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martes, mayo 20, 2008

Neuroteología y la ansiedad ante lo desconocido

"En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas."

El texto procede de un artículo publicado hoy en ES PAÍS. Lamentablemente yo tengo apagado ese rincón de mi cerebro que se activa en los creyentes , aunque rezo y recito salmos. Hay un interesante libro de Francisco Mora sobre las relaciones entre cerebro, cultura y religión: Neurocultura (Alianza, 2007), pero no alivia mi desconsuelo. Tampoco el reciente libro de Robert A. Hinde:
¿Por qué persisten los dioses? "una aproximación.científica a la religión" (Montesinos, 2008)... ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Qué sucede cuando morimos? En el mundo moderno, las respuestas que tradicionalmente ha dado la religión son inaceptables para muchos, y sin embargo la religión se niega a desaparecer. Todas las religiones comportan elementos que se soportan mutuamente: creencias estructurales, narrativas, rituales, códigos morales, experiencias subjetivas y diversos aspectos sociales. Robert Hinde sostiene que todos estos aspectos surgen de la naturaleza humana y los considera dependientes de unas características psicológicas panculturales que explican su persistencia en la psique de los individuos y en las prácticas de la sociedad. Por ejemplo, la creencia en una deidad satisface la tendencia humana a atribuir los efectos a una causa, y puede aliviar la ansiedad.

Optaré por releer a Eugenio Trías -interesante aparición en
Millenium el sábado pasado
-, poco inclinado a dejarse impresionar por estos megadescubrimientos.


¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?


Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa - Y Einstein aviva el debate desde la tumba

MÓNICA SALOMONE
EL PAÍS - Sociedad - 20-05-2008

Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. Creyentes y no creyentes están divididos por la misma pregunta: ¿Cómo pueden ellos no creer/creer (táchese lo que no corresponda)? Este texto pretende resumir las respuestas que la ciencia da a ambas preguntas.

Los físicos están pletóricos este año porque gracias al acelerador de partículas LHC, que pronto empezará a funcionar cerca de Ginebra, podrán por fin buscar una partícula fundamental que explica el origen de la masa, y a la que llaman la partícula de Dios. Los matemáticos, por su parte, tienen desde hace más de dos siglos una fórmula que relaciona cinco números esenciales en las matemáticas -entre ellos el famoso pi-, y a la que algunos, no todos, se refieren como la fórmula de Dios. Pero, apodos aparte, lo cierto es que la ciencia no se ocupa de Dios. O no de demostrar su existencia o inexistencia. Las opiniones de Einstein -expresadas en una carta recientemente subastada- valen en este terreno tanto como las de cualquiera. Sí que se pregunta la ciencia, en cambio, por qué existe la religión. No es ni mucho menos un tema de investigación nuevo, pero ahora hay más herramientas y datos para abordarlo, y desde perspectivas más variadas. A sociólogos, antropólogos o filósofos, que tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término: neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad. Prueba del auge del área es que un grupo de la Universidad de Oxford acaba de recibir 2,5 millones de euros de una fundación privada para investigar durante tres años "cómo las estructuras de la mente humana determinan la expresión religiosa", explica uno de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista Justin Barrett, del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford. Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett. ¿Desde cuándo es el hombre religioso? Eudald Carbonell, de la Universidad Rovira i Virgili y co-director de la excavación de Atapuerca, recuerda que "las creencias no fosilizan", pero sí pueden hacerlo los ritos de los enterramientos, por ejemplo. Así, se cree que hace unos 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales y que ya mostraba "atisbos de un cierto concepto tribal", ya habría tratado a sus muertos de forma distinta. De lo que no hay duda es de que desde la aparición de Homo sapiens el fenómeno religioso es un continuo. "La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan. Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco". Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana. También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge. Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue. Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir. "Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa. En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas. No es sorprendente. "Se da por hecho", explica Cudeiro; lo mismo que hay áreas implicadas en el cálculo o en el habla. La pregunta es si esas estructuras fueron seleccionadas a lo largo de la evolución expresamente para la religión. Cudeiro no lo cree. "La experiencia religiosa se relaciona con cambios en la estructura del cerebro, y neuroquímicos, que llevan a la aparición de la autoconciencia, el lenguaje... cambios que permiten procesos cognitivos complejos; no son para una función específica". O sea que la religión bien podría ser, como dice Carbonell, un efecto secundario de la inteligencia. Otros estudios de neuroteología han estudiado el cerebro de monjas mientras evocaban la sensación de unión con Dios, y de monjes meditando. Uno de los autores de estos trabajos, Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, aspira incluso a poder generar en no creyentes la misma sensación mística de los creyentes, a la que se atribuyen tantos efectos beneficiosos: "Si supiéramos cómo alterar [con fármacos o estimulación eléctrica] estas funciones del cerebro, podríamos ayudar a la gente a alcanzar los estados espirituales usando un dispositivo que estimule el cerebro ", ha declarado Beauregard a la revista Scientific American. Lo expuesto en este texto sugiere que la cuestión no es tanto por qué existe la religión, sino por qué existe el ateísmo. Con todas las ventajas de la religión, ¿por qué hay gente atea? "El ateísmo actual es un fenómeno nuevo y queremos investigarlo, sí", dice Barrett por teléfono. ¿Tiene que ver con el avance de la ciencia, capaz de dar al menos algunas de esas tan buscadas respuestas? Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media. Pero hay excepciones; los matemáticos y los físicos, en especial los que se dedican al estudio del origen del universo -¡precisamente!-, tienden a ser más religiosos. No hay consenso sobre si un mayor grado de educación, o de cociente intelectual, hace ser menos religioso. "El ser religioso o no seguramente depende de muchos factores que aún no conocemos", dice Barrett.


De mitos y cosmogonías


Eloy Gómez Pellón
EL PAÍS - Sociedad - 20-05-2008

¿Por qué el hecho religioso es universal? Sin duda, porque proporciona no sólo creencias que suplen necesidades humanas, sino también normas de conducta y valores que son percibidos, de forma unánime, como deseables. Todas las religiones, de alguna manera, predican el amor hacia los demás, el consuelo en la aflicción, la vida en paz y la esperanza de una vida futura.

La religión supone, en términos generales, una decantación ideológica, capaz de fundir a la comunidad de creyentes en un cuerpo único y duradero. Se entiende, en consecuencia, que su universalidad esté ligada a su efectiva función cultural. Las religiones, así concebidas, encierran una explicación metafísica del mundo que alimenta toda clase de cosmogonías o, si se quiere, de mitos sobre el origen del mundo, cuya comparación revela frecuentes parecidos, y de escatologías o teorías sobre el fin. El hecho de ser parte de la cultura explica, contra lo que se suele pensar, y mediante simple inferencia, que la religión sea un hecho cambiante, debido a que la cultura es una especie de ecuación ajustada en la cual cada vez que se modifica uno de sus elementos lo hacen los demás. La anomia (desorientación ante las normas) que se percibe en otros ámbitos de la cultura no es ajena a la religión. En este sentido, la secularización de la vida actual en los países occidentales es un efecto de los cambios culturales, más accesorio que fundamental en lo que se refiere a la esencia de la religión. Por otro lado, cuando los cambios en materia religiosa son intensos, es frecuente que se generen integrismos y fundamentalismos, propios de algunos grupos que defienden la vuelta a la pureza y a los ideales previos. Asimismo, en el seno de las religiones se producen disfunciones, como es el caso de las sectas, formadas por pequeños grupos de creyentes, organizados rígidamente en estructuras herméticas.





"Las supersticiones más infantiles"

Las opiniones de Albert Einstein sobre el hecho religioso han sido objeto de polémica entre los expertos. Una carta inédita que remitió al filósofo Eric Gutkind en 1954 muestra ahora al genio más escéptico. Los siguientes son extractos de la misiva, publicada por The Guardian.(...) "La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de escogidos.Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (...) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (...)".











martes, junio 26, 2007

La pérdida del pasado. Tradiciones y ligue.

Uno de los fenómenos que más marcan nuestras vidas, es la insustancialización del pasado, superado por el imaginario social individualista y horizontalizador de la globalización, arrasado por un hipercriticismo que deslegitima obsesivamente su herencia y , finalmente, barrido por un tsunami de consumo y nuevas tecnologías, que reduce la evocación del ayer a simple inspiración de modas pasajeras, sin más virtualidad que la de combatir con su cosquilleo el tedio que nos produce el presente perpetuo, romo y superficial, en el que vivimos.

Ha desaparecido de nuestras existencias el tiempo denso de la tradición y del rito[1], que actualiza el pasado a través de los actos y gestos compartidos por la comunidad, dotándolos de profunda significación.

La pérdida del ayer ha dejado a nuestros jóvenes desarmados, sin referentes para elaborar y organizar sus experiencias más cruciales. Quizás por ello, urge más que nunca enseñarles a dialogar de nuevo con el pasado -sobretodo con el pasado cíclico de las tradiciones y los ritos- y mostrarles su riqueza antropológica. En este momento crucial de pérdida de operatividad de los antiguos patrones de conducta, la necesidad de conocer cómo se han gestionado hasta ahora las pulsiones y los anhelos humanos es mayor que nunca. Hay que reabrir el baúl de la historia no tanto para recuperar o recrear los grandes relatos –la construcción de los estados, la lucha por la dignidad, el avance científico tecnológico, la destrucción del los equilibrios medioambientales..., etc.- , sino para algo mucho más modesto, pero también más urgente: para averiguar qué ingredientes inexcusables de una vida sabiamente humana hemos olvidado y nos conviene rescatar ahora. Estoy seguro de que el interés que despierta la novela histórica responde a esta intuición.

Cuestiones como la vivencia del tiempo, la relación con el dolor y la muerte, la búsqueda existencial de sentido, la noción de lo sagrado, la construcción de la identidad y de la intimidad, la experimentación de la sexualidad y el amor, la celebración de la vida, la articulación de la vida familiar, las relaciones de género, las formas de sociabilidad y sus perversiones, la secuenciación de la vida y el tránsito de una fase a otra, los imaginarios éticos, y otras muchas, son cuestiones relacionadas con el arte de vivir y que los manuales de historia raramente abordan. Deberían hacerlo. La historia siempre ha sido una mirada sobre aquello que más necesitamos del pasado.


A continuación, reproduzco un informe publicado en La Vanguardia del domingo 17 de junio de 2007, acerca de cómo ligan los jóvenes inmigrantes y que revela la tensión entre su pasado todavía rico y vivo, pero disfuncional, y un presente pobre y confuso en cuanto a pautas de conducta.


Dime cómo ligas y te diré de dónde eres

Los inmigrantes analizan las diferencias entre sus maneras de relacionarse.Las costumbres culturales para acercarse al otro son a veces una barrera a la hora de encontrar pareja y pueden provocar confusiones fruto del desconocimiento mutuo. Los inmigrantes valoran más el papel de los amigos y de la familia del futuro novio.



Milton, Susana y Max, peruanos de Barcelona, creen que en Catalunya el inicio de una,relación es más directo y frontal

MAITE GUTIÉRREZ. BARCELONA.



Ella le mira y le gusta lo que ve. Mientras aguanta su copa en el pub lanza una mirada a un chico. Él le responde con una media sonrisa en plan "sé lo que quieres y yo también lo quiero". Se atraen, pero, como él no se decide, ella pasa al ataque. Bueno, ella no, sus amigas. Tres veinteañeras se acercan hasta el hombre para sonsacarle información. Le preguntan si está comprometido, qué le parece la chica que le ha mirado, que si ella es muy buena persona, muy guapa... Hasta que él se cansa y espeta: "¡Parecéis crías de doce años!".Pero ni son crías ni padecen de inmadurez. "En mi país se liga así", explica Stephanie, una senegalesa de 27 años que llegó a Barcelona hace seis y que pasó por ese trance una noche saliendo de copas. Ella ha visto cómo las diferencias culturales se notan incluso en el arte del flirteo, "como mínimo, hasta que te adaptas a lo de aquí". Para los inmigrantes solteros recién llegados, las costumbres a la hora de acercarse al otro condicionan el inicio de la relación amorosa con los autóctonos y dan lugar a malentendidos. Jóvenes de cinco países explican a La Vanguardia las reglas no escritas de la seducción en sus lugares de origen y qué les ha sorprendido de la manera de hacer catalana.

SENEGAL, AMIGOS Y CELESTINOS .

Aquí, la actitud que tuvo Stephanie al querer conocer a un chico pasa por infantil, pero en Senegal es una de las fórmulas para buscar pareja. Omar Diatta, un estudiante de cine de 29 años, de Diembering (sur de Senegal), afirma que este comportamiento se debe a la importancia que se da al grupo en su país. "Es difícil generalizar, porque en las grandes ciudades se está copiando el método de ligue occidental, pero en mi región la utilización de intermediarios está muy extendida", dice.

