martes, marzo 24, 2009
Ficción feminista y ficciones necesarias
El caso es que esta visión simplificadora y airada ha penetrado con una eficacia pasmosa en el imaginario colectivo y a golpe de campañas gubernamental, leyes discriminadoras y explotación mediática de la violencia sufrida por mujeres ha conseguido arrasar cualquier resistencia crítica y convertir en lógica la prevención y desconfianza sobre la condición masculina. Según el nuevo orden doctrinal, todo hombre ha de asumir la necesidad de leyes específicas que le limiten en sus derechos y que protejan a las mujeres y a la sociedad de las abusivas inercias que ha heredado de sus antepasados, del mismo modo que los hijos de Adán son herederos del pecado original.
¿Pueden los hombres redimirse de esta “mancha original”?. Ya he citado en este blog la airada protesta de una feminista durante unas jornadas sobre coeducación ante la propuesta -para ella inútil- de invertir recursos en la promoción de nuevas masculinidades. Desde luego, analizando el discurso feminista imperante, lo que se desprende es una desconfianza absoluta sobre las posibilidades de reforma de los hombres. Es más, la mayoría de las feministas sospechan que tras la pretensión de aunar feminismo y condición masculina se esconde una estrategia fraudulenta para enmascarar el machismo. Basta frecuentar mínimamente los entornos feministas, para detectar en el ambiente el “sólo para mujeres”. Digamos que la doctrina feminista, que tiene mucho de religión naturalizada, ha asumido muy poco del optimismo católico sobre las posibilidades de redención y simpatiza más con el sesgo característico del maniqueísmo. Según la nueva fe, la gracia siempre es femenina y sólo mujeres son las elegidas. El mal habita en los hombres.
Y, a poco que se profundice, pronto se descubre que en el discurso feminista un eje argumental subyacente que pasa por socavar la condición masculina para después superarla definitivamente, porque en ella reside la fuente del mal. Aunque este planteamiento no se explicite, resuena en la mayoría de las formulaciones feministas habituales.
Pero, a pesar de ello, el feminismo menos visceral y pragmático ha entendido que es más útil crear expectativas de redención en los hombres, que negarlas. Una vez asumida socialmente la mancha de la masculinidad, esa estrategia permite al feminismo convertirse en la instancia legítima que establece el itinerario de conversión de los hombres, evalúa sus logros y reconoce sus progresos.
Según el guión establecido, para intentar redimirse de los pecados de su género y sus malévolos efectos, los hombres han de convertirse al feminismo radical y abominar constantemente de su condición corrupta en señal de pública penitencia. A partir de este rito iniciático, y sólo si se ajustan fielmente al guión que le ha preparado el feminismo radical esos hombres se harán acreedores de cierta indulgencia, porque se habrán convertido en hombres desactivados, a la espera de una completa superación de la masculinidad, todavía en perspectiva.
De hecho, no es necesario bucear demasiado en los textos feministas que alientan el cambio masculino para constatar que no se reconoce ninguna especificidad masculina que merezca ser preservada. No olvidemos que los estudios de género definieron la masculinidad sólo como una enfermiza negación de la feminidad. La empresa masculina así presentada no es más que un empeño absurdo y obsesivo en imponer su negatividad, en imponer su ideología de dominio y violentar el orden deseable. [1] La única vía para alcanzar la vida saludable es la afirmación de las mujeres y la negación de la masculinidad. Una formulación en términos de lucha entre el bien y el mal con obvios resabios religiosos.
En este sentido, resulta de una inocencia suicida el afán de tantos hombres en ganar legitimidad y reconocimiento desde el feminismo, en especial si lo hacen desde el feminismo radical, que de hecho es el inspirador de los movimientos de hombres proclamados feministas. La fábula feminista es una ficción que ofrece muy poco espacio a una reconstrucción de las masculinidades que tenga en cuenta las especifidades masculinas. Esta tarea sólo podrá abordarse desde esquemas conceptuales incluyentes, no excluyentes.
Se trata de una cuestión de extraordinaria importancia porque ha tenido consecuencias jurídicas inasumibles. No olvidemos que el Tribunal Constitucional ha avalado que se sancione más al varón que a la mujer por amenazar a su pareja (si esta es femenina, se entiende) y ningún movimiento masculino por la equidad de género ha protestado. El carácter excluyente de las medidas adoptadas para combatir la violencia “de género” han permitido aberraciones como la de que el profesor Neira no pudiera beneficiarse de las medidas de excepción previstas para proteger a quien sufre violencia machista –él la sufrió por defender a una mujer- porque era hombre.[2]
Pero las derivaciones de la ficción feminista para los hombres son incesantes. Sin ir más lejos, la semana pasada el Ministerio de “Igualdad” anunció la creación del Consejo de Participación de las Mujeres en el que las organizaciones feministas tendrán una abrumadora presencia. El futuro Consejo de Participación del que la óptica masculina estará ausente emitirá informes y dictámenes sobre leyes que tengan que ver con temas de “igualdad”, analizará los Presupuestos Generales del Estado desde una perspectiva de género y propondrá al Gobierno iniciativas legislativas, entre otras funciones.
No deberían confundirse los feministas promotores de nuevas masculinidades esperando demasiadas deferencias de quienes gestionan la fábula feminista. El delegado del Gobierno para la Violencia de Género, el Sr. Miguel Lorente, ha sido taxativo al respecto: "los nuevos machistas se presentan como feministas". En su libro Los nuevos hombres nuevos refleja muy bien la profunda ira que provoca en el feminismo radical cualquier otra postura masculina que no sea la de autoflagelarse. Los hombres según Lorente sólo deben invocar la igualdad y cuestionar los roles tradicionales en beneficio de las mujeres y en perjuicio de ellos, nunca para justificar reivindicaciones específicas. Para Lorente, y para los/las feministas radicales, hacerlo equivale a disfrazar el machismo con nuevos ropajes como hacen los que reclaman el derecho a la custodia compartida (en realidad afirma lo hacen para “contrarrestar y cuestionar el hecho de que las mujeres sean consideradas como las idóneas para ejercer la custodia de los hijos”) o crean “el neomito” del Síndrome de Alienación Parental (“es imposible alinear a un menor contra un padre al que está unido afectivamente...” –dice Lorente con insuperable cinismo-)[3].
No sé que epítetos nos dedicará Lorente a los que además nos atrevemos a hablar de “denuncias falsas”: ¿machistas recalcitrantes? No lo sé. Lo que si sé es la opinión que merecemos a Paloma Marín López, jefa de la Sección del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género: “¡calumniadores!”. Aplicando una peculiar lógica invertida y maniquea sostiene que el hecho de que en 43.048 juicios por violencia de género sólo se hayan producido 28.364 sentencias condenatorias no supone que la se hayan producido denuncias falsas sino solamente que no se ha podido demostrar la culpabilidad de los hombres, ergo hablar de denuncias falsas es una grave calumnia contra las mujeres. El título del artículo es concluyente Las mujeres no denuncian en falso. Le falta añadir: toda denuncia femenina es verdadera y toda protesta masculina delirio, calumnia y mala fe. El artículo no tiene desperdicio e ilustra muy bien lo que pretendo explicar... “La mera difusión de insidias o sospechas no contrastadas lo único que revela –dice la autora- es un proyecto ideológico de perpetuar la discriminación contra las mujeres” [4]. ¿A la Sra. Marín se le ha ocurrido pensar en el escándalo que producirán sus palabras en los hombres que han sido víctimas no de “insidias y sospechas” ventiladas en artículos de opinión, sino de denuncias falsas realizadas en una comisaría? ¿Prefiere ignorar que muchas mujeres con afán de dañar y obtener ventajas en los litigios de separación y divorcio, utilizan las posibilidades que les brinda la ley de calumniar impunemente a un hombre y llevarlo un tribunal? Aunque lo absuelvan, nadie le librará de profundo maltrato psíquico que comporta una denuncia falsa, ni del oprobio de la duda, que la Sra. Martín insiste en apuntalar como un argumento a su favor.
En su última obra La pasión del poder (2008), José Antonio Marina habla de las ficciones necesarias, es decir de aquellas creaciones de la inteligencia humana que nos permiten sustentar nuestros sistemas éticos, jurídicos y políticos y sin las cuales sería imposible construir un proyecto de vida satisfactorio. Deberíamos preguntarnos si la ficción feminista que está calando hondo y dejando una huella profunda es la que necesitamos para promover una vida mejor. La plena equiparación de hombres y mujeres es irrenunciable y la regeneración de nuestras ficciones de género constituyentes[5] inaplazable, pero para que resulten viables y satisfactorias deberán ser incluyentes y superar el carácter excluyente del feminismo. Por ello, es muy importante que los hombres desde su especificidad se hagan oír, en lugar de inhibirse y renunciar a tener voz propia para hacerse perdonar.
Aunque Lorente ponga el grito en el cielo, ha llegado también el momento de hablar de la negación e invisibilización de los hombres. Joana Bonet lo hacía el miércoles pasado en un bello artículo con motivo del día del padre (“Papitos”, La Vanguardia, 19-3-2009), refiriéndose a una revolución silenciosa de la que se habla poco: la de la paternidad...
Liberados del manual de atributos que definía al "hombre de verdad", hoy son conscientes de que no hay una construcción de la identidad del hijo sin una construcción paralela de la identidad del padre. Pero la geometría identitaria tiene aristas y nuestra sociedad se topa con el lugar común del padre desentendido, o del que se entera de que tiene hijos cuando se separa.
La custodia compartida, las pensiones impagadas o las divorciadas que utilizan a sus hijos como seguros de vida protagonizan uno de los debates más tensos de la actualidad, larvas que envenenan el tejido social y que avivan la guerra entre sexos.
Lamentablemente el viernes en La Vanguardia se volvía a insistir en esos lugares comunes de los que habla Joana Bonet, redibujando con sarcasmo amargo la figura del hombre como insufrible egoísta, cínico manipulador y desvergonzado explotador...
"Amo", Clara Sanchis Mira
Si el mundo sigue girando y girando, y se da la vuelta como un calcetín, me voy a pedir un amo de casa. Un hombre que me limpie los baños por amor. Un hombre que sea capaz de encauzar su vida, su talento y su capacidad, a través del planchado de mis braguitas o los movimientos del aspirador. Que con eso le baste. Que se sienta realizado contemplando el hervor de unas patatas o de una simple coliflor. Un amo de casa que se ocupe de mis asuntos domésticos para que nada me perturbe y yo pueda expandirme, alcanzar mi pleno desarrollo profesional y concentrar todas mis energías en mí misma. Un amo de casa que me proporcione, además, el calor de una impagable vida familiar. Impagable, digo, porque no le pienso pagar. Vamos, mujer, esto está inventado desde la noche de los tiempos, es un asunto tradicional, y no seré yo quien le quite el encanto y la gracia, mezclando el dinero con un intercambio tan entrañable, exclusivamente sentimental. Porque mi hombre me hará el desayuno mientras me ducho, se ocupará de que no me falte nunca el desodorante, planchará mis camisas, bregará con las criaturas, fregará los suelos y cocinará a mi gusto porque es el dueño de mi corazón. Y a mí no se me ocurriría ofender su sensibilidad pagando sus servicios de alguna forma material, por Dios, como si él fuera un empleado de limpieza, un camarero, un niñero a sueldo o un freganchín. Nosotros dormimos en la misma cama, es muy distinto. Así que no le hablaré del uso de su tiempo, ni de trabajo remunerado y ni nada parecido, no habrá ningún tipo de planteamiento contractual entre nosotros, válgame el cielo, entre otras cosas porque sus atenciones no tendrán limitaciones de horarios, el amor verdadero, como las labores del hogar, dura 24 horas, y dura sólo 24 porque el día no tiene más. Eso no tiene precio. Y si yo pusiera dinero en sus manos, le estaría entregando la llave obscena de su libertad. Y mi amo, entonces, podría pensar que no le amo suficientemente, y una lágrima resbalaría por su barba. Nuestro amor será como el pegamento Imedio, esto lo sabremos muy bien los dos. Sobre todo él, que ya no sabrá qué hacer en su vida sin mí.Yes que las grandes responsabilidades, correrán de mi parte. Del verdadero trabajo que se hace fuera de casa y proporciona la subsistencia, será mejor que me ocupe yo. Y en el caso remoto de que su intelecto desentrenado sea consciente de esta diferencia entre nosotros, para no dañar su autoestima, no fuera que eso nos complique la vida y la cama, le haré creer que en el fondo manda mucho. Le diré que es el amo de nuestra casa, como su propio nombre indica, porque las palabras ayudan a laquear la realidad. Permitiré que tome sus propias decisiones con la temperatura de la lavadora, que escoja a su aire entre comprar melones o un kilo de melocotones, que sólo él sepa la mejor manera de freír un huevo, anudar bien la bolsa de la basura o doblar un pantalón. Me declararé una inútil en esas manualidades y le dejaré que se dé importancia. Que se erija a voces una autoridad en el arte de sofreír tomates y les grite a los niños como un loco si traen barro en los zapatos. Y si una noche llego muy cansada, con alguna cerveza de más, y me pone nerviosa que no pare de hablarme dando vueltas alrededor de mi sofá como un obseso, Dios no lo quiera, a lo mejor se me va la mano y le arreo un bofetón. Entonces me mirará tembloroso. Pero enjugará con el delantal la lágrima que descenderá por su barba, y sabrá perdonarme. Porque entenderá que vengo agotada de trabajar para mantenerlo, mientras él se ha pasado la tarde planchando la ropa delante de la televisión o relajándose con el aspirador. Y así la suave rutina renacerá en seguida de nuestro amor sin fin, y mi amo de casa planchará otra vez mis braguitas mientras yo compongo sinfonías, escribo libros, planto un árbol y hasta invento la electricidad.
20-III-09, Clara Sanchis Mira, La Vanguardia
Lo que decía, ¡urge hacerse oir! En el próximo post prometo un texto alternativo al de Clara Sanchis, que incluya la mirada masculina.
[1] La denuncia del carácter negador de la masculinidad se salda tautológicamente negando la masculinidad.
[2] Rosa Montero comentaba al respecto (“Hoministas”, El País, 03/03/2009): “El Constitucional acaba de avalar que se castigue más al varón por amenazar a su pareja (femenina) que al contrario. Bueno, si un tío con más fuerza que su mujer y con un perfil violento le dice a la esposa “te voy a matar”, como que da mucho más miedo que si es al revés, ¿no es verdad? Pero, aun así, esta discriminación legal por sexos me pone nerviosa. ¿Y si un energúmeno parecido amenaza a su pareja masculina? ¿Y si la señora que grita a su marido "te voy a matar" le envenena el café (también ha ocurrido)? ¿Y qué pasa con la mujer que amenaza a su novia y luego la aporrea? No confío en estas bienintencionadas leyes discriminatorias; temo que aumenten la inquina misógina y el ponzoñoso sentimiento victimista de esa horda de canallas que se dedica a torturar mujeres. Y, de hecho, la ley actual, que penaliza más a los hombres, no ha mejorado la situación del maltrato en nuestro país.”
[3] http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090202/53631806359/los-nuevos-machistas-se-presentan-como-feministas.html
[4] Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se han alzado voces de distintos sectores que, reubicando el discurso ancestralmente construido para perpetuar la subordinación de las mujeres, pretenden descalificar la labor legislativa.
Esas voces incluso admiten de entrada lo inaceptable de la violencia machista, para pasar a elaborar seguidamente nuevas formulaciones al servicio de mantener la discriminación peyorativa contra las mujeres en sus distintas manifestaciones, una de las cuales, la más brutal, es la violencia. En este contexto, una de las principales ideas fuerza de esta estrategia es la de que las mujeres denuncian en falso ser víctimas de violencia machista. Para ello pretenden hacer equivalente libertad de expresión a derecho a publicitar sospechas, rumores y dudas -en ningún caso contrastadas-, cuando no meramente prejuicios, como es atribuir de forma generalizada a las mujeres la realización de actos delictivos mediante la presentación de denuncias falsas.
Es cierto que el Tribunal Constitucional ha incluido dentro de la libertad de expresión -diferenciando su contenido del de la libertad de información, sujeta al límite de la veracidad- las invenciones, los rumores o las meras insidias. Pero de ello no cabe derivar que estas expresiones contribuyan a la construcción de una sociedad más democrática o a la investigación de un fenómeno considerado como el crimen encubierto más extendido del mundo.
Los juristas conocemos bien las reglas que regulan el proceso penal, el sistema de valoración de las pruebas practicadas en juicio oral y el sistema de garantías construido en el Estado social de derecho a favor del acusado. También sabemos de la extraordinaria lentitud con que las víctimas de violencia de género van desechando temores y prejuicios que dificultan la decisión de romper el círculo de esa violencia y, con ello, el silencio que lo perpetúa. O las barreras que tienen que superar para poner en conocimiento de la Administración de justicia hechos que ahora constituyen delitos. Conocemos igualmente la escasa colaboración de las propias denunciantes en el proceso, vinculada en muchos casos con dependencias de distinto tipo (sentimental, económica...) del presunto agresor, ya que ello supone romper con el modelo de socialización que sitúa a la mujer en posición subordinada en la relación de pareja. Esta escasa colaboración incluso puede deberse a la falta de correspondencia entre las expectativas que tienen respecto a la denuncia -tantas veces formulada con la única pretensión de que cese la violencia- y las consecuencias de poner en marcha el proceso penal, que ha de acabar, si se prueban los hechos, con una sentencia de condena que, normalmente, impondrá pena privativa de libertad y, en todo caso, pena de alejamiento al agresor. Sabemos asimismo de la dificultad de prueba de unos hechos que se cometen en tantas ocasiones en la intimidad o sin dejar rastros físicos apreciables.
En este contexto, el sobreseimiento provisional de las actuaciones o el dictado de una sentencia absolutoria no implica que la denuncia sea falsa. La sentencia absolutoria impide considerar culpable al que venía acusado hasta el juicio oral, pero ello no equivale a inexistencia de la violencia. Significa que la acusación no ha introducido pruebas bastantes de cargo, con la consecuencia de motivar la absolución del acusado. Un buen número de sentencias absolutorias justifican la absolución precisamente en ello.
Esto impide, naturalmente, categorizar como culpables a los acusados absueltos. Pero no permite, ni mucho menos, hablar de abuso del proceso o de denuncias falsas. Sólo podrán considerarse tales las que así sean valoradas en sentencias condenatorias firmes contra mujeres por esos delitos, y ello exclusivamente respecto de las que en concreto resultaran condenadas. Las mujeres también son titulares del derecho a la presunción de inocencia.
La última Memoria de la Fiscalía General del Estado, correspondiente a 2007, refiere 18 casos en toda España en los que se ha deducido testimonio contra mujeres para la investigación de hechos que podrían revestir los caracteres de acusación o de denuncia falsa, que también podrían ser de falso testimonio, toda vez que en ocasiones las denunciantes se retractan de su denuncia, por una errónea concepción del perdón al acusado o por el deseo de evitar su condena. No consta, sin embargo, ni siquiera el resultado final de estas actuaciones, que bien pudieron ser sobreseídas o acabar en sentencia absolutoria. Y ello, según la estadística judicial, frente a 43.048 juicios celebrados en ese año por violencia machista, que han terminado en 28.364 sentencias condenatorias.
Sobre quienes afirman que las mujeres interponen denuncias falsas recae la carga de probar su existencia. La mera difusión de insidias o sospechas no contrastadas lo único que revela es un proyecto ideológico de perpetuar la discriminación contra las mujeres así como un escaso rigor en las afirmaciones que se dicen efectuar en el ejercicio de la libertad de expresión. Permite, en todo caso, identificar el propósito que guía tales aseveraciones y valorar su papel en la construcción de la sociedad democrática. EL PAÍS 09/03/2009
[5] “Entiendo por ficción constituyente aquella sobre la que se puede construir un proyecto real, de tal manera que si desaparece la ficción, lo construido se desploma”. MARINA, J.A.: La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación, ed. Anagrama , Barcelona, 2008, p.210.
sábado, agosto 02, 2008
Divorciados, separados y recompuestos
Casi siempre los cambios se producen en la orilla y, sin duda, este aserto se está cumpliendo una vez más en la transición hacia las nuevas masculinidades (y feminidades). Basta pensar en los hombres separados o divorciados. Si alguna figura ha contribuido a normalizar la imagen de un hombre que cuida de sus hijos y se ocupa de las tareas domésticas es la del separado o divorciado. Seguro que en una futura historia de las identidades de género se reconocerá su decisivo papel. ¿Quién no conoce a alguien en esas circunstancias que ha asumido plenamente este rol antes asociado a las mujeres?. Lamentablemente, todavía son legión los hombres separados a los que sus exmujeres no les dan esa oportunidad, porque prefieren monopolizar la función parental, pero aún así, empiezan a abundar los ejemplos de este hombre nuevo que ya ha superado esa etapa de dependencia y subordinación doméstica en la que todavía siguen anclados la mayoría de los hombres.
Esos hombres han vivido una experiencia inédita y poderosamente transformadora: se han sentido por primera vez responsables únicos de sus hijos y de su hogar, protagonistas ineludibles en un ámbito que no habían acabado de sentir como propio. El complejo de incompetencia doméstica está tan interiorizado en los hombres que se asombran gratamente al comprobar que también es posible la vida doméstica a través del padre. Descubren que también ellos pueden ser competentes en la gestión de los horarios y ritos cotidianos (comidas, parque, cuadernos escolares, etc.), que la vivencia de los espacios y rutinas del hogar puede ser muy enriquecedora (cocinar, lavar, planchar, limpiar la casa, comprar la comida, la ropa de los niños , los productos de limpieza); y de cuán gratificante puede ser fomentar actividades que favorezcan las confidencias: jugar, pasear, comer y cenar sin encender la televisión, ver y comentar películas, leer juntos, etc.); o mimar las redes sociales (invitar a la familia, a los amigos de sus hijos, a los papás de los amigos de sus hijos). Esta aventura generalmente se produce en el contexto agobiante de unos tiempos escasos trabajosamente conquistados (fines de semana, alguna tarde entre semana), y bajo la presión permanente de unas leyes infamantes que les amenazan con constantes penalidades, algo que no hace sino estimular el anhelo de mayores dosis de esta nueva vida doméstica.
Sin embargo, vaya por delante que no pretendo hacer apología de la monoparentalidad, ni mucho menos. Considero la vida de pareja mucho más deseable que la del “single” con hijos. Pero, entiendo que un hombre que ha pasado por la experiencia de la separación está en inmejorables condiciones para reemprender de nuevo la vida de pareja sobre supuestos nuevos y mas adaptados al medio actual. De hecho, las familias recompuestas también están en la vanguardia de los cambios de los roles de género domésticos. En estas estructuras familiares de nuevo cuño, ninguno de los dos progenitores tiene la tentación de patrimonializar en exclusiva la parentalidad y la vida hogareña, o de automarginarse de estos ámbitos, sobre todo si ambos aportan hijos, porque a ambos las circunstancias les han obligado a desarrollar las competencias domésticas. En una familia recompuesta, es muy difícil que el padre renuncie al territorio doméstico recién conquistado durante su etapa de separado o que la mujer monopolice la gestión de la hogar. Se trata de un trascendental cambio de tendencia de las inercias tradicionales, y especialmente doloroso para las mujeres, que se resisten -más de lo que están dispuestas a reconocer- a perder terreno en el ámbito doméstico. Es evidente que existen estructuras patriarcales en la sociedad, pero también que la mayoría de los hogares siguen funcionado como poderosos matriarcados.
Por otra parte, en las familias recompuestas se ha aprendido la lección de un matrimonio fracasado y ambos cónyuges saben de la necesidad de cuidarse como pareja y de ser generosos, imaginativos y flexibles. Si se quiere sacar adelante una estructura familiar tan compleja, no valen los estereotipos, las convenciones tradicionales, ni las fórmulas preestablecidas. La creatividad es esencial para que este proyecto vida se consolide. Por eso, creo que estas familias están en la avanzadilla de los cambios de roles que exigen los nuevos tiempos.
Hay países como Islandia, que ya han realizado un largo recorrido en este terreno. En el reportaje de El País, que incluyo, puede comprobarse. Por cierto, me maravilla la normalidad social con la que se relacionan en Islandia los excónyuges con sus respectivas nuevas parejas e hijos. Un ejemplo de sabiduría emocional del que nos convendría aprender. Pero problemas los hay, por eso he recogido otro reportaje de La Vanguardia sobre familias recompuestas, elaborado con motovo de la publicación del libro Hermanos cada 15 días (Ed. Integral) de Nora Rodríguez.
Fragmento del reportaje “La buena vida” sobre Islandia
JOHN CARLIN. EL PAIS SEMANAL. 06-04-2008
El índice de natalidad más elevado de Europa + la mayor tasa de divorcios + el mayor porcentaje de mujeres que trabajan fuera de casa = el mejor país del mundo para vivir. Hay algo que tiene que estar mal en esta ecuación. Si se unen esos tres factores –montones de hijos, hogares rotos, madres ausentes–, el resultado tiene que ser la receta para la miseria y el caos social. Pues no. Islandia, el bloque de lava subártico al que se refieren estas estadísticas, encabeza las últimas clasificaciones del Índice de Desarrollo Humano del PNUD, lo cual significa que, como sociedad y como economía –en relación con la riqueza, la sanidad y la educación–, es el mejor lugar del mundo. Podría replicarse: muy bien, pero con sus oscuros inviernos y sus veranos nada tropicales, ¿son felices los islandeses? La verdad es que, en la medida en que es posible medir esas cosas, lo son. Entre otras estadísticas, un estudio académico aparentemente serio aparecido en The Guardian en 2006 decía que los islandeses eran el pueblo más feliz de la Tierra (el estudio posee cierta credibilidad, puesto que llegaba a la conclusión de que los rusos eran los menos felices).
Oddny Sturludóttir, una mujer de 31 años con dos hijos, me contó que tenía una buena amiga de 25 con tres hijos de un hombre que acababa de abandonarla. “Pero no tiene ninguna sensación de crisis”, dijo Oddny. “Está preparándose para seguir adelante con su vida y su carrera con una actitud perfectamente optimista”. La respuesta a la pregunta de por qué la amiga no piensa que sea una crisis lo que cualquier mujer de cualquier parte del mundo occidental consideraría una catástrofe ayuda a explicar por qué los 313.000 habitantes de Islandia son tan sensatos, alegres y triunfadores.
Existen, eso sí, otros factores más visibles. Los datos son abundantes: el país con la sexta renta per cápita del mundo; en el que la gente compra más libros; en el que la expectativa de vida para los hombres es la más larga del mundo, y para las mujeres está entre las más altas; el único país de la OTAN que no tiene Fuerzas Armadas (se prohibieron hace 700 años); el que tiene la mayor proporción de teléfonos móviles por habitante, el sistema bancario que más rápidamente está expandiéndose en el mundo, el increíble crecimiento de las exportaciones, el aire cristalino, el agua caliente que llega a todos los hogares directamente desde las cañerías naturales de las entrañas volcánicas, y así sucesivamente.
Pero ninguna de estas cosas sería posible sin la sólida seguridad en sí mismos que define a los islandeses, y que, a su vez, nace de una sociedad que está culturalmente orientada –como prioridad absoluta– a educar niños sanos y felices, con todos los padres y madres que sea. En gran parte es herencia de sus antepasados vikingos, cuyos hombres... al menos, tenían la coherencia moral de no mostrarse celosos por las aventuras de sus esposas, unas mujeres que se encargaban de alimentar a la familia en la dureza de tundra de esta isla del Atlántico norte mientras los maridos se iban de exploraciones por el mundo durante años. Como me explicó una abuela con varios nietos en mi primera visita a Islandia, hace dos años, “los vikingos se iban a otros países, y las mujeres eran las que mandaban y tenían hijos con los esclavos, y cuando los vikingos regresaban, los aceptaban con un espíritu de cuantos más, mejor”.
Oddny –una pianista esbelta y atractiva que habla alemán con fluidez, traduce libros del inglés al islandés y es concejal en la capital, Reikiavik– es un ejemplo contemporáneo de lo mismo. Hace cinco años, cuando estudiaba en Stuttgart, se quedó embarazada de un alemán. Durante el embarazo rompió con él y volvió a juntarse con un viejo amor, un prolífico escritor y pintor islandés llamado Hallgrimur Helgason. Los dos volvieron a Islandia a vivir juntos con el recién nacido y posteriormente tuvieron una hija en común. Hallgrimur adora a los dos niños, pero Oddny cree importante que su hijo mayor conserve una relación estrecha con su padre biológico. Así que, de forma habitual, el alemán va a Islandia y se aloja en casa de Oddny y Hallgrimur una o dos semanas.
“Las familias hechas de retazos son una tradición aquí”, explica Oddny, que no ha ido a trabajar y está en casa esta mañana de jueves para cuidar de su hija pequeña, a la que le duele el oído. “Es normal que las mujeres tengan hijos con más de un hombre. Pero todos son familia”. El caso de Oddny no es nada atípico. Cuando llega el cumpleaños de un niño no sólo acuden a la fiesta las distintas parejas de padres, sino también todos los abuelos, y flotas enteras de tíos y tías.
Islandia, situada en medio del Atlántico norte y con Groenlandia como vecino más próximo, estaba demasiado lejos para que nadie llegara hasta allí aparte de los más obstinados misioneros cristianos medievales. Es un país en gran parte pagano, como les gusta decir a los nativos, sin la carga de los tabúes que tanta inquietud generan en otros lugares. Eso significa que son personas prácticas y que van al grano. Y eso significa, a su vez, montones de divorcios. “No es algo de lo que estar orgullosos”, dice Oddny, con una sonrisa, “pero el caso es que los islandeses no se aferran a relaciones que van mal. Se van”. Y el motivo por el que pueden hacerlo es que la sociedad, empezando por los padres, no les estigmatiza. El incentivo de “permanecer juntos por los niños” no existe. Los niños van a estar estupendamente porque toda la familia se unirá a su alrededor, y lo más probable es que los padres sigan teniendo una relación civilizada, basada en la decisión, normalmente automática, de que la custodia de los hijos va a ser compartida.
La comodidad de saber que, pase lo que pase, el futuro de los hijos está asegurado explica también por qué las mujeres islandesas, pese a ser tan modernas (Islandia eligió a la primera mujer presidenta del mundo, una madre soltera, hace 28 años), persisten en la vieja costumbre de tener hijos cuando son muy jóvenes. “No estoy hablando de embarazos no deseados de adolescentes, que quede claro”, dice Oddny, “sino de mujeres de 21 o 22 años que desean tener hijos, muchas veces cuando todavía están en la universidad”. En una universidad española, una alumna embarazada es poco frecuente; en Islandia, incluso en la Universidad de Reikiavik, que está orientada hacia el mundo de la empresa, no sólo es habitual ver en la cafetería a chicas embarazadas, sino a otras amamantando. “Prolongas los estudios un año, vale, ¿y qué más da?”, dice Oddny. “Nadie piensa, por tener un hijo a los 22: ¡Dios mío, se me ha acabado la vida! Se considera una estupidez esperar hasta los 38. Nos parece muy saludable tener muchos niños. Todos los bebés son bienvenidos”.
Sobre todo porque, cuando una persona está trabajando, el Estado le da nueve meses de permiso por hijos remunerado, que pueden repartirse entre el padre y la madre como les parezca. “Eso quiere decir que los empresarios saben que un empleado varón tiene tantas probabilidades como una empleada mujer de acogerse a una baja para cuidar del niño”, explica Svafa (se pronuncia Suava) Gronfeldt, rectora de la Universidad de Reikiavik y antes alta ejecutiva. “El permiso de paternidad marcó el punto de inflexión para la igualdad de la mujer en este país”.
Svafa ha aprovechado la oportunidad plenamente. Con su primer hijo utilizó ella la mayor parte del permiso, y con el segundo fue su marido. “Yo estaba en un trabajo con el que tenía que viajar 300 días al año”, explica. Tuvo dudas, pero quedaron paliadas, en parte, con la seguridad de que su marido estaba en casa, y en parte, con la maravillosa educación pública que ofrece Islandia, y que empieza por las guarderías de jornada completa, hasta tal punto que las escuelas privadas son prácticamente inexistentes. “El 99% de los niños, tanto si sus padres son fontaneros como multimillonarios, acuden al sistema estatal”, dice Svafa.
El puesto de los 300 días era el de viceconsejera delegada responsable de fusiones y adquisiciones en una empresa de genéricos farmacéuticos llamada Activis, en la que trabajó seis años. Durante ese periodo, la compañía pasó de ser un pez diminuto a la tercera de su categoría, y compró 23 empresas extranjeras, incluido un gigante de Nueva Jersey por 500 millones de dólares en 2005. Svafa no sólo hace propaganda de su antigua firma –que dejó cuando ya no se sintió capaz de soportar el sentimiento de culpa por sus ausencias maternales–, sino que enumera varias de las mayores proezas empresariales que ha logrado su país en los últimos 10 años, un periodo de expansión en una economía tradicionalmente basada en la pesca. No sólo hay ya bancos islandeses en activo en 20 países; no sólo la empresa Decode, con sede en Reikiavik, es líder mundial en la investigación biotecnológica del genoma; no sólo las firmas islandesas están devorando empresas alimentarias y de telecomunicaciones en el Reino Unido, Escandinavia y el este de Europa, sino que Islandia es el líder mundial en fabricación de prótesis. “¿Ese atleta surafricano que ha perdido las dos piernas, pero que corre a velocidades olímpicas? Sus piernas artificiales se construyeron aquí”, afirma.
Svafa es una mujer vivaracha con el pelo corto y una mente aguda y llena de humor. Y su despacho es como ella. Espacioso, minimalista (tanto que no tiene ni siquiera una mesa) y moderno, con la limpieza del estilo nórdico; parece más bien un salón, y tiene unas vistas de morirse. Desde una ventana se ven los tejados rojos y verdes, como de Monopoly, de Reikiavik, hasta el puerto pesquero y el mar de color azul oscuro; la otra da a una cadena de montañas bajas y cubiertas de nieve. Es un paisaje bellísimo, pero muy duro para vivir, sobre todo en los mil años que Islandia estuvo habitada antes de que llegaran la electricidad y el motor de combustible. “No sólo hay que ser duro, sino imaginativo, para sobrevivir aquí”, dice Svafa. “Si uno no usa la imaginación está acabado; si se queda quieto, se muere”...
Las nuevas relaciones familiares
Mamá, ¿es mi hermano?.Hijos de distintas parejas conviven en los nuevos modelos de familia.
NÚRIA ESCUR – La Vanguardia. 09/07/2008
Ser padre o madre en una familia distinta de la tradicional implica desarrollar una gran capacidad para superar obstáculos. El concepto de familia se ha multiplicado y, como consecuencia, el concepto de hermano ha encontrado nuevos espacios y nuevos significados. Algunos desligados absolutamente de la tradición y sin vínculo sanguíneo. ¿Cómo afrontar toda esa nueva tipología de relaciones?
Aprender desde cero.
La capacidad para ser padres en el siglo XXI va más allá de lo biológico, exige un plus de compromiso. Todos empiezan desde cero. Ellos, los hijos, están aprendiendo sobre la marcha a tener nuevos modelos de "hermanos". Y los servicios sociales se replantean nuevas ayudas adaptadas a esas situaciones. Es labor de todos que el engranaje funcione en próximos lustros.
Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Política Social, cree que las familias españolas están demostrando ser capaces de integrar nuevos modelos: "Hoy en día, las llamadas familias reconstituidas, es decir, con hijos de relaciones previas, son un fenómeno emergente que debe ser protegido socialmente y, como es lógico, la ley las contemplará como un modelo de familia más".
Todos esos desafíos futuros se perfilan en el libro Hermanos cada 15 días (Ed. Integral), que se presenta hoy en Barcelona, donde la pedagoga y filóloga Nora Rodríguez analiza los estereotipos e intenta dar respuesta a las preguntas que más desasosiegan a los progenitores: ¿cómo encontrar el equilibrio dentro de las nuevas familias?, ¿qué términos acuñar?, ¿qué significa nosotros cuando ese concepto sólo se pone en práctica varios días al mes o por temporadas?
Hoy en día las segundas o terceras reagrupaciones familiares superan, tan sólo en España, las 460.000. La primera advertencia es tranquilizadora: "No hay un peor o mejor modo de vivir en familia. No hay familias de primera categoría y familias de segunda. Hay hogares y cada uno de ellos tiene su identidad?". O lo que es lo mismo: en pocos años tal vez no haya que oír "mi familia es distinta".
Vínculos inexistentes.
Durante nueve años, Nora Rodríguez trabajó con niños conflictivos. Ha sido una pionera en el estudio de la violencia escolar con libros como Guerra en las aulas y Stop bullying, y también es la creadora del primer proyecto (Atenea) para frenar la violencia en los colegios.
Cree que la tipología de hermanos que propicia más conflictos es la de hijos de padres separados obligados a convivir con personas con quienes no hay una historia en común. "Tienen que crear vínculos inexistentes, y la única opción que encuentran es intentar que esos vínculos no sean muy fuertes, por si se rompen. Así se protegen".
Las actitudes resultantes son muy diversas. A veces desean estar con ellos pero también sienten rechazo. No hay que olvidar, insiste la especialista, que donde hay hijos de distintas familias hay detrás muchas personas adultas opinando sobre lo que deben hacer o cómo comportarse. "Eso les confunde".
Ser hermano o sentirse hermano.
Hijos de primeras y segundas parejas, hijos biológicos, adoptados y acogidos, hijos de padres separados, hijos de gais y lesbianas, hijos de familias monoparentales. Hermanos que se sienten hermanastros y hermanastros que se sienten hermanos.Encuentros y desencuentros de padres separados e hijos, hermanos que no se ven o no se conocen. ¿Cómo gestionar todos esos sentimientos? Partiendo de que no hay un modelo mejor ni peor, insisten los expertos.
A veces la solución está, sencillamente, en otorgar una palabra a la categoría: al referirse al "nuevo hermano" el sujeto lo llama, en lugar de "mi hermano", por su nombre de pila y así se zanja la historia. Según los expertos, el mayor problema de esos niños o adolescentes no siempre es entenderse con su nuevo hermano, sino saber qué es lo que se espera de ellos. Una vez aclarado ese terreno, la realidad resulta más fácil: es hermano quien se siente hermano. Pero en el primer caso el vínculo es instantáneo, mientras que para que surja el segundo hay que esperar bastante tiempo. En ese sentido, los padres son especialmente determinantes: pueden fomentar un vínculo evitando diferencias y comparaciones.
Cada quince días.
Lo que más sorprendió a la autora del estudio es que ser hermanos cada quince días, "si no hay otro contacto con las familias porque no se entienden, es muy complicado para los hijos". Para el que vive en la familia de origen es un estado de espera, siempre con mucha incertidumbre ( "no sabe nada de ese hermano que aparece y desaparece de su vida") y para el que va y viene puede ser una situación alienante ("lo que vale en una casa no vale en otra"). Para la pareja, un autodescubrimiento, una experiencia que realmente "les pone a prueba".
¿Y si no hay hermanos?
"El hijo, no hermano, más conflictivo es el único", explica Nora Carunchio de Giacomo, psicóloga y terapeuta familiar. Su experiencia profesional le ha permitido establecer cierta tipología de hermanos: "Los hijos de padres separados son habitualmente sobreadaptados, los hijos adoptivos o de banco de semen dependen de la comunicación familiar (siempre es mejor cuando no se les encubre información)".
Los dobles vínculos, admite Carunchio, pueden alterar las relaciones o facilitarlas: "Cuando se trata de hijos de distintos orígenes, nos encontramos con un exceso de tolerancia. Los padres deberían entender que decir no es el mejor fruto de amor a largo plazo, sea un hijo biológico o adoptado".
Los psicólogos advierten del síndrome de la madrastra
Existe lo que los psicólogos denominan oficialmente "el síndrome de la madrastra", causa de no pocas de sus consultas. Mujeres y hombres que se encuentran de repente con varios hijos que buscan protagonismo para reafirmarse en la nueva familia. "No eres su madre, pero la convivencia,el día a día, te obliga a tomar decisiones sobre ellos como si lo fueras. Tienes cierta responsabilidad, sobre todo si son menores, yresulta difícil encontrar el punto justo, llegar sin pasarte", explica Irma, 44 años, separada, que acaba de estrenar una relación. Entre los dos suman cinco hijos. El único instrumento que le ha servido a Irma, dice, es "tener claros los límites del sentido común y la educación. En los horarios, por ejemplo. Sugerir sin obligar. Hacer entender que vivir en comunidad, sea familia o no, implica unas obligaciones".
Otra cuestión es la adopción. Ana trabaja en el hospital Clínic. Tiene 46 años, dos hijos ya universitarios, otro de 8 años y una niña adoptada que llegó de China. "Ellos se sienten hermanos, por supuesto - explica-.
Les separa más la edad que su condición de ser biológicos o adoptados. La pequeña, por ejemplo, siente a su hermana mayor casi como una madre. Es la que le pone los límites".
Uno de los chicos que participaron en el proyecto Hijos cada 15 días, de Nora Rodríguez, tenía 18 hermanos, que sus padres habían tenido en otras relaciones. Los padres y sus ex ni se hablaban, pero él se encargaba cada año de llamar a los 18 y organizar una salida para verse. "¿La lección? Los hijos te enseñan". "Una familia es un grupo de gente que se quiere", concluyó un niño de 10 años en la consulta del terapeuta. No tuvo que volver.
¿Debemos llamar 'hermanos' a hijos de varias procedencias?
INÉS COTS DOMÍNGUEZ - Especialista en psicología clínica del hospital Sant Joan de Déu y del Institut Universitari Dexeus
En las sociedades contemporáneas, el concepto de familia ha sufrido notables cambios. El diccionario de la Real Academia Española define familia como "grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas" y hermano como "persona que con respecto a otra tiene el mismo padre o la misma madre". Si durante siglos la unidad familiar nuclear ha estado formada por padre, madre y los hijos de ambos, en la actualidad, tal vez como resultado de la caída de la tasa de fertilidad y el retraso de los primeros nacimientos, la creciente tasa de divorcios y nuevas relaciones posteriores con formación de nuevas parejas, entre otros, nos encontramos con organizaciones familiares de muy diversa índole. La pregunta sobre si tenemos que llamar hermanos a los hijos de diferentes procedencias es, por lo tanto, pertinente. ¿Debemos llamar hermano a un hijo adoptado de nuestros padres? ¿A los hijos de mi padre o madre, fruto de una anterior relación? ¿A los hijos del marido o de la mujer de mi padre o de mi madre, pero que no tienen ningún vínculo de sangre conmigo?
El papel educativo de la familia y el proceso de aprendizaje es importantísimo. Está cargado de experiencia emocional básica para el crecimiento. Meltzer y Harris, en El papel educativo de la familia (1989), postulan que "en el momento en que una familia es presidida por una pareja (no necesariamente los padres reales), esta tendrá que ocuparse de las funciones de generar amor, promover esperanza, contener el sufrimiento mental y pensar. Los demás miembros de la familia dependerán de ellos para estas funciones y, por lo tanto, para la modulación de su sufrimiento mental hacia un nivel compatible con el crecimiento".
Si bien es una realidad que en una misma unidad familiar pueden convivir los hijos de diferentes procedencias, no deberíamos caer en la indiferenciación. A veces en las familias tendemos a crear confusión fruto de esta indiferenciación, por no llamar a las cosas, y a las personas, por su nombre.
Todos tenemos un padre y una madre biológicos que nos han legado, además de nuestra vida, nuestra dotación genética. Tenemos un padre y una madre que ejercen la patria potestad de los menores, que en la mayoría de los casos son los biológicos, pero pueden no coincidir necesariamente, como en el caso de la adopción. Para que los niños puedan crecer e ir configurando su propia identidad, es importante que tengan claras sus referencias. Tener claro quiénes son sus padres, y quién ejerce el papel de padre o madre.
Por ejemplo, al marido de mamá, con el que convivo, y no es mi padre, puedo llamarle por su nombre, o puedo llamarle papá, aunque sé que no lo es, porque le quiero, y ejerce funciones paternas. En el caso de los hermanos ocurriría algo parecido. Los hermanos de padre y madre, los hermanos de sangre, aunque sólo coincidan con un progenitor, está claro que son hermanos. Si mis papás han adoptado a un niño, este será obviamente mi hermano o mi hermana, aunque no lo sea de sangre, y le podré llamar como tal.
Ahora bien, ¿cómo puedo llamar a los hijos de la pareja de mi padre o de mi madre con los que no nos une ningún lazo sanguíneo? Terminológicamente hablando no son mis hermanos. Sin embargo, el lazo afectivo que se establece puede llegar a ser muy intenso y fraternal, y más significativo que algunos lazos de sangre. La clave está en saber quiénes somos y quiénes son los otros, y en la calidad y la intensidad de la relación que se establece.
jueves, junio 19, 2008
Bibiana Aído: vamos a trabajar por una nueva masculinidad
La ministra de Igualdad, muy sensible a los problemas de la condición masculina, declara que va a trabajar por una nueva masculinidad. ¿Se imaginan a un ministro afirmando que va a trabajar por una nueva feminidad?. El escándalo sería mayúsculo. Sin embargo, es evidente que las identidades de género se construyen a través de sus mutuas interrelaciones y no habrá nuevas masculinidades (por favor, ministra, añada el plural), si no hay nuevas feminidades. Pero, como hemos asumido como verdades indiscutibles los estereotipos del hombre machista- irresponsable- indigno e incompetente, y el de la supermujer-madre abnegada y competente trabajadora-que es víctima de la discriminación y la violencia patriarcal, no hacen falta más análisis y nadie que rechiste. La lectura de la entrevista con Bibiana Aído da idea de la poca solvencia de sus argumentos. Y es una pena, porque urge reformular las masculinidades y las feminidades, huyendo del empobrecimiento conceptual en que estamos sumidos.


"Vamos a trabajar sobre una nueva masculinidad"
RICARDO DE QUEROLCARMEN MORÁN - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 18-06-2008
Bibiana Aído (Alcalá de los Gazules, Cádiz, 1977) tiene una pequeña hipoteca y un Nissan Micra aparcado en su pueblo. Ahora viaja en coche oficial y su despacho, en un edificio que estuvo tres años abandonado, ya tiene un aspecto más presentable. En el Ministerio de Igualdad todo avanza poco a poco, menos las polémicas, que estos días la traen por la calle de la amargura. Ha repetido hasta el hartazgo que aquello de "miembros y miembras" fue un lapsus. Ya no quiere hablar de ello.
Pregunta. Ministra 2.0, ministra niña, "miembros y miembras". Demasiados apodos en tan poco tiempo, quizá. ¿Teme caer en el terreno del chiste?
Respuesta. La igualdad es algo muy serio. No sólo es cuestión de justicia social, no sólo ayuda a mejorar la calidad de nuestra democracia, sino que es un factor de desarrollo económico. Hay que tomar este ministerio con la mayor seriedad.
P. ¿Quería abrir un debate sobre el sexismo en el lenguaje o una broma se fue de las manos?
R. No voy a añadir nada más sobre esta cuestión.
P. Alfonso Guerra ha dicho que no es misógino ni feminista y nadie le ha replicado.
R. No voy a responderle. Los comentarios que hizo... Bueno, es que si sigo le voy a responder [ríe]. No hace falta arrodillarse ante una mujer maltratada, hay que estar a su lado, protegerla.
P. ¿Esta polémica lingüística le ha distraído, le ha impedido trasladar otros mensajes?
R. Creo que a la ciudadanía le preocupan más otros problemas. No podemos permitir perder de vista el objetivo final que es una sociedad más igualitaria en el ámbito laboral, económico, la lucha contra la violencia de género.
P. ¿Y esos objetivos explican un ministerio, aunque tenga pocos medios y competencias?
R. Claramente sí. Combinaremos la estrategia de transversalidad con políticas específicas, que no pueden dejar de desarrollarse.
P. ¿No puede hacer más por las víctimas de la violencia machista el Ministerio de Justicia?
R. Se trata de que el ministerio establezca las líneas de actuación, de que diseñemos adónde queremos ir. Y el resto de los ministerios tienen un compromiso claro con la igualdad porque es un compromiso del presidente.
P. Ha heredado un presupuesto de 43 millones. ¿Espera un salto cuantitativo en 2009?
R. Se habilitará el presupuesto para el desarrollo de políticas específicas. Pero la función del ministerio es orientar las políticas de igualdad que se desarrollarán desde el resto de los ministerios.
P. Ha dicho que caben reformas en la Ley de Violencia de Género. ¿Puede concretar algo?
R. El otro día se aprobó el informe sobre el Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la Violencia de Género. Y estamos terminando el de los tres años de la ley. Ambos tienen que aportar el diagnóstico sobre lo que se ha evolucionado y nos deben servir para la próxima conferencia de presidentes autonómicos, donde esperamos acercar las bases para un gran pacto de Estado entre los poderes públicos y una gran integración de la ciudadanía.
P. ¿Se replantearán el alejamiento forzoso del agresor condenado por violencia de género? ¿O la dispensa por la que la víctima no está obligada a declarar contra su marido?
R. No puedo hablar de reformas. Estamos a la espera de esos informes. Cualquier reforma debe hacerse desde el consenso.
P. ¿Servirán las reformas si no se resuelve el atasco judicial?
R. Tenemos 83 juzgados específicos de violencia y cuando acabe el año serán 92. Quizá ése será uno de los temas que planteemos en la conferencia de presidentes, una distribución más adecuada de los recursos judiciales.
P. ¿Hay algo, entonces, que se pueda concretar, hay algún acuerdo firme con algún ministerio para poner en marcha alguna medida concreta?
R. Claro, estamos en conversaciones. Todo aquello en lo que se está trabajando se está coordinando en los distintos niveles.
P. Esos teléfonos de ayuda al ciudadano, hombre y mujer por separado, ¿son útiles? Y, ¿por qué no un único número?
R. La única forma de avanzar en la igualdad es incorporando a hombres y mujeres. La sociedad ha cambiado mucho y es muy importante que avancemos en el cambio de roles. Ese teléfono para hombres les ayudará a resolver dudas que hemos detectado.
P. ¿Dudas sobre violencia?
R. También. Sobre divorcio, paternidad. Hay que trabajar sobre una nueva masculinidad, aunque quizá esa terminología no guste, como no gustaba feminidad.
P. Cuando se habla de una nueva masculinidad podría alguien entender que se criminaliza lo masculino en bloque.
R. Una forma de trabajar contra la violencia de género es trabajar en igualdad, porque se sustenta en la desigualdad, en una masculinidad que descansa en un sistema patriarcal, así que trabajando por una sociedad más igualitaria combatimos la violencia.
P. ¿Piensa en forzar cambios para que las empresas incorporen a mujeres en sus consejos, o para que los hombres puedan coger el permiso de paternidad sin que el jefe les mire mal?
R. Las empresas se están concienciando de que apostar por la igualdad es apostar por su propia eficiencia y desarrollo y competitividad. Lo importante, y tengo mucha confianza en eso, es estar en el diálogo social, poder incorporar los planes de igualdad en la negociación colectiva.
P. ¿Hay terrenos en los que el hombre está discriminado? ¿Por ejemplo, con la custodia de los hijos tras un divorcio?
R. [Un largo silencio]. Nuestro trabajo es la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
P. Se ha declarado abiertamente partidaria de abolir la prostitución. Una postura polémica también dentro de su partido.
R. El objetivo claro es luchar contra las mafias, contra la trata de mujeres, de niños y niñas.
P. ¿Contemplaría la penalización al cliente?
R. El objetivo principal es la cuestión de la trata.
P. La trata de mujeres es una ilegalidad manifiesta. Pero las prostitutas dicen que empujarlas a la clandestinidad las dejaría aún más desprotegidas. Para quien ejerce voluntariamente ¿cabe una regulación?
R. Ahora no es el objetivo. La prostitución denigra hasta el último extremo a la mujer. Está relacionada con la violencia y con pobreza. Lo que queremos es ayudar a las que quieran salir de ahí.
P. Se ha anunciado que va a abrirse una reflexión sobre el aborto. Pero ¿el Gobierno va a cambiar la ley?
R. Vamos a garantizar la seguridad jurídica a las mujeres y a los profesionales que practican el aborto. Lo que ha pasado no se puede volver a repetir.
P. ¿Se refiere a los procesos contra las clínicas? ¿Qué le parece que el partido de ultraderecha Alternativa Española siente en el banquillo a la clínica Isadora y acceda a datos de pacientes?
R. ¿Qué voy a contestar?
P. Pues...
R. Un partido de ultraderecha, qué voy a contestar. Nada.
P. Es su decisión. Y ¿qué le pareció que la reforma del aborto se cayera del programa electoral del PSOE para esta legislatura?
R. Bueno, llevamos en el programa electoral lo que estamos haciendo, que se abra una reflexión sobre la reforma.
domingo, febrero 24, 2008
Explorando nuevas masculinidades: Facto Delafé.
Precisamente, una de las grandes aventuras del hombre actual es la de explorar y descubrir esas nuevas formas de construcción interior y de relación familiar. No es una tarea fácil. Nuestras sociedades siguen deslizándose hacia formas de vida cada vez más individualistas y, aunque durante buena parte del recorrido, la autoconciencia individual ha permitido desarrollar un saludable sentido de la dignidad personal, todos corremos el riesgo de hacer prevalecer los derechos subjetivos sobre las obligaciones colectivas, y de dejarnos esclavizar por fatuas ilusiones narcisistas. Posiblemente, tengamos que atravesar más de una generación imposible. Y, durante este período de tránsito, las mujeres también van a tener que revisar intensamente sus nuevas identidades de género, a pesar de llevar una ventaja relativa en este cometido, porque tendrán que ceder protagonismo a los hombres y negociar con ellos en ámbitos tan sensibles como el doméstico, que hasta ha estado bajo su dominio.
Por todo ello, me han sorprendido gratamente estas canciones del grupo Facto Delafé. Trasladan la sensación de que es posible sentirse cómodo como hombre, sin necesidad de repetir los esquemas de género habituales. Además lo hace con frescura, evitando la tentación adoctrinadora e introduciendo un punto de benévola ironía. Como experimento me parece sugerente y me pregunto qué poder de arrastre tendrán sobre los chicos adolescentes. Prometo pedirles opiniones. Auguro una crítica: la falta de pistas sobre cómo manejar su plus de energía.
domingo, enero 27, 2008
Conquistando la paternidad (nuevas masculinidades)

Ese mismo día, un buen amigo me anunció el nacimiento de su primer hijo. Durante meses ha estado asistiendo a las sesiones de preparación al parto con su pareja, lo que le ha permitido vivir su paternidad con especial implicación. Me comentó que el impacto que le ha dejado todo el proceso sobrepasa cualquier experiencia previa. A ello, ha contribuido además el hecho de elegir el parto natural, una opción cada más factible, porque ya existen centros sanitarios públicos que tutorizan y atienden esta modalidad de alumbramiento. Me decía que, pese a sus suspicacias iniciales, aquellas sesiones preparatorias le redescubrieron una dimensión de la vida con la que tenía la sensación de haber ido perdiendo contacto desde la infancia. Ahora, tenía la convicción de que esta tendencia a acortar y simplificar los grandes hitos vitales, tecnologizándolos gratuitamente, nos priva de vivencias determinantes para construir nuestra existencia. Y recalcaba: “No quiero liquidar de cualquier modo estos momentos preciosos. Andamos todo el día entre máquinas y maquinitas, metidos en una espiral de trabajo, consumo y ocio evasivo que nos desconecta cada vez más de lo verdaderamente importante. Yo he optado conscientemente por sustraerme a esa inercia.”

Me acosté pensando que los hombres por fin hemos empezado a liberarnos de ese corsé de la masculinidad tradicional, que ha estado a punto de anquilosarnos definitivamente, privándonos de emociones esenciales y alejándonos de los bienes más valiosos.
Quizás vean tras esta defensa de la paternidad afectiva a hombres desconcertados y sin energía, que esconden su confusión tras un sentimentalismo sensiblero de nuevo cuño. Yo, sin embargo, llevo tiempo descubriendo a hombres sólidos, lúcidamente determinados a romper con dinámicas que les estaban empobreciendo. Hace falta mucha fortaleza para comprometerse con la paternidad y defenderla de otras "exigencias".
Pero, el escenario es nuevo y los conflictos se van a multiplicar. Y no tanto a consecuencia de las masculinidades tradicionales, que a pesar de su resistencia más o menos virulenta serán cada vez más residuales, sino sobre todo por la dificultad de reinventar un hogar en el que los hombres compartan en condiciones de igualdad la gestión de los afectos, los espacios y los tiempos. Ese ámbito era exclusivo de las mujeres hasta hace muy poco tiempo.
[1] Escribo “su” y yo mismo siento la presión de ese vetusto mandato de género que sólo autoriza a utlizar este posesivo en relación a las madres, si hablamos de un bebé.
jueves, septiembre 20, 2007
Entre hombres
Entre homes, Jordi Cabré, escriptor
Encara quan et miro em pregunto quan va començar aquesta inèdita fascinació cap a algú del mateix sexe. No m’havia passat mai. Entre tu i jo al principi hi havia poques paraules, de fet no arribàvem a creuar-ne cap ni una. Només hi havia aquelles teves mirades negres, vertiginoses, que des de l’absència de diàleg em duien a imaginar les coses que devien passar-te pel cap o pel cor.
Recordo que hi endevinava la ferma determinació de menjar-te el món i tal vegada de conquerir-me l’ànima, però només podia fer que suposar-ho. Encara vaig trigar unes setmanes a reconèixer que alguna cosa nova brollava dins meu, i a preguntar-me de forma quasi natural on t’havies ficat durant aquesta trentena d’anys. Al principi només et coneixia de borrosos retrats en blanc i negre. Però després va arribar-me aquesta mirada teva, mig d’enfadat mig de trapella, i aquests gestos bruscos, com de bosc, com de qui no s’atura massa a pensar el rumb que pren. Mica en mica i amb paciència vaig anar descobrint-te, fins que allò que havia començat com un aprenentatge mutu, subtil i silenciós, va anar esdevenint una cosa molt més important. I, per a alguns, difícil d’entendre.
No em fa cap vergonya dir que m’agraden els teus cabells rossos ben suavitzats i com et queda el nou xandall, que llueixes amb tanta satisfacció. El teu talent per a la música, el teu ritme davant d’un piano, i també la teva habilitat amb el pinzell o simplement amb un bolígraf de despatx. Allò que més ens diferencia és aquesta incorregible dèria de córrer, d’agafar les cames i posar-les a treballar, ja sigui per les voreres de Barcelona o pels camins de pedra més costeruts. Tens aquesta constitució, d’esquena ampla i cuixes fermes, que és el que et deu empènyer a cremar tanta energia a cops de carrera o a agafar la bici sempre que t’és possible: cosa d’esportistes.
L’altre dia et mirava mentre dormies i m’adonava que també ho fas amb ganes, amb presència, amb masculinitat, com si qualsevol persona que dormís al teu costat pogués tenir la intensa sensació de trobar-se ben protegida i resguardada. Respires sense contemplacions, absorbint el somni com si t’hi anés la vida, que és la mateixa manera que tens d’estar despert. T’abraço com si et fes una pregària, com si abracés la bellesa del món. De gustos cada dia ens posem més d’acord, mai no hauria dit que vibraries amb els Franz Ferdinand. I amb la resta de la gent ets simplement encantador, guardes les formes, coneixes els límits, tens un sentit de l’humor finíssim que és una de les coses que més t’envejo i que més et transformen en una gran promesa. No és estrany que parli de tu amb qualsevol persona que em trobo. I això que són molts els qui, fins que t’arriben a conèixer, se sorprenen que això m’estigui passant precisament a mi.
Ara que has decidit que ja tens prou pèls a la cara com per afaitar-te un cop per setmana, ara que sovint ja ens afaitem al mateix temps (amb l’orquestra de Benny Goodman als altaveus) i que fins i tot ens dutxem junts i ens ensabonem l’un a l’altre, ara que em pentines i m’esculls les sabates, m’adono de com necessitava estimar algú com tu. Això dels sentiments és complicadíssim, un veritable maldecap, vas i véns i tornes i tot sembla fràgil i a punt d’esfondrar-se. Però tu, amb aquests fonaments musculars més ben posats que els meus i amb aquesta rialla inabastable, has aconseguit que se m’hagin trencat tots els esquemes i que hagi pogut conèixer una nova dimensió de l’amor. Si tu respires pel món com si t’hi anés la vida (cosa que hauria de ser norma universal), a mi la vida m’hi va amb el teu benestar i amb la teva simple presència. L’amour est un oiseau rebelle.
Tot això ho reconec ara, passats tres anys del dia que et vaig conèixer, quan ja no hi ha gaires misteris però quan el futur encara és gran per a nosaltres. Aquest món necessita homenots com tu i tinc la sort de poder considerar-me el teu millor amic per ara. I que duri. No fa gaire era en Francesc Orteu qui en aquest diari afirmava que tenir fills pot canviar el cos de la dona, però que sens dubte canvia l’ànima de l’home. Potser no arribaràs mai a saber com era jo, Xavier, abans que nasquessis. Abans que em portessis a la vida.
L'opinió del lector
Cap de lligamosques
20.09.2007, 17:45D´això fa uns anys en deien mariconades
!!Sesi
20.09.2007, 16:10He llegit l'article per Internet, on no hi surt cap dibuix, i us puc assegurar que m'he4 pensat que en Cabré s'havia enamorat d'un home! Les dutxes junts, mirar-lo com dorm, comentar com li queda de bé el xandall, les cuixes fermes i com li agraden els cabells rossos de l'estimat. Article molt ambigu.
Miquel Ramoneda
20.09.2007, 15:59Sis paràgrafs d'excel·lent factura.
Nestor
20.09.2007, 15:34Felicitats. Un article molt aconseguit. Espero sentir el mateix algun dia.
Salut.una dona
20.09.2007, 11:01un article collonut.
Porc Senglar.
20.09.2007, 10:52 Jordi, m'agradat moltíssim el teu text!. Penso que moltes dones us conformeu amb el primer que passa, amb la idea que en quant a entrega amorosa, sentiments, els homes senzillament no donem per més: totalment fals!!. Els homes amb sentiments i valents, íntegres, anticonvencionals i amb personalitat, contemporanis i amb una gran cultura, aquests homes si que donem amor!!, per que ens hem desempallegat de tota la merda que els segles ens han ficat a sobre.
Bernat
20.09.2007, 08:58 Cursileria pseudointel·lectual, tot plegat. Perdoneu-me. Però no acabo d'entendre aquesta mania d'aïllar feminitat i masculinitat, fins i tot per enfrontar-les. . . i confondre que les persones disposem de les dues qualitats. La maternitat i la paternitat són biològicament fets diversos però no impliquen una vivència idèntica en tots els éssers. Per tant, repeteixo, l'article no deixa de ser una simple babada.
Raimon
20.09.2007, 08:16 Espero poder ser pare aviat, probablement vindrà del Brasil amb sis o set anys a les seves espatlles. Gràcies, Jordi, pel teu meravellos article; m'he emocionat llegint-lo i m'ha ajudat a fer més intensa l'espera. M'ha fet felìç creure que un dia jo tambè escriuría un article com el teu.
Raimon
20.09.2007, 08:14 Espero poder ser pare aviat, probablement vindrà del Brasil amb sis o set anys a les seves espatlles. Gràcies, Jordi, pel teu meravellos article; m'he emocionat llegint-lo i m'ha ajudat a fer més intensa l'espera. M'ha fet felìç creure que un dia jo tambè escriuría un article com el teu.
Josep
20.09.2007, 05:53 Jordi, entre tanta barbarie i desil. lusió, un glop de felicitat, de llibertat, de somriure, de plaer, moltes gràcies; i els fills son el regal que es disfruta més; jo també disfruto els meus fills com tú, i l'article es brillant com el Xavier
laveritatestossuda
20.09.2007, 00:25mentre anava en tren he llegit el teu article i m´has emocionat, algú deu haver pensat que anyorava la platja de masnou
Pau
19.09.2007, 23:16 Noi. . . . l'article et delata la teva "inexperiència". Quan les criatures neixen poca cosa tenen d'HOME. ja comences l'article amb una frivolitat que et delata. La paternitat va més enllà d'aquest "primer enamorament" que representa la més tendra infantesa. . . Però si el que volies és entendrir la femellada que et llegeixi, xapó, noi. Els hi has tocat la fibra!!! De totes maneres felicitat i molta sort en aquest llarg viatge.
Madame Butterfly
19.09.2007, 21:24Em sent molt emocionada desprès de llegir aquest article. És molt bonic el que ha escrit Jordi Cabré i com ha expressat les emocions que l'eixen del cor. M'agradata molt.
CO2
19.09.2007, 18:47Tots els pares s'estimen els seus fills i fins i tot en vaig coneixer un que no va dubtar a donar la seva vida per salvar el seu fill d'una enfermetat molt greu. L'article tret de que està ben tramat no té gran cosa d'especial pel que fa a les relacions paterno-filials.
Maria del Mar
19.09.2007, 17:56Aquest és un article francament bonic i emocionant. Felicitats a l'Avui per comptar amb col·laboradors com en Jordi Cabré.
Joan
19.09.2007, 17:33 Felicitats Jordi Cabré per l'article. Com a pare m'hi sentit completament identificat. Acabes de guanyar-te un lector fidel de per vida. Compraré tots els teus llibres i el diari pot sentir-se honorat amb les teves col·laboracions. Gràcies per fer el saps fer: escriure.
Observador
19.09.2007, 17:05Preciós article.
SOL.
19.09.2007, 15:47 Sort de la il·lustració, per que si no descartada la homofília, ja em temia que comencés el rentat de cervell per a fer empassar a la societat la pedofilia, que també són amor diuen els podrits.
Porc Senglar.
19.09.2007, 10:15 Jordi, m'agradat motl el teu text!. Continuo. Penso que moltes dones us conformeu amb el primer que passa, amb la idea que en quant a entrega amorosa, sentiments, els homes senzillament no donem per més: totalment fals!!!. Els homes amb sentiments i valents, íntegres, anticonvencionals i amb personalitat, contemporanis i amb un parell d'ous, amb una gran cultura, aquests homes si que donem amor!!
Porc Senglar.
19.09.2007, 10:11Quin pare tío!, molt bé. Ets un padrás modèlic, de debó. A veure quan entenguem que l'estima dels homes, la forma de entregar-nos -en l'amor i en la paternitat- no té res, absol·lutament res d'envejar a la de les dones!. Els homes ens entreguem amb la mateixa passió amorosa, algunes vegades molt més, que una dona i ho donem tot. . .
Fuente: http://www.avui.cat/article/opinio/5937/entre/homes.html
domingo, enero 14, 2007
LOS DIEZ RETOS DE LAS NUEVAS MASCULINIDADES
1. Asumir plenamente la crisis de la masculinidad tradicional que se deriva de la incorporación plena de las mujeres al trabajo asalariado y estable. Revisar críticamente los símbolos y las estructuras patriarcales que han articulado la vida social hasta ahora, pero sin caer en demonizaciones simplistas, que lleven a menospreciar o ignorar el complejo entramado de funciones, contraprestaciones y deberes que comportaba el modelo tradicional en sus formulaciones más equitativas. Promover nuevas pautas de conducta que desde la afirmación desacomplejada de la condición masculina permita construir relaciones equilibradas y satisfactorias. Desprenderse y liberarse de los aspectos insatisfactorios de los modelos hasta ahora dominantes. 2. Descubrir la importancia de nuestra presencia activa en el ámbito del hogar. Corresponsabilización total por parte del hombres de les tareas domésticas, de la atención de los hijos y del cuidado de los mayores y enfermos. Aprender a negociar el reparto de responsabilidades, reclamando a las mujeres que cedan poder en los espacios domésticos. Saber cuidar de uno mismo y de los que nos rodean. 3. Aprender a resolver los conflictos de pareja dentro del marco relaciones surgido de estos cambios –más dinámico e inestable que nunca-, desarrollando especialmente las habilidades comunicativas y la capacidad de negociación. Los hombres han de saber gestionar su específico lado oscuro y conseguir interactuar correctamente con el lado oscuro femenino, en un entorno frágil, sometido a fuertes tensiones –armonización compleja de los proyectos de realización personal, presión laboral, cargas familiares, etc,-. El reto exige competencias emocionales hasta ahora descuidadas: capacidad de identificar los estados emocionales y de expresar necesidades personales, asunción desproblematizada de la propia vulnerabilidad, predisposición al diálogo franco y constructivo sin pudores absurdos, dominio del tempo comunicativo, etc. 4. Construir o reconstruir creativamente las estructuras familiares a partir de las cenizas del modelo anterior, conjugando el refuerzo emocional mutuo y el respeto a la autonomía personal. Conseguir crear un entramado afectivo eficaz que favorezca el crecimiento y la maduración saludable de todos sus integrantes. 5. Contribuir a redefinir la maternidad desde la afirmación plena de la paternidad. 6. Reivindicar la paternidad afectiva no sólo como un proyecto deseable, sino como un derecho al que ningún hombre ha de renunciar y que, por tanto, debe estar plenamente reconocido a nivel jurídico. Luchar sin complejos contra las injusticias y vejaciones que se sufren en este ámbito. 7. Denunciar la criminalización de la condición masculina bajo cualquiera de sus formas. Combatir el recurso gratuito al binomio “hombre agresor-mujer víctima” en la articulación de los discursos. 8. Criticar las formas de construcción de la polaridad sexual que consagran hipócritamente la mirada masculina más rancia y obsoleta (música, moda, pornografía...). 9. Aprender a crear y mantener redes de relaciones y de apoyo. 10. Asumir plenamente la complejidad y diversidad de las identidades masculinas, huyendo de las identidades artificiosas, diseñadas para favorecer el consumo. |