sábado, junio 30, 2007

Sé tú mismo

El sábado pasado estaba viendo una serie infantil con mis hijos y me volví a topar con el mensaje “sé tú mismo”, ya algo gastado en el mundo de los adultos, pero que asombrosamente parece apropiado para los auditorios más jóvenes. A falta de otros argumentos, los guionistas lo utilizan como un recurso de urgencia que siempre da juego, porque forma ya parte del vademécum básico del psicologismo popular. El resultado al final es un ametrallamiento sin tregua, que invita prematuramente a los infantes a afirmar ¡su identidad!. Imagínense lo odioso que para cualquiera de nosotros resultaría un pepito grillo obsesivo que nos estuviera martirizando constantemente con la cantinela: “sé tú mismo”, “sé tú mismo”, “sé tú mismo”. Pues bien, retrocedamos en el tiempo, e imaginemos la misma cantinela ¡con siete u ocho años!.

En el caso que comento, el guión resultaba francamente forzado. Una niña de aspecto empollón y susceptible de padecer bullying, se liberaba de tensiones tocando al piano una pieza medieval y –¡oh maravilla!- se le aparecía una mujer portando una armadura espectacular. ¿Por qué vas vestida así?, le preguntó la niña. Y la dama le contestó: “porque soy Juana de Arco. Yo también padecí muchas presiones, pero decidí ser yo misma. Se tú misma”. ¡Caramba! ¡La santa visionaria Juana de Arco convertida de un plumazo en heroína de la Gestalt!. Es asombrosa la capacidad de la cultura “Reader’s diggest” americana para deglutir y trasmutar cualquier episodio o experiencia del pasado.

El asunto me recordó la obra de Charles Taylor, La ética de la autenticidad y, en especial, un texto de Teresa Forcades relacionado indirectamente con el tema. Confieso que los escritos y las apariciones públicas de esta joven monja benedictina siempre me admiran. En un artículo suyo sobre la diversidad cultural(http://synodalia.net/conferences/Forcades_es.pdf), explicaba su experiencia en Estados Unidos formándose como médico especialista y, después, como estudiante en la Facultad de Teología de Harvard. En ambos casos, constató lo difícil que les resultaba a sus compañeros y compañeras salir de sus pequeños mundos y relacionarse entre ellos, a pesar de que todos parecían reconocer la conveniencia de hacerlo y de considerar la diversidad un valor.

Ella lo atribuye a cuatro razones básicas:

1. La falacia del multiculturalismo pasivo: “el multiculturalismo pasivo no existe. Esto significa que no es cierto que la reunión de personas procedentes de todo el mundo en un mismo espacio o en una misma sociedad conduzca “de manera natural” al diálogo y al enriquecimiento mutuo”.

2. La Prevalencia de la Epistemología de los Horizontes
Cerrados.
"El modelo de los horizontes cerrados representa una reacción contra las pretensiones universalizadoras y de dominio de la Modernidad. Reconoce las particularidades y, por tanto, las limitaciones de toda aproximación a la realidad (de toda epistemología), e insiste que el otro sea reconocido como “otro”. Favorece el intercambio interpersonal sin controversia, sin reto. Este modelo precisa que yo sitúe al otro a priori en un contexto que no es el mío y le mantenga ahí durante nuestro intercambio.La pregunta que este modelo no ha logrado responder aún es: ¿cómo puedo relacionarme en la práctica con este “otro” tan extraño a la propia identidad y al propio contexto de significación?." Forcades cita a Gadamer que afirma “Cuando, desde el principio, incluímos el punto de vista del otro en aquello que nos está diciendo, no hacemos sino proteger de hecho el propio punto de vista y volverlo inaccesible para el otro. Así, el reconocimiento de la alteridad del otro [realizada en nombre de la máxima subjetividad, paradójicamente] lo reduce a objeto e implica necesariamente la anulación práctica de su pretensión de verdad.”

3. La Experiencia Previa de Intolerancia. “Refugiarse en la propia identidad y reivindicar el derecho a no ser invadido por el otro, por muy insatisfactorio que nos resulte a nivel teórico, puede resultar en la práctica un objetivo deseable para alguien que haya sido víctima de la intolerancia de los demás...; para alguien que haya experimentado cómo su identidad era manipulada, ignorada o ridiculizada.

4. Pero la razón que más pesa en el artículo de Teresa Forcades es sobretodo la prevalencia del Modelo Monológico de Identidad, que tiene sus raíces en la noción de "voz interior" desarrollada por Herder y convertida más tarde en la instancia suprema de construcción de la propia identidad. “Considerando que mi voz interior es única y original, la sociedad no solamente debe permitirme seguirla sin poner objeciones, sino que está moralmente obligada a reconocer
explícitamente la importancia que mi voz interior tiene para los demás. Ya que no soy solamente yo quien me arriesgo a perder el sentido de mi existencia si no escucho mi voz interior, sino que es la propia sociedad la que se arriesga a perder el sentido de su existencia si no me escucha a mí (es decir, si no escucha a cada uno de sus miembros y no reconoce el carácter único de sus
aportaciones).”

El correlato moral de esta noción de voz interior es el ideal de la autenticidad, que representa exigencia ética para mí y un imperativo de reconocimiento en relación al otro. “Las identidades personales no pueden desarrollarse sin reconocimiento externo. No reconocer mi identidad equivale a negarme la única posibilidad que tengo de ser yo misma. Equivale a negarme la
experiencia de lo que “vivir humanamente” significa para mí.”

El problema, como señala Taylor y recuerda Forcades, es que “la generación monológica de la identidad a partir del interior del individuo es una quimera”. No sólo necesitamos a los otros para reconozcan y contemplen los maravillosos flujos de una identidad liberada y previamente constituida. Los necesitamos antes, porque sólo podemos constituirnos como identidades en interacción y diálogo con ellos.

Según Taylor, "debemos tomar en consideración una característica fundamental de la condición humana que se ha visto reducida prácticamente a la invisibilidad a causa del abrumador sesgo monológico de la filosofía moderna mayoritaria. Esta característica esencial de nuestra vida humana es su carácter eminentemente y fundamentalmente dialógico.”

Aunque nos pese, “la misma esencia de nuestra identidad resulta constituida solamente en y a través de nuestros intercambios con los demás”, incluso aunque mi relación con ellos sea de hostilidad, porque la confrontación también actúa como un poderoso mecanismo de afirmación identitaria.

Si insistimos en seguir la voz interior y ser uno mismo, prescindiendo de los demás para todo lo que no sea reconocer de mi identidad, nos hundiremos en la más gélida incomunicación.

"El reconocimiento concebido como derecho y como a priori, conduce al absurdo de exigir que el otro reconozca el valor de mi identidad sin tan siquiera saber quien soy (y sin tan siquiera
mostrar ningún interés por saberlo)."

Taylor es taxativo y, aunque reconoce que la apuesta por la afirmación de uno mismo pudo contrarrestar en su momento la rigidez y sobrevaloración de la sociedad frente al individuo, el resultado es que se están multiplicando las vidas precarias, erráticas, solipsistas, chatas, sin compromiso con el prójimo, permisivas, autoindulgentes.

Si a esa dinámica de la identidad monológica sumamos modelos de conducta como el de los horizontes cerrados, falacias como las del multiculturalismo pasivo, o reacciones autoprotectoras como las generdas por experiencias de intolerancia, el mundo puede convertirse en un infierno atroz. Por eso, deberíamos pensárnoslo dos veces antes de repetir o dejar repetir a otros machaconamente eso del “sé tú mismo”.

Quizás, en lugar de favorecer la eclosión incesante de pequeños narcisos con ese tipo de mensajes, deberíamos insistir más en la experiencia del diálogo y del encuentro personal con el prójimo. Una experiencia que implica no encerrarse en el propio mundo y abrirse receptivamente al otro. Sólo así podrán construirse identidades sólidas, capaces de hacerse valer cuando sea necesario.



En la fuerza está en el poder
En el sabio está en el saber
Con el tiempo todo llegará
En el día que hoy comienza
Mil respuestas buscarás
Subirás a la montaña

En la fuerza está en el poder
En el sabio está en el saber
Con el tiempo todo llegará
En el día que hoy comienza
Mil respuestas buscarás
Subirás a la montaña
La cima alcanzarás

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre, un hombre un día serás

No hay nadie que te guíe
Ni una mano que te den
Mas con fe y entendimiento
En un hombre te convertirás

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre, un hombre un día serás

Aprende a enseñar
Enseñando aprenderás
Tu vida está con quien tú amas más
Hoy todo en lo que sueñas
En tu imaginación
Aquí está ese momento
Realiza tu ilusión

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre, un hombre un día serás

Yeh oh, yeh oh, yeh oh

Hombre es, hombre es
Un hombre has logrado ser

jueves, junio 28, 2007

Penes, velocidad y virilidad.


Jugar con los estereotipos siempre funciona y las autoridades de tráfico de Australia no han dudado en aprovechar el filón. Si quienes más excesos cometen en la carretera son los chicos, por qué no utilizar los recursos del psicologismo popular para avergonzarles. Todos sabemos que la exhibición exagerada de conductas autoafirmativas son intentos de compensar frustraciones íntimas, como la de padecer una carencia física particulamente ingrata... por ejemplo ¡TENER UN PENE PEQUEÑO!.

¡Gran idea!. Este hallazgo permite explotar el filón del sexismo inverso –siempre simpático- y a la vez es efectivo, porque hace realmente daño, ya que la pequeñez del pene es vivida como un estigma dramático por el muchacho, que difícilmente escapará a la asociación entre la afirmación de su identidad masculina y el tamaño del pene. Sobre todo, si insistimos en campañas como esta, que no contribuyen precisamente a deshacer ese tópico.
Tampoco, nos lleva demasiado lejos el argumento más elaborado de que "conducir muy deprisa no es sinónimo de hombría", porque no deja de insistir en el tópico de una hombría arquetípica relacionada con una serie de valores ideales que debemos encarnar. La hombría no alude más que a nuestra condición sexuada y se puede realizar de mil maneras.
Uno, para que se entiendan mejor sus argumentos, estaría tentado de seguir con la broma y jugar con otros estereotipos sexistas igual de dolorosos, pero no, mejor dejarlo.

Campaña contra los 'machotes' al volante
Las autoridades de tráfico de Australia relacionan el exceso de velocidad con la falta de masculinidad

ELPAIS.com - Madrid - 26/06/2007







"Conduces deprisa. Nadie cree que la tengas grande". Ése es el lema empleado por una campaña de tráfico australiana para intentar reducir las muertes en la carretera. El gancho es relacionar el exceso de velocidad y los alardes de masculinidad con la falta de esta última. Por aquello del "dime de qué presumes y te diré de lo que careces".

En el vídeo publicitario, varias mujeres se miran con complicidad y levantan el dedo meñique con cara de desprecio cuando un conductor pasa demasiado deprisa a su lado. La cosa queda clara: van deprisa, luego tienen el pene pequeño.
Ortodoxa o no, la campaña ha resultado efectiva pues, en poco espacio de tiempo, ha dado la vuelta al mundo. Medios de comunicación como la BBC o Il Corriere Della Sera se han eco de la curiosidad y varios internautas han colgado el vídeo en youtube.La campaña, que ha costado más de un millón y medio de euros, pretende que el exceso de velocidad se convierta en una práctica socialmente criticada. El anuncio se emitirá en cines, televisión, internet y vallas publicitarias.

El juego perverso del poder y el control del imaginario


Alcanzar el poder y conservarlo, actualmente pasa por conseguir que se perciba como real aquello que te permite demostrar tu competencia operativa y afirmar tu posición. Por tanto, es imprescindible que sepas transitar con desenvoltura por los mimbres que configuran el imaginario social en el que deseas ejercer tu autoridad y jugar las cartas con destreza.



Una vez ocupada la posición central de ese imaginario, deberás esmerarte en controlar eficazmente sus resortes simbólicos. A partir de entonces, mantener la posición te resultará relativamente fácil, sobre todo si sabes subrayar mediante la retórica publicitaria lo que te convenga, dejando que se subsuma en la opacidad lo que te incomoda. La discreción amable y la sabia gestión de los silencios se convertirán en tus mejores aliados, porque te investirán de un halo de autoridad y, sin que digas nada, todos percibirán cuáles son tus deseos y tratarán de acomodarse a tus expectativas. La imaginación temerosa de tus subordinados hará el resto.





Si alguien vacila o parece disentir, no trates de convencerle, porque es evidente que tu poder no depende de la fuerza de los argumentos, sino de tu destreza para imponerte. Semejante error, debilitaría tu posición, especialmente ahora que la argumentación carece de prestigio, genera desconfianza y sobre todo cansa. Si no hay más remedio, limítate a repetir alguna de esas consignas irrefutables que evocan el imaginario compartido y deja que quien te incomode se desvanezca en el silencio. El autismo formal de tus subordinados le harán entender cuan débil es su posición.


En lo que sí debes poner especial empeño es en autoinvestirte del imaginario compartido y en apropiártelo sin complejos. Todos los resortes del poder caerán paulatinamente en tus manos. El dominio de tus subordinados será prácticamente total si consigues que ellos perciban sólo como plausible aquello que te conviene. Tus intereses pasarán a ser asumidos oficialmente como la realidad, o cuando menos como lo inevitable, que es de lo que se trata. La confusión, los autoengaños, la negociación de los intereses inconfesables y el miedo difuso harán el resto.


No busques adhesiones profundas. Si lo haces, demostrarías pecar de un narcisismo demasiado tosco. Tu narcisismo es más elaborado: te basta con estar en el centro y sentirte temido y admirado. No olvides nunca que lo que te interesa es el poder, no el amor. Lo sabes, lo tienes claro. Por tanto, confórmate con el respeto formal, que es el importante y cuídate de los sinceros admiradores, porque te traerán problemas. Has de saber trasmitir a los demás que en el fondo no les quieres y que no te importa que no te quieran, pero que los tratarás bien si son dóciles. Recuerda que el poder es un placer solitario.

Evidentemente, en un contexto semejante, se instalará la inautenticidad, la desconfianza, la vigilancia mutua, el lenguaje huero y el simulacro constante. Pero, no importa. Lo que importa es que no se exhiban demasiado las fugas de la “la realidad” que tú defines y controlas.


Y si no hay más remedio que castigar a alguien, hazlo exhibiendo discreción, determinación y celeridad. Un golpe seco demuestra que puedes resolver los problemas sin desgaste de energías. Recurre siempre que puedas a las exclusiones oprobiosas sin opción de retorno.



Si esta estrategia se combina con las buenas maneras, y la obsequiosidad selectiva o la indiferencia cortés según convenga, el éxito está asegurado. El despotismo blando resulta a la postre bastante llevadero.




“…Cuando disminuye la participación, cuando se extinguen las asociaciones laterales que operaban como vehículo de la misma, el ciudadano individual se queda sólo frente al vasto estado burocrático y se siente, con razón impotente. Con ello se desmotiva aún más, y se cierra el círculo vicioso del despotismo blando” Charles Taylor.

martes, junio 26, 2007

La infidelidad, el síndrome de Medea y la alineación parental




MEDEA. Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina.(263-266)

MEDEA. Ahora, sin embargo, cambio mis palabras y rompo en sollozos ante la acción que he de llevar a cabo a continuación, pues pienso matar a mis hijos; nadie me los podrá arrebatar y, después de haber hundido toda la casa de Jasón, me iré de esta tierra. (790-795)

CORIFEO. ¿Te atreverías a matar a tu simiente, mujer?
MEDEA. Así quedará desgarrado con más fuerza mi esposo. (816-817)

MEDEA. Es de todo punto necesario que mueran y, puesto que lo es, los mataré yo que les he dado el ser. (1062-1063 y 1240-1241)

JASÓN. ¡Tú que sobre tus propios hijos te atreviste a lanzar la espada, a pesar de haberlos
engendrado, y, al dejarme sin ellos, me destruiste! (1325-1326)

MEDEA. Tú, como es natural, morirás de mala manera, golpeado en la cabeza por un despojo de la Argo. (1386-1387)

JASÓN. Entro, privado de mis dos hijos.
MEDEA. Aún no es nada tu llanto; aguarda a la vejez. (1395-1396)

Medea de Eurípides.

Citas de MUJERES MÍTICAS: LA MEDEA INFANTICIDA Rosa Sala Rose, http://www.gipuzkoakultura.net/ediciones/antiqua/sala.pdf

En una película reciente, El infierno, no muy bien valorada por la crítica, a pesar de partir de un guión del desaparecido Kielowsky, se actualiza eficazmente el mito de Medea, hija del rey Eetes, sobrina de la hechicera Circe y mujer fatalmente enamorada de Jasón desde el primer instante en que lo vio.

Jasón que había acudido al reino de Eetes, la Cólquide, en el remoto Mar Negro, a la búsqueda del vellocino de oro, pudo concluir la empresa que tenía que llevarle al trono de la ciudad de Yolco, gracias a los embrujos, maleficios y maldades de Medea. La alianza entre ambos se demostró indestructible, porque el valor de Jasón unido a los poderes y a la falta de escrúpulos de Medea vencía todos los obstáculos.

Hasta tal punto, llevó Medea su celo por Jasón, que para favorecer su huida en el navío “Argo”, no tuvo reparos en tomar como rehén a su propio hermano y después deshacerse de él, descuartizándolo y lanzándolo por la borda, para que su padre interrumpiera la persecución y recogiera los restos del hijo fallecido.

Ya en Yolco, Medea también consiguió deshacerse del usurpador Pelias, a cuyas hijas embaucó para que lo despedazasen y lo hirvieran en un caldero con tal de devolverle la juventud. Ante el horror de los habitantes de Yolco, ambos tuvieron que abandonar la ciudad y el sueño de Jasón terminó frustrándose. Sin embargo, Medea sí consiguió parcialmente el suyo: vivir felizmente con Jasón. Pero, fue un sueño efímero, porque al cabo diez años, Jasón se enamoró de otra mujer, Glauce –hija del rey corintio Creonte-, y decidió repudiar a la letal Medea.

Medea que, como hemos visto, ya apuntaba maneras, decidió vengarse de la manera más dolorosa y terrible que ningún ser humano pueda concebir: matando a sus hijos habidos con Jasón. También mató a Glauce y a su padre Creonte.

El antes imbatible Jasón acusó severamente el golpe y malvivió el resto de sus días, hasta morir aplastado un día por la proa carcomida de su antes glorioso barco Argos.

En Medea, pues, cristaliza una conducta femenina arquetípica: matar a los hijos para vengar la herida narcisista que le ha provocado la infidelidad del marido.

Desde entonces, el drama se sigue repitiendo inexorablemente, porque muchos hombres siguen siendo infieles y muchas mujeres siguen utilizando los privilegios maternos para su castigo, no ya con el asesinato físico de los hijos, sino con otro lacerante “asesinato” mucho más sutil que consiste en indisponerles hacia el padre (alineación parental), en desprestigiarle, depreciarle y disminuirle, en impedir o dificultar el contacto, en privarle de sus bienes. Es una venganza fría e inexorable que se aplica con lentitud litúrgica por Medeas rigidificadas, fatalmente enquistadas en el consuelo morboso que les produce su desquite cruel. La película El infierno lo cuenta muy bien, críticos aparte.

Por cierto, estos días se está hablando mucho del síndrome de alineación parental a raíz de una sentencia que, por primera vez, invoca esta patología, cuestionada -¡cómo no!- por muchas abogadas –y abogados- feministas, cómplices de abusos misándricos. Me deja perplejo ver en televisión el nerviosismo con que rebaten la existencia de este síndrome. En sus caras se lee el “NOS HAN PILLADO”.

En los últimos debates que he visto, empiezan a cambiar de posición y optan por decir que este tipo de abusos pueden atribuirse también al padre, no solo a la madre. En abstracto parece evidente. Pero, resulta que actualmente el 90 % de los hijos de parejas separadas o divorciadas están bajo la custodia de la madre, no del padre. Con la custodia compartida las cosas indudablemente serían diferentes: los hijos disfrutarían de sus dos progenitores y el riesgo de abuso sería mucho más improbable.

La siguiente entrevista de La Contra de La Vanguardia abunda en el tema.

La Vanguardia, miércoles, 20 de junio de 2007

La Contra página nº 76

"Madre alienadora, padre excluido" VÍCTOR-M. AMELA

O D I O

Estremece oír los casos que me relata Arantxa Coca en su consulta, analizados también en su manual ´Hijos manipulados tras la separación´ (Oxigen Viena), coescrito con Domènec Luengo y subtitulado ´Cómo detectar y tratar la alienación parental´. Algunas madres llegan a ´encargarle´ informes psicológicos que perjudiquen al padre, para que el juez le paralice las visitas a los hijos, y así tener vía libre en su proceso de ´alienación parental´. Arantxa Coca las rechaza: "Sólo trabajo con menores si tengo el consentimiento de ambos progenitores" (cosa que no todos los psicólogos hacen). "Mi ex me ha destrozado la vida, ¡y ahora se va a enterar!", se dice una parte. Y vaya si se entera... a costa de inmolar a los hijos, a los que ama menos que a ese odio que la abrasa.


ARANTXA COCA, PSICOPEDAGOGA FAMILIAR. Tengo 31 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy psicopedagoga familiar. Vivo en pareja y tengo un bebé de seis meses, Dominic. Soy librepensadora. No comento mis creencias religiosas. Constato hoy un incremento del síndrome de alienación parental: uno de los progenitores intenta extirpar al otro de la esfera afectiva de su hijo


-Las familias necesitan psicólogo?

- Sobre todo en defensa de los menores.

- ¿Estamos dañándoles?

- A mí ahora me inquieta mucho el incremento del síndrome de alienación parental.

- ¿Qué es eso?

- Es un atentado al derecho del menor de disfrutar de dos progenitores, a tener dos referentes, a tenerlos integrados dentro de sí.

- A contar con un padre y una madre, ¿no?


- Tanto si están vivos como si están muertos, el menor tiene derecho a integrarlos afectivamente a ambos desde el bienestar.

- ¿Y quién perturba ese derecho del menor?

- El alienador parental.

- ¿Quién es ese tipo?

- Uno de los dos progenitores.

- Pues empezamos mal...

- Sí. Un progenitor se convierte en alienador cuando actúa de modo que logra indisponer al menor con su otro progenitor.

- Ah, ya voy entendiendo...

- Sucede en muchas separaciones de pareja: un progenitor programa mentalmente al menor para que identifique al otro progenitor como una amenaza, como al enemigo.

- ¿De verdad podemos "programar mentalmente" a un menor?

- ¡Claro! Es una auténtica programación mental con fines perversos. ¡Un lavado de cerebro como el de una secta!

- Un ejemplo.

- Imagine a una madre separada que le dice a su hijo, antes de librarlo al padre en su fin de semana: "No tienes por que hacer nada que no te apetezca...".

- Ah, qué sutil...

- Instila en el menor una actitud refractaria hacia el padre, ¡la actitud de defenderse de él! Y, claro, aquí me llegan padres desesperados porque su hijo de diez años les ha espetado: "¡Tú a mí no me mandas!".

- Tristísimo: así es imposible ser padre...

- El padre, loco de dolor, ve como pierde el afecto de su hijo. ¡Y al hijo le roban al padre!: el alienador (la madre, en este caso) inflige un gravísimo maltrato psicológico al hijo, pues le extirpa al padre de su esfera afectiva, de su psique. ¡Una mutilación emocional!

- En este caso que me cuenta, ¿el menor está metabolizando el odio de la madre?

- El padre se retrasa diez minutos en recoger al menor, y la madre comenta: "Ay, otra vez nos ha fallado tu padre". ¡"Nos", dice!: fusiona al menor a ella. Y el menor se identifica, y se desvivirá por no "traicionarla".

- ¿Y con qué consecuencias?

- Interiorizará el abandono (y eso derivará en tristezas, depresiones...), se sentirá culpable de lo que sucedió, ¡y no soportará separarse de su madre! Y pronto será el menor quien actuará por ella: se negará a ver al padre.

- ¡Parece un ejercicio de vudú, de posesión!

- No es mal modo de verlo.

- Me ha hablado de una madre alienadora: ¿es el esquema habitual, o hay otros?

- Por desgracia, es el más frecuente. Es un triángulo: madre alienadora, padre excluido, menor alienado. ¡Psíquicamente mutilado!

- El padre es el que más sufre, en principio.

- "Este niño me adoraba, y ahora... ¡no le reconozco!", me dicen padres entre sollozos. Es la señal: el niño ha sido alienado. Es decir, ha mutado su identidad afectiva: ¡al igual que una anoréxica se ve gorda, ahora este niño ve en su padre a un enemigo!

- Todo un drama..., ¿irreversible?


- Habría que retirarle el hijo alienado (maltratado) al alienador (maltratador): retirarle la custodia, apartarle una temporada.

- Hágase, pues.

- Hay un problema: los jueces. Los jueces no quieren mojarse: la custodia, para la madre. ¡No quieren complicarse! No contemplan el síndrome de alienación parental como maltrato psicológico. ¡Y se consuma!

- Pues vaya con nuestros jueces...

- Los jueces optan por preguntar al niño. Y, claro, el niño alienado habla por boca del alienador... Y el juez no profundiza más.

- ¿Qué puede hacerse?

- A la sociedad, que ya se ha concienciado acerca de maltratos como el mobbing y el bullying,le toca ahora concienciarse de este maltrato de alienación parental.

- ¿Qué aconseja a un progenitor que empiece a detectar este síndrome en su hijo?

- Pese a todo, comunicárselo al juez. Insistir. Luchar por el menor. Por su bien. A un padre excluido le he dicho: "Lucha por tu hijo, ¡para que un día comprenda que tú quisiste tenerle a tu lado!". La madurez del hijo, un día, podría devolvérselo...

- Magro consuelo.

- Lo peor, lo más duro para el padre excluido, es verse insultado, ¡insultado!, por su hijo. Se registran muchas depresiones, claro...


- ¿Qué síntomas en un niño deberían alertar al progenitor?

- Si el niño viene con una lista de normas del otro progenitor: "Que haga o no haga esto", que si la ropa, que si los deberes... O cuando el niño le suelta al padre: "¿Por qué no nos das más dinero?" O cuando el padre le riñe y el niño replica: "¡No me hables así o irás al juez!". O le dice: "¡No me toques!".

- ¿Alguna pista más?

- El niño puede somatizar su caso en alteraciones digestivas. Y empeorar en la escuela, por una merma de atención y memoria.

- ¿Todos somos alienadores en potencia?

- Sí. Sobre todo si eres una persona susceptible, tajante, monolítica, exagerada, y si sueles pensar que todo el mal está en el otro.

- ¿A qué extremo puede llegar el alienador?

- Una acusó con falsedad a su ex de acoso sexual sobre sus hijos, para que el juez los apartase cautelarmente del padre... ¡y así culminar sin trabas la alienación del menor!









Tránsitos (en construcción)

De las dulzuras amnióticas al choque brusco con la vida activa y el mundo.
Del amor protector al vértigo y miedo de los primeros aprendizajes.
De las primeras certezas a los primeros autoengaños.
De las primeras verdades a las primeras mentiras.
De la conquista de la autonomía a las primeras frustraciones.
De las primeras victorias a las primeras claudicaciones.
De la estabilidad infantil a la explosión adolescente.
De la autoconciencia a los primeros desbordamientos pulsionales.
Del estallido energético al primer gran tropezón.
De la alegría animal a la melancolía racional.
De los muy amigos al grupo de amigos.
De los silencios a la sociabilidad sonora.
De las debilidades e inseguridades a las máscaras.
De la noche al día y del día a la noche.
De la fruición del saber al descubrimiento de la ignorancia invencible.
Del estrépito tumultuoso a la intimidad.
De los amores platónicos al primer amor real.
De la fe inquebrantable a la perplejidad del primer aviso.
De obedecer a mandarse y de mandarse a mandar.
De la inmortalidad al primer difunto.
De los proyectos -¡oh maravilla!- a los logros.
De los logros a los fracasos.
De la identidad de género al género trascendido.
De las seguridades impostadas a la conciencia de nuestra vulnerabilidad.
De la visión nuestras luces a la de nuestra fea sombra.
De la confianza indestructible al primer gran chasco.
De los desengaños a la sobria lucidez.
Del rigor al perdón.
Del perdón obsequioso a la humilde recuperación de la norma.
Del optimismo confiado a la cautela.
De la amistad universal a la amistad selectiva.
De la ingenuidad al “guárdate de los falsos enmascarados”.
De las decepciones al aprendizaje de la decepción.
De los reinos de las luces a los claroscuros y la sombra.
De los proyectos ideales a las resistencias reales.
De las acciones erróneas a sus consecuencias dolorosas.
De la vida desbordante a la celebración sosegada de la vida.
Del valor arrogante al valor de tener miedo.
De conquistar un espacio a vivir exiliado.
De la desmesura a la vida proporcionada.
De la afirmación a la revisión y de la revisión a la contemplación.
De mandar a mandarnos obedecer –el arte más difícil-.
De la plena autonomía a la petición de ayuda.
De la lucha al amor y del amor a la lucha.
De la coraza a la exhibición de las entrañas.
De arrollar a maravillarse con un susurro.
De la enfermedad ocasional a convivir con las enfermedades.
Del futuro al presente y del presente inexorablemente al pasado.

La pérdida del pasado. Tradiciones y ligue.

Uno de los fenómenos que más marcan nuestras vidas, es la insustancialización del pasado, superado por el imaginario social individualista y horizontalizador de la globalización, arrasado por un hipercriticismo que deslegitima obsesivamente su herencia y , finalmente, barrido por un tsunami de consumo y nuevas tecnologías, que reduce la evocación del ayer a simple inspiración de modas pasajeras, sin más virtualidad que la de combatir con su cosquilleo el tedio que nos produce el presente perpetuo, romo y superficial, en el que vivimos.

Ha desaparecido de nuestras existencias el tiempo denso de la tradición y del rito[1], que actualiza el pasado a través de los actos y gestos compartidos por la comunidad, dotándolos de profunda significación.

La pérdida del ayer ha dejado a nuestros jóvenes desarmados, sin referentes para elaborar y organizar sus experiencias más cruciales. Quizás por ello, urge más que nunca enseñarles a dialogar de nuevo con el pasado -sobretodo con el pasado cíclico de las tradiciones y los ritos- y mostrarles su riqueza antropológica. En este momento crucial de pérdida de operatividad de los antiguos patrones de conducta, la necesidad de conocer cómo se han gestionado hasta ahora las pulsiones y los anhelos humanos es mayor que nunca. Hay que reabrir el baúl de la historia no tanto para recuperar o recrear los grandes relatos –la construcción de los estados, la lucha por la dignidad, el avance científico tecnológico, la destrucción del los equilibrios medioambientales..., etc.- , sino para algo mucho más modesto, pero también más urgente: para averiguar qué ingredientes inexcusables de una vida sabiamente humana hemos olvidado y nos conviene rescatar ahora. Estoy seguro de que el interés que despierta la novela histórica responde a esta intuición.

Cuestiones como la vivencia del tiempo, la relación con el dolor y la muerte, la búsqueda existencial de sentido, la noción de lo sagrado, la construcción de la identidad y de la intimidad, la experimentación de la sexualidad y el amor, la celebración de la vida, la articulación de la vida familiar, las relaciones de género, las formas de sociabilidad y sus perversiones, la secuenciación de la vida y el tránsito de una fase a otra, los imaginarios éticos, y otras muchas, son cuestiones relacionadas con el arte de vivir y que los manuales de historia raramente abordan. Deberían hacerlo. La historia siempre ha sido una mirada sobre aquello que más necesitamos del pasado.