"Los jóvenes van en grupos de amigos y familiares, de 10 personas por ejemplo, pero siempre hay dos o tres personas en las que más confías. Si una chica te gusta, o al revés, ellos se encargan de ir a tantear el terreno y preparar la cita, y eso va bien porque a veces da vergüenza hablar con una persona por primera vez y con los amigos alrededor es más fácil", asegura. Antes de que los dos queden, el grupo lleva a cabo una investigación exhaustiva sobre la potencial pareja. "Cuando le echas el ojo a alguien, primero tienes que averiguar cómo es, si se trata de una persona educada, si tiene pareja y, sobre todo, si es sociable, porque, como vivimos en grupo, es muy importante que acepte a tus amigos y tu familia", explica Omar.

De Catalunya le extraña que algunas parejas pasen de amigos y familiares si no se llevan bien con ellos. "Parece que si ellos dos están a gusto, lo demás no importa, y en mi región tienes que pensar en la comunidad en la que vives, es una relación menos individualista", afirma este futuro director de cine. También le sorprende que los problemas de pareja se queden ahí, en la pareja. "Aquí mucha gente no acepta que te inmiscuyas en su relación, pero en Senegal lo normal es que los amigos intercedan, qué digo normal, es que tienen la obligación moral de solucionarte el problema, incluso cuando hay cuernos tienen que gestionar la crisis", dice Omar. Sobre los rollos de una o más noches, afirma que eso en las zonas rurales no existe, "aunque en las ciudades grandes sí que es habitual". Tampoco triunfa mucho el ligue en discotecas o fiestas, "porque no te da tiempo a conocer a esa persona, todo es muy precipitado, ¿y si es novia de un primo lejano?". Cuando la investigación personal concluye y se consigue una cita no hay que esperar mucho para formalizar la relación: "Si quedas dos o tres veces, ya está, en cambio en Catalunya parece eterno: tienes que ir al cine, a tomar café..., Eso es porque antes no se han preocupado de averiguar cosas sobre esa persona".

PERÚ, A LA ESPERA DEL CORTEJO.

Según Max, Milton y Susana, tres peruanos que estudian en el Institut d'Educació Continua de la UPF -Max ya ha acabado sus estudios y trabaja-, en Catalunya existe un salto de intensidad en el inicio de las relaciones. Milton cree que aquí todo es "más frontal, directo y seco", algo que Susana no ve del todo mal, ya que en su país "a veces se dan demasiadas vueltas cuando te gusta alguien", aunque todo tiene su límite. Esta estudiante de Ciencias Políticas recuerda que lo que más le sorprendió cuando llegó, en enero, fue "la facilidad con la que los hombres te abordan, entras en algún local y por el pasillo ya te llaman, en Perú, en cambio hay un juego de ajedrez previo, un tanteo, se espera al cortejo". Max destaca que en España el tipo de relaciones es más homogéneo, pero en Perú "hay regiones muy diferenciadas entre sí, y
con hábitos distintos, desde la más occidental, en la costa, a la más tradicional, en el interior". Aunque los tres coinciden en que las mujeres de la selva tienen fama de ser "muy ardientes y lanzadas". Susana admite que es muy raro que una chica peruana dé el primer paso. "Eso haría sentir inseguro al hombre, hay mucho machismo", afirma. Como en Senegal, en Perú funciona el intercambio de información, "la gente se basa en círculos de amigos para ligar, en cambio aquí se va más a por todas". Aun así, pese a existir diferencias, creen que las dos culturas tienen mucho en común y que el hecho de ser sudamericanos es un punto a favor a la hora de ligar. "Aquí se nos considera muy cariñosos y tranquilos y creo que la gente busca algo así porque en general los catalanes se parecen bastante a los nórdicos", dice Susana, que no ha tenido problemas para relacionarse.

RUMANÍA, AL ESTILO CLÁSICO

Paseos por el parque agarrados de la mano, relaciones serias que duran para toda la vida, la aprobación de los padres siempre por delante... "En Rumania todo se hace de un modo más clásico", explica Anna Maria, una joven que llegó a Cerdanyola del Valles desde Bucarest con su familia hace ocho años, cuando ella tenía doce. En su país de origen los códigos de la seducción se convierten en reglas casi oficiales que, si se es buen chico, hay que seguir. "Allí todo está muy establecido y los jóvenes saben exactamente cómo comportarse, no como en España, donde hay mucha incertidumbre en cuanto a las relaciones". Para empezar, no existe el concepto de rollo, por eso no es de extrañar que, recién llegado a Cerdanyola, su hermano flipase, como ella dice, con la manera en que se relacionaban los jóvenes. "Nos quedamos alucínalos, no podíamos entender cómo la gente primero se besaba y luego se conocía". Según cuenta, aquellos que son "decentes" tienen dos formas de conseguir pareja en Rumanía: a través de amigos o en el centro de estudios. Y remata la explicación con algo que recuerda, otra vez, a la historia de Senegal y Perú: "Es que allí las referencias son muy importantes, no te acercarás a una persona si no sabes algo sobre ella". Lo del abordaje en la discoteca o en la calle está "muy mal visto, incluso se considera una falta de respeto hacia la chica". Además, el noviazgo se toma tan en serio que una pareja no rompe por cualquier cosa, "al contrario que aquí, en Rumania se lo piensan dos veces antes de estar con alguien y cuando se casan cuesta muchísimo divorciarse, a veces incluso los cuernos se perdonan". Ella ha elaborado su propia mezcla de culturas, y lleva dentro una parte de cada país: "Si me comparo con mis amigas catalanas, creo que soy muy clasicona, pero más liberal que los chicos de Rumania, aunque a veces pienso que para encontrar a un marido tendré que ir a Rumania".

COSTA DE MARFIL, SIN EROS

Definir las relaciones allí es "muy complejo", asegura Kader, un estudiante de Filosofía de 24 años que llegó a Barcelona hace pocos meses. "La religión o la ausencia de ella, las diferencias entre la ciudad y el campo y las tradiciones tribales determinan las relaciones de pareja", dice. En algunas zonas los matrimonios se conciertan y no existe espacio para la iniciativa propia. En cambio, donde hay más libertad "el ritual de seducción es muy similar al de aquí, con la diferencia de que allí no existe el concepto de amor romántico, de eros, que tienen los europeos, los contactos esporádicos con otras personas están más aceptados y en este sentido creo que Catalunya se parece bastante a África".

MARRUECOS, EN EL MERCADO

Ahmed, obrero de la construcción de 30 años que lleva diez en Cerdanyola, dice dar dos consejos a sus compatriotas solteros recién llegados: "No creáis que aquí las chicas son tan fáciles como cuentan y no tratéis de entablar conversación en un mercado o en plena calle". Cuando no se conciertan los matrimonios, este último método "se utiliza mucho para ligar allí, en cambio aquí parece que sólo te puedas acercar a alguien si sales por la noche". La actitud de las mujeres, dice, provoca que muchos compatriotas vuelvan a Marruecos para buscar mujer, "a algunos les parecen demasiado liberales y también vemos prejuicios hacia nosotros".»


[1] Aunque hay reacciones compensatorias. Desde hace poco, vivo en una población relativamente pequeña – Cardedeu – en la que se percibe la sana voluntad de mantener un ciclo anual de hitos y celebraciones –algunas muy recientes, otras realmente antiguas- y, lo cierto es que esta combinación de escala pequeña y vocación cíclico-festiva resulta eficaz. Sin embargo, en una gran ciudad como Barcelona –de donde procedo-, la multiplicidad de gentes, referentes, espacios y actividades producen un efecto de magma difuso y amorfo, que diluye cualquier intento de escenificar rituales compartidos y amenaza constantemente con convertirlos en irrelevantes e indiferentes.

martes, diciembre 12, 2006

RITUALES

Nos escandaliza...

  • la maldad en los niños -¿no eran siempre inocentes?- que no se dejan ganar por nuestros amorosos cuidados;
  • la degradación de los medios que sólo consiguen audiencias seguras apelando a los bajos instintos;
  • la voracidad inmobiliaria de todos -incluidos los oficialmente más sensibilizados- que pese, a la creciente sensibilidad ecológica, encuentran siempre fórmulas para enterrar bajo un alud de cemento el medio natural;
  • la hipersexualización de la moda y de la música que exacerba la polaridad sexual ahora que estaríamos en condiciones de deconstruir y superar el "artificio" de la identidad de género, etc. (podríamos seguir).

Pero, frente a la "terquedad narcisista" (Azúa) en defender la eficacia de nuestro nuevo "puritanismo-buenismo" -basado en la confianza de preservar la bondad del ser humano sólo con dulces constricciones y apelaciones a la bondad-, se impone la desconcertante reacción transgresora de las normas que huelen a fraude anti-vital.


Parafreseando a Michel Maffesoli (http://www.infoamerica.org/teoria/maffesoli1.htm) -que habla de la violencia-, pretender, por ejemplo, una sociedad ajena al juego de la identidades de género y donde los rituales asociados fuesen descalificados, equivaldría a negar el trayecto
antropológico pendiente del ser humano hacia su toma de conciencia plena. Es más, sería como liberalizar, desrregularizar y, en última instancia, fomentar el acceso al sexo, no de manera pautada y ritual, sino brutal.

Ante ello, los buenos reaccionan más de una vez perdiendo el norte y jugando fuerte el juego perverso y cínico de las manipulaciones encubiertas. No hay nada peor que un "bueno" incapaz de abdicar de sus errores.


Por cierto, en INFOAMERICA he encontrado el siguiente texto sobre Maffesoli, que no guarda relación directa con lo que acabo de comentar, pero sí con anteriores posts:

Defiende un modelo de sociedad postmoderna donde se diluyen los valores centrales de la racionalidad y la propia idea de democracia, por saturación y desgaste de los paradigmas previos. El nomadismo cultural de los individuos y la formación de nuevas agregaciones sociales espontáneas, a modo de nuevas tribus, donde la tecnología, en especial Internet, aparece como una respuesta para el encuentro planetario de las nuevas formas de comunidad. Surgen, pues, condiciones para una nueva dimensión de reacomodo en un mundo policultural de individuos que tiendan a alcanzar la plenitud emotiva.La idea de nomadismo (Du nomadisme, 1997) se refiere al deseo antropológico de libertad y movimiento que subyace en el individuo, que le lleva a navegar en torno a su propia identidad, a experimentar y cambiar hasta la trasgresión de las normas impuestas por la que entiende como una racionalidad anti-vital.

La razón, como ley suprema, está, a juicio de Maffesoli, en plena regresión. La razón y los valores modernos del progreso estarían ocultando otras formas de plenitud social, basadas en el arraigo emotivo a lo cercano y la apertura comunicativa con realidades geográficas lejanas pero emotiva y simbólicamente próximas. Aparece aquí una nueva razón social, la ‘razón sensible’, el ‘racio-vitalismo’, la naturaleza emocional de los lazos sociales.

La sociabilidad nace a través de los sentidos, del hedonismo, del disfrute del tiempo, de la ética relativa de la estética, de la proyección orgánica del individuo sobre su entorno como instancia volitiva de elección y comunicación.

En esencia, Maffesoli contrapone lo que entiende como matrices de la postmodernidad a las relaciones regladas por la racionalidad. En su paradigma postmoderno aflora lo invisible del individuo, la ‘razón interna’, la mística negada por el reduccionismo racionalista.

Los jóvenes aparecen culturalmente más abiertos a romper los corsés de las generaciones precedentes, ya que sus prácticas de comunicación participan abiertamente del nomadismo y de la aproximación a lo extraño, que deja de tener ese carácter fronterizo o adverso.

Nacerían así constelaciones coexistentes, no vinculadas a un territorio físico, sino a expresiones comunitarias extraterritoriales. Las redes de comunicación adquieren un papel central, ya que Maffesoli ha llegado a comparar metafóricamente Internet con la ‘comunión de los santos’ postmoderna. Una ruptura con el encierro político-territorial del Estado-nación. La política y la religión aparecen como víctimas de paradigmas que han perdido su vigencia por la saturación de sus propuestas y el alcance invasor y totalizador de las mismas. El alejamiento de la política se acentúa en las generaciones más jóvenes, lo que es para Maffesoli una forma determinante de subversión, de salida del sistema.

La preocupación política se desplazará hacia el interés por la supervivencia, esto es, hacia la preocupación ecológica como centro del nuevo paradigma.La proyección mediática de Maffesoli y el carácter intuitivo de muchas de sus propuestas marcan puntos de heterodoxia para la comunidad científica. El pensamiento parece liberado de la realidad compleja del planeta y se proyecta a modo de utopía socioemotiva o utopía de la espontaneidad autorganizativa de la sociedad compleja y de sincretismo policultural ecológico racio-vitalista.