Mostrando entradas con la etiqueta custodia compartida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta custodia compartida. Mostrar todas las entradas

martes, junio 17, 2008

Los hijos compartidos frente a los hijos como propiedad

En un reciente artículo sobre la custodia compartida, la escritora Luisa Castro volvía a recurrir al viejo tópico de la pobre mujer desamparada, generalmente víctima de la violencia machista, que sabe que será ella quien deberá asumir en solitario la educación y cuidado de sus hijos. Frente a ella, se alza el hombre-monstruo patriarcal, que se empeña en reclamar la custodia compartida, no porque quieran cumplir con su responsabilidad de padre y garantizarles a sus hijos su presencia y apoyo, sino porque “considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia”. La madre, frente a este ser pérfido – generalmente un acosador: “las separaciones se producen por algo”-, no tiene otra opción que alejar al padre – y garantizar a sus hijos “la paz, el sosiego de una casa segura y de un ambiente grato, en el que no se vean constantemente utilizados o chantajeados por las disputas de dos padres que si tenían problemas cuando convivían, raras son las situaciones en que no los seguirán teniendo una vez separados”.

Sin duda, un artículo interesante, porque difícilmente se podría resumir mejor el circuito alucinado que alimenta el imaginario de muchas mujeres empeñadas en justificar lo injustificable. Ya en pleno arrebato, pontifica sobre el derecho de la madre sobre los hijos porque “la madre es el primero de los vínculos afectivos que uno establece con el mundo que le rodea” : “así lo ha hecho la naturaleza”. Y aunque admite que la sociedad puede modificar la naturaleza y “encaminarse hacia una sociedad en que la igualdad entre hombres y mujeres sea total.”, le parece que “poner a los padres y a las madres en pie de igualdad en el tema de la custodia” es un exceso que “sólo complica las cosas para los hijos.”. Fíjese que dónde Luisa dice hijos cualquiera lee madres. Es sorprendente su ceguera para advertir que está erigiéndose descaradamente en única intérprete legítima y autorizada del bienestar de sus hijos y que está haciendo coincidir sus intereses con los suyos. Sin embargo, ella que no tiene reparos en defender la exclusiva propiedad materna de los hijos, y atrapada por su perorata místico-victimista, acaba con una afirmación delirante: El Pater Familias romano, árabe o protocristiano surge de sus cenizas y exige lo suyo, lo que es de su propiedad.

Otra mujer, Ássun Pérez, le da hoy cumplida replica en otro artículo que también reproduzco.

Los hijos como propiedad

LUISA CASTRO

EL PAÍS - Opinión - 11-06-2008

Obviamente, una separación conlleva un desgarro para uno de los progenitores, el que se queda sin los hijos. El desgarro no es menor para la madre, que debe redoblar su rol materno, educarlos en el amor al padre, y al mismo tiempo trabajar para contribuir a medias económicamente, eso en el mejor de los casos. Es desde luego falso pensar que la madre se lleva un botín, es decir, que la retribución por alimentos del padre cubre todas sus necesidades y las de sus hijos, la típica visión machista que considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia, que vive a expensas de lo que el marido le dicte o le dé.

En la sociedad actual, al menos la que yo conozco, no hay pensión de alimentos que cubra ni al 50% las necesidades de los hijos. La madre, además de atenderlos y velar por su alimentación, su salud física y mental, su educación y su ocio, además de la preocupación y la responsabilidad constante que supone la convivencia con ellos, en detrimento del tiempo libre de la mujer y de su sociabilidad, debe también trabajar y ganar dinero para aportar el 50%, el 60% o el 70% de los ingresos necesarios para mantenerlos.

Ésta es la sociedad de padres separados que yo conozco, en la que todo el peso recae sobre la madre y en la que ésta lleva a cabo su labor a veces incluso cuestionada por el resentimiento de un padre cercano, lejano o a media distancia. Hay muchísimas separaciones en las que el padre no paga y la madre renuncia a exigirlo.

Las madres separadas y con hijos somos un mundo aparte. La sociedad no nos conoce, en este sentido actúa sobre nosotras del mismo modo que el hombre que se queda solo: cuestionándonos, cuando no ignorándonos. Nuestros problemas se dirimen en los juzgados, y afortunadamente hay jueces que lo saben ver.

Las demandas de separación en España en un 90% de los casos las inician las mujeres. Ninguna que lo haga es ignorante de lo que le espera después de la separación. Pero las separaciones se producen por algo, y la ley ampara este derecho al divorcio desde 1979. Si la madre, ciudadana libre que decide por sí misma y que piensa en su bien y en el de sus hijos, establece su domicilio en un lugar diferente al del padre, por razones de trabajo, afectivas o simplemente por rehacer su vida lejos de un padre acosador, evidentemente éste se ve menoscabado, pero la distancia no actúa así en los hijos. Lo que éstos agradecen ante todo es la paz, el sosiego de una casa segura y de un ambiente grato, en el que no se vean constantemente utilizados o chantajeados por las disputas de dos padres que si tenían problemas cuando convivían, raras son las situaciones en que no los seguirán teniendo una vez separados. Tomar una decisión de este tipo para una madre nunca es fácil, pero a veces es la única posible para mantener su integridad afectiva y psicológica y así asegurarles a sus hijos la suya.

El derecho del menor hasta hoy aconseja que los niños de corta edad crezcan en contacto con su madre, el primero de los vínculos afectivos que uno establece con el mundo que le rodea. Así lo ha hecho la naturaleza. Pero como tantas cosas que ha hecho la naturaleza también esto se puede deshacer. Cambiar las leyes para compartir la custodia de los hijos pudiera ser la opción hacia la que se encamina una sociedad en que la igualdad entre hombres y mujeres fuera total.

Permítanme, sin embargo, que dude mucho de que esta solución deba imponerla el Estado. Son los padres los que deben consensuarlo. Si no es así, poner a los padres y a las madres en pie de igualdad en el tema de la custodia sólo complica las cosas para los hijos. Directamente se convierten en una mercancía, un bien o una carga según convenga. Si estaban en una guerra cuando convivían los padres, seguirán expuestos a ella cuando éstos vivan en domicilios separados.

¿Desde cuándo los hijos necesitan al padre y a la madre a partes iguales? ¿Están en inferioridad de condiciones cuando no es así? Pudiera parecer que los derechos recientemente adquiridos por la mujer (su derecho al divorcio, al aborto, al trabajo) fuera una conquista excesiva que esta sociedad patriarcal no acaba de digerir. Pudiera parecer que esta sociedad que tiende a la igualdad, deseara corregirla cuando del tema más peliagudo se trata, de la familia, de la sagrada familia. El Pater Familias romano, árabe o protocristiano surge de sus cenizas y exige lo suyo, lo que es de su propiedad.

En un hipotético caso de que se estableciera la custodia compartida me atrevo a pronosticar que serán muchas menos las separaciones pero muchas más las familias infelices, y cada una a su manera, como decía Tolstoi.

Los hijos compartidos

ÀSSUN PÉREZ AICART

EL PAÍS - Opinión - 17-06-2008

En el artículo titulado Los hijos como propiedad, publicado en este diario el 11 de junio pasado, Luisa Castro exponía sus argumentos en contra de la custodia compartida y defendía entre líneas la tesis de que los hijos son y deben seguir siendo por naturaleza propiedad de las madres. Paradójicamente, la señora Castro acusaba a los padres varones que piden la custodia compartida de este afán de apropiación sobre los hijos, echando mano para ello de viejos y polvorientos términos en latín (Pater Familias), aparte del socorrido comodín de la amenaza del retorno del patriarcado.

Su tesis se reduce, en esencia, a una vieja polémica: la dicotomía entre la naturaleza y la ley, o entre la naturaleza y la cultura. Según su opinión, la custodia de los hijos debe ser concedida a la madre pues es una cuestión de respeto a la naturaleza, de manera que la ley no debe ir contra esta naturaleza, sino ser su correlato. Es decir, el Estado no debe imponer la custodia compartida, si no es con el visto bueno de la madre, pues es la ley natural de la madre, figura ésta sí absolutamente necesaria, la que debe prevalecer. Estos planteamientos naturalistas y maternalistas no se sostienen ni desde el punto de vista del derecho contemporáneo, ni desde el punto de vista de la actual psicología evolutiva.

En los Estados democráticos es inconcebible que el derecho de una parte se haga depender de la autorización de la otra parte en litigio, pues en ese caso hay una parte que es a la vez juez y parte. Justo lo que ocurre en nuestro país con la custodia compartida, pues su concesión depende del beneplácito de la madre. Lo que preconizan quienes defienden la custodia compartida sólo con acuerdo es en realidad el derecho de veto de una parte (la madre), es decir, un contraderecho o privilegio basado en la variable del sexo.

Desde el punto de vista de la psicología, los mitos relativos a la necesidad que tiene el menor de la madre como figura de apego prioritaria por naturaleza hace tiempo que están superados por la ciencia. La psicología actual se decanta por los beneficios que tiene para el niño el apego múltiple, con independencia del sexo de los referentes. Es decir, nada más enriquecedor y fomentador de la autonomía personal y del desarrollo psíquico y emocional del menor que la conservación de una pluralidad de referentes primarios que, además, le quieren y le reconocen como ser querido. Y nada más dañino para la autoestima y estabilidad de un niño que el alejamiento forzado e injustificado de uno de sus padres y, en general, de cualquier otro ser querido, pues cuando se rompen los lazos de un menor con su padre también se destruyen los vínculos con toda la familia paterna.

En realidad, las coartadas para justificar el derecho del progenitor custodio a trasladar al menor geográficamente a donde le plazca no son más que malas coartadas. ¿Cómo puede ser bueno para un menor apartarle de sus seres queridos, de su entorno de referencia estable, de su universo relacional ya definido? Es una aberración defender, bajo pretexto de una presupuesta inocencia sobreprotectora de la madre, que el niño necesita ser llevado a una burbuja totalmente controlada por esta última, lejos de la perniciosa influencia del padre, siempre sospechoso, cómo no, de impulsos de dominación irreductibles y primordiales.

El niño no necesita el control exclusivo de la madre. Ni del padre. El niño necesita la participación de los dos en su crianza, en su cuidado y en el roce cotidiano. Porque como decía la copla, sin roce no hay cariño. Y eso es lo que más obsesiona a algunas recelosas madres, como la tristemente famosa letrada María Dolores Martín Pozo, presunta inductora del asesinato de su ex marido Miguel Ángel Salgado; mujeres que no quieren compartir con ningún igual el cariño del ser amado, el amor de los hijos, por cuya escritura de propiedad exclusiva se afanan en batallar por todos los medios a su alcance y desde los más altos castillos.

Los niños no son una propiedad, y no se pueden partir, como sí se puede partir una casa, cuyo valor material no obstante tampoco se parte, porque va en el mismo lote que la propiedad materna de los hijos. Claro que los hijos no se pueden partir, pero sí se pueden y se deben compartir. Tal vez todos deberíamos empezar a conjugar el verbo compartir, pues es nuestra obligación con nuestros hijos e hijas. Y en caso de no aprender a conjugar el verbo por nosotros mismos, entonces el Estado debería poner a cada uno en su sitio e imponer el derecho allí donde todavía no ha llegado. Precisamente para que haya más familias felices, porque como decía Tolstói, las familias felices no tienen historia, y hoy por hoy en nuestro país hay demasiadas familias y demasiados niños que arrastran una tortuosa historia.

miércoles, junio 04, 2008

Hombres discriminados en nombre de la igualdad

Uno de los escándalos más lacerantes nuestro país es la privación del padre a que se ven sometidos el 96% de los niños y niñas, tras el divorcio de sus progenitores, en virtud de una ley que ampara tamaño despropósito. El dato es importante, porque la difusión de sentencias en las que se concede al padre la custodia compartida de los hijos ha llevado a creer a mas de uno y una que, ahora, si un padre no tiene la custodia compartida es porque no quiere. Olvidan que las custodias compartidas son noticia precisamente por su carácter extraordinario. La terca y triste realidad es que la mayoría de las sentencias que se dictan cada día siguen reduciendo el padre al papel de financiador invisible de la madre –pensión, piso e hipoteca- y visitante ocasional de sus hijos. La expresión “régimen de visitas del padre”, que se utiliza para referirse a la tarde y a los fines de semana alternos a los que se reduce el contacto con papá, es elocuentemente vejatoria. Condenar a un padre a visitante de sus hijos supone destruir casi definitivamente la figura del padre. Y lo más lamentable es que semejante barbaridad cuenta con la aquiescencia interesada de muchas y muchos feministas que dicen combatir los estereotipos de la masculinidad y feminidad tradicionales, pero que enferman al oír hablar de custodia compartida, o de todo cuanto equivalga a una corresponsabilización efectiva de los hombres, porque quebraría su discurso de la dominación masculina, tan lustroso y rentable. ¡Qué paradoja!. Se pasan el día invocando el demonio de la masculinidad opresora y en nombre de ese fantasma obsoleto se resisten a promover las reformas que favorecen el cambio. No quieren aceptar que han convertido la agitación de ese espantajo machista en un negocio aberrante –oprobio de las mujeres verdaderamente víctimas de la violencia masculina- y que alejar a los hijos de sus papás para vengar la historia y/o llenarse el bolsillo es una salvajada abominable.

Habría que explicar a las madres que marginar al padre es una inversión psíquica muy poco inteligente por su parte: tarde o temprano tendrán que enfrentarse a un reproche muy ingrato: “¿por qué nos privaste y alejaste de papá?). Muchos abogadas/os, en el fragor del divorcio, estimulan a sacar tajada de la situación y derrotar al padre –con denuncias falsas si es necesario o obstruccionismo legal[1]-, sin asumir que con su irresponsabilidad están enquistando una situación insufrible y arruinando psíquicamente muchas vidas.

Sé que no aporto ningún argumento que no se haya oído una y mil veces, pero esto no es una disertación, ES UN GRITO DE PROTESTA. Y seguiré protestando hasta que no se arregle: me siento absolutamente comprometido con esta causa. Y, por eso, me complace el nuevo proyecto sobre custodia de los hijos que prepara el Govern català y el reportaje dedicado al tema por El País, un periódico poco dado a desmarcarse de la ortodoxia del feminismo mal entendido[2] pero hegemónico (me gustaría crear un blog con este título: “feminismo mal entendido”). Lo reproduzco a continuación. También incluyo un artículo de Joana Bonet sobre la Ley integral contra la Violencia de Género.


REPORTAJE. Discriminado por ser hombre



La custodia compartida se abre paso como la mejor opción para los hijos de separados - Pero el 97% se concede a la madre - ¿Queríamos igualdad?

PERE RÍOS
EL PAÍS - Sociedad - 27-05-2008

Hace décadas eran vistos como bichos raros, pero ahora son legión. Más de 110.000 menores ingresan cada año en el ya saturado club de hijos de divorciados. Niños que tendrán que habituarse, una de dos, a la ausencia de un progenitor, casi siempre el padre, o a vivir a caballo entre dos casas. Los expertos creen que suele ser mejor para ellos lo segundo, la custodia compartida, pero los jueces siguen decidiendo lo primero. El 97% de las separaciones acaban con los hijos bajo la custodia de la madre. Una inercia difícil de romper. ¿Está discriminado el varón en las separaciones? Muchos creen que sí.

Lo importante no es, dicen los especialistas, que los hijos vayan de una casa a otra, sino que el padre desaparezca de sus vidas tras la ruptura, algo que favorece la ley española.
El Código Civil considera "excepcional" la custodia compartida y para otorgarla es necesario el informe favorable del fiscal, algo que en países europeos como Francia es habitual y que en el caso de Suecia, por ejemplo, supera el 90% de los casos. De las 15.721 rupturas registradas en los juzgados de España en 2006 de las que tienen datos, en 15.296 casos es el padre quien paga la pensión de alimentos y sólo en 425 ocasiones lo hace la madre. Es decir, en el 97,28% de los casos la custodia de los menores se concede a la mujer.

La sentencia de divorcio al uso en España atribuye a la mujer la custodia de los hijos, el domicilio conyugal y una pensión de alimentos. Esas tres patas son las que analiza por separado un proyecto de ley catalán que en pocas semanas entrará en el Parlamento de esa comunidad. Es un texto pionero en España en el que se establece que la custodia compartida será la norma habitual que aplicarán los jueces y obliga a los padres a presentar en el juzgado un plan de parentalidad sobre cómo piensan ejercer esa responsabilidad tras la ruptura. El proyecto, además, separa las cuestiones patrimoniales, como la casa y la pensión, de las afectivas, relacionadas con los hijos.

Diversas asociaciones de padres separados entienden que ése es el camino y ya han empezado a exigir al Gobierno de Rodríguez Zapatero que cambie la ley actual. Uno de los que está más implicado en esa batalla es Joan Carles Castañé, que saltó a los medios de comunicación hace unos meses, cuando una juez le negó la custodia compartida de sus dos hijos porque era cojo, entre otras razones. Recurrió y la Sección 18 de la Audiencia de Barcelona no sólo no le dio la razón, sino que modificó el pacto que tenía con su ex mujer sobre el régimen de visitas a los hijos, que ahora tienen ocho y cuatro años. En aplicación de esa sentencia, los niños pernoctan los lunes con la madre; el martes, en casa del padre; el miércoles vuelven con la madre; el jueves están con el padre desde que salen del colegio hasta las 20.00. Después con la madre y, el viernes empieza el fin de semana con el progenitor que corresponda, alternativamente.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que en 2006 se produjeron en España 145.745 rupturas matrimoniales -126.952 divorcios y 18.793 separaciones-, que afectaron a 110.982 hijos menores de edad. Una cifra notable comparada con las 211.818 bodas que se celebraron el mismo año. Durante 2005, se rompieron otras 136.876 parejas y los menores afectados fueron 86.465.

Del comportamiento de esos padres y de la decisión del juez depende la vida cotidiana de centenares de miles de niños en España. Y es que las mujeres siguen siendo, en su gran mayoría, las encargadas de la crianza y educación de los hijos, pero cada vez surgen más padres que, tras el divorcio, se implican en ello. Y, sin embargo, la justicia no les reconoce como tales en la mayoría de las ocasiones. A veces, mal aconsejados por sus abogados, renuncian de entrada a pedir la custodia compartida. ¿No hablábamos de sociedad igualitaria?

"No comprendo que los jueces invoquen siempre el interés del menor y que los niños han de tener una estabilidad emocional y después dicten sentencias como la mía", se lamenta Castañé. Pese al trasiego diario, sus hijos siguen integrados en su medio social y familiar. Su comportamiento es el de miles de hombres y mujeres, que en muchos casos, y si su economía lo permite, se quedan a vivir en el barrio de su antiguo domicilio para mitigar en los menores los efectos de la ruptura.

Como Antoni Duran, que tiene 46 años y se separó en 2003. Su ex mujer tiene reconocida la custodia, pero el hijo, de 14 años, pasa la mitad de la semana con su padre y la otra mitad con la madre. Fue él quien se quedó el domicilio conyugal, tras comprarle a ella la mitad, y la mujer se marchó a vivir a otro piso en el mismo barrio del Eixample barcelonés. "Lo importante es tener claro que se separa la pareja, no los hijos, y que se es padre toda la vida", dice.

El profesor de instituto y coordinador pedagógico Alejandro González, con más de 20 años de experiencia, también quita hierro a los efectos de la doble residencia en las notas. "Depende de cada estudiante, pero la movilidad de domicilios incluso puede llegar a ser positiva. Superado el impacto de la ruptura, los chavales aceptan como normal que tienen dos casas y eso no tiene porqué influirles en los estudios".

"Lo importante es repartir de manera equitativa el cuidado y la cría de los hijos, aunque sea en dos viviendas distintas". Pero la legislación española no va por ahí, explica Francisco Serrano, juez de familia de Sevilla desde hace 10 años. "No es razonable que se creen más juzgados de violencia sobre la mujer que juzgados de familia. En lugar de favorecer la mediación se está estimulando el conflicto". Julio Bronchal, psicólogo especializado desde hace más de 10 años en conflictos familiares y maltrato infantil también lo tiene claro. "Siempre es preferible el tránsito entre domicilios de padres que la ausencia de uno de ellos", que es la situación que viven la mayoría de hijos de padres separados.

En las relaciones de pareja, como en las de padres e hijos, la distancia puede ser el olvido. O no. Elisa G., de 39 años, vive en Santander y se separó en 2005. Tiene la custodia de los dos hijos, mellizos de 11 años, que están con su padre dos días por semana y fines de semana alternos. Él se quedó a vivir en el mismo barrio, "y eso ha sido muy bueno para los niños, pero no para mí". Reclama que no se revele su identidad y explica que se ha sentido acosada durante años "por un hombre que es muy celoso y que me lo ha hecho pasar muy mal, hasta el punto de ponerme un detective para seguir controlándome".

Otro caso bien distinto. El magistrado José Luis Carratalá vivía en Valencia. En 2001 se acabó su matrimonio y se fue a ejercer a Barcelona. El hijo se quedó con la madre y desde entonces Carratalá recorre 700 kilómetros cada dos semanas, entre ir y volver, para estar con él. "Vale la pena. Es mi obligación como padre y el chaval lo agradece", dice.

"Lo importante es evitar el conflicto. A un niño no le deberían preocupar las consecuencias del divorcio, sino estudiar y pasárselo bien". Quien habla así es Amor Martos, de 30 años y administrativa de profesión. Acaba de fundar la Asociación de Hijos de Padres Separados. Los suyos rompieron en 1991. "Me robaron la juventud", dice al evocar su experiencia. Durante cinco años frecuentó las comisarías de policía, porque cuando estaba con su madre se escapaba con su hermano pequeño a casa del padre, al que no se le permitía visitar.

El suyo es un caso extremo, pero no es excepcional, porque en ocasiones son las mujeres las que pierden el contacto con los hijos. Amaya Puente de Muñozgoren tiene 49 años, es telefonista y vive en Palma de Mallorca. Tiene cinco hijos de entre 28 y 12 años y vivía en una situación económica muy cómoda por los ingresos de su marido. En julio de 2005 él se fue a vivir a la casa de veraneo de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con los pequeños y la madre nunca más ha podido estar con ellos. El hombre tiene la custodia y ella explica que es porque ha manipulado a los menores y ellos "han preferido el dinero y la comodidad que les ofrece su padre a la presencia de su madre". Es lo que algunos psicólogos definen como síndrome de alienación parental (SAP), el rechazo hacia un progenitor que el otro crea en el hijo.

Algunos colectivos niegan el SAP argumentando que no está diagnosticado por la Organización Mundial de la Salud, pero se llame como se quiera, los psicólogos lo constatan desde hace tiempo cuando analizan a los hijos y entregan su informe al juez. Amaya explica que en estos casi tres años transcurridos desde la marcha, ha viajado de Palma de Mallorca a Cádiz en 14 ocasiones y que nunca pudo ver a sus hijos.

A pesar de que los divorcios y sus consecuencias afectan durante años a centenares de miles de personas, en España no existe una jurisdicción especializada en familia, como ocurre con los juzgados mercantiles o de menores, entre otros. En algunas grandes ciudades hay juzgados a los que se les atribuyen esas competencias exclusivas en familia y en el resto son juzgados de primera instancia e instrucción, en los que el mismo juez que decide sobre los efectos de una separación, sentencia una riña de vecinos o encarcela a un ladrón.

Posiblemente si hubiera jueces especializados serían más sensibles a casos como el de Joan Vilà, empresario de 44 años que vive en Barcelona. Hace ocho meses que su ex mujer se fue a vivir a Sevilla, a 1.200 kilómetros, con sus hijas, de 11 y 8 años. Él lo denunció y la justicia la requirió para que regresara, pero ahora otra resolución judicial la autoriza a seguir allí. Juan Martos también vive en Barcelona y tiene una hija de ocho años a la que se llevó su madre a Miranda de Ebro (Burgos) en julio de 2006 y todavía no ha vuelto. La justicia le reconoció la posibilidad de visitarla cada 15 días. "Hace dos meses que dejé de ir, porque no puedo pagarlo", dice.

La cuestión de fondo es que, tal y como funciona nuestro sistema judicial, no existe un control efectivo en la ejecución de las sentencias de familia, empezando por el incumplimiento del pago de las pensiones de alimentos, que es un delito, y acabando por los impedimentos para que los progenitores estén con sus hijos cuando les corresponda, sea en fin de semana o vacaciones. Son situaciones que requerirían una rápida respuesta judicial, porque de nada sirve que un juez reconozca esos derechos cuando ya es tarde.







El falso mito de la estabilidad

JOSÉ MANUEL AGUILAR

EL PAÍS - Sociedad - 27-05-2008

La sociedad actual se articula sobre familias que han adoptado formas muy diversas. Del modelo de familia en donde un padre y una madre educaban a los hijos hemos pasado, entre otras, a las familias monoparentales, reconstituidas o familias sin vínculos legales. Aún lo anterior, todas comparten una característica común, como es el hecho de que el reparto de papeles del trabajo en el hogar y del que sale de él, para buscar los recursos con los que sustentarlo, se ha diluido. Los padres y las madres son, con desigual distribución, encargados del hogar y trabajadores que pasan largas jornadas de trabajo fuera de casa. De este modo, los hijos de éstos se han acostumbrado a pasar de las manos de sus progenitores a las manos de los docentes, para luego transcurrir por las manos de los encargados del comedor escolar, la ludoteca, el transporte escolar, las clases extraescolares, los abuelos, los trabajadores domésticos hasta que, a altas horas de la noche, vuelven a los brazos de sus padres que, en el mejor de los casos, juegan un poco con ellos, los bañan, dan de cenar y acuestan.

A poco que nos fijemos los niños van de un universo a otro sin mostrar mayores esfuerzos y, más importante aún, secuelas. En las familias donde los padres están divorciados los niños añaden a lo anterior la alternancia de habitaciones, fines de semana y vacaciones con sus respectivos padres, sin referir tampoco trauma alguno a los profesionales. Los psicólogos tenemos claro que los niños necesitan crear vínculos fuertes y que cuantos más creen mucho más seguros se desarrollarán. Los vínculos que establecen les enlazan con las figuras significativas de su entorno -padres, abuelos, amigos- y con los mundos privados que rodean a cada uno, que les ofrecen alternativas, afectos y modelos distintos. El mayor dolor que puede sufrir un niño en un divorcio es ver cómo sus padres se enfrentan y sentir que pierde la posibilidad de estar en contacto con uno de ellos. Si, además, esto es impuesto por uno de los padres, que le obliga a profesar un amor fiel, a la par que un rechazo encarnizado al otro, el dolor se convertirá en maltrato.

Nuestra sociedad debe entender que las parejas se rompen, pero que eso nunca ocurrirá con la familia del niño. Allí donde esté ese hombre y esa mujer serán su padre y su madre. A fin de cuentas, y como todos sabemos, para educar a un niño hace falta toda la tribu. ¿De qué nos extrañamos entonces?


Víctimas de segunda.

Joana Bonet.
28-V-08,LA VANGUARDIA.

Nunca poana ser enrermera en la clínica San Rafael de Cádiz. Embargarían mi suel­do a base de multas por no llevar la falda blanca que incorpora el uniforme obligato­rio y en su lugar enfundarme en unos pantalones, mi prenda de trabajo desde que entré a formar parte de la población activa. Con faldas, la jornada se hacía más larga y las carreras en las medias contribuían a potenciar el sentimiento de vulnerabilidad, además del frío del ventilador inmiscuyéndose entre los mus­los. Admiro a las mujeres que consideran las faldas sus perfectas aliadas. Dominan el arte de las distan­cias, el tamaño de la zancada, el ángulo para agachar­se a recoger un objeto reivindicando la feminidad de una tela con caída libre sobre su cuerpo. Pero venero más aún a aquellas pioneras que se atrevieron a cam­biar su indumentaria recibiendo todo tipo de repri­mendas: llevar trajes masculinos fue una de las acusa­ciones formuladas en el juicio contra Juana de Arco, también le valieron muchos disgustos a Catalina de Mediéis, sin olvidar las palabras del pintor Eugéne De-lacroix, suscritas por muchos varones de la época: "El pantalón femenino es un insulto directo a los dere­chos del hombre", mon Dieu!.

Algunos abuelos se quejaban de que con pantalones era imposible distinguir a un chico de una chica hasta que empezaron a utilizarlo las abuelas, expul­sando cualquier rastro de lujuria. Pero hoy llevar pan­talón continúa siendo reprobable si atendemos a las multas que de nuevo ha impuesto dicha clínica (y que ya fueron rechazadas ampliamente por varios organismos). Que este tipo de normas sigan vigentes en un país regido por la política paritaria resulta tan discutible como las leyes que castigan más a los hombres que a las mujeres por el mismo delito, según sentencia dictada por el tribunal Constitucional. No comparto la ortodoxia ideológi­ca de quienes quieren hablar en nombre de todas las mujeres; se puede ser feminista pero estar en desacuerdo con que ese 10% de maltratadores que son mujeres según el Ministe­rio de Justicia (5% según el Observatorio Estatal de Violencia contra la Mujer) reciba menor castigo que el resto. Si bien el discurso de la discriminación positi­va se justifica a la hora de desarrollar políticas socia­les que garanticen la igualdad entre sexos -a la cual, sin su ayuda, no llegaríamos hasta el siglo XXII- es difícil defenderlo dentro de los fines propios del dere­cho penal. Por supuesto que convivimos con la arrai­gada herencia del patriarcado. Claro que existe una tipología de terrorismo masculino que debería estar tan perseguida como el terrorismo político. Y es pro­bable que muchas de esas mujeres actúen en defensa propia, hecho que la justicia tendría que identificar y, en razón del mismo, juzgar. Pero tipificar los delitos en función del sexo basándose en la estadística abre la puerta a futuras leyes que constriñan los derechos fundamentales de la persona. ¿Qué pasaría si estuvie­se más penado el abandono de un recién nacido por parte de una mujer que por parte de un hombre?

Cualquier medida de choque para acabar con la la­cra de la violencia de género -empezando por cómo se informa de dichas noticias, y por los medios, esca­sos, tanto humanos como económicos, que se invier­ten para aplicar la ley o su penetración, hasta ahora nula, en las escuelas- es urgente. Pero no comparto la alegría de quienes aplauden la resolución del Consti­tucional porque creo que, lejos de ser una medida efectiva, recrudece la polarización entre los sexos. Una víctima hombre debería valer tanto como una víc­tima mujer porque unos y otros tenemos el mismo derecho a llevar pantalones.






[1] La conversación entre María Emilia Casas –presidenta del tribunal Constitucional- y la abogada María Dolores Martín –abogada y presunta asesina de su ex-marido- sobre la custodia de la hija común es reveladora y quizás ayude a los más legos en la materia a superar el papanatismo “feminista” que impera en este asunto. Véase EL PAÍS, 4-6-2008:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Casas/alguna/vez/recurre/amparo/vuelve/llamar/elpepiesp/20080604elpepinac_1/Tes.

Quizás sea injusto, pero parece que María Emilia Casas ha sufrido un caso de justicia poética, después de avalar esa ley inicua -la Ley integral contra la Violencia de Género- que vuelve a consagrar la discriminación en función del sexo.

[2] Por supuesto El País lleva días intentando compensar su osadía con cansinos artículos en los que se vuelve a repetir el mantra de la violencia machista contra la mujer fruto de la una sociedad patriarcal que crea sin cesar monstruos como Josef Fritzl:

Familia patriarcal y machismo asesino. BONIFACIO DE LA CUADRA

EL PAÍS - Opinión - 04-06-2008

A la memoria de mi querida y admirada Marisa

No existe una relación inmediata de causa/efecto, pero sí puede afirmarse que la estructura de valores de la familia patriarcal constituye un caldo de cultivo, un terreno abonado, un ambiente propicio para el machismo asesino. De ahí que el gravísimo problema de la violencia de género deba atacarse desde su raíz: el tradicional poderío del varón en todos los ámbitos de la sociedad, y muy particularmente en el hogar familiar.

Es curioso cómo muchas mujeres describen los avances igualitaristas de los hombres -esposos, novios, hijos, padres- en la casa común con expresiones como que el hombre "ayuda" o "colabora" en las faenas domésticas, desde el convencimiento de que el trabajo doméstico es, básicamente, obligación de la mujer -esposa, novia, hija, madre-. Una trabajadora, dentro y fuera de casa, ironizaba hace unas semanas, en televisión: "Mi marido y yo tenemos el trabajo repartido; él deshace la cama y yo la hago, él come y yo hago la comida".

De esa situación hay un paso a Mi marido me pega lo normal, título de un libro del forense Miguel Lorente, recientemente designado delegado del Gobierno para la Violencia de Género. Lorente, con experiencia por sus anteriores cargos en la Junta de Andalucía, expone las causas habituales del maltrato del hombre a su mujer ("no tener preparada la comida", "llevarle la contraria", "no estar en casa cuando él llegó o llamó", "quitarle la autoridad ante los hijos u otras personas"...) y el objetivo de las palizas: mantener la autoridad y lograr que ella esté sometida y controlada. Según Lorente, se trata de una violencia estructural, que actúa de "elemento estabilizador de la convivencia bajo el patrón

[de dominio patriarcal] diseñado", de modo que existe "permisividad social hacia la agresión a la mujer en pequeñas dosis".

De hecho, en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las cuestiones que más inquietan a los españoles, el maltrato intrafamiliar no figura nunca entre las preocupaciones principales, a pesar de tratarse de un fenómeno con todos los ingredientes para suscitar la alarma social y con muchas más víctimas mortales que, por ejemplo, el terrorismo.

Una muestra de las raíces históricas patriarcales de la violencia machista la ofrece, en el siglo XVIII, Juan Jacobo Rousseau: "La mujer está hecha para obedecer al hombre; la mujer debe aprender a sufrir injusticias y a aguantar tiranías de un esposo cruel sin protestar. La docilidad por parte de una esposa hará a menudo que el esposo no sea tan bruto y entre en razón". Y dos siglos después, el inefable Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, con muchos adeptos, apuntillaba: "La mujer no tiene por qué ser inteligente. Basta con que sea discreta".

¿Puede extrañar demasiado que el patriarca austriaco Josef Fritzl, tras esclavizar durante 24 años a su hija Elisabeth, se atreva ahora a alardear de haber celebrado en familia la Navidad con aquellas criaturas procreadas mediante violación y que presuma de no "haberlos matado a todos"? Su compatriota, la escritora feminista Elfriede Jelinek, ha arremetido contra un país incapaz de cuestionar "la palabra del padre" y menos aún la autoridad de un padre-abuelo, reflejo de sus rigurosas estructuras patriarcales.

En España también podemos tener claro que el origen del machismo asesino, y de la no menos grave dominación masculina consentida y silenciosa, está en ese modelo patriarcal de familia nucleado en torno a un matrimonio sacramental y procreativo que une a ambos cónyuges, como predica la Iglesia y aplican los maltratadores, "hasta que la muerte los separe".

¿Cómo atajar esa lacra? La juez Manuela Carmena reveló hace años que un recluso le manifestó en la cárcel: "Yo he matado a mi mujer, pero no soy ningún delincuente". Lorente niega que se deba tratar como un mero "conflicto de pareja", según pretendió algún psicólogo, y apuesta por la justicia penal, por cierto mal organizada y poco sutil para resolver conflictos en los que conviven los sentimientos con los delitos. Los propios jueces han cuestionado en más de cien casos los tipos penales feministas creados por la Ley Integral contra la Violencia de Género, mientras siguen sin aplicarse los preceptos educacionales de esa ley integral y continúan pendientes medidas igualadoras, como la equiparación salarial entre ambos sexos y la obligación de los hombres de pedir el permiso de paternidad. En 2007, casi 40.000 mujeres tuvieron que abandonar el trabajo para encargarse de los hijos, frente a sólo 2.000 padres.

En ese contexto, un Gobierno con más mujeres que hombres, una joven ministra de Igualdad y una mujer al frente de las varoniles Fuerzas Armadas constituyen medidas pedagógicas saludables, que crispan a la caverna, pero que no coinciden con la realidad extragubernamental. Mientras predomine la dominación patriarcal, sigan existiendo situaciones de desigualdad y, como ha dicho Ángela San Román, directora del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, "se cuestione permanentemente el avance de la mujer", estaremos sembrando la semilla del maltrato.

sábado, enero 19, 2008

El feminismo igualitario lo representan los hombres y mujeres que promueven la custodia compartida

LA VANGUARDIA
Pilar Rahola 28/12/2007

Fue mi padre quien me convirtió en feminista. Ese hombre extraordinario, que siempre respetó a mi madre, que estaba dispuesto a ser el primero en levantar la mesa, en preparar la comida, en cargar con la compra, me enseñó el valor de la convivencia.

Eran otros tiempos, y el comedor de casa era, para muchos, el espacio de la libertad.
Desde ese comedor de casa, solidario y respetuoso, aprendí a amar la igualdad y a luchar por ella. Como tantas otras mujeres.

De la generación de nuestras abuelas, que se dejaron la piel para poder votar, a la de nuestras hijas, que pueden ser presidentas, el camino recorrido es un salto galáctico: en solo tres generaciones hemos cambiado el paradigma cultural de siglos.

Por supuesto, ahí estamos, con las cifras de maltrato llenando de sangre las estadísticas, con las mujeres luchando por ser las mejores en el trabajo y en la casa, y no morir en el intento.
Con nuestras vergüenzas de discriminación en sueldos. Con el enorme esfuerzo que tiene que hacer la trabajadora que quiere ser madre.

Desde luego, si miramos al pasado, la transformación social ha sido revolucionaria.
Si miramos al futuro, la mujer está en condiciones de alcanzar todas las metas. Pero, si miramos al presente, aún dejamos demasiada piel y dolor en el intento. Y, por supuesto, si la mirada es global, la situación de la mujer destruye cualquier esbozo de optimismo. Desde la vergüenza de las mujeres esclavas en los países islámicos, a las niñas de los prostíbulos, pasando por todo tipo de violencias.

Hemos andado mucho en el camino de los derechos, pero marea pensar lo mucho que falta por andar.

Siendo todo ello cierto, me preocupa, sin embargo, que la lucha de la mujer pueda invadir los legítimos derechos de los hombres.

Para entrar en la materia más espinosa, demasiadas son las voces serias que alertan del mal uso que se está haciendo de la ley contra la violencia de género, a favor de mujeres que la utilizan para negociar patrimonio, conseguir ventajas o, directamente, fastidiar al ex de turno. De entre todas ellas, es notable la voz de la juez decana de Barcelona, Maria Sanahuja, que ha alertado reiteradamente del exceso de denuncias falsas. Los datos sobre este hecho no son claros, pero todos los sectores implicados hablan de centenares de falsedades.

En cualquier caso, la casuística nos trae demasiados padres cuya denuncia falsa les ha destrozado la vida, hasta que un juez ha levantado la sospecha.

¿Realmente es tan fácil? Si un hombre acusa a su mujer de maltrato, las dificultades para llevar a puerto la denuncia son ingentes. Pero si una mujer lo acusa a él, la ley lo convierte en culpable incluso antes de ser sospechoso, y el calvario que vivirá será terrible.

Es indiscutible que la ley contra la violencia de género era urgente para luchar contra esta lacra social.

Pero, ¿la hemos hecho bien? Si las mujeres pueden usarla fácilmente para dirimir sus cuitas económicas o sentimentales, no solo la hemos hecho mal. Hemos convertido la lucha por la justicia de las mujeres, en una forma de injusticia para los hombres.Demasiados padres que no pueden ver a sus hijos, demasiados que cuelgan de la percha de la sospecha, demasiados que ven dilapidado su patrimonio, más allá de sus obligaciones legales.

La lucha de la mujer por la igualdad nunca puede ser la coartada para otra forma de discriminación. El feminismo, que tanto sabe de sufrimiento, tendría que ser el primero que levantara la voz contra esta otra forma de maltrato. Porque, o denunciamos los abusos en nombre de la mujer, o estamos convirtiendo una lucha justa en una forma de venganza.


lunes 24 de diciembre de 2007

Sindrome Alienacion Parental

CARTA de Cris publicada en "LA VANGUARDIA" el día 23.12.2007

Soy mujer, divorciada y sin hijos. No me dedico por tanto a mercadear con los niños, como hacen muchas madres divorciadas que utilizan al niño para hacer daño a su ex pareja en un odio irracional que nace, en la mayoría de los casos, y siempre bajo mi punto de vista, de la pérdida de "comodidad económica" que les supone el divorcio.Pero aparte de mujer divorciada sin hijos, ante todo soy persona. Y me pone el vello de punta leer noticias de madres que causan a sus hijos un daño irreparable, por años que pasen, al condenarlos a no ver a su padre, a condenarlos a oír sistemáticamente la misma historia "tu padre es esto o lo otro, nos ha abandonado, nos dejó sin dinero...."Señoras.... trabajen! Y no cuenten historias al hijo. Él debe permanecer al margen de los problemas de los adultos. No tiene la culpa de nada. Es un menor. Está indefenso. Y además no puede mandarla a freír espárragos pues no se atreve. Su padre es su padre, como su madre es su madre. Y necesita a ambos por igual.Es insultante que en pleno siglo XXI y cuanto más se aboga por la igualdad, más desigualdad haya. Hemos pasado de un extremo al otro. De no tener derecho a voto a tener derecho a arruinar la vida a un hombre solo por contar una trola. "me ha insultado" (dice ella) " es un delito. Él se va detenido por tema de violencia doméstica. Sin embargo ella puede vejar, insultar, pegar, etc... al hombre, y al hijo y a lo sumo, es una falta.Ahora, comienza a haber jueces valientes, y sobretodo, conscientes de la realidad de éste país, lleno de padres maltratados, de hijos maltratados, de familias rotas. Pero no rotas por el divorcio de los progenitores, sino por la maldad de un progenitor que pone al menor en contra del otro. Eso es una ruptura. Y señores... es irreconciliable, pues el daño no se repara. Podemos poner tiritas, pero el daño ya se ha hecho. Un poco de conciencia social por favor... estamos criando a los futuros adultos. Y serán gente marcada por una infancia de maltratos. Tendrán problemas de adaptación social, de relación con sus iguales, prejuicios y miedos fundados por las madres.... Reitero.... soy mujer. Pero si "ellas" lo son... a mi nómbrenme de otro modo. Pero no mujer. No quiero serlo. Ante todo, seamos PERSONAS.

http://sapcris.blogspot.com/2007/12/sindrome-alienacion-parental.html


Exculpado de abusar de sus dos hijos tras cuatro meses en prisión Los jueces afirman que la madre y la abuela indujeron a los niños a mentir

PERE RÍOS - Barcelona
EL PAÍS - Sociedad - 07-01-2008

Martí Turégano Vilardell fue detenido y esposado en presencia de uno de sus dos hijos el 28 de marzo del año pasado. Ese día debía iniciar las vacaciones de Semana Santa con los niños, que entonces tenían dos años y medio y seis, pero la denuncia de su ex mujer lo impidió. Pasó las vacaciones en la cárcel y allí siguió otros cuatro meses acusado de abusar sexualmente de los menores. Hace unos días, la Sección 20 de la Audiencia de Barcelona le ha exculpado. Los jueces concluyen que no hay pruebas contra él, no se creen la denuncia de la ex mujer y aseguran que las declaraciones de los menores que sirvieron para encarcelar al padre fueron inducidas por la madre y por la abuela materna.La pareja se había separado de mutuo acuerdo a mediados de 2006 a instancias de él. La mujer se quedó la guarda y custodia, la mitad de un apartamento y otras pertenencias, explica Turégano. "Jamás pensé que pudiera ser capaz de esto y actuar así por odio y rencor", relata el hombre, de 34 años y contable de una multinacional.

El padre ha pasado siete meses en tratamiento psicológico y psiquiátrico y asegura que el calvario que él ha pasado no lo desea ni al peor de sus enemigos. "Conmigo se ha cometido una injusticia que jamás olvidaré", dice. Lleva nueve meses sin ver a sus hijos y ahora confía en que la exculpación haga cambiar de parecer a los jueces.

La decisión de la Audiencia de Barcelona pone fin al proceso iniciado por el Juzgado de Instrucción número 5 de Mollet del Vallès (Barcelona), que dio verosimilitud a la denuncia de la madre y procesó al hombre por un delito de abusos sexuales con acceso carnal contra su hijo J., y por otro contra su hermano M., en este caso sin violencia.

El Código Penal castiga la primera conducta hasta con 10 años de cárcel y la segunda, hasta dos años. La acusación particular ejercida por la madre solicitó de la Audiencia de Barcelona que abriera juicio contra el hombre, pero los jueces explican que no hay ninguna prueba que lo justifique.

Los Mossos d'Esquadra registraron su vivienda y no encontraron ninguna de las películas pornográficas con menores que se habían relatado en la denuncia ni ningún otro dato que permitiera sospechar que se cometieron abusos. Los informes médicos del Hospital de Sant Joan de Déu, que revisó a los niños, también descartaron las agresiones, y los informes psicológicos concluyeron que no existieron los abusos.

Así las cosas, el tribunal explica que la principal prueba de cargo en estos meses han sido las declaraciones de los menores, pero añade que han sido "cambiantes". Al principio parecía que existía "sospecha de posible abuso sexual", pero después quedó descartado por los psicólogos. "Los niños no presentan rasgo de abuso sexual y en el propio informe psicológico se indica que la forma de narrar los hechos investigados reduce la credibilidad de su relato", dice el tribunal.
Los jueces afirman que las respuestas de los niños a los psicólogos "pueden estar inducidas por la madre", de la que se dice que está "personalmente enfrentada con el padre". Los menores también relataron que "lo que dijeron del pene de su padre y de los dientes no pasó de verdad, que se lo había dicho su abuela".

Al margen de sus parientes, el único apoyo que recibió el acusado fue el de la Asociación de Padres de Familia Separados de Cataluña, que reclamó su presunción de inocencia. La justicia concluye ahora que no es una suposición.

-----

Sobre custodia compartida véase también http://lacomunidad.elpais.com/antoniopegaso/2008/1/15/el-sidrome-alienacion-parental-y-otro-feminismo, de donde procede el título del post

lunes, noviembre 19, 2007

Víctimas de LA VÍCTIMA

Recientemente, Anthropos dedicó un monográfico a René Girard, un autor insuficientemente conocido que ha sabido iluminar con sus análisis las complejas relaciones entre víctimas y victimarios. Leyéndole, no es difícil descubrir la pirueta más utilizada actualmente por la violencia para invisibilizarse y actuar con impunidad: proclamar víctima a todo un colectivo, convertirse en lobby y declarar sus privilegios como prevención de la violencia o protección de los intereses de potenciales víctimas. Es una máscara magnifica, aureolada de incuestionable legitimidad. Ante ella, todos sucumben, temerosos de ser acusados de simpatía con los agresores o de dar aliento a sus desmanes.

De este modo, LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL, y todos cuantos pueden obtener beneficios amparándose bajo esta abstracción (las víctimas reales no son la prioridad), instaura su dictadura e inicia así el ACOSO Y SAQUEO SISTEMÁTICO DEL AGRESOR INSTITUCIONALIZADO, y de todos cuantos sea posible asimilar a esta abstracción para BENEFICIO DE LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL.

En cuanto seas potencialmente asimilado al agresor institucionalizado, serás declarado directamente CULPABLE MIENTRAS NO SE DEMUESTRE LO CONTRARIO, o como mínimo te convertirás en SOSPECHOSO. De nada te servirá recordar que tú respondes por ti mismo y que no pueden imputarte las conductas atribuidas a ningún colectivo sospechoso: has dejado de existir como persona y ahora sólo cuenta la condición de agresor que te han asignado. Tampoco te servirá subrayar que te están convirtiendo en víctima de una violencia absolutamente injustificada, porque no puede haber más víctima que LA VÍCTIMA.

En coherencia con esta lógica perversa, LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL, para seguir legitimándose, alimentará constantemente en el imaginario colectivo el FANTASMA DE LA MALDAD INTRÍNSECA del AGRESOR INSTITUCIONALIZADO.

No es difícil descubrir esta dinámica en la legislación que regula actualmente la relación entre hombres y mujeres. El feminismo que acertó denunciando los privilegios masculinos que mantenían a las mujeres en una posición subordinada, ha acabado sin embargo poniendo en manos de las mujeres privilegios abusivos que les permiten dañar impunemente a sus exparejas masculinas, en nombre de una condición femenina a la que todo le está permitido, porque ha sido previamente declarada víctima de la violencia abstracta de los hombres
[1]. Y, por si nos olvidamos, las campañas institucionales nos recuerdan sistemáticamente los malos que son los hombres: tiranizan y matan a las mujeres, cobran mejores sueldos, son temerarios al volante, reducen las mujeres a objetos de sus deseos depravados, etc. Aunque en teoría se habla de superar los estereotipos tradicionales, se sigue alimentando esta visión estereotipadamente maligna de la condición masculina.

Todo ello ha acabado teniendo su reflejo en la lucha contra la llamada violencia de género –escandalosamente asociada sólo a la violencia masculina-, un arma que permite fácilmente poner bajo las cuerdas a los hombres con falsas acusaciones al iniciar un proceso de divorcio; o en la negación de la custodia de los hijos –ni siquiera en régimen compartido- a los hombres, obligados además a financiar a las madres que les enajenan de la descendencia mutua.

Pero, seguro que a cualquiera le resulta fácil encontrar ejemplos en todos los ámbitos de actuación humana.


Informaciones complementarias

Algo más de la mitad de parejas que se disolvieron legalmente el año pasado tenían hijos menores de edad (en concreto, el 51,3%). Dentro de este conjunto, lo más frecuente son las parejas que se separan cuando tienen sólo un hijo. Los datos del INE muestran también que en el 78,7% de los casos el pago de la pensión alimenticia establecida para los hijos afectados por una disolución matrimonial corresponde al padre.
FUENTE: http://paper.avui.cat/article/societat/105874/matrimonis/breus/es/disparen/any.html

Madres y padres separados exigen la custodia compartida como
mejor solución tras el divorcio. Público, OLIVIA CARBALLAR - SEVILLA - 18/11/2007 20:07


Entre 500.000 y 800.000 padres divorciados tienen problemas
para ver a sus hijos; 160.000 pasan por el calabozo alguna vez
por denuncias falsas; y en el 30-40% de los casos se incumple
el régimen de visitas. Son datos de la Confederación Estatal
de Madres y Padres Separados, que ayer exigieron al Gobierno,
en una manifestación en Sevilla, que se establezca la custodia
compartida como modelo preferente tras el divorcio.

"Los objetivos que perseguía la ley [del divorcio de 2005] de
reducir la contenciosidad y de proteger el derecho del menor a
relacionarse con ambos progenitores en igualdad han fracasado;
de hecho, la contenciosidad ha aumentado casi un 6%", denunció
el presidente de la confederación, Justo Sáez. "Es totalmente
inaceptable que el menor sufra, que sea maltratado y que sea
manipulado", añadió.

El acto, con el lema Custodia compartida sí. Síndrome de
Alienación Parental no. Denuncias falsas no, coincide con la
celebración, hoy, del Día Mundial de la Prevención contra el
Abuso Infantil y, mañana, del Día Internacional de los
Derechos del Niño y la Niña.

Alienación parental

"Empresario, divorciado desde hace ocho años, afectado por el
síndrome de alienación parental [manipular a los hijos para
que rechacen al progenitor que no tiene la custodia] que
padece mi hija Rocío de 10 años desde hace un año y medio,
momento en el que la madre así lo decidió". Así se presenta
Domingo González en un blog http://custodiacompartidasap.blogspot.com/

"Mi hija no me quiere ver, ni tocar, y el último día que nos vimos me pegó un par de guantazos", escribe.

En conversación telefónica, sin embargo, Domingo, portavoz de
la confederación, prefiere dar protagonismo a casos mucho "más
graves" que el suyo. "No me gusta hablar solamente de mi
historia, las hay peores, como la de Manuel Gancedo, un hombre
cántabro que únicamente puede mover las pestañas, que ha sido
denunciado por maltrato, que no ve a su hija desde hace más de
un año y al que los médicos dan muy pocas esperanzas de vida".

Domingo también critica la ley de violencia de género: "El año
pasado fueron asesinadas 68 mujeres. ¿Sabes cuántos hombres
murieron a manos de sus parejas? 42".

"No sabía que mi hijo tenía un tumor"

Antonio Pino lleva sin ver a su hijo más de diez años porque
no le han dejado. Pero su hijo, Iván, lleva el mismo tiempo
sin ver a su padre porque no quiere. Antonio atribuye la
reacción de Iván al síndrome de alienación parental: “Mi ex
mujer les ha manipulado y eso es un error, porque, aparte del
daño que me hace a mí, el que sufre es el niño”.

A Antonio, que preside la Federación Andaluza de Padres y
Madres Separados desde Granada, se le encoge la voz cuando
cuenta que se enteró de que su hijo estaba gravemente enfermo
por casualidad: “Unos amigos me tuvieron que decir que mi hijo
se estaba muriendo por un tumor”. Su ex mujer, de la que ya
lleva separado unos 15 años, no lo dejaba ir a verlo al
hospital. “Este hijo es mío y no tuyo”, explica Antonio que le
gritaba ella.

Tuvo que intervenir la policía y, desde entonces, pudo ir a
visitar a Iván todos los días. Pero Antonio también tiene otra
hija, hermana gemela de Iván, a la que no ve desde hace más de
seis años. “Una vez la vi en la calle y ni me atreví a
saludarla y mi cuñada me dijo que había hecho bien porque si
mi ex mujer se entera de que me ha saludado le hubiera
pegado”, sentencia.

Los niños han crecido, ya son mayores. “Mi ex mujer se los
llevó a Tarragona y no iba ni a recoger las notas al colegio”.
Y trabajan. “Yo les seguí pasando la pensión hasta que un juez
dijo que no tenía que darles más dinero”. Y su hijo, afirma
Antonio, le llamó y le dijo: “Ya nos veremos en el juzgado
donde te pienso inflar a hostias”. Antonio no se ha vuelto a
casar y dedica su vida a que otros niños no pasen por ello.
“Estoy escribiendo una obra de teatro basada en mi vida”. No
hay ni un solo día que no recuerde a sus hijos. La pasada
Navidad les envió una felicitación. La respuesta no ha llegado
aún.

"La mejor vía es la mediación familiar"

“La guerra de géneros es un negocio”. Con esta contundencia se
manifiesta un juez en cuyas resoluciones siempre han primado
el interés y la protección de los menores, como en el caso de
la joven de Benamaurel (Granada), en el que se negó a ejecutar
la orden de devolverla a sus primeros padres adoptivos.
Francisco Serrano, titular del Juzgado de Familia número 7 de
Sevilla, considera que la custodia compartida es “un clamor
social” porque es la “mejor solución para la desprotección
que vienen sufriendo los niños.

El juez Serrano, que atendió a este periódico tras su
participación en un congreso de jueces por la mediación,
aseguró que ésa, la mediación, es la vía adecuada para
solucionar problemas cuyos principales damnificados son los
niños. “Usted puede fracasar como pareja, pero no como padre
ni como madre”, asevera.

Sobre el síndrome de alienación parental, el juez Serrano
pone un ejemplo muy gráfico: “Si el niño de la película La
vida es bella puede ver en un campo de concentración un parque
de atracciones gracias a su padre, está claro que los padres
pueden hacer creer cualquier cosa a sus hijos”. E insiste:
“Para evitar este síndrome, lo mejor es la custodia
compartida, apartar durante un tiempo al niño de la fuente de
alienación”. Y quien se opone a esta fórmula, dice, demuestra
que no está capacitado para obtener la custodia del menor.

Con la misma claridad y contundencia que defiende la custodia
compartida, Francisco Serrano asegura que la Ley Integral
contra la Violencia de Género necesita una “reforma integral”.



Sentencias para mirar con lupa

Una juez de Gavà (Barcelona) denegó a Joan Carles Castañé la
custodia compartida de sus dos hijos argumentando, entre otros
motivos, que la minusvalía que sufre –una cojera derivada de
una poliomielitis– podría representar un impedimento para
cuidar a dos niños tan pequeños.

En Manresa (Barcelona), una juez otorgó a un padre la custodia
de su hija, por un periodo de seis meses, para intentar
remediar la aversión que la niña siente hacia él y que, según
la sentencia, ha sido inculcada por la madre, al haber
impedido que le viera desde su separación. La mujer en un
principio denunció al padre de los menores por “malos tratos”
y éste tuvo una orden de alejamiento.

El juzgado de familia de Oviedo desestimó el pasado 24 de mayo
el recurso de una madre en el que pedía un horario más
flexible para visitar a sus hijos al estimar que la mujer
predisponía a los pequeños contra su padre.

PUBLICO.ES



La Confederación Estatal de Madres y Padres Separados
considera que el aumento en un 74,3 por ciento de los
divorcios en España se debe, en gran parte, a la ley contra la
violencia de género, que favorece a la mujer que denuncia a su
pareja por malos tratos, aunque no pueda demostrarse que el
hecho denunciado sea cierto.

"Con la ley contra la violencia de género en la mano, si la
mujer interpone una denuncia por malos tratos", sean estos
ciertos o no, "el hombre pierde todo derecho (sobre sus
hijos), aunque al final salga absuelto", declaró a Servimedia
Domingo González, portavoz de la confederación.

Y como quien se queda con la custodia de los hijos, continuó
González, se queda automáticamente con el domicilio familiar,
eso lleva a "muchos abogados" a aconsejar a sus clientas que
denuncien a su pareja por malos tratos, añadió.

La ley contra la violencia de género, subrayó el portavoz de
dicha asociación de madres y padres separados, "ha venido a
darle a una de las partes un arma muy poderosa, como es la
custodia de los hijos", a la hora de formalizar una ruptura
matrimonial.

SERVIMEDIA

[1] “La lógica patriarcal”, “la violencia estructural masculina” y otras mistificaciones.

martes, mayo 29, 2007

Uno de cada cuatro hijos de parejas separadas...

Uno de cada cuatro hijos de una pareja separada pierde el contacto con el padre. Es un dato alarmante comentado en el debate de “Espai Públic” de BTV viernes, (25 de Mayo de 2007, a las 18:54, http://blog.barcelonatv.cat/espaipublic/) sobre las nuevas estructuras familiares (Les noves famílies). Todos coincidían en que la asignación sistemática a la madre de la custodia de los hijos es una aberración cada vez más insostenible, ahora que tanto la madre como el padre trabajan y los roles tradicionales han pasado a la historia. Pero, como la custodia de los niños se sigue asociando al usufructo de la vivienda común y a una pensión, muchas mamás –beneficiadas por esa asignación de oficio- obstaculizan la relación con papá (alienación parental), temerosas de perder su estatus ventajoso si él fortalece sus vínculos afectivos con los niños y reclama la custodia compartida. Se trata de algo bochornoso que cuenta además con refrendo legal. Lamentablemente, la nueva Ley de Divorcio no lo ha remediado. Se temía al rancio feminismo progresista. Afortunadamente hay otros feminismos dignísimos, cargados de ecuanimidad y de sentido común (http://www.pensamientocritico.org/paluri0206.htm, María Sanahuja: http://www.panorama-actual.es/opinion/colaborador.pl?Id=1639
http://www.pensamientocritico.org/marsan0105.htm, etc.).



Custodia compartida
Sergi Salgado. 28.04.2005, 20MINUTOS - CARTA DE LOS LECTORES

Después del revuelo por la custodia compartida quisiera hacer tres consideraciones.
Primera: el derecho a una custodia compartida no es un derecho del padre ni de la madre, es un derecho de los hijos. Segunda: somos víctimas de una mentalidad maternalista por la cual, aún hoy, los hijos son responsabilidad única de la madre. Mal avanzamos así hacia la igualdad. Tercera: existe una perversidad en la custodia única. Quien se queda con los hijos se queda con la vivienda, los bienes y la pensión.

Estas tres cuestiones las resuelve la custodia compartida. De nada han servido los pronunciamientos favorables de psicólogos, educadores y mediadores. Sin embargo, el Gobierno sí ha cedido ante las presiones de unas conocidas abogadas que no querían perder su negocio.

No creo que a priorizar los bienes sobre los hijos se le pueda llamar feminismo. Porque, cuando una pareja se separa, ¿quién se acuerda de verdad de los hijos?.


Cariño, espérame
http://www.youtube.com/watch?v=3JJu-zRzTgU

martes, mayo 08, 2007

Hombres paternales y masculinos

En una interesante entrevista publicada ayer en El Periódico, Inés Alberdi anuncia la emergencia de una nueva masculinidad, caracterizada por unir la emotividad paternal a una afirmación inequívoca de su virilidad. A mí el descubrimiento no me parece tan asombroso, porque en mi entorno siempre vi hombres implicados emocionalmente en el ejercicio de la paternidad y solidarios a nivel doméstico, pero admito que quizás viví una situación algo excepcional.

En cualquier caso, sí parece indudable que el hogar y los niños se han convertido en espacio de realización también de la masculinidad, y eso sí que es nuevo. Como comentan Ulrich Bech y Elisabeth Beck-Gernseheim en El normal caos del amor (Paidós,2001, p. 148) los hijos han pasado de ser una carga a convertirse en “una experiencia de sentido” a la que se asigna una función de beneficio psicológico (sensación de tener una responsabilidad, de ser competente, de ser emocionalmente necesario; satisfacción del deseo de arraigo, de proyección en el futuro, de donación; satisfacción de la necesidad de romper con la lógica técnico-científica del espacio público y de cultivar el lado natural; satisfacción de necesidad de cariño, sinceridad y cercanía). Los hijos y el hogar se han convertido en una de las últimas utopias a la que humanos dedican sus anhelos y desvelos. Se trata, sí, de un horizonte modesto para hablar de utopía, pero no tanto si atendemos a las expectativas que se han depositado en ella o la ansiedad con que se intenta hacer realidad (es una utopia plausible en tiempo real):

Las madres y los padres no dan desinteresadamente: quieren que los hi­jos les devuelvan mucho... Quieren ser educados por sus hijos. Los hijos y las hijas deben ayudar a los padres para que éstos puedan alcanzar su propio ideal del Yo de la esponta­neidad, sensualidad, naturalidad y creatividad. Aquí los padres no educan a los hijos, sino que los hijos educan a sus padres. Los hijos y las hijas encar­nan, en el más verdadero sentido de la palabra, el ideal del Yo de sus padres. (Weymann, citado por Beck)

En un mundo en el que se experimenta un especial desamparo, donde desaparece la fe en un más allá y las esperanzas del aquí se han revelado a menudo como pasajeras, el hijo anuncia también la posibilidad de dar sentido, contenido y arraigo a la propia vida. Se trata de una aspiración compartida por todos –y especialmente intensa en los sectores en los que la sensación de desarraigo es mayor- y no debería sorprendernos, por tanto, que los hombres quieran ocupar este espacio. Pero no nos engañemos, a los hombres les está costando mucho ocupar la esfera del hogar y no sólo por las inercias históricas que ha interiorizado (dependencia afectiva de la mujer, bloqueo emocional en la relaciones, inhibición doméstica, adicciones escapistas –trabajo, deportes, ordenador, etc.-), sino porque muchas mujeres no saben o no quieren ceder terreno en este ámbito. Los espacios íntimos viven una guerra de géneros, a veces sorda, a veces sonora, que no siempre se salda con negociaciones y acuerdos. Basta contemplar cómo aumentan los divorcios y con qué intransigencia muchas mujeres defienden las posiciones de privilegio sobre los hijos que la ley y los jueces les conceden.

La ensoñación doméstica posiblemente tenga algo de oscuro paliativo a la frustración de los sueños rotos y a la frialdad del individualismo consumista al que nos vemos abocados –ya hablaremos de ello y de sus consecuencias sobre la educación-, pero merece ser explorada por hombres y mujeres.

Para acabar, me choca la insistencia en que ese nuevo hombre es muy "masculino". ¿Qué significa ese rasgo de masculinidad?. ¿Alguien creyó que la naturaleza masculina podía volatizarse para dar lugar a una nueva categoría de género, a un ser quizás más andrógino, que se redimiese de su masculinidad feminizándose? Al parecer, sí. De ahí la sorpresa...



"Surge un hombre muy paternal y masculino"
El Periódico 7/5/. Entrevista con Inés Alberdi, catedrática de sociología de la Universidad Complutense.
"Surge un hombre muy paternal y masculino"
MARGARITA SÁENZ-DIEZ TRIAS

Los nuevos padres, esos jóvenes que deciden compartir a partes iguales con la madre la tarea progenitora, son el referente en Los hombres jóvenes y la paternidad, que ha editado la Fundación BBVA. Sus autoras, la socióloga Inés Alberdi y la psicóloga Pilar Escario, analizan esa tendencia, que es especialmente vigorosa en Catalunya, donde se registra el mayor número de padres que se han acogido al permiso de paternidad. El estudio parte de un nutrido grupo de varones que están abriendo caminos enriquecedores en la socialización del niño. "Están decididos a innovar", señala Alberdi.

¿Vuelven los hombres al hogar?

--Unos pocos. Empieza a ser más atractiva la relación con los hijos. Son una minoría de vanguardia.La competencia profesional, los horarios... No es fácil.--El problema es que el mundo laboral exige mucho, pero, como empieza a exigir igualmente a las mujeres, se abre una oportunidad para que la situación se flexibilice y sean los hombres los que estén más cerca de los hijos y del hogar.

Dice uno de sus interlocutores: "Tener un hijo impone un cambio de hábitos radical".

--Empiezan a haber bastantes hombres y mujeres que tienen sus razones para no tener hijos voluntariamente. Y eso me parece interesante. Un avance fantástico.

¿Instinto maternal, paternal?

--Creo que ninguno de los dos existe. En nuestra cultura hemos creído firmemente que existe el instinto maternal. Pero era para empujar a las mujeres; para que ni se atrevieran a decir que no iban a ser buenas madres. Lo interesante de ahora es que puede disfrutar de la paternidad o de la maternidad el que quiera.

¿Una imposición?

--Creo que el instinto maternal es una manera de hacer de la necesidad virtud. Estábamos abocadas a la reproducción, y cuanto más se valorara esa mística, mejor. Siempre ha habido mujeres con ganas de tener hijos y otras sin ganas. La diferencia es que hoy las que no quieren tener hijos o no quieren alumbrar más, lo hacen tranquilamente. De ese modo es más interesante, más rica, más satisfactoria, la maternidad.

Otro comentario: "Lo que sí envidio es que otros padres puedan ir a buscar a sus hijos a la escuela".

--Eso se está extendiendo entre los hombres jóvenes. Todavía son pocos, pero empiezan a pensar como tradicionalmente han pensado las mujeres.

Que es bonito, que quieren tener más tiempo para estar con ellos.¿Les da apuro expresar esos sentimientos?

--Hemos encontrado hombres muy cercanos a sus hijos, pero que tienen reparo en enseñar sus fotos en la oficina, por ejemplo, cuando a sus compañeras se les tolera sin problema. Por eso hemos tratado el tema en relación con la masculinidad. Cada vez surge con más fuerza un tipo de hombre que es a la vez muy masculino y muy paternal. A menudo, se ha confundido desapego afectivo y emocional con masculinidad.

Rescatan una imagen entrañable que estaba desdibujada.

--Y es que a veces no se les permite mostrar esa imagen. Ha habido protestas por parte de algún sector del empresariado, felizmente no todos, cuando hemos aceptado una nueva ley de igualdad en la que se instaura un permiso para todos los hombres que tengan un hijo. Es su derecho y su responsabilidad.

¿Está escrito el papel del padre en el desarrollo afectivo del niño?

--Nunca decimos "pobrecito" de un niño que no tiene el padre cerca. Y como se empiezan a ver niños que tienen a los padres cerca, su desarrollo afectivo, la seguridad en sí mismos, seguro que aumenta. Ese niño se consolida. Pero tenemos la costumbre de mirar solo el rol de las madres, de lo que enriquecen al niño, por supuesto. En el Norte de Europa hay algunos estudios del rol del padre en el ámbito emocional, del cuidado, de la cercanía. Eso acabará incidiendo en el criterio de los jueces de familia.--Cuando se rompe una pareja, si ambos quieren estar con los hijos, habrá que ir a la custodia conjunta y buscar soluciones nunca satisfactorias para los dos, pero mejores para el niño. Estoy convencida de que no podemos preferir siempre a las mujeres frente a los hombres para cuidar a los niños. Puede haber padres que estén más cerca de sus hijos.

¿Cómo asume la mujer la pérdida del protagonismo?

--Depende. A muchas mujeres les parece un enriquecimiento que el padre de sus hijos esté cerca, que comparta, que tenga cercanía emocional con el niño. Pero hay mujeres que seguramente pueden tener miedo a perder la prioridad en el único campo en el que han disfrutado del conocimiento, la tradición y el total apoyo social.

Se abre otro camino.

--Esos hombres jóvenes están innovando. Están abriendo un camino que a mí me parece muy enriquecedor. Y, como es nuevo, hay que ir inventando las propias normas, tanteando nuevas fórmulas.

miércoles, febrero 28, 2007

Primera sentencia de custodia compartida sin acuerdo de los padres

Si realmente queremos construir una sociedad con relaciones equilibradas, la custodia compartida debería ser la fórmula de partida cuando una pareja con hijos se separa -ya ocurre en otros países de nuestro entorno-, pero sigue siendo algo excepcional y prácticamente imposible si la mujer se niega. Esperemos que esta sentencia contribuya a cambiar las cosas:

Primera sentencia de custodia compartida sin acuerdo de los padres.Dos menores pasarán media semana con cada progenitor por la custodia compartida

La Audiencia de Barcelona ha dictado la primera sentencia de custodia compartida sin acuerdo de los padres, según una modificación introducida en el Código Civil en julio de 2005 que establece que se podrá acordar la custodia compartida de los menores a petición únicamente de uno de los progenitores si se considera que así se protege el «interés del menor».

EUROPA PRESS/BARCELONA

La sentencia tiene en cuenta la voluntad de entendimiento entre los progenitores, y que el hijo mayor de ambos dejó claro su deseo de compartir su tiempo con los dos por igual, para llegar a la conclusión de que se trata del contexto adecuado para aplicar el artículo modificado del Código Civil.

Días alternos

La opinión del hijo mayor de la pareja también se tiene en cuenta a la hora de establecer el reparto del tiempo que pasarán los niños con cada uno de los padres, que no se dividirá por semanas alternas, sino por días, de modo que los menores pasarán lunes y martes con su madre, miércoles y jueves con su padre y los fines de semana serán alternos, mientras que las vacaciones se repartirán a partes iguales, para «asegurar una regularidad en la vida de los niños», que así «se crearán referencias fijas».

La Audiencia estima así el recurso de apelación interpuesto por el padre, Jordi S.T., contra la sentencia de separación, que concedía la custodia a la madre y permitía que el padre se quedara con sus hijos todos los miércoles y uno de cada dos fines de semana.


Fuente: http://www.larioja.com/prensa/20070228/sociedad/menores-pasaran-media-semana_20070228.html

sábado, diciembre 23, 2006

Ségolène Royal y los "padres desposeídos de sus hijos"

Entrevista a Ségolène Royal realizada por Anne Rapin y Stéphane Louhaur. Label France

FUENTE: http://www.diplomatie.gouv.fr/label_france/ESPANOL/DOSSIER/enfance/14.html


¿Qué puede hacerse para fomentar un verdadero reparto de responsabilidades entre hombres y mujeres de cara a los niños y para implicar más a los padres?


Me parece fundamental reforzar el lugar y el papel del padre. Estoy contemplando varias medidas para favorecer esta implicación de los padres desde el nacimiento del niño. Por otra parte, la reducción del tiempo de trabajo ha permitido disponer de más tiempo para las relaciones familiares.


Hoy en día, numerosos padres se sienten desposeídos de sus hijos, sobre todo en los casos de parejas separadas cuyos hijos están a cargo de la madre. Demasiado a menudo, se confunde la patria potestad, que pertenece a ambos padres, incluso en caso de separación, con la custodia de los hijos, en la mayoría de los casos otorgada a la madre. Cuando estaba en la Educación Nacional, pedí que los libros de escolaridad ya no se mandaran sólo a las madres sino también a los padres, para no excluirlos de sus responsabilidades educativas.


Por último, en el marco de la reforma del derecho de la familia, estamos contemplando promover un sistema de custodia que alterne entre los padres para reconocer mejor los derechos de los padres e implicarlos más en su relación paterna. Desde un punto de vista práctico, la organización de esta custodia alternativa se hará, evidentemente, en función del interés de los niños.


¿Le parece satisfactoria la duración de la baja por maternidad, que actualmente es de diez semanas?


Para empezar, me parece que la estancia en la maternidad de las mujeres que acaban de dar a luz es, a veces, demasiado breve. Al volver a casa, en pleno periodo de baby blues, las madres suelen encontrarse aisladas y solas con el recién nacido. De forma general, pienso que los poderes públicos deberían ayudar más a los padres y madres durante los primeros meses después del nacimiento de un niño. Sabemos que el primer año es especialmente difícil para la pareja, sobre todo al nacer el primer hijo. Ya que ser padre no es algo innato, se aprende y requiere apoyo. Desde esta perspectiva, pronto daré a los nuevos padres una pequeña guía para ayudarles en sus nuevas responsabilidades. “Ser padre es algo que se aprende”