A continuación, reproduzco un informe publicado en La Vanguardia del domingo 17 de junio de 2007, acerca de cómo ligan los jóvenes inmigrantes y que revela la tensión entre su pasado todavía rico y vivo, pero disfuncional, y un presente pobre y confuso en cuanto a pautas de conducta.


Dime cómo ligas y te diré de dónde eres

Los inmigrantes analizan las diferencias entre sus maneras de relacionarse.Las costumbres culturales para acercarse al otro son a veces una barrera a la hora de encontrar pareja y pueden provocar confusiones fruto del desconocimiento mutuo. Los inmigrantes valoran más el papel de los amigos y de la familia del futuro novio.



Milton, Susana y Max, peruanos de Barcelona, creen que en Catalunya el inicio de una,relación es más directo y frontal

MAITE GUTIÉRREZ. BARCELONA.



Ella le mira y le gusta lo que ve. Mientras aguanta su copa en el pub lanza una mirada a un chico. Él le responde con una media sonrisa en plan "sé lo que quieres y yo también lo quiero". Se atraen, pero, como él no se decide, ella pasa al ataque. Bueno, ella no, sus amigas. Tres veinteañeras se acercan hasta el hombre para sonsacarle información. Le preguntan si está comprometido, qué le parece la chica que le ha mirado, que si ella es muy buena persona, muy guapa... Hasta que él se cansa y espeta: "¡Parecéis crías de doce años!".Pero ni son crías ni padecen de inmadurez. "En mi país se liga así", explica Stephanie, una senegalesa de 27 años que llegó a Barcelona hace seis y que pasó por ese trance una noche saliendo de copas. Ella ha visto cómo las diferencias culturales se notan incluso en el arte del flirteo, "como mínimo, hasta que te adaptas a lo de aquí". Para los inmigrantes solteros recién llegados, las costumbres a la hora de acercarse al otro condicionan el inicio de la relación amorosa con los autóctonos y dan lugar a malentendidos. Jóvenes de cinco países explican a La Vanguardia las reglas no escritas de la seducción en sus lugares de origen y qué les ha sorprendido de la manera de hacer catalana.

SENEGAL, AMIGOS Y CELESTINOS .

Aquí, la actitud que tuvo Stephanie al querer conocer a un chico pasa por infantil, pero en Senegal es una de las fórmulas para buscar pareja. Omar Diatta, un estudiante de cine de 29 años, de Diembering (sur de Senegal), afirma que este comportamiento se debe a la importancia que se da al grupo en su país. "Es difícil generalizar, porque en las grandes ciudades se está copiando el método de ligue occidental, pero en mi región la utilización de intermediarios está muy extendida", dice.

"Los jóvenes van en grupos de amigos y familiares, de 10 personas por ejemplo, pero siempre hay dos o tres personas en las que más confías. Si una chica te gusta, o al revés, ellos se encargan de ir a tantear el terreno y preparar la cita, y eso va bien porque a veces da vergüenza hablar con una persona por primera vez y con los amigos alrededor es más fácil", asegura. Antes de que los dos queden, el grupo lleva a cabo una investigación exhaustiva sobre la potencial pareja. "Cuando le echas el ojo a alguien, primero tienes que averiguar cómo es, si se trata de una persona educada, si tiene pareja y, sobre todo, si es sociable, porque, como vivimos en grupo, es muy importante que acepte a tus amigos y tu familia", explica Omar.

De Catalunya le extraña que algunas parejas pasen de amigos y familiares si no se llevan bien con ellos. "Parece que si ellos dos están a gusto, lo demás no importa, y en mi región tienes que pensar en la comunidad en la que vives, es una relación menos individualista", afirma este futuro director de cine. También le sorprende que los problemas de pareja se queden ahí, en la pareja. "Aquí mucha gente no acepta que te inmiscuyas en su relación, pero en Senegal lo normal es que los amigos intercedan, qué digo normal, es que tienen la obligación moral de solucionarte el problema, incluso cuando hay cuernos tienen que gestionar la crisis", dice Omar. Sobre los rollos de una o más noches, afirma que eso en las zonas rurales no existe, "aunque en las ciudades grandes sí que es habitual". Tampoco triunfa mucho el ligue en discotecas o fiestas, "porque no te da tiempo a conocer a esa persona, todo es muy precipitado, ¿y si es novia de un primo lejano?". Cuando la investigación personal concluye y se consigue una cita no hay que esperar mucho para formalizar la relación: "Si quedas dos o tres veces, ya está, en cambio en Catalunya parece eterno: tienes que ir al cine, a tomar café..., Eso es porque antes no se han preocupado de averiguar cosas sobre esa persona".

PERÚ, A LA ESPERA DEL CORTEJO.

Según Max, Milton y Susana, tres peruanos que estudian en el Institut d'Educació Continua de la UPF -Max ya ha acabado sus estudios y trabaja-, en Catalunya existe un salto de intensidad en el inicio de las relaciones. Milton cree que aquí todo es "más frontal, directo y seco", algo que Susana no ve del todo mal, ya que en su país "a veces se dan demasiadas vueltas cuando te gusta alguien", aunque todo tiene su límite. Esta estudiante de Ciencias Políticas recuerda que lo que más le sorprendió cuando llegó, en enero, fue "la facilidad con la que los hombres te abordan, entras en algún local y por el pasillo ya te llaman, en Perú, en cambio hay un juego de ajedrez previo, un tanteo, se espera al cortejo". Max destaca que en España el tipo de relaciones es más homogéneo, pero en Perú "hay regiones muy diferenciadas entre sí, y
con hábitos distintos, desde la más occidental, en la costa, a la más tradicional, en el interior". Aunque los tres coinciden en que las mujeres de la selva tienen fama de ser "muy ardientes y lanzadas". Susana admite que es muy raro que una chica peruana dé el primer paso. "Eso haría sentir inseguro al hombre, hay mucho machismo", afirma. Como en Senegal, en Perú funciona el intercambio de información, "la gente se basa en círculos de amigos para ligar, en cambio aquí se va más a por todas". Aun así, pese a existir diferencias, creen que las dos culturas tienen mucho en común y que el hecho de ser sudamericanos es un punto a favor a la hora de ligar. "Aquí se nos considera muy cariñosos y tranquilos y creo que la gente busca algo así porque en general los catalanes se parecen bastante a los nórdicos", dice Susana, que no ha tenido problemas para relacionarse.

RUMANÍA, AL ESTILO CLÁSICO

Paseos por el parque agarrados de la mano, relaciones serias que duran para toda la vida, la aprobación de los padres siempre por delante... "En Rumania todo se hace de un modo más clásico", explica Anna Maria, una joven que llegó a Cerdanyola del Valles desde Bucarest con su familia hace ocho años, cuando ella tenía doce. En su país de origen los códigos de la seducción se convierten en reglas casi oficiales que, si se es buen chico, hay que seguir. "Allí todo está muy establecido y los jóvenes saben exactamente cómo comportarse, no como en España, donde hay mucha incertidumbre en cuanto a las relaciones". Para empezar, no existe el concepto de rollo, por eso no es de extrañar que, recién llegado a Cerdanyola, su hermano flipase, como ella dice, con la manera en que se relacionaban los jóvenes. "Nos quedamos alucínalos, no podíamos entender cómo la gente primero se besaba y luego se conocía". Según cuenta, aquellos que son "decentes" tienen dos formas de conseguir pareja en Rumanía: a través de amigos o en el centro de estudios. Y remata la explicación con algo que recuerda, otra vez, a la historia de Senegal y Perú: "Es que allí las referencias son muy importantes, no te acercarás a una persona si no sabes algo sobre ella". Lo del abordaje en la discoteca o en la calle está "muy mal visto, incluso se considera una falta de respeto hacia la chica". Además, el noviazgo se toma tan en serio que una pareja no rompe por cualquier cosa, "al contrario que aquí, en Rumania se lo piensan dos veces antes de estar con alguien y cuando se casan cuesta muchísimo divorciarse, a veces incluso los cuernos se perdonan". Ella ha elaborado su propia mezcla de culturas, y lleva dentro una parte de cada país: "Si me comparo con mis amigas catalanas, creo que soy muy clasicona, pero más liberal que los chicos de Rumania, aunque a veces pienso que para encontrar a un marido tendré que ir a Rumania".

COSTA DE MARFIL, SIN EROS

Definir las relaciones allí es "muy complejo", asegura Kader, un estudiante de Filosofía de 24 años que llegó a Barcelona hace pocos meses. "La religión o la ausencia de ella, las diferencias entre la ciudad y el campo y las tradiciones tribales determinan las relaciones de pareja", dice. En algunas zonas los matrimonios se conciertan y no existe espacio para la iniciativa propia. En cambio, donde hay más libertad "el ritual de seducción es muy similar al de aquí, con la diferencia de que allí no existe el concepto de amor romántico, de eros, que tienen los europeos, los contactos esporádicos con otras personas están más aceptados y en este sentido creo que Catalunya se parece bastante a África".

MARRUECOS, EN EL MERCADO

Ahmed, obrero de la construcción de 30 años que lleva diez en Cerdanyola, dice dar dos consejos a sus compatriotas solteros recién llegados: "No creáis que aquí las chicas son tan fáciles como cuentan y no tratéis de entablar conversación en un mercado o en plena calle". Cuando no se conciertan los matrimonios, este último método "se utiliza mucho para ligar allí, en cambio aquí parece que sólo te puedas acercar a alguien si sales por la noche". La actitud de las mujeres, dice, provoca que muchos compatriotas vuelvan a Marruecos para buscar mujer, "a algunos les parecen demasiado liberales y también vemos prejuicios hacia nosotros".»


[1] Aunque hay reacciones compensatorias. Desde hace poco, vivo en una población relativamente pequeña – Cardedeu – en la que se percibe la sana voluntad de mantener un ciclo anual de hitos y celebraciones –algunas muy recientes, otras realmente antiguas- y, lo cierto es que esta combinación de escala pequeña y vocación cíclico-festiva resulta eficaz. Sin embargo, en una gran ciudad como Barcelona –de donde procedo-, la multiplicidad de gentes, referentes, espacios y actividades producen un efecto de magma difuso y amorfo, que diluye cualquier intento de escenificar rituales compartidos y amenaza constantemente con convertirlos en irrelevantes e indiferentes.

jueves, junio 21, 2007

Qué les decimos a los adolescentes y jóvenes. Sobre las campañas institucionales.

Desde hace tiempo, me fijo en cómo se impreca a los adolescentes y jóvenes en las campañas institucionales y en el contenido de sus mensajes. El análisis de los requerimientos que se les dirige, debería permitirnos deducir qué es lo que nos preocupa de la juventud y, de paso, cuál es el retrato robot que se maneja de nuestros chicos y chicas.

Pues bien , a tenor de una primera exploración en “google”, daría la impresión de que los adultos estamos obsesionados con el ocio juvenil, y especialmente con ciertas conductas de riesgo asociadas a “la noche juvenil”, como el sexo imprudente, la conducción temeraria o el consumo de alcohol y de drogas.

Curiosamente, casi ninguna campaña se permite cuestionar o desprestigiar la pretensión de “vivir la noche”. Se opta por asumirlo como algo irreversible para, en cambio, postular angélicamente, hacerlo con prudencia, sin correr riesgos. Parece como si nadie quisiese asumir que vivir la noche está por definición asociado a las conductas de riesgo. Nadie cuestiona tampoco por qué la noche se ha convertido para los adolescentes en un territorio exclusivo, ajeno a los adultos y sus reglas, a la vez que en una experiencia transgresora ineludible, un rito periódico que les presiona y les constriñe.

En cuanto a los mensajes, en general se dirigen directamente a suscitar el miedo en el individuo, interpelándole personalmente con el anuncio de las futuras desgracias que les provocarán sus actuales conductas peligrosas (“El alcohol daña tu cuerpo y tu cerebro. El alcohol te destroza por partida doble”, “No consumes. Te consume”; “En tus relaciones sexuales, si no te proteges, ¿sabes quién actúa?", “Sexo con seso”, etc).

Se obvian las referencias moralistas a posibles valores compartidos, ni siquiera a una ética de mínimos. No se habla de conductas buenas o malas, responsables o irresponsables. El único valor que se invoca es el de la conservación de la propia vida. Aunque para ser justos, hay que reconocer que alguna campaña sí plantea la cuestión de la responsabilidad sobre el prójimo (“Noches sin, no eres tú sol@”, “Con las drogas, mejor no seguir adelante”) e incluso, algunas loables iniciativas han intentado dar otro sentido a la noche joven (“Sácale partido a la noche”, lema orientado a promover actividades alternativas como deporte o tallares nocturnos) o provocar el debate acerca de las formas de ocio ("Y tú, ¿qué opinas del ocio y el tiempo libre?"). Resulta original la campaña que bajo un reclamo “inverso” invita al joven a enfrentarse a su enmascaramiento de la realidad: “Este mensaje no va para ti. Porque nunca has amanecido en un parking. Ni te ha dado el bajón. Ni has pillado nunca. Ni has pagado 6 euros por una botella de agua. Ni tampoco has dicho un día es un día. ¿Por qué tú no te drogas, verdad?”.

Mención especial merece el estudio Jóvenes y sexo promovido (http://www.obrasocialcajamadrid.es/ObraSocial/os_cruce/0,0,70037_1322669_0_0,00.html) por
Caja Madrid y otras instituciones (2005) que, si bien no ha generado ninguna imprecación de campaña, ha tenido el acierto de caracterizar el comportamiento sexual de los jóvenes con una fórmula que ha hecho fortuna: “sexo: el estereotipo que obliga y el rito que identifica”(http://www.obrasocialcajamadrid.es/Ficheros/CMA/ficheros/OSSolidaridad_JovenSexopd.PDF). Según el citado estudio, que responde a una visión muy compartida de las conductas juveniles, todo apunta a que la iniciación sexual temprana ha pasado de estar estigmatizada a convertirse en un poderoso mecanismo de integración en el grupo, en el que el ocio se ha asocia al sexo ocasional, acompañado de alcohol y estimulantes. Pero este sexo ocasional, en el que no caben ni el compromiso ni la prudencia –arruinarían la celebración-, adquiere un significado muy especial para ellos y para ellas, porque sólo “haberlo hecho, haber cumplido y saber de qué se trata” les sitúa plenamente en su nueva etapa de la vida. El grupo desempeña un papel clave y es muy intensa la presión de los mandatos de género, según los cuáles "los chicos son y deben ser 'sexuales' y las chicas han de mostrarse atractivas y evitar ser rechazadas”. Cumplido el rito del encuentro sexual y de acuerdo con el guión estereotípico dominante, los chicos se relajarán del imperativo de “tener que demostrar” que son capaces de estar a la altura, conscientes, con todo, de que sus demostraciones seguirán suscitando admiración; mientras que las chicas ya no deberán demostrar que “pueden hacer”, aunque desde entonces se enfrentarán a un nuevo reto cargado de peligros y posibles frustraciones: desarrollar una relación más “de pareja”, que supere el simple encuentro sexual y que trascienda en una comunicación más completa.

Pero, sigamos con las campañas. Desde la perspectiva de género adoptada en el anterior análisis, también se ha dedicado una notable atención a la discriminación de las chicas (“la igualdad enriquece, la discriminación destruye”, “no hay libertad sin igualdad”). Sorprende, al respecto, que ningún responsable institucional haya mostrado sensibilidad ante un dato evidente: los chicos no están en la posición de dominio que tiende a asignárseles, sino más bien al contrario. Basta comprobar estadísticamente que son ellos los que obtienen peores resultados y los que más marginación padecen en el sistema escolar, sobre todo en la secundaria. Quizás esa ceguera explique torpezas misándricas como la de criminalizarles con la campaña “NO te lies con los Chicos Malos” (¿qué efecto produciría el enunciado en femenino?), todavía hoy impulsada por la “Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres”, que cuenta con respaldo institucional. Al menos, la campaña que ha impulsado la Generalitat de Catalunya es más sútil: “Talla els malos rotllos” , aunque también incurre en la misma estrategia criminalizadora, porque la imagen empleada sólo apunta a un género como causante del “mal rotllo”: el masculino. En otra campaña simplificadora dirigida a jóvenes se dice: “No seas complice de la violencia de género. Si maltratas... ¿te consideras más hombre?.”.







