Acabo de leer el artículo sobre la universidad de Miquel Caminal en El País y me pregunto en qué punto la futura Llei d'Educació de Catalunya. Últimamente llegan pocas noticias. No estaría mal revisar sus contenidos y orientación a la luz de las críticas que Caminal realiza sobre el ámbito universitario, ya saben... evaluación docente, autonomía, gestión eficaz y competitiva -profesionalizada-, excelencia, cuerpos docentes propios, máxima adecuación a las urgencias sociales -ahora además Educación y Asuntos Sociales forman parte del mismo ministerio- , etc., etc. Al final del camino todo acaba derivando en cuantifiación en lugar de evaluación, manipulación constante de los resultados, elusión de responsabilidades, reglamentismo de supervivencia, todavía mayor burocratización y jerarquización, individualismo voraz, docencia low cost, marqueting permanente, fraude y enmascaramiento creciente... Salvando las distancias, se pueden encontrar muchos puntos de contacto.
En la entrevista de la Contra de la Vanguardia de hoy, Raj Patel, analista del sistema alimentario mundial, explica que ahora en lugar de comprar alimentos compramos "productos" alimentarios... Abonos sintéticos. Insecticidas sintéticos. Fungicidas sintéticos. Pesticidas sintéticos. Plaguicidas sintéticos. Tratamientos químicos para que la fruta madure de golpe y poder recogerla a la vez, minimizando costes. Tratamientos químicos para lustrar frutas y que tengan aspecto rutilante? Sin hablar de la ingeniería genética para crear variedades ¡en función de su buen aspecto! *¿Y el sabor, qué? * Ah, eso no importa nada de nada. Sabor y valor nutricional se sacrifican. El "producto", que entre por la vista y viaje bien. También encuentro muchos puntos de contacto.
La sumisión de la Universidad pública, de Miquel Caminal en El País de Cataluña
21-Mayo-2008
Hace años se tomó la acertada decisión de reformar la administración universitaria y de poner un gerente al frente de ella. Más adelante, con la idea de introducir la supuesta eficacia de la gestión empresarial en la Universidad pública, se produjo un proceso de transformación del gobierno de la Universidad. El rector relegó a su equipo de gobierno y concedió excesivo poder al gerente. Luego vino el rector gerente y ahora ya sólo queda un paso: el gerente rector. Las universidades públicas se han sometido al gota a gota de su privatización encubierta. Se abrieron al mundo empresarial para ampliar sus fuentes de financiación y han terminado adaptándose a los intereses de éste.
Un símbolo de este matrimonio entre Universidad y empresa es, por ejemplo, el documento de identidad del personal de la Universidad de Barcelona, que puede ser al mismo tiempo una tarjeta de crédito vinculada a una importante entidad financiera catalana. El sector privado no se pregunta qué puede hacer por la Universidad pública, sino qué puede sacar de ella.
Las funciones básicas de la Universidad, que son la docencia y la investigación, también han entrado en un proceso de mercantilización. Se trata de ofrecer sin más lo que pide el mercado. ¿Que el mercado no quiere historiadores?, pues se prescinde de las correspondientes enseñanzas o investigaciones. ¿Que un desproporcionado número de jóvenes estudiantes sueñan con ser empresarios?, pues se ofrecen todos los grados y masters que satisfagan esta demanda.
En la Universidad de hoy hay tal cantidad de grupos de investigación, institutos, observatorios y otras instancias para el conocimiento y la investigación que, si uno sólo mira la superficie, queda impresionado. ¡Qué gran Universidad tenemos! Pero no está nada claro que la cantidad sea sinónimo de calidad. Todo va a peso en la evaluación de las universidades públicas: cuántos artículos en publicaciones de impacto, cuántas horas de clase, cuántas estancias en el extranjero, cuántos créditos de gestión, etcétera.
Lo difícil o imposible es saber qué hay detrás de la cantidad. Todo es imagen y publicidad, empezando por la política de información de las universidades. El objetivo es vender el producto abusando de palabras como excelencia y competitividad. Pero en esta Universidad de la excelencia se publica demasiado y se lee muy poco, se gestiona hasta el aburrimiento y no se piensa sobre lo que se hace.
La paradoja mayor es que una Universidad tan mercantilizada e individualista, donde cada uno es el mejor investigador del mundo y no tiene tiempo para leer una sola línea de lo que hace su vecino, es una Universidad que ha llegado a tal nivel de burocratización, que ha conseguido ridiculizar la supuesta eficacia de la implantación de la gestión empresarial.
Nunca han habido tantos burócratas, tanto reglamentismo en las universidades públicas. Y cuanto más grandes son, mayor es el disparate burocrático. La Universidad de Barcelona tiene ya una colección, llamada Normatives i Documents, que pretende poner orden en el desorden con normas y más normas. Al final se tiene una sensación de ahogo y, a la vez, la seguridad de que tanto normativismo es una forma de evadir la solución real de los problemas planteados. Lo cierto es que la tranquilidad y el silencio que necesita el profesor quedan distorsionados por tanto ruido administrativo.
No debe sorprender este doble proceso de privatización y burocratización de las universidades públicas. Forma parte y es reflejo de lo que sucede en la sociedad. El neoliberalismo ha llegado a todos los rincones y ha conseguido poner precio a la cultura. Los autores, como los libros, valen si venden. Cuando este principio gobierna el saber universitario, es el principio del fin de la Universidad.
La Universidad concebida mercantilmente no atiende a la calidad científica, sólo le preocupa que los estudiantes consigan el título en el tiempo previsto. Una vez más el criterio cuantitativo se ha impuesto al cualitativo. No saldrán mejores profesionales devaluando los métodos de enseñanza y con expedientes académicos calificados al alza con el objetivo (fallido) de ser más competitivos en el mercado. Rafael Argullol ya denunció con brillantez esta manera de ejercer la docencia low cost en un reciente artículo publicado en esta sección (EL PAÍS, 3 de mayo).
Es necesario un cambio de rumbo en la política universitaria que corrija el deterioro de las universidades públicas. A los 25 años de aprobada aquella buena Ley de Reforma Universitaria (1983), se hace imprescindible una reflexión entre los universitarios sobre el estado actual de las universidades. La errática política sobre universidades e investigación de los últimos gobiernos del Partido Popular y del PSOE, y también el mal gobierno de la Generalitat de Cataluña en esta materia, agravan el problema y hacen más urgente la toma de conciencia por parte de la comunidad universitaria. Hay tiempo para rectificar, pero no mucho. Los universitarios deben reunirse en congreso y deliberar sobre el futuro de la Universidad, una Universidad pública e independiente de toda presión empresarial, política o ideológica; una Universidad capaz de ejercer la crítica, de mantener un alto nivel en la investigación y de garantizar la calidad de uno de los fines más importantes de la sociedad: la educación.
Miquel Caminal es catedrático de Teoría Política de la Universidad de Barcelona.
miércoles, mayo 21, 2008
¿Cómo anda la Llei d'Educació?
martes, mayo 20, 2008
Neuroteología y la ansiedad ante lo desconocido
"En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas."
El texto procede de un artículo publicado hoy en ES PAÍS. Lamentablemente yo tengo apagado ese rincón de mi cerebro que se activa en los creyentes , aunque rezo y recito salmos. Hay un interesante libro de Francisco Mora sobre las relaciones entre cerebro, cultura y religión: Neurocultura (Alianza, 2007), pero no alivia mi desconsuelo. Tampoco el reciente libro de Robert A. Hinde: ¿Por qué persisten los dioses? "una aproximación.científica a la religión" (Montesinos, 2008)... ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Qué sucede cuando morimos? En el mundo moderno, las respuestas que tradicionalmente ha dado la religión son inaceptables para muchos, y sin embargo la religión se niega a desaparecer. Todas las religiones comportan elementos que se soportan mutuamente: creencias estructurales, narrativas, rituales, códigos morales, experiencias subjetivas y diversos aspectos sociales. Robert Hinde sostiene que todos estos aspectos surgen de la naturaleza humana y los considera dependientes de unas características psicológicas panculturales que explican su persistencia en la psique de los individuos y en las prácticas de la sociedad. Por ejemplo, la creencia en una deidad satisface la tendencia humana a atribuir los efectos a una causa, y puede aliviar la ansiedad.
Optaré por releer a Eugenio Trías -interesante aparición en Millenium el sábado pasado-, poco inclinado a dejarse impresionar por estos megadescubrimientos.
¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?
Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa - Y Einstein aviva el debate desde la tumba
MÓNICA SALOMONE
Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. Creyentes y no creyentes están divididos por la misma pregunta: ¿Cómo pueden ellos no creer/creer (táchese lo que no corresponda)? Este texto pretende resumir las respuestas que la ciencia da a ambas preguntas.
Los físicos están pletóricos este año porque gracias al acelerador de partículas LHC, que pronto empezará a funcionar cerca de Ginebra, podrán por fin buscar una partícula fundamental que explica el origen de la masa, y a la que llaman la partícula de Dios. Los matemáticos, por su parte, tienen desde hace más de dos siglos una fórmula que relaciona cinco números esenciales en las matemáticas -entre ellos el famoso pi-, y a la que algunos, no todos, se refieren como la fórmula de Dios. Pero, apodos aparte, lo cierto es que la ciencia no se ocupa de Dios. O no de demostrar su existencia o inexistencia. Las opiniones de Einstein -expresadas en una carta recientemente subastada- valen en este terreno tanto como las de cualquiera. Sí que se pregunta la ciencia, en cambio, por qué existe la religión. No es ni mucho menos un tema de investigación nuevo, pero ahora hay más herramientas y datos para abordarlo, y desde perspectivas más variadas. A sociólogos, antropólogos o filósofos, que tradicionalmente han estudiado el fenómeno de la religión o la religiosidad, se unen ahora biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos. Incluso hay quienes usan un nuevo término: neuroteología, o neurociencia de la espiritualidad. Prueba del auge del área es que un grupo de la Universidad de Oxford acaba de recibir 2,5 millones de euros de una fundación privada para investigar durante tres años "cómo las estructuras de la mente humana determinan la expresión religiosa", explica uno de los directores del proyecto, el psicólogo evolucionista Justin Barrett, del Centro para la Antropología y la Mente de la Universidad de Oxford. Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett. ¿Desde cuándo es el hombre religioso? Eudald Carbonell, de la Universidad Rovira i Virgili y co-director de la excavación de Atapuerca, recuerda que "las creencias no fosilizan", pero sí pueden hacerlo los ritos de los enterramientos, por ejemplo. Así, se cree que hace unos 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales y que ya mostraba "atisbos de un cierto concepto tribal", ya habría tratado a sus muertos de forma distinta. De lo que no hay duda es de que desde la aparición de Homo sapiens el fenómeno religioso es un continuo. "La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan. Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco". Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana. También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge. Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue. Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir. "Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa. En uno de los trabajos se pedía a voluntarios -un grupo de creyentes y otro de no creyentes- que recitaran textos mientras se les sometía a un escáner cerebral. Al recitar un determinado salmo, en los cerebros de creyentes y no creyentes se activaban estructuras distintas. No es sorprendente. "Se da por hecho", explica Cudeiro; lo mismo que hay áreas implicadas en el cálculo o en el habla. La pregunta es si esas estructuras fueron seleccionadas a lo largo de la evolución expresamente para la religión. Cudeiro no lo cree. "La experiencia religiosa se relaciona con cambios en la estructura del cerebro, y neuroquímicos, que llevan a la aparición de la autoconciencia, el lenguaje... cambios que permiten procesos cognitivos complejos; no son para una función específica". O sea que la religión bien podría ser, como dice Carbonell, un efecto secundario de la inteligencia. Otros estudios de neuroteología han estudiado el cerebro de monjas mientras evocaban la sensación de unión con Dios, y de monjes meditando. Uno de los autores de estos trabajos, Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, aspira incluso a poder generar en no creyentes la misma sensación mística de los creyentes, a la que se atribuyen tantos efectos beneficiosos: "Si supiéramos cómo alterar [con fármacos o estimulación eléctrica] estas funciones del cerebro, podríamos ayudar a la gente a alcanzar los estados espirituales usando un dispositivo que estimule el cerebro ", ha declarado Beauregard a la revista Scientific American. Lo expuesto en este texto sugiere que la cuestión no es tanto por qué existe la religión, sino por qué existe el ateísmo. Con todas las ventajas de la religