra el círculo vicioso del despotismo blando” Charles Taylor.

miércoles, marzo 28, 2007

Género y autoridad



No sé si se ha descrito ya en una Historia del Género la etapa 1945-1968 -pido perdón por esta laguna-, pero, aunque sólo sea basándome en mis recuerdos, me atrevo a afirmar que constituyó el último periodo de la historia de Occidente en que las categorías de género estuvieron establemente definidas y fueron compartidas e interiorizadas sin apenas contestación.



Durante esta etapa, la vida de las clases medias occidentales se articuló una vez más siguiendo un esquema dicotómico “masculino / femenino” que no ofrecía demasiadas fisuras y que se podía extrapolar a todos los ámbitos. El espacio público y el espacio privado constituían su correlato más evidente. La esfera masculina era el reino del trabajo remunerado, de la razón, de la ley, de la ciencia, de la política y, en definitiva, del espacio público. La esfera femenina era el reino de los sentimientos, de las tareas y cuidados domésticos no remunerados, de la excusa y la mediación, de las relaciones familiares e íntimas y, en definitiva del espacio público. Dios Padre y la Virgen María. La autoridad y la intercesión. La fuerza del intelecto frente al dictado de la emoción.


El rito de paso a la vida adulta estaba bien establecido: conseguir un trabajo y cobrar un primer sueldo. Con ese dinero se empezaba aliviando los gastos familiares y más tarde se conquistaba la deseada autonomía que permitía reproducir el modelo. Para los chicos, su padre constituía el referente clave. Era él quien presidía todo el proceso desde la distancia emocional que su posición de autoridad exigía. Papá era querido y temido. Representaba la norma, el camino recto, y su benevolencia no consistía tanto en excusarte como en darte una nueva oportunidad si te habías equivocado. El niño era contemplado como una mezcla inestable de impulsos desordenados y grandes potenciales, que sólo darían fruto si se le sabía hacer entrar en vereda. En eso consistía la educación, en no malograr a los niños permitiéndoles hacer lo que quisieran y caer presas de su descontrol. Por eso, a los niños consentidos se les llamaba maleducados. La escuela partía de los mismos presupuestos y se ajustaba al mismo modelo.



Papá podría estar más o menos tiempo en casa, pero su autoridad se mantenía incólume. Bastaba con que mamá amenazara con un “¡Ojo o se lo diré a papá!". Papá castigaba y hacía cumplir los castigos sin demasiadas contemplaciones. El vínculo padre-hijo no se fundaba tanto en el número de horas compartidas como en la nitidez con que ejercía su función. El padre era proveedor, legislador, juez y gobernante.


Sin embargo, este esquema dicotómico de relaciones empieza a tambalearse a partir de los 60. Analizar este cambio sería muy complejo y ahora sólo pretendo esbozar el proceso. Para ello seguiré a Ulric Beck (La sociedad del riesgo, 1986, Paidós, 2007).



Comenta Beck que la realización de la sociedad industrial del mercado comportó la supresión de su moral de familia, de sus destinos sexuales, de sus tabúes de matrimonio, paternidad y sexualidad, e incluso la reunificación del trabajo doméstico y del trabajo retribuido, arrollados por un proceso de individualización irrefrenable. En el modelo de mercado de la modernidad se supone la sociedad sin familias, ni matrimonios. Cada cual ha de ser autónomo, libre para las exigencias del mercado, con el objetivo de asegurar su existencia económica. El sujeto del mercado es en último término el individuo que está solo, no obstaculizado por la pareja, el matrimonio o la familia…Esta contradicción entre las exigencias de la relación de pareja y las exigencias del mercado laboral pudo permanecer oculta mientras se pensó que el matrimonio significa para la mujer la exclusión del trabajo, la responsabiliad sobre la familia y la “co-movilidad” bajo el destino profesional del marido. La contradicción surgió cuando ambos cónyugues quisieron ser libres para asegurar su existencia mediante la trabajo asalriado. Desde entonces los matrimonios han de buscar soluciones privadas, han de repartirse internamente los riesgos, han de renegociar constantemente horarios, funciones y responsabilidades, etc. …revientan las relaciones entre los sexos , que están soldadas con la separación de producción y reproducción y son mantenidas juntas en la tradición compacta de la familia nuclear con todo lo que esta contiene en comunidad, asignación y emocionalidad. De repente todo se vuelve inseguro:

  • la forma de convivencia


  • quién hace el trabajo


  • las nociones de sexualidad y amor y su inclusión en el matrimonio y en la familia


  • la institución de la paternidad se disgrega en padre y madre


  • los hijos, con la intensidad de la vinculación que contienen y que ahora se está quedando anacrónica, se convierten en los únicos compañeros que no marchan


  • comienza una lucha y una experimentación generales con “formas de reunificación” de trabajo y de vida, trabajo doméstico y trabajo retribuido, etc. En estas circunstancias el matrimonio se convierte en un proyecto especialmente vulnerable, porque nada está dado de antemano.


La pareja se convierte en el lugar donde las contradicciones institucionales culturales económicas etc. son revertidas al plano de lo personal; el último territorio donde se espera resolver “el fatum secular de la desigualdad entre los sexos”; el ámbito donde se intenta resolver la tensión entre, por una parte, la necesidad de afecto y de seguridad y, por otro, la aspiración a la autorrealización, a la búsqueda de la identidad, al desarrollo de las capacidades personales, a la necesidad de “seguir en movimiento”. La pareja, el hogar, se convierten en el último refugio donde anegar la frustración asociada a la soledad, al aislamiento aniquilador al que conduce el individualismo contemporáneo y sus dictados.

Se busca en la pareja, todo lo que se ha ido perdiendo en los demás entornos. Pero sometida a tan desmesuradas exigencias, la pareja quiebra con frecuencia. La familia unitaria para toda la vida que recoge en sí las las biografías paternas de hombres y mujeres se convierte en el caso límite, y la regla es una oscilación (específica de las fases de la vida) entre diversas familias de duración limitada o entre formas no familiares de la convivencia (Beck, 192).

Las consecuencias de este modelo intrafamiliar de individualización también repercuten en las relaciones con los hijos y en el ejercicio de la autoridad en el proceso educativo. Según Beck, en el marco de unas relaciones de pareja fragilizadas, el hijo se convierte en la última relación primaria que queda, irrevisable, inintercambiable. La pareja viene y va, el hijo permanece… Al volverse quebradizas las relaciones entre los sexos, el hijo consigue el monopolio sobre la relación de la pareja vivible, sobre una satisfacción de los sentimientos, que en otros ámbitos es cada vez más rara e incierta. En el hijo se cultiva y celebra una experiencia social anacrónica, que con el proceso único. El hijo se convierte en el último recurso contra la soledad que los seres humanos pueden emplear frente a las posibilidades amorosas que se les escapan. Es la manera privada de reencantamiento…(Beck, 197)





El problema es qué ocurre cuando el hijo es visto más como una fuente de gratificaciones emocionales que como un ser que precisa ser formado, corregido, educado. Seguimos necesitando contener y redirigir la impulsividad de los niños. ¿Quién ejerce ahora la función de limitación, de defensa de la norma, de estímulo para asumir responsabilidades? Sin duda, hay que recuperar esa perspectiva y, si estamos transitando a un mundo de progenitores indiferenciados –ni “padres”, ni “madres”-, habría que reintegrar las funciones antes ejercidas por los padres en la nueva figura del progenitor masculino o femenino. Algunos dicen que los nuevos papás están haciendo sobretodo de mamás –al modo del antiguo reparto de roles- y que los niños han pasado a tener dos mamás. En la escuela ocurre algo parecido. Incluso hay quien vislumbra una inversión de roles. Continuará…

sábado, diciembre 16, 2006

Hay que recuperar la autoridad perdida

Hay que recuperar la autoridad perdida

GREGORIO LURI, filósofo y pedagogo


LA VANGUARDIA, 15-12-2006

Según la OCDE los profesores españoles son los másdesanimados de Europa. No es ninguna broma. Estamosasistiendo a una progresiva pérdida de confianza de la institución escolar en sí misma. Pero, que nadie se equivoque, la pérdida de confianza en las propias capacidades educativas de la escuela no es meramente un problema escolar; es un grave problema político.La escuela no es sino el fiel reflejo de la confianza con que una sociedad transmite lo mejor de sí misma a las nuevas generaciones. La escuela es solamente el síntoma. Y lo más preocupante es que el meollo de la cuestión no se encuentra en la desazón provocadapor los males presentes, sino en la sospecha más o menos explicitada de que no hemos tocado fondo y de que, por lo tanto, más pronto que tarde acabaremos recordando el presente con nostalgia.

Lo que la realidad está poniendo en tela de juicio no es tal o cual estrategia educativa, sino las convicciones esenciales de la pedagogía progre,que es la que ha sostenido nuestro discurso educativo en las últimas décadas, fundamentalmente la convicción de que no hay instancia superior a la palabra ni en eficacia ni en bondad. Por lo tanto, si no hay problema que no se pueda resolver por medio del diálogo, todo problema debe resolverse por medio del diálogo.

El dogma de la beatería pedagógica imperante sostiene que toda actuación disciplinaria es un fracaso del diálogo y, por lo tanto –aunque no se diga esto explícitamente es lo que parece deducirse del argumento–, el mayor responsable de un conflicto es siempre el adulto, porque debería ser el que tuviera mayor capacidad dialogal. El problema es que hay que tener mucha, pero que mucha fe, para mover montañas, y aquellos a los que el trato cotidiano con la realidad ha ido haciendo escépticos se ven fatalmente sobreexpuestos, desde luego en primera fila, a la tozudez de los hechos.

La beata teoría de la sacralización del diálogo se reduce a lo siguiente: si todos fuéramos mejores, todo sería mejor. Suena un poco ridículo, pero tiene la ventaja de ser solamente una teoría. Lo grave del asunto es cuando se consigue implantar socialmente no como una teoría, sino como un valor, pasando de ser una perspectiva sobre la realidad a ser la perspectiva moral sobre la realidad.Hoy es evidente que este discurso hace aguas por todas partes. Pero aunque se está comenzado a perder el miedo a ser considerado un cínico por defenderotras perspectivas sobre la realidad, aún se necesita coraje para afirmar sin complejos el valor de la autoridad.No va a ser nada fácil –si es que aún es posible– restituir la autoridad de la autoridad.

La autoridad se reconoce porque es, legítimamente, la instancia con capacidad para decir la última palabra e imponer el silencio, si hace falta, por la fuerza. Es la instancia inapelable.

La recuperación de la autoridad supondría, por lo tanto, introducir en los centros de enseñanza una separación clarísima entre la discusión y la decisión dejando bien claro que las instancias decisorias son la representación legítima de la autoridad democrática.Y aquí está el talón de Aquiles de todo este asunto, puesto que quienes tendrían que asumir la valentía de la decisión de imponer el silencio (pienso tanto en políticos como en profesionales de la enseñanza) se han educado en la convicción de que la autoridad es esencialmente perversa y que el poder –todo poder– es el enemigo que hay que batir para que pueda aflorar la espontaneidad inocente del ser humano. No pueden optar por introducir la autoridad sin estar dispuestos a impugnar sus propias biografías.