Otro frente de acción de los poderes públicos pasa por proteger a las jóvenes de los estragos del amor romántico. Se le considera culpable de provocar el desarme de las chicas frente a la violencia masculina, asumiendo que los chicos nunca padecen dependencia emocional de las chicas, ni son objeto de trato inapropiado por parte de ellas. Un análisis más sutil posiblemente priorizaría salvar de las exaltaciones románticas a determinados chicos para proteger de abusos a sus parejas o a ellos mismos. Pero, al parecer, el romanticismo es lisa y llanamente una estrategia al servicio del machismo.

El verdadero amor –en eso estamos de acuerdo- debería ser otra cosa: “no me ames tanto” en boca de una chica; “el amor no es la ostia”; “amar no duele”; “esto no es amor” –imagen de una mano masculina que tira de una mano femenina esposada a la suya-; “amor con sentido”; “¿Control? ¿Imposición? ¿Falsas promesas de cambio? ¿Celos infundados? ¿Violencia verbal? ¿Maltrato físico? Piénsalo”; “no lo consientas, no produzcas violencia; es un camino sin retorno”. A veces, se insinúa que la propia estructura familiar puede prestarse fácilmente a estos abusos ( “El león se aprovecha de su familia. El gallo maltrata a sus semejantes. La mantis asesina a su pareja. ¿Y tú? ¿Qué clase de animal eres…?.”). Curiosamente sólo he encontrado campaña que apunte directamente al machismo como causa de la violencia doméstica ("¡Cuidado! El machismo mata”).









Son abundantes las campañas centradas en el acoso escolar ( “orientados”; “Abre Tus Ojos”; “quítate la venda”; “La fuerza es el derecho de las bestias”; “tolerancia cero” “stop bullying”; “bullyng, quítate la venda” ) o el acoso homofóbico ( “todos pintamos” ).









Alguna campaña parece evidenciar la toma de conciencia del importante papel que desempeñan el consumo de los adolescentes y jóvenes. Con el lema "Da en la diana por tu seguridad" , la Red de Educación al Consumidor ha organizado una serie de acciones en muchos centros educativos para que los jóvenes conozcan y defiendan sus derechos como consumidores de determinados bienes.

Ocasionalmente también se han impulsado campañas destinadas a fomentar el compromiso público de los jóvenes. La más curiosa es la de la reciente Verruga Warren, que ''ataca'' a quienes sufren de problemáticas sociales y no se implican para subsanarlos. Sin duda, tan ingeniosa como políticamente incorrecta, esta campaña -quizás por ello- ha desaparecido de la red casi sin dejar rastro. El mensaje era simple: “Ojo con la Warren, la verruga. Es hora de tomar parte” y sólo resultaba efectivo viendo el vídeo (http://www.youtube.com/watch?v=clE_oNgwkT4).







Otra campaña similar, pero menos inconveniente, era la que promovía un nuevo portal de Internet destinado a la vivienda para jóvenes, utilizando como elemento motivador unas zapatillas deportivas: "Date un paseo y conócelas a fondo. Y si aún no tienes las tuyas, selecciona tu provincia y entérate dónde puedes encontrar las auténticas Keli Finders".








El ejecutivo comunitario también ha impulsado una campaña con el nombre “Primavera en Europa” para revertir “la falta de participación y de interés por la política entre los jóvenes”. El objetivo ha sido implicarles en el debate sobre sus aspiraciones para la UE a la vez que informales sobre las cuestiones comunitarias.

En cuanto al retrato robot del adolescente y joven que dibujan estas campañas es la de una chica o chico con una débil estructura de valores, individualista pero con una fuerte dependencia emocional del grupo de amigos/as, esclavo todavía de unos estereotipos de género sólo ligeramente reformulados, muy dócil a las modas, consumista, fácilmente manipulable y vulnerable, irreflexivo, impulsivo, cada vez más “friquizado”, social y políticamente pasivo, instalado en una adolescencia eterna, muy preocupado por su ocio y su presente inmediato, que vive sin pensar en las consecuencias de sus actos.

¿Son realmente así los jóvenes?. Si exploramos los últimos informes sobre la juventud de Javier Elzo (http://www.humanizar.es/formacion/revista/2005/may_jun/entrevista_001.htm ) o del INJUVE ( http://www.injuve.mtas.es/injuve/contenidos.item.action?id=409080779&menuId=1627100828 ), podemos concluir que es un diagnóstico más o menos acertado, al margen de ciertas obsesiones ideológicas. La cuestión es si las campañas han de aspirar sólo a constatar lo que hay sin cuestionarlo, buscando una conexión fácil y cortoplacista para evitar los peligros de bulto, o si han de tener más ambición, e intentar provocar transformaciones más profundas. Con un vuelo tan raso –sólo alguna se eleva ligeramente- yo les auguro unos pobres resultados, porque en realidad lo único que hacen es apuntalar lo que ya hay, al no ofrecer ninguna razón seria para cambiar de conducta.

Las admoniciones estrictamente individuales basadas en el miedo y la actitud conservadora ante la vida conectan poco con el joven, que desborda vida y si de algo está hambriento es de causas creíbles en las que invertir sus energías, de causas que les estimulen a dar lo mejor de si mismos, de tareas valiosas, inequívocamente buenas, por las que valga la pena luchar y que sean motivo de alegría profunda. Eso creo que no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la oferta de esos horizontes estimulantes, porque los adultos somos los primeros en desconfiar de su existencia.

Hemos optado por vivir conservadoramente en la incertidumbre, sin arriesgar, quemando nuestras energías en reinventar obsesivamente el ahora. Nos tapamos los ojos ante el dolor, la enfermedad y la muerte, refugiándonos en la fascinación del consumo –objetos, experiencias, apariencia, identidades, etc.- y los ensueños de la vitalidad perdurable. Pero, toda huida se revela vana, por más que nos empeñemos en autoengañarnos. Ellos lo leen en nuestros ojos. Ven la vacuidad de nuestra complacencia, la mueca amarga que hacemos pasar por alegría.

Pero, tarde o temprano tendremos que tomar de nuevo conciencia de nuestros límites. Y tendremos que volver a edificar precisamente sobre esa base, empezando por el dato más evidente: somos seres extremadamente vulnerables y mortales. Una condición que, pese a todo, nos brinda la oportunidad de dar sentido a nuestra existencia. ¿Cómo?. Como lo han hecho nuestros predecesores más admirables: identificando y reduciendo el dolor del mundo.

Hemos de conseguir abrir los ojos de nuestro jóvenes al dolor del prójimo y sensibilizarles ante la evidencia de nuestras precariedades compartidas. Ese es el único horizonte en el que cobran sentido pleno nuestras existencias, la verdadera celebración de la vida y el desgaste de las energías.

martes, junio 12, 2007

Pobres hombres

Un día escuché a una mujer insultar a su pareja diciéndole “eres un pobre hombre. Lo hizo con contundencia complaciente, regodeándose en las sílabas, como convencida de que con estas palabras inflingía un golpe demoledor y le precipitaba definitivamente hacia el abismo del desprecio. Se trata de lo que podríamos llamar “un insulto de género, quizás la opción más virulenta entre las que ofrece el arte del insulto, porque ataca directamente nuestra condición psicosexual, es decir, la entraña más íntima de nuestra identidad. En este caso, la masculinidad del agredido.

Posiblemente no exista mejor definición de lo que comúnmente se entiende por masculinidad que la se obtiene positivizando la expresión “pobre hombre”. Pero, como ya señaló Elizabeth Badinter, la masculinidad tradicional tiende a definirse en negativo: “un hombre deberá convencerse y convencer de que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual” (XY, La identidad masculina, Alianza Editorial, 1993, pág. 51), en definitiva –podríamos añadir-, de que no es “un pobre hombre”. Un "verdadero hombre" ha de ser fuerte, valiente, maduro, adulto, controlado, seguro, competente, autosuficiente, triunfador, macho, con éxito entre las mujeres... Lo contrario de un "pobre hombre" que es un ser débil, frágil, cobarde, inmaduro, veleidoso, fracasado, inseguro, torpe, pegajoso, cargante, criticón, murmurador, afeminado, sin atractivo...

Podríamos pensar que muchos hombres y mujeres han conseguido escapar ya de estos esquemas opresivos y nada funcionales, pero no debe ser tan cierto, porque todos somos conscientes del poder altamente vejatorio que sigue teniendo el insulto “eres un pobre hombre”. Tanto, que desacredita especialmente a quien lo emplea, porque implica una notable falta de compasión (además de un notable primitivismo en su visión de las identidades de género).

Pero, posiblemente nada nos cause más desazón que un hombre, que ha fracasado en todo y opta por autoaplicarse este insulto de género:

"Soy un pobre hombre"Enviado por ojoaislado el 26 mayo a 20:36.,

Estoy hecho un asco (sobretodo fisicamente), aunque mi vida es asquerosa en general. mi existencia transcurre pegado a la pantalla del ordenador, mis hobbies son el ordenador, mi vida y mis obras son el ordenador, por eso, porque no tengo vida disfruto viendo la vida de los demás. Soy un pobre hombre frustrado que no ha conseguido nada en la vida y que por eso me averguenzo de cómo soy y siempre estoy mintiendo y haciéndome pasar por otras personas. Como soy así nadie me quiere (nadie en la vida real), porque en mi vida virtual tengo muchos amig@s pero en realidad no saben cómo soy, ni la edad que tengo, ni a lo que me dedico (es decir, a nada, solo a usmear en la vida de los demás). Si supieran lo bajo, raro y lo malo que soy, nadie me hablaría tampoco aquí. Lo peor de todo es que me encuentro tan mal y soy tan triste, que disfruto viendo como sufren otras personas (me reconforta), me siento mejor con las desgracias ajenas y humillando a la gente, pero sobretodo a los que no me siguen el juego... Bueno, la verdad, es que diciendo esto me siento mejor. Creo que necesito ayuda profesional, un psiquiatra por lo menos, pero mi madre dice que eso son tonterias y que lo que necesito es un pico y una pala y una carretera que este en obras. Pero es que se está tan bien en mi cuarto a oscuras, solo y delante del ordenador y de la tele con el mando en la mano que no me veo de otra manera en mi mierda de vida. Gracias por leerme.

http://foro.enfemenino.com/forum/psycho1/__f13992_psycho1-Soy-un-pobre-hombre.html



En Japón, a los que se aíslan con su ordenador, tras sentirse fracasados se les denomina “hikimori”(HIKIKOMORI, LA NOVA GENERACIÓ PERDUDA, Carmen Montilla, Avui, 22/01/2006). Se trata de un trastorno de género, porque no se produce entre las chicas, sino entre los chicos, a los que se somete a un guión vital muy estricto y opresor con el objetivo de que consigan un elevado rendimiento académico y el éxito final tras una sucesión interminable de procesos selectivos. El fracaso es vivido como una vergüenza familiar. Generalmente, los jóvenes que se encierran en su habitación lo hacen tras un suspenso en un examen o a causa de una decepción amorosa, y pueden llegar hasta inusitados extremos de reclusión.

Pero, los hombre adultos establecidos tampoco escapan a estas dinámicas de enajenación y asilamiento, aunque adopten formas más sutiles. Precisamente en el Avui de hoy, Toni de la Torre i Carla Gràcia nos ofrecen la historia de “un pobre hombrejaponés, en su una nueva entrega de la serie “SI MARXÉS A FER LA VOLTA AL MON, VINDRIES AMB MI? (15)”:



Historia de hombres.S. SOMEKAWA. Avui, martes, 12 de junio del 2007. Traducción personal.




Nada más llegar a Tokio, tenemos la oportunidad de observar una de aquellas escenas socialmente descriptivas: el metro, repleto de gente, pero en absoluto silencio, porque no hay ni un solo pasajero despierto. Ya son las diez de la noche y todo el mundo vuelve de trabajar absolutamente destrozado, sin el menor ánimo de mantener los ojos abiertos. Delante nuestro, un hombre de unos cincuenta años parece rendido, su cabeza descansa sobre unos brazos perfectamente doblados sobre el pecho. Lleva una americana de color gris, como gris es su vida desde que se levanta hasta que se pone el sol. Cuando era un niño tenía sueños. Soñaba con hacerse samurai. Él habría querido servir a la gente de su pueblo, ayudarla y cumplir con éxito los más diversos encargos. Porque los samurais no se debían siempre al shogun, el señor guerrero, como aparece a las películas; generalmente eran un cuerpo de voluntarios que arreglaban los problemas de su pueblo, tanto si se trataba de reconstruir un puente que se había estropeado, como si había que hacer de escoltas de un comerciante que quería viajar al pueblo del lado y tenía miedo de los ladrones y bandoleros. Los samurais obedecían y ayudaban a sus vecinos, y esta, y no otra, es la base del honor que supone ser samurai: darse a los otros.

A CAMBIO, LOS VECINOS PAGABAN una pequeña cantidad que servía para sustentar los gastos de los samurais y del jyoutan, el lugar donde viven. Al final, lo más cerca que había estado de esta vida de honor y de servicio había sido leyendo manga en su habitación. Allí, ya en la adolescencia, se refugiaba de sus compañeros de clase (que se reían de él e intentaban dejarlo siempre en ridículo ante alguna chica) y del exigente sistema educativo japonés (que estimula la competitividad entre los alumnos aprobando a los mejores de la clase y suspendiendo el resto: o sea, en un examen sólo aprueban los 20 alumnos que tengan más buena nota). Lo hacía leyendo las aventuras del samurai Yoshitsune Matsumoto y maravillándose con su valentía.

PERO ÚNICAMENTE TENÍA QUE SERVIR a su empresa. Entró en cuanto acabó su carrera, gracias a los contactos de su padre, que trabajaba allí desde hacía veinte años. Al principio, se lo tomó con entusiasmo. Tenía ideas, quería hacer cosas, tenía la esperanza de hacer un mundo mejor. No es que desde una fábrica de confección de quimonos se pudiese hacer gran cosa, pero en aquella época a Kyosuke aún le quedaba empuje e ilusión. Se centró en llegar a ser un gestor brillante y no paraba de leer libros sobre dirección y administración de empresas, publicidad y relaciones internacionales. Él creía que el futuro de su empresa era la exportación, y cada atardecer, cuando volvía del trabajo a su pequeño piso de Ueno, estudiaba inglés hasta que se quedaba adormecido.

YA TENÍA TREINTA AÑOS, y su familia estaba ansiosa porque se casase y tuviese hijos. Cuando le engañaron para presentarle a la que sería su futura mujer, Kyosuke estaba enfadado y creía que era una pérdida de tiempo, pero al ver la sonrisa delicada y preciosa de la joven y su mirada dulce y tierna, cambió rápidamente de opinión. Se gustaron enseguida, y después del tiempo requerido para los preparativos de la ceremonia, se casaron. Pero lo que al principio era una convivencia feliz, poco a poco se fue apagando. Los sueños de él sobre la empresa pronto se deshicieron, cuando se dio cuenta de que nunca conseguiría el lugar de gestor y que debería quedarse como ayudante. Al menos, hasta que el señor Norita se jubilase. Porque en las empresas japonesas la lealtad y la voz de la experiencia es lo más valorado, y el señor Norita, con más de treinta años trabajando para la empresa, mantendría su lugar hasta el final. Y él, su asistente, no podía hacer nada más que esperar.

LAS HORAS DE TRABAJO se convirtieron en una agonía gris, repetitiva y rutinaria. De frustración. Cuando salía de trabajar y llegaba en casa, descubría que su mujer ya no le miraba como antes. Tenía los ojos tristes, alguna cosa que le decía que su amor ya se había desvanecido y que la culpa era de él. Y con los niños, que no paraban de marearlo, no sabía qué decir ni cómo desenvolverse delante suyo, porque nunca se había involucrado demasiado en sus cosas.

HUNDIDO EN SU TEDIO, cuando uno de sus compañeros de trabajo le invitó a tomar una copa a Shinjuku, no se negó. El alcohol le hizo olvidar y desinhibirse; y la compañía de las chicas de los locales de noche le hicieron recuperar la felicidad, ni que fuese por un momento, del tacto de la piel joven en sus manos. Comenzó a mentir a su mujer y a inventarse reuniones que no existían. Acababa pasando la noche en los hoteles cápsula. Y al día siguiente, con el diario sobre la mesa y un café en las manos, parecía un hombre normal que estaba haciendo tiempo, antes de ir a trabajar. Pero, si uno miraba al fondo de sus ojos encontraba un vacío mortal.


Leyendo este relato, supongo que a nadie se nos escapa que la exigencia de éxito no es específica del Japón y sigue estando universalmente asociada a la condición masculina, empobreciendo y condicionando la vida de muchos hombres. Al igual que Kyosuke, muchos hombres siguen empeñados afirmar su masculinidad persiguiendo ensueños de éxito en la vida externa, enajenándose cada vez más de su entornos íntimos, de su pareja, de sus hija e hijos, y de si mismos, para convertirse en lo que siempre han temido: unos supuestos “pobres hombresfracasados que buscan evadirse de esa constatación hiriente. A esos hombres habría que recordarles que su masculinidad no ha fracasado, sino un modelo de conducta injusto y opresor, que siempre están a tiempo de revisar. Dedicarse a esta causa vale la pena, porque acelerar los cambios en los patrones de género puede ahorrar mucho sufrimiento a la humanidad. Yo intento contribuir modestamente a esta empresa con este blog.


Por si nos quedan dudas, quizás el repertorio de trastornos psíquicos específicamente masculinos, catalogados por el psicólogo Luis Bonino -entre los que figuran los brotes de agresividad y violencia-, pueda convencernos de la urgencia de modificar el modelo hegemónico de masculinidad...


Malestares masculinos: Son problemáticas caracterizadas por la producción de sufrimiento psíquico y/o daño a sí mismo y por ser egodistónicas, es decir se viven como extrañas y molestas para el propio Yo. Podemos diferenciarlas en:

-Los trastornos por búsqueda imperativa del éxito y control, caracterizados por el hecho de que cualquiera de los valores derivados de las creencias de la masculinidad (trabajo, sexualidad, potencia económica o corporal, etc), pueden ser tomados obsesiva o adictivamente como camino para llegar a ser “todo” un hombre. Este camino provoca una sobrecarga psíquica que lleva a veces al daño corporal corporal intempestivo (infarto, por ejemplo).

-Los trastornos por sentimiento de fracaso viril, derivados de la percepción del no cumplimiento de algunos de los mandatos de la Nhg o de la pérdida de valores masculinos que se suponía poseer (especialmente ante disfunciones sexuales o desempleo). Estas experiencias son significadas desde la Lt/n.m como fracaso en la realización del ser (ser poco o nada hombre) con la herida narcisista y la sintomatología ansioso-depresiva o hiperreactiva consiguiente.

-Las patologías de la autosuficiencia con restricción emocional: derivadas de la valoración extrema de la autosuficiencia vital y la invulnerabilidad, y con los consecuentes déficits personales provocados por la negación de lo emocional y lo vincular. En ellas lo llamado autosuficiencia es en realidad pseudoautonomía. Son quizás los malestares masculinos más frecuentes: arritmicidad patológica, alexitimia, homofobia , dependencias a la pornografía o a la tecnología, intimofobia, parasitismo emocional de las mujeres, etc. (7,19,20)

-Los trastornos por sobreinvestimiento del cuerpo-máquina muscular : derivados de la hiperconsideracion del cuerpoenvoltura exterior” . En cambio, el cuerpo”interior” está desinvestido de consideración, con las consecuente desconexión sensitiva de una parte de sí. La vigorexia es un ejemplo muy actual de este trastorno , así como las sobrecargas o las corazas musculares y la falta de detección de alarmas corporales que impiden registrar signos precoces de enfermendad.

-Hipermasculinidades : son trastornos por “exceso” de masculinidad, en el que se desarrollan actitudes en los que hay una identificación infatuada y exhibicionista con valores masculinos, que se ostentan a través de comportamientos exageradamentemasculinos”, tales como despliegues de fuerza, , riesgo o agresividad, exceso en consumo de alcohol o drogas, hiperautosuficiencia, la hipersexuación o no respetar reglas. Son frecuentes en los adolescentes, quienes los realizan grupalmente a veces en contra de sus deseos para ser aceptados por sus pares, así como por varones en crisis vital. Surgen del malestar por una masculinidad en entredicho, a la que se intenta reasegurar con “estrategiasmasculinas. A veces conducen a abusos, aunque no sea su objetivo especifico.

-Las patologías de la perplejidad y trastornos de la masculinidad transicional: estas problemáticas surgen de la actual caída o puesta en cuestión de varios mitos de la masculinidad. Esto provoca en muchos varones que se sostenían en ellos, desconcierto y perplejidad, estancamiento del devenir vital o conflictos intra o intersubjetivos con los nuevos roles deseados/temidos. Entre ellas destacan el síndrome de “pérdida del norte” (18), las dificultades de conciliación vida laboral/vida familiar, la vergüenza del hombre progresista a mostrar sus cambios y la llamada crisis de la identidad masculina (que la mayoría de las veces no es tal, sino un reacomodo a la restricción de roles que el varón percibe, pero sin cuestionamiento de sus representaciones de sí).

-Los trastornos derivados de orientaciones sexuales no tradicionales: originados en la no aceptación inter o intrasubjetiva de orientaciones sexuales no heterosexuales que algunos varones asumen fácticamente (célibe, homo o bisexualidad) y que implican transgredir la actual creencia de masculinidad =heterosexualidad activa, con la angustia y el temor al rechazo consiguiente.

-La ausencia o el vaciamiento en la subjetividad de determinados características humanasproscriptas “ para los varones, y la acumulacion de heridas al orgullo masculino que todas estas problemáticas producen, generan muchas veces déficits o inhibiciones en el desarrollo personal, que a su vez, por la impotencia que producen, generan mas sufrimiento(19,20):

Trastornos por indiferencia a otr@s o a sí mismo

En ellos, la otra persona o el sí mismo, no son sujetos u objetos de amor, posesión o dominio, sino que no son generadores de interés vital o simplemente no existen. Estos trastornos son:

-Las patologías de la autosuficiencia indiferente o agresiva: relacionadas con las patologías por autosuficiencia con restricción emocional pero en las que las caracteriza no es la valoración narcisista del autoabastecerse sino el predominio de la indiferencia, la descalificación a las necesidades del otr@,). Entre ellas: el autocentramiento patológico, la insolidaridad con los próximos y los lejanos en lo doméstico o en lo social, el embarazo de la pareja con desimplicación de la propia responsabilidad o la violencia “porque sí” "(11) ( en la que no se apela a una causa sino al puro placer de dañar).

-Los trastornos por obediencia/rebeldía excesivas a la norma y jerarquía . Los varones tienden a tener representaciones de sí como autosuficientes , beligerantes y superiores a las mujeres. Sin embargo, en el plano funcional de la organización de su actuar tiene mucha predominancia el imperativo ¡subordinación y valor! (pero ya sin la prescripción del valor) derivado de la burocratización del ideal del soldado. Por eso, en la practica cotidiana de su vida, gran numero de varones se encuentran acomodados rígidamente en relaciones micro y macrosociales de sometimiento, aunque éstas sean muy injustas o poco saludables, y no son muchos los que, aunque sufran en ellas se rebelen . Sometidos a las pautas o jerarquías externas, la propia subjetividad se vuelve indiferente ante sí, sin realización de deseos personalizados o cuestionamientos transformadores, oculta tras los “roles” que se “debencumplir (y aquí tenemos la normopatía viril(19) que no presenta "síntomas" quejas, pero produce "aplanamiento" vital y frecuentes trastornos psicosomáticos, la sobreadaptación exitosa o la neurosis obsesiva), o se “deben” transgredir (y aquí incluimos a las sociopatías) aunque con modelos transgresivos masculinos hiperindividualistas.,


Abusos de poder y violencias: Malestares y maltratos masculinos

Bonino, Luis: Nuevas visiones de la masculinidad, Icaria. Barcelona, 2000.



Tras leerlo, resulta muy pertinente recordar aquel email-“pptanónimo de amplia circulación que decía:

— Por cada mujer fuerte cansada de aparentar debilidad, hay un hombre débil cansado de parecer fuerte.
— Por cada mujer cansada de tener que actuar como una tonta, hay un hombre agobiado por tener que aparentar saberlo todo.
— Por cada mujer cansada de ser calificada como "hembra emocional", hay un hombre a quien se le ha negado el derecho a llorar y a ser delicado.
— Por cada mujer catalogada como poco femenina cuando compite, hay un hombre obligado a competir para que no se dude de su masculinidad.
— Por cada mujer cansada de ser un objeto sexual, hay un hombre preocupado por su potencia sexual.
— Por cada mujer que se siente atada por sus hijos,
hay un hombre a quien le ha sido negado el placer de la paternidad.
— Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o a un salario
satisfactorio,
hay un hombre que debe asumir la responsabilidad económica de otro
ser humano.
— Por cada mujer que desconoce los mecanismos del automóvil, hay un hombre que no ha aprendido los secretos del arte de cocinar.
— Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación, hay un hombre que redescubre el camino hacia la libertad.



Me gusta especialmente, porque responsabiliza tanto a hombres como a mujeres del reto de cambiar los guiones de género. No puede cambiar un género, sino cambia a la par el otro.

lunes, junio 11, 2007

Morir rabiando, preparación postcristiana para la muerte

Morir rabiando

¿Por qué tengo que aceptar el dolor, la enfermedad, la muerte?
¿Quizás porque resistirse acrecienta el dolor ajeno y propio?

¿En eso ha quedado tanto confrontarme valientemente con la verdad...
en legitimar las virtudes de una anestesia oportuna?

¿No es más coherente protestar y rebelarse contra un destino odioso?
¿No es más auténtico morir rabiando cuando se nos arranca cruelmente la vida?

Dejadme mostrar mi desconsuelo cerval por la pérdida del bien más inequívoco.
Prefiero trasmitir a mis hijos el apego a la vida, antes que la conformidad con la muerte.

No me vengáis con chupinadas consoladoras.
¿Cómo queréis que me congratule con la disolución de mi ser en el cosmos?
¿En qué se queda mi conciencia personal, mi deteriorado yo egótico y narcisista?
¿Cómo pretendeéis que me desapegue de mi vida personal
y me suma sin resistencias en el cosmos infinito?

“Vive el presente”, me dices.
Pero, yo ni quiero, ni puedo vivir el presente negando el futuro.
El premio del ahora no me libra de la angustia de la muerte futura.

Sólo me consolaría otra vida en un más allá, en el que ya no confío.

¡Oh Creador? ¿Qué quieres de mí que ya ni siquiera me permites creer?
¿Por qué finalmente esta broma cruel, este abandono?

Sí, protestaré, sollozaré, rabiaré, aunque no me escuchéis
Y no será para haceros sufrir,
sino para honrar la vida y celebrar vuestra existencia.

Descargada la ira, exhalado el último gemido,
seguramente me desplomaré
y la muerte se apoderará de mí.





El niño ateo


CLARA SANCHIS MIRA

La Vanguardia, 25 de mayo de 2007

El niño de padres ateos no puede dormir porque ha empezado a pensar en la muerte. Aferrado a su oso, pide una explicación. En su ca-becita de siete años, la idea de su muerte y la de los suyos resulta in­abarcable. El padre le acaricia el pelo, recoloca las sábanas, echa ma­no de argumentos vagos, uy, no pienses en eso, ha dicho; el niño llo­ra. Si falta muchísimo, tesoro, eso está muy lejos. El niño no es tonto, ¿y eso cómo lo sabes? (no, no lo sa­be). Porque sí, porque lo sé (al me­nos darle seguridad). ¿Y entonces yo ya no estaré más, nunca más? (no hay palabras). ¿Ni tú? ¿Ni ma­má? Hijo, no sirve de nada que pensemos en eso. ¿Ni esta casa; ni este oso? Zarandea al oso. ¿Dónde estará este oso cuando yo no esté? El padre ye como el niño corre des­consolado hasta su estantería y co­ge todas las cosas que puede. ¿Y ya no veré más a este pato picudo? Ca­riño, es un hecho natural, dice, y le parece que ese pato le clava la mirada. ¿Y este boli de tinta invisible? ¿Dónde estará? ¿Dónde estaré yo? En el cielo, está a punto de decir de pronto, al borde de renunciar a sus principios educativos y laicos. En el cielo conmigo y con mamá y san­tas pascuas, tiene en el borde de la lengua, y siente envidia de los que son capaces de creer. Piensa en las veces que ha bromeado con su hijo sobre el cielo y los ángeles, y si no tenía que haber dejado una puerta abierta en su cabecita hacia alguna posibilidad menos racional. Pero se contiene, lo abraza y se decide a echar mano de algo así como la teo­ría de la reencarnación, que al me­nos le parece inofensivo, más poéti­co y nada católico. Cuando nos mo­rimos, bueno, a lo mejor seguimos estando por ahí, a lo mejor nos transformamos en otro ser, ¿en­tiendes?, en un pajarito, o en un ár­bol. ¡¿En un árbol?! , grita el niño con los ojos muy abiertos, ¡pero yo no quiero ser un árbol, yo quiero ser siempre yo, papá! Y llora mu­cho más. El niño tiene razón. Al pa­dre le están entrando ganas de llo­rar y de que el niño lo consuele. El padre tampoco puede ahora mis­mo con la idea de la muerte, y mu­cho menos con la de su hijo, y hace rato que se le pasan por la cabeza certezas atroces que trata de apar­tar. Pero el niño le está arañando el hombro; ¿y de qué me sirve que tú seas un pajarito? ¿De qué me sirve que tú seas tú, si no eres tú? Hijo, es que pensar en la muerte sólo nos hace sufrir. Y una inmensa nada se le aparece delante. Pero yo no me quiero morir nunca, papá. El pa­dre está hecho polvo. Y empieza a hablar de física cuántica, aunque no tenga ni idea de física cuántica. Verás, hijo, hay una cosa que es la física cuántica, que dice que a lo mejor, ahora, tú y yo, estamos aquí y en millones de sitios a la vez, y que este segundo que está pasando, en realidad no está pasando, o está pasando infinitas veces, en el uni­verso, o algo así, ¿entiendes? ¿Eso es científico?, pregunta el niño (al niño siempre le ha interesado lo científico). Bueno, sí, y viene a de­cir algo así como que esto es real sólo porque a nosotros nos lo pare­ce, y entonces podemos pensar que también la muerte sólo es real por­que a nosotros nos da esa sensa­ción, o algo así. El niño se acurruca entre las sábanas. Vete a saber qué somos en el universo. El niño respi­ra y se va durmiendo, con esa facili­dad que tiene él para pasar de una cosa a otra. El padre le quita de la mano el boli de tinta invisible y vuelve a su habitación con su in­mensa nada delante de los ojos. Po­niéndose el pijama, trata de imagi­narse a sí mismo como una nube de partículas elementales. O como un grumo incierto. Eso le alivia. Lo que el niño aún no sabe, piensa, es que todo es incompleto.»




Cuerpos fortificados, mortalidad inmortal

También buscan este cuerpo divino
nuestros hombres y, más aún, nuestras mujeres,
nuestras nuevas santas,
pero un cuerpo divino sin Dios,
un cuerpo glorioso sin gloria y sin gracia,
sin el orden de la gracia que presagiaban

como promesa final de las antiguas beatas.
Ahora no hay encuentro, sino soledad
después de este vacío e inútil sacrificio,
sólo la lúgubre soledad del féretro.
(...)
Un corpus interruptus es lo que quieren,
una mortalidad inmortal, un cuerpo eterno
sin dormitar en la antesala de la Resurrección,
escamoteándose de la humedad del nicho
a la espera del Juicio Final,
quieren un cuerpo-reliquia
como el de los santos elegidos,
un cuerpo fortificado, invulnerable
a las arremetidas de la podredumbre,
un cuerpo inmutable
(noli me tangere)
como relatan fue el de Teresa de Ávila
cuando exhumaron en Alba su cadáver,
tras varios años oculto en la tierra
y lo hallaron con la carne fresca y enteriza,
con el color y la dulzura del dátil
y con un olor de azahar que inundó varios días
todos los rincones del convento.
Eso quieren los bárbaros sempiternamente jóvenes,
las eternas adolescentes que desvisten su inedia
del hermoso ropaje dorado de lo divino
para devenir en una abstinencia vana y estéril,
en una anorexia profana y escuálida,
sin futuro y sin trascendencia.¿Por qué, entonces, el ayuno,
esta perpetua cuaresma,
esta obsesión de hacer del propio cuerpo
una materia inmaterial, una materia prima,
un recinto vacío?
¿Es tan estrecha ahora la vida
que sólo necesita una talla S?
¿Tal vez buscan estas jóvenes
la levedad del aire, la libertad del vuelo,
el éxtasis místico de fundirse en la nada,
el ansia pánica y divina de ser nada
para ser siempre y serlo todo?
¡Ay, las nuevas santas anoréxicas!

De Los nuevos bárbaros
Poema de Mercedes Gómez Blesa.

jueves, junio 07, 2007

Para que un menor no reincida, ¡lo primero es que sea consciente de lo que ha hecho!

Hoy en "La Contra" de La Vanguardia, el juez de menores Emilio Calatayud insiste en la importancia de que los chicos tomen conciencia de las consecuencias de sus actos. Me pregunto hasta qué punto el sistema educativo favorece la consecución de este objetivo básico. Aunque el juez, por supuesto, nos habla de situaciones extremas con causas no simplificables, creo que sus reflexiones y propuestas podrían ser muy útiles en el medio escolar y familiar.

Día tras día, constato la incapacidad de los alumnos para aceptar la relación entre sus acciones y los resultados que obtienen. Parten de la premisa irreal de que todo es negociable, aplazable, rebajable, perdonable, obviable, etc. y lo cierto es que les funciona, porque los adultos cedemos. Pero, no creo que esas cesiones benévolas supongan para ellos nuevas optunidades -las facilidades son tantas y tan infinitas que nacen ya devaluadas-, porque les infantilizan y les impiden madurar, alimentando una autoestima narcisista que puede ser muy destructiva. El choque con la realidad de sus conductas inadecuadas y de sus aprendizajes deficientes debería ser muy nítido y tener efectos claros.

Deberíamos aprender a administrar y dosificar esas microfrustaciones tempranamente, darles herramientas para superarlas -sobre todo emocionales-, y no sobrevalorar lo que en sí no es valioso. Y creo que deberíamos castigar más, pero, eso sí, imaginativamente, intentando que las sanciones dieran a los chicos la oportunidad de activar sus mejores recursos emocionales, como hace el juez.

Por cierto, el juez Calatayud señala un fenómeno que hace tiempo se detecta en las aulas: muchas chicas imitan a los chicos antiescuela que buscan afirmación mediante las máscaras de la masculinidad tradicional, es decir, se "masculinizan", aunque esa observación requeriría más matices.


"Por no parecer fachas, los padres no ejercen"
VÍCTOR-M. AMELA - 07/06/2007
EMILIOCALATAYUD, JUEZ DE MENORES

Tengo 51 años. Soy manchego del Albaicín: nací en Ciudad Real y hace 23 años que vivo en Granada. Soy juez de menores. Estoy casado y tengo dos hijos, Emilio (21) y Alba (15). ¿Política? ¡Inconformista! Creo en Dios, soy católico poco practicante. ¿Afición? No hacer nada, y descansar. Publico ´Reflexiones de un juez de menores´ (Dauro)

- ¿Cuál ha sido su última sentencia?

- Ha sido para dos niños pijitos de 16 años que habían hecho unas gamberradas... Ellos esperaban que los condenase a un trabajito por escrito... ¡Ja! Los he enviado dos días a servir al comedor de indigentes.

- ¿Cómo son los menores que llegan a su juzgado?

- Antes la mayoría eran de familias marginadas. Ahora casi no hay diferencias por clases, me llegan muchos de familias de clase media y media alta.

- ¿Acusados de qué?

- Vandalismo, desórdenes públicos, conducir alcoholizados, lesiones, robos... También he juzgado 40 violaciones y 30 asesinatos.

- ¿A cuántos menores lleva juzgados?
- Soy juez de menores desde hace casi 20 años, a 600 casos por año..., ¡multiplique!

- Doce mil sentencias... cuya creatividad le ha dado fama: los condena a hacer cosas. - Lo único que hago es creerme la ley.

- ¿En qué sentido?

- La ley ofrece recursos a los jueces para que intentemos que el delincuente regrese a la comunidad de modo constructivo.

- No le gusta encerrar a los menores.

- Hay delitos en los que el internamiento es automático. Pero en los restantes... creo que hay modos más eficaces de apartar al menor de los comportamientos delictivos.

- ¿Por ejemplo? - Siempre tengo a un par de chicos lijando la fachada de mi juzgado... La voz se corre: hay menos pintadas ahora en Granada.

- Cuénteme alguna de sus sentencias. - La primera que llamó la atención, en 1990, la impuse a un chavalín de 14 años que robaba televisores y vídeos en grandes almacenes con gran pericia. ¡Todo un fenómeno!

- ¿Qué condena le impuso?

- Lo envié al reformatorio de San Miguel, y entonces me enteré de que no sabía leer, así que le dije: "Si aprendes a leer y escribir, te suelto". ¡Y a los dos meses había aprendido, el espabilado! Y le di libertad vigilada. - Quizá le ayudó a ser un ratero letrado... - El otro día un armario de 90 kilos y casi 30 años me abraza, me planta un beso en plena calle y me da las gracias. Lo reconocí: a los 16 años era un hijo puta..., y hoy es un fenómeno de la electricidad.

- ¿Se emociona, juez?

- Es como aquel pobre que desde chico recogía aceituna, sin escolarizar, sin saber leer ni sumar. Uno mayor le enredó para que robara material de una obra, y me llegó. "En seis meses te examinaré de leer, escribir y las tres reglas", le condené. Y con clases de apoyo... ¡no me salió un Cervantes, pero aprobó!

- ¿Qué otro tipo de sentencias dicta?

- A un chulito, maltratador de colegio, lo he enviado a servir el catering en un centro de paralíticos cerebrales. Según el caso, los envío por horas a ayudar en los comedores de indigentes, en la Cruz Roja, en los centros de Cáritas de viejecitos, en asociaciones de vecinos (a los que la lían en un barrio), al cuerpo de bomberos, a alistarse al ejército...

- ¿Más provechoso que estar encerrados?

- Tengo ahora a 900 menores en libertad vigilada. A los chicos de costa los coloco en grupos de asistencia a pateras en las que llegan menores. O a limpiar playas... - Eso será sólo en verano. - Es que tengo sentencias de temporada: en Navidades, a niñas que roban en grandes almacenes las tengo ayudando en campañas de recogida de juguetes para niños pobres.

- Arguménteme estas originales medidas.

- Para que un menor no reincida, ¡lo primero es que sea consciente de lo que ha hecho! Y de que vivimos en comunidad. ¡Estos servicios a la comunidad les ayudan a entender!

- Acumulará mil anécdotas...

- Tengo a uno de mis chorizos condenado a servir durante 50 horas en las oficinas de una asociación de mujeres tetrapléjicas. Les arregla cosas, les hace recados... ¡Ahora esas mujeres acaban de publicar una carta en la prensa, rogándome públicamente que le baje la condena, que es muy buen chico, ja, ja...!

- Les llama usted "mis chorizos"...

- He juzgado a choricillos de la edad de mis hijos. ¡Eso influye...! Al marginado le ayudo a estudiar y a sacarse el graduado escolar; y al pijito, a servir a los demás. ¡Ah, y tengo a muchos en la limpieza del botellón!

- Granada tiene fama de botellonera...

- Sí. Les condeno a levantarse a las siete de la mañana, y ¡a limpiar plazas y calles!

- ¿Tiene a tantos chicos como chicas?

- La chica se ha masculinizado, en el sentido agresivo del término: hace 20 años me llegaba un 7% de chicas..., y ahora es ya un 20%. ¡Y en maltratos, ya casi hay paridad! - ¿A qué tipo de maltratos se refiere?

- Maltratos de los hijos a los padres. Chantajes, coacciones, golpes... Son los casos que más veo aumentar, semana a semana... - ¿No le parece espantoso?

- Los padres tienen poca autoridad a ojos de los hijos. Los hijos ya no les respetan. Y muchos padres, desesperados, tienen que denunciar a sus propios hijos por malos tratos.

- ¿Cómo se llega a tan horrible situación? - Fácil: dé al niño todo lo que pide, no le obligue a nada en casa, no le afee malas conductas, desautorice a sus profesores... - ¡Fallos de los padres, por lo tanto!

- Sí: por miedo a parecer fachas, muchos padres no se han atrevido a poner límites a sus hijos. Y queriendo ser sus colegas... ¡les han dejado huérfanos!

- ¿Mejor volver al ordeno y mando?

- Un niño necesita padres, y un padre es alguien que marca límites, que dice: "Hijo, te quiero mucho y por eso ahora te digo NO".

- ¿Usted lo ha hecho así?

- Con peloteras, sí..., pero ejerzo de padre.

martes, junio 05, 2007

El test House y la masculinidad tradicional

Sin duda, el test House permite identificar muchas de las conductas y actitudes asociadas a la masculinidad tradicional. Pruebe a autoevaluarse.

Test House. Lo que jamás deben ser los jefes

VIRGINIA RÓDENAS Abc, 31-3-2007


Contemplarse en el espejo de sus errores. Ese es el objetivo que persiguen los entrenadores personales para el desarrollo del talento o «coach» que han encontrado en el incorregible Gregory House una mina. Si Alejandro Magno con ayuda de su «coach» Aristóteles -el primer preparador de la historia de un «gran ejecutivo»- fue capaz de dominar el 90 por ciento del mundo conocido, reconocer por el nombre a 10.000 de sus soldados y ser «acero flexible en una edad de hierro», tal vez no habría sucumbido a la vanidad que provocó las sombras en la cima de su gloria si hubiera tenido el cristal ideado por Eurotalent para corregir sus veleidades. Juan Carlos Cubeiro, director de esta empresa que lidera en España el «coaching» individual y de equipo, explica que «con esta herramienta, el ser humano, a cualquier edad, puede cambiar y mejorar en lo que se proponga. si quiere. La última técnica que utilizamos para detectar qué comportamientos debe cambiar el jefe voluntariamente es un cuestionario de 21 preguntas que hemos llamado "Cuestionario House", ya que el popular doctor de la tele posee todos y cada uno de esos hábitos autodestructivos: Es el paradigma de un hombre muy inteligente (resuelve lo que se propone), pero con una casi absoluta falta de inteligencia emocional. Y es que la mayor parte de los directivos ascienden por su preparación técnica, por su inteligencia lógica, en la que destaca House, y suelen fracasar por incapacidad para trabajar en equipo y falta de sensibilidad por los demás, precisamente de lo que House adolece».

Lo que consigue la herramienta ideada por Eurotalent -que cuenta entre sus clientes a ejecutivos de multinacionales como Telefónica, entidades financieras como BBVA o Caja España, empresas del calibre de Grupo Leche Pascual, Nestlé o Bimbo, Iberdrola, Gas Natural, Unión Fenosa, ACS o Globomedia, farmacéuticas como Pfizer o Merck, además de sindicatos, ayuntamientos, escuelas de negocios, universidades, colegios profesionales y administración del Estado-, es que el directivo encuentre entre siete bloques de tres preguntas cada uno de los comportamientos prioritarios que debe cambiar si no quiere sucumbir.

IRA

Los tres primeros casos que se plantean son:

1. «Pierdo el control en las situaciones que me sacan de quicio».
2. «Utilizo la visceralidad como forma habitual de dirigir».
3. «Mato al mensajero de manera frecuente».


Son conductas ligadas a la ira, «a una excitación excesiva ante la adversidad. Es muy importante -apostilla Cubeiro- que el jefe posea gran energía, pero no tanto que la canalice, cuando las cosas no salen como el quiere, hacia el enfado descontrolado. Confucio enseñaba a sus discípulos que "quien domina su ira, domina a su peor enemigo". Ese humor de perros es muy propio de House. Es un auténtico borde que trata a todos con un cabreo continuo. Por ejemplo, cuando una vez el doctor Foreman le pregunta por qué le pincha de esa manera y le añade que cada semana va empeorando, House responde: "¿De veras? Eso descarta el racismo. Eras igual de negro la semana pasada"».

SOBERBIA

Las tres situaciones siguientes a desechar según esta técnica son:

4. «Añado un comentario personal en cualquier discusión o aportación de otro».
5. «Le digo constantemente al mundo lo listo que soy».
6. «Jamás practico el reconocimiento a los colegas y colaboradores».


Según el test House, «son ejemplos de soberbia, una estima sobrepasada que busca la atención constante». Por eso dice Cubeiro que «conviene recordar al directivo, por mucho éxito que tenga, que es mortal; que sea humilde y humano. Sin embargo, es frecuente esa necesidad en el ejecutivo de poner siempre la guinda, de quedar por encima, de brillar constantemente, de demostrar que es el jefe. Como House. En una ocasión el famoso doctor le dice a su colaborador: «Resulta que tus opiniones no dan resultados. Te aconsejo que uses las mías».

ENVIDIA

El tercer bloque está formado por:

7. «Evalúo constantemente a los demás».
8. «Le explico a los demás por qué no funcionan sus sugerencias» (negatividad).
9 «No expreso gratitud en ningún momento».



Son variantes de una sutil envidia, el rencor o tristeza por las cualidades del otro, como certifica el cuestionario. «En un equipo de alto rendimiento -explica el director de Eurotalent (www.eurotalent.es)- los logros son de todos, pero desgraciadamente eso no es tan común. Napoleón decía que "la envidia es una declaración de inferioridad". House es el rey de los prejuicios (racista, misógino y clasista) y utiliza las reuniones con su equipo para mostrar que él es el más brillante. Por eso cuando uno de ellos alaba a un colega que lucha contra la tuberculosis en el continente africano, House le responde: "Ni siquiera es un médico de verdad; es un telemaratón con patas».

LUJURIA

El cuarto bloque corresponde a:

10. «Quiero ganar a toda costa, aun machacando al otro».
11. «Hago comentarios despectivos, abusando del sarcasmo».
12. «No escucho apenas a los demás».


Son tentaciones de lujuria entendida como falta de respeto. «House abusa del sarcasmo, lo que encontramos divertido en la serie, pero sería hiriente en la realidad. Por ejemplo -recuerda Cubeiro- cuando le dice a una paciente que está embarazada y ella responde que hace años que no se acuesta con nadie él le espeta "pues monte una religión". House se ha puesto una coraza emocional y jamás escucha con atención (además, ¿para qué escuchar si él piensa que todo el mundo miente)».

AVARICIA

El quinto bloque incluye hábitos cómo:

13. «Oculto información para parecer más importante».
14. «Empiezo cada comentario con un no o un pero (porque yo soy el que tiene siempre la razón)».
15. «Me apunto siempre los tantos de los demás (el robamedallas)».


Sin duda, son sutiles variantes de la avaricia, «un deseo desordenado de posesiones (no sólo dinero, sino información, logros, resultados). Gandhi -advierte el "coach"- dijo que "en la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la codicia de algunos". House es avaricioso en acapararlo todo, especialmente el ingenio. Por ejemplo, una estudiante le dice: "¡Está leyendo un cómic!", y House le responde: "Y tú, enseñando las tetas con ese top tan ajustado. Oh, lo siento -añade-. Creí que era un concurso de obviedades. Soy muy competitivo».
GULA
El sexto bloque del test responde a hábitos perniciosos como:


16. «Me obsesiono con alcanzar los objetivos constantemente».
17. «Abuso de filias y fobias» (estás conmigo o contra mí).
18. «No asumo jamás la culpa de mis errores».


Para Eurotalent, son nuevas formas de gula, «deseo desordenado de comer no sólo ligado al alimento o bebida, sino a los objetivos, las relaciones o los fallos. Fernando Savater ha escrito que "la gula se convierte en pecado cuando ofende al derecho o las expectativas del otro al comer lo de los demás, acaparar y dejarlo con poco o nada". Y House es un obseso del triunfo, hasta el punto de que su amigo el oncólogo doctor Wilson considera que mientras "la mayoría de los médicos tienen el complejo del Mesías porque creen que están destinados a salvar el mundo, tú tienes complejo de Rubik, o sea, que crees que estás destinado a resolver cualquier rompecabezas».

PEREZA

Finalmente, hábitos como:

19. «Pienso que soy como soy y ya no puedo cambiar».
20. «Me excuso o justifico constantemente».
21. «Añoro el pasado, esperando que vuelva»


son tentaciones de la pereza. Porque, «para qué mejorar si uno es como es, piensan los directivos perezosos al cambio -explica el entrenador-. House es un maestro en creer que el tiempo no cura nada, y cualquier tiempo pasado fue mejor. Su jefa le reprocha: "Lo que ocurrió en tu última relación no es razón para que te alejes de los demás para siempre. Cinco años de autocompasión son suficientes". Y cuando House le dice a su colaboradora la doctora Cameron, "vives con la ilusión de arreglar cuanto no es perfecto", ella le responde "y tú vives con la ilusión de que nunca podrás arreglarlo"».

En definitiva, como apostilla este «coach» acostumbrado a hacer de «Pepito Grillo» con los principales espadas de las empresas españolas, «la inteligencia social (relativa a las interrelaciones con los demás) puede desarrollarse a través del "coaching" -cuya rentabilidad es del 600% del tiempo y honorarios invertidos, según la consultora Manchester INC.-, consiguiendo que los directivos sean más valientes, optimistas, autocontrolados, entiendan mejor a los otros y comuniquen con mayor efectividad. House, el nuevo Sherlock Holmes, es admirado por su inteligencia y capacidad de resolver problemas complejos; pero, como jefe, es un ser lamentable que tiene mucho que mejorar».

Chicos: los grandes excluidos de las políticas de género en el sistema escolar

Hace ya mucho tiempo que algunos profesores de secundaria advertimos que nos son las chicas sino los chicos quienes salen peor parados del actual sistema escolar. No hay más que revisar las estadísticas. Ellos y no ellas son los perdedores. Pero, pese a la elocuencia de los datos, pocos reparan en esta cuestión, porque las políticas de género parecen sólo concebidas para las chicas.

Ellos son ahora los grandes olvidados y excluidos. Peor aún -y sé que son palabras duras-, los grandes repudiados. ¿Por qué lo digo?. Porque hemos acabado armando un dispositivo que responde aceptablemente a los ritmos de maduración de las chicas y fomenta entre ellas la conciencia de dignidad de su género –son muchos los mensajes que la escuela actualmente les dirige específicamente-, pero que ignora o mira con recelo la explosión adolescente masculina, sobre todos la de aquellos chicos que siguen atrapados en los patrones de conducta de la masculinidad tradicional. Y todo eso ocurre en una etapa en la que de forma natural se exacerba la polarización sexual, lo que sumado a la desatención institucional, genera en los chicos actitudes de automarginación -en el mejor de los casos-, o de hostilidad manifiesta - en el peor-, incluyendo una amplia gama de respuestas negativas intermedias.

¿Alguien ha reparado en la frecuente correlación entre las conductas virilistas y los bajos rendimientos escolares?. Blindarse bajo esa máscara es para muchos chicos una forma de autoprotección y a la vez de protesta frente a un sistema escolar que les resulta ajeno y hostil, porque ignora sus conflictos o los rechaza . La exacerbación de la masculinidad proporciona una identidad postiza, de préstamo, funcional y efectiva, sobre todo en la periferia escolar, en los espacios menos controlados (patios, pasillos, entorno exterior, barrio, etc.), donde la agrupación en bandas suple la falta de “iguales” en los que encontrar calor, seguridad, comprensión y estímulos.

¿Se puede rescatar a esos chicos?. Es nuestra obligación. Debemos reaccionar cuánto antes frente al masculinismo escolar. Para ello, tendremos que mejorar nuestra comprensión de las crisis y tensiones que atraviesan ahora nuestros adolescentes y deberemos aprender a ser receptivos ante sus necesidades, que seguramente no se traducirán en demandas explícitas porque los muchachos, si de algo carecen generalmente, es de competencias emocionales para identificar sus estados anímicos y para pedir ayuda.

El objetivo es mostrarles que sus conductas revelan algo muy respetable (la necesidad de comprensión y aceptación, de respaldo, de seguridad, de identidad, de afirmación, de realización), pero que muchas veces son injustas, perjudiciales (dañan a otros/as y les dañan a ellos mismos) y además con nulas posibilidades de abrirse en camino en el mundo adulto, que ya no admite semejantes posturas.

Se trata de enseñarles a canalizar sus energías de formas positivas, asertivas, creativas, dignas, sensibles, empáticas, prosociales; de enseñarles a conocer sus sentimientos, a identificarlos y atenderlos, pidiendo ayuda cuando convenga. Se trata de ofrecerles ámbitos de realización donde sus energías puedan encontrar sentido, valoración y recompensas. Se trata de enseñarles que la fortaleza se demuestra en el autocontrol, en la autoexigencia, en la ayuda la prójimo, de enseñarles que la verdadera fuente de autoestima es actuar bien.



En España, mejor niña, Andrés Ortega http://www.fp-es.org/dic_ene_2006/story_12_1.asp


Estimad@s lector@s, si pudieran elegir, ¿dónde les gustaría nacer y pasar su infancia? Es una pregunta simple, pero la respuesta puede ser más compleja. Según relata el sociólogo americano Richard A. Shweder, cuando le planteó esta pregunta hace 35 años a Margaret Mead, la respuesta de la famosa antropóloga fue: "Depende de si fuera niño o niña". Como chico, Mead habría preferido nacer en Inglaterra en la clase adinerada y que le enviaran a una de esas escuelas privadas de renombre, lejos de su madre. De ser chica, en Estados Unidos, entonces en plena efervescencia del movimiento de liberación de la mujer. Para Shweder, no hay un único mejor lugar en el que nacer y ser educado, tanto para los niños como para las niñas...


En España, un buen país para nacer y crecer porque la educación escolar y los servicios básicos sanitarios y otros están garantizados, no es lo mismo hacerlo como hijo o hija de padres españoles y blancos que como descendiente de inmigrantes. El color de la piel pesa -y más cuanto más oscura sea ésta-, aunque cada vez tiene menos importancia en los países que llevan tiempo de mezcolanza. Como en todo Occidente, y en particular en EE UU, aquí también los hijos de asiáticos salen adelante con éxito. En todo caso, en general, las chicas sacan ventaja a los chicos en sus resultados académicos.

Hoy, en España, sería mejor nacer mujer. Ya es algo. Aunque para ellas mejor Noruega, donde la ley les reserva el 40% de los puestos de los consejos de administración.

domingo, junio 03, 2007

Pantojismo




En una alarde de inspiración, nuestra top queer nacional, Beatriz Preciado, nos propone a Isabel Pantoja como mejor exponente de alguien que se ha performado, asumiendo los rasgos más extremos de una femeneidad artificiosa con base en el folclorismo y la tradición. Su equivalente masculino en la ficción sería Curro Jiménez. ¿Y en la realidad?. Porpongo con todo respeto a Eduardo Zaplana, porque Julián Muñoz parece que no acaba de dar el tipo.





El `pantojismo´ entra en la universidad
Isabel Pantoja centra un taller sobre identidad sexual.

El Periódico de Aragón, 23/05/2007 JULIA CAMACHO

Las malas compañías condujeron a Isabel Pantoja a los tribunales, y su azarosa vida la lleva ahora hasta la Universidad. La folclórica, un ejemplo de mujer racial para algunos, protagoniza estos días un taller organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en Sevilla, en el que, junto a seminarios y conferencias, se analiza la construcción de la identidad de género y la identidad sexual, tomando a Pantoja como modelo de feminidad.

El taller de pantojismo se enmarca en el ciclo Crítica queer. Narrativas disidentes e invención de subjetividad y está alentado por el movimiento teórico y filosófico del mismo nombre surgido en los 90 en EEUU. Su objetivo es hacer una revisión de los modelos sexuales dominantes en la narrativa y relacionarlos con otras narrativas minoritarias, como la feminista y la homosexual, para concluir que ambas forman parte de "un único y mismo dispositivo complejo de producción de identidades", según señala la directora del seminario, Beatriz Preciado.

Preciado, profesora de universidad en Francia y España y responsable del taller Tecnologías del Género en el Programa de Estudios Independientes del Macba en Barcelona, explica que los modelos sexuales, cuyas conductas "no son naturales sino aprendidos e incorporados", se pueden encontrar tanto en la literatura de Proust, "tendente a la homofobia", como en el folclore español representado por la Pantoja.

En este caso, el colectivo ExDones --responsable del taller-- trata de dar una "vuelta de tuerca" más a esos modelos. "Hay hombres que se performan de mujer y, por el contrario, mujeres que interpretan la masculinidad. Y, ahora, encontramos mujeres que interpretan esa feminidad excesiva". Un equivalente al macho racial que podemos encontrar en Curro Jiménez, y del que, según los organizadores, se puede sacar un provecho estético "determinando esas características femeninas, que se presupone que todas las mujeres deben conocer, y llevándolas al extremo".
"El pantojismo te permitirá reconciliarte con tu heroína de culebrón a través de la recreación paródica de lo peor que has hecho, que te hicieron o que deseaste hacer", afirman en la presentación de su performance el grupo artístico ExDones, que se autodefine como "un intento de regresar al activismo feminista desde un discurso cuestionador de género, sin atrincherarse en él".

El término pantojismo se eligió porque la cantante ha representado en los últimos años ese mito femenino, "tal vez exagerado y promovido por los medios de comunicación, de mujer víctima, siempre llorando, azotada por la vida al quedarse viuda con un niño de pocos meses y su mala suerte en el amor". Pero no se trata de un taller sobre la artista ni las últimas vicisitudes judiciales, sino sobre la "dimensión cultural de ese personaje de mujer víctima".

La cultura masculinista según Margarita Pisano

Margarita Pisano acusa el "Triunfo de la masculinidad": DESDE LA DERROTA

Por Andrea Lagos G

El título del último libro de la chilena Margarita Pisano "El triunfo de la masculinidad" pareciera escrito por un varón satisfecho de sí mismo. Pero no. Está pensado con la ironía de una mujer que se burla y critica las victorias conseguidas por su género que -según ella- no son más que pizcas de poder que la "cultura masculinista", espolvoreó sobre ellas. El lugar de "La Pisano" es estar fuera. Y desde ese lugar acusó a la familia "por reproducir el sistema", al amor romántico "por atontar la inteligencia" y a Gabriela Mistral "por su inconsecuencia" como mujer.

¿Por qué eligió hablar desde la derrota?

Llevamos más de cuatro mil años de luchas por tener un lugar. Esta historia invisibilizada como historia hace que siempre estemos reiniciando nuestros procesos. Por esta carencia estamos siempre en lo inmediato, que es mejorar la vida de las mujeres, sin darnos cuenta y repitiendo constantemente este inicio en las reivindicaciones que le pedimos al sistema. No generamos los lugares para salirnos de la masculinidad y crear desde la autonomía y la independencia un nuevo sistema civilizatorio. No creemos en nuestra propia historia. Por eso, sin asumir esta historia de derrotas, difícil es desconstruir de verdad la masculinidad para transitar hacia otra humanidad.

Finalmente, sucumbimos al poder. Hay muchas mujeres ocupando cargos públicos, caídas en el mismo sistema del que una vez renegaron ¿eso es perder?

El sistema nos instala y nos desinstala, siempre que le convenga. Hace y deshace con los patrones de ellos. Es una esclavitud evidente, porque aún estando en el sistema se mantiene el desprecio hacia nosotras.

¿Qué pasa con una cultura que no permite triunfos o siquiera un atisbo de lo femenino?

La femeneidad y la masculinidad siempre la analizamos como lugares sociales, simbólicos, valóricos en sí mismos. Están corporalizados en dos entes diferenciados biológicamente. Cuando la masculinidad armó su sistema simbólico instaló a la femeneidad dentro de sí, por lo tanto, este cuerpo simbólicamente femenino no tiene la posibilidad y la potencialidad de la igualdad. Hemos ido metiéndonos en las ideas de los varones. En la edad media luchamos por tener alma. Después de la Revolución Francesa, pretendimos la igualdad. Pero con esta sucesión de fracasos no hemos logrado mover ni un pelo la deshumanización del sistema imperante.

Siendo feminista, su postura provoca hasta a sus compañeras ¿de qué lado está usted?

Yo me sitúo fuera del sistema, estoy fuera de la masculinidad. A la mayoría de las feministas no les gusta el análisis que yo hago, pero mucho menos les gusta a los hombres. Ellas quieren calificar optimistamente el poco poder que gozan. Creen que están trabajando para las mujeres en general y en verdad están trabajando para los grupos de poder. El problema está en su profunda sumisión al sistema masculinista.


¿Por qué, Margarita, se lanza contra todo, incluso contra aquello que podría parecerle más cercano?

Es la única forma de crear otra humanidad. Cuando tienes verdadera crítica, cuando pretendes llegar a los núcleos, empiezas a tener esperanzas, porque te das cuenta que es modificable. Cuando te aventuras en la crítica te lanzas al fundamento de la vida que es crear. Abrir una ventana para respirar en una cultura que ya casi no respira, y no es una metáfora, es casi literal.

Usted decía que luchamos para que nos reconocieran que teníamos alma; que luchamos por la igualdad y ahora, nuestra lucha ¿será por el ingreso a las canchas de fútbol o a los lugares propios del otro género?

Siempre andamos detrás de los esquemas que valoriza la masculinidad. Ellos entienden la vida como una lucha y todo el poder de los hombres está basado en una contienda ganada o perdida. El fútbol es la guerra como dominio. Se admiran entre ellos, pueden hablar de fútbol tardes enteras en la televisión. Es su "guerrita" tras una pelota. Hay otras guerras paralelas a esa guerrita, matando en distintas partes del mundo. La contrapartida de la misoginia es el amor a los hombres: los hombres se aman a sí mismos aunque a veces sean enemigos, pero... ¡Ojo! Esa es una enemistad horizontal, porque respetan a su género. Los varones son de una misma "nación", las mujeres somos extranjeras.

¿Cuál es el lado amable de la tragedia?

Dentro del fracaso de nosotras, está el triunfo de no habernos sumado o haber resistido a esa cultura que hoy tiene al mundo en el desastre en el que está. Hay una deshumanización de la humanidad. Nadie es capaz de sostener con cierta dignidad el futuro de la vida. Cada vez respiramos más mal y vemos peor... No me gustaría ser catastrófica, pero más del 60% de la energía de los seres humanos se usa tanto para destruir como para destruirnos. La pulsión humana de la vida está herida y hay que sanarla.

¿Cómo sería una cultura de la mujer? ¿Más esperanzadora?

Jamás hay que pensar que una cultura de la mujer basada en la femeneidad y en la intuición va a ser mejor que ésta. Incluso puede ser mucho peor. Si una nación es gobernada por gente que no piensa y sólo intuye, francamente yo saldría arrancando despavorida. La intuición puede generar una crueldad enorme. La cultura de la que yo estoy hablando es un sistema de ideas pensadas desde un cuerpo ausente de la construcción actual. Es otro sistema de ideas, de valores distintos a los de la masculinidad. Tenemos que descubrir cuál es ese ser-simbólico-mujer y hacerlo nosotras, no los varones para nosotras ni nosotras con los varones.

¿Nos dominan?

Cuando instalas una lógica de superioridad, instalas una lógica de dominio. Si hay unos superiores deben haber unos inferiores. Ellos entienden la vida como una lucha total: tengo que dominar la naturaleza, a la mujer e incluso al cuerpo, porque la cabeza tiene el poder sobre los bajos instintos. Esa es la cultura masculinista, una cultura totalitaria y esencialista. Entiende la vida como una lucha donde te puedes ganar el cielo o el infierno. Tienen que dominar la vida, tienen que llegar hasta el final y ganarle al otro.

Ya les tocó a ellos ¿Qué cuentas le pasas ahora a la mujer?

Las mujeres, actualmente "femeninas" se creen las buenitas del mundo y las que saben amar más que nadie. Eso me pone muy nerviosa. Las mujeres lo único que quieren magnificar es el amor, así las educaron. Esa es la historia que nos reconoce el sistema. Eso no trae ni igualdad ni libertad. Ellas aman, pero ellos piensan.

En su libro le tira las orejas a las mujeres por la ignorancia históricas en temas propios de ellas ¿por qué no hay interés en leer a Simone de Beauvoir o la Rich?

Porque las mujeres no tenemos historia. Ningún hombre ignora su historia. Si le preguntas, cualquiera sabe quién es Sócrates y Platón. Hay una genealogía que los hace sentirse parte de la historia. Y las mujeres saben perfectamente de esos hombres que nos hicieron pedazos a nosotras y se aprenden sus nombres y las fechas en que dejaron la hecatombe. No hay ni uno de esos que no haya sembrado una misoginia. Nosotras somos extranjeras de esa cultura que nos maltrató y nos explotó. Sin embargo las mujeres siguen amando a esos hombres. Y no hay hombre que sea feminista.

La cultura oficial entiende a la familia como el "seno protector", pero usted la apedrea y más encima la acusa de ser reproductora del sistema social.

A la familia la acuso de todos lo males porque como núcleo básico de esta cultura deshumanizada, niega al individuo. Al contrario, tenemos que hacer una cultura basada en un individuo responsable y que entienda la vida no como una lucha. Existe un lazo consaguíneo que enfrenta a los González contra los Pérez y a los Pérez contra los González. Un hermano con otro hermano, se aman por su historia común. Pero otros dos hermanos, con idéntica historia, pueden odiarse a muerte. La sangre ahí no sirve para nada. Lo humanos no deben vincularse por la sangre. Los Kennedy y los Frei son clanes compuestos de sangre: eso es racismo y clasismo.

¿Qué pasa cuando la mujer se enamora de su reflejo?

Hasta que no pase verdaderamente eso seguirá el odio hacia las mujeres. El odio entre mujeres es tremendo, porque partes odiándote a ti misma. Las lesbianas se salen del destino de seguir amando a un hombre. Pero no basta con ser lesbiana, ni basta con ser mujer, hay que provocar una cultura de mujeres pensantes y actuantes. Tenemos que armar mundos ideológicos, pero sobretodo actuar consecuentemente.

¿En qué consiste ese acto consecuente?

La Gabriela Mistral, que era lesbiana ¿qué hizo por las mujeres? ¿y por las lesbianas? ¿dejó una casa para acogerlas? ¡nada! Lo único que hizo fue ganarse el premio Nobel, aunque ese premio no lo dan así no más. Por ejemplo a Adrian Rich la acaban de premiar en Estados Unidos y ella rechazó el premio de una sociedad y una cultura que está basada en el dominio. Eso es consecuencia.

fuente: http://www.mpisano.cl/index.htm

Alargamiento de penes, falos y masculinidades

El viernes 25 de mayo, apareció en El Periódico una noticia soprendente: Mick Jagger se había sometido a un tratamniento brutal para alargar su pene:

"Jagger se alargó el pene con picaduras de abeja"

No contento con el tamaño de su pene, Mick Jagger decidió alargárselo. Para ello recurrió a un método natural y doloroso que consiste en cubrir el pene con una caña de bambú e insertar abejas que ataquen al miembro y lo hagan crecer con la inflamación, un rito amazónico al que el cantante de los Rolling Stones se sometió en 1981, cuando pasó varios meses en la selva de Perú.

www.elperiodico.com, 25/05/2007

Ese mismo día comenzaba en la Cuatro una serie titulada La trilogía del pene: El pene más grande del mundo (vídeo: http://www.cuatro.com/multimedia/video.html?xref=20070524ctoultpro_14.Ves&view=baja). La información promocional lo anuncia así:

Llega a Cuatro uno de los últimos éxitos televisivos en el Reino Unido: 'La trilogía del pene', tres documentales que analizan los mitos, realidades e historias que hay detrás del miembro viril masculino desde un punto de vista científico.

El miembro del que los hombres se sienten más orgullosos, del que están más acomplejados o del que siempre piden más, será ampliamente analizado en 3 entregas: "El pene perfecto", donde sabremos qué es el ideal para hombres y mujeres, "El pene más grande del mundo" en el que podremos averiguar si el tamaño importa y "El hombre que perdió su pene", centrado en el caso de John Wayne Bobbitt, un ex marine al que su mujer le seccionó el pene en un arrebato de celos. Los tres documentales han sido emitidos en la televisión británica Channel 4 consiguiendo unos magníficos datos de audiencia. La emisión de "El pene más grande del mundo" obtuvo un 21% de share, alcanzando los 2,2 millones de espectadores. Por su parte, el protagonista de "El pene perfecto" ha creado una página web que ya cuenta con más de 50.000 suscriptores.

Episodio 1: El pene más grande del mundo

El tamaño importa, lo queramos o no, la sociedad premia a los hombres mejor dotados

Viernes 25 de junio a las 00.50h

El tamaño importa, lo queramos o no, la sociedad premia a los hombres mejor dotados. Visto como un signo de suficiencia, virilidad y masculinidad, aquellos afortunados de estar bien dotados son reconocidos por ambos sexos.

Pero a veces tener un pene grande puede suponer un problema. El documental recoge el testimonio de un hombre que dice tener el pene más grande del mundo, y que afirma que este regalo de la naturaleza tiene también su lado agridulce, y expone los problemas, ya que tener dicha longitud no es algo tan deseable como parece.

Vídeo:http://www.cuatro.com/multimedia/video.html?xref=20070524ctoultpro_12.Ves&view=baja

Episodio 2: El pene perfecto

En la actualidad el pene simboliza para muchos hombres tanto el poder sexual como social

Viernes 1 de junio a las 00:10h

En la actualidad el pene simboliza para muchos hombres tanto el poder sexual como social, convirtiéndolo en muchas ocasiones en el centro de su ser. Pero el deseo por conseguir el pene perfecto, puede convertirse en obsesión.

Este documental, producido por Channel 4, muestra cómo muchos hombres, en la búsqueda de la perfección, se han alargado su miembro de manera artificial con novedosos artilugios o con operaciones quirúrgicas. El programa recoge algunos de estos casos, como el de un joven acomplejado por tener un pene muy pequeño, el de otro cuyo trabajo depende de su físico o el caso del hombre que piensa que cuanto más grande, mejor.

Episodio 3: El hombre que perdió su pene

En 1993 un acto brutal garantizó a John Wayne Bobbitt una notoriedad que nunca se habría imaginado

Viernes 8 de junio

En 1993 un acto brutal garantizó a John Wayne Bobbitt una notoriedad que nunca se habría imaginado. Después de que agrediera sexualmente a su esposa Lorena, ésta le cortó el pene con un cuchillo de cocina. Esto convertiría al antiguo marine John Bobbitt en una celebridad. El caso de John dio la vuelta al mundo, lo que le llevó a desarrollar una breve carrera como actor porno, conductor de limusina para un burdel e incluso a pasar un periodo en la cárcel, siendo su juicio uno de los que ha despertado mayor expectación televisiva de la historia.

Doce años más tarde del brutal suceso, la directora Vicky Hamburger ha realizado este reportaje para mostrar lo que le pasó al hombre con el pene más famoso del mundo. El programa cuenta con el testimonio de la autora del suceso, su ex mujer Lorena Gallo, de los abogados de ambos y del propio John Bobbitt entre otros. Además cuenta con extractos del famoso juicio, y secuencias de algunas de sus películas.

Todo ello me ha hecho pensar en Eugene Monick y su teoría sobre el falo. En su obra Phallos-símbolo sagrado de la masculinidad (Paidós, 1994), el falo es concebido como “una fuerza originadora y como elemento primordial de la psiquis masculina” (entendiendo la psiquis al modo jungiano, es decir, en el sentido griego de alma, de parte de la experiencia humana que alcanza uno desde adentro y que interactúa con el mundo exterior, sin ser en ningún caso epifenómeno de este).

Los hombres son o han de ser “falos -dice Monick- , erección, nunca penes flácidos”. La masculinidad se constituye a partir de esta experiencia primigenia, fuente de un mundo interior esencial, que no guarda relación con el mundo externo ni es un producto social. Se trata de un mundo esencial sin historia, común a todos los hombres, pero que los trasciende. Este mundo transpersonal es la fuente de la cual emana la identidad masculina.

Monick comenta que este mundo no le era completamente ignorado antes de contemplar el falo paterno, pero que fue esa experiencia la que verdaderamente se lo reveló:

“Era un mundo que de alguna manera yo sabía que existía, pero hasta esa revelación no tenía ninguna imagen tangible que encarnara mi incipiente sentido interior (...) El y yo estábamos unidos dentro de una identidad masculina que tenía sus raíces más allá de ambos”.

Monick ha atribuido al falo una “naturaleza sagrada”, porque para un hombre “el falo porta la imagen divina interior de lo masculino”. De ahí que, según este autor, se pueda explicar que la disminución de nuestra masculinidad se iguale a la pérdida del órgano sexual masculino, mientras que la consecución de la virilidad se iguale a su uso activo.


Convertido en un “símbolo religioso y psicológico”, el falo “decide por su propia cuenta cuándo y con quién entrar en acción, independientemente de las decisiones del ego de su propietario-” Presentado como uno “arquetipo en su esencia”, los “hombres no pueden –por más que deseen lo contrario- hacer que el falo obedezca al ego. El falo tiene su propia mente”.

Así, este ente divinizado y autónomo, “gobernado por su propia ley o naturaleza interior” coloca el tema del origen de la identidad masculina fuera de cualquier explicación de origen cultural y lo ubica en este mundo-interior-transpersonal. Sin embargo, si la cultura juega un papel, en la perspectiva de Monick, se trata de un papel represivo y no genético: la cultura inhibe la “conducta fálica”.

Basado en su propia experiencia señala que antes de su “revelación” en la casa paterna: “El falo estaba reprimido en las estructuras culturales de mi socialización: educación, civismo, profesión. En este mundo no hay lugar para el falo como imagen divina; no le estaba permitido participar en la vida cotidiana”.

Según él, al igual que se evade culturalmente al falo “como imagen divina”, los hombres estarían ocultando “su látigo de autoridad y poder no exponiendo su sexualidad, sus genitales”.

Aun así, existiría un deseo masculino de participar en la cofradía masculina que venera esta imagen de dios. Eso se concretaría en rituales de pasaje como los existentes en Uganda, donde: “...la circuncisión masculina era motivo de una gran celebración tribal. La circuncisión ritual era la forma en que un niño se convertía en hombre, y convenía que el joven pasase la severa prueba sin retroceder ni acobardarse”. De manera consecuente con su postura esencialista , Monick parece encontrar en estos rituales no un procedimiento social para construir la masculinidad –como muchos proponen-, sino la manifestación inequívoca de que el mundo interno necesita salir de su letargo. Otros autores, también de inspiración jungüeana, comparten la idea que existen “estructuras profundas de la psique masculina” que tienen que ser desbloqueadas por rituales tribales homosocializadores.

En este caso serían el “patriarcado” y el “feminismo”, quienes habrían contribuido a generar este bloqueo o, en otros términos, en impedir una “conexión adecuada con las energías masculinas profundas e instintivas, con los potenciales de la masculinidad madura”.

Más información en “De ritos, fugas, corazas y otros artilugios:Teorías sobre el origen del hombre o de cómo se explica la génesis de la masculinidad” de Mauricio Menjívar Ochoa, www.ts.ucr.ac.cr/~historia/cuadernos/c-25his.htm

Masculinidades: vida mental

Uno de los aciertos de los análisis de la masculinidad hegemónica ha sido el de denunciar el discutible prestigio que los hombres tendemos a otorgar a la vida mental y a organizar nuestra existencia como una incesante e interminable consecución de objetivos. Tal es la reputación que concedemos a la razón y a su uso instrumental que planificamos el ocio con mentalidad empresarial (programación a largo plazo, optimización de recursos, balance de resultados, opciones de reinversión, etc.), es decir, como si fuera justo lo que no es: negocio . Es terrible ver como tus amigos/as, tus compañeros/as, o tus familiares enferman de este virus enajenante y empiezan a caminar junto a ti permantenemente agitados, con la mirada fija y sus almas abducidas. Las mujeres también caen presas de la misma enfermedad desde hace tiempo.

Con franqueza lo comenta Andrés Ibáñez, sincerándose a propósito de un repentino acceso de cansancio y alergia, que le ha postrado en la cama inesperadamente...

Tumbado en la cama, leo un poema de Robert Creely que se llama «Carne», y luego dejo el libro a un lado y me pongo a contemplar la habitación. Frente a mí hay un espejo que compramos en una tienda de muebles antiguos de Aguilar de Campoo. A mi izquierda, una ventana a través de la cual se ve la esquina de dos edificios y una antena de televisión. El cielo se ha puesto de un intenso color azul cobalto, y la luz del atardecer baña las paredes de los edificios transformándolos en sorprendentes prismas dorados. Los vencejos cruzan en el aire. Podría estar en Marrakech o en Srinagar.

Estoy en mi casa. Estoy donde estoy siempre. Solo que no estoy aquí siempre. En realidad, no estoy aquí nunca, porque nunca estoy así. Aquí, tumbado, mirando por la ventana, respirando, simplemente siendo, así no estoy nunca. Siento a mi alrededor la respiración infinitamente calma de los objetos, la presencia benéfica de mis muebles, mis amigos. La casa está vacía. Luego llegarán los niños. Luego habrá que hacer la cena? Pero antes de la cena hay mucho tiempo, tiempo para charlar, para dibujar con ellos? Además, hoy no tengo que trabajar. Este mismo artículo, en realidad, no lo estoy escribiendo todavía, sólo lo estoy soñando. Me doy cuenta de que nunca estoy simplemente siendo. Me he olvidado de simplemente vivir. Todo lo que hago todo el día tiene una dirección, una finalidad. Todo lo hago porque hay que hacerlo, y además hay que hacerlo pronto. Sucede que a menudo somos abducidos y pasamos meses o incluso años viviendo en una pequeña habitación del interior de nuestra mente. Hasta que un día viene ese viejo amigo, el cuerpo, y nos dice: «Espera, hay algo que habías olvidado?»

Abc de las artes, n. 800, 2-6-2007
http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=7247&dia=&sec=38

viernes, junio 01, 2007

Otras masculinidades

El género masculino y el femenino se configuran en sus diversas interrelaciones y ambos admiten infinitas formulaciones. Véase una muestra:

http://www.youtube.com/watch?v=yRmqZRPgK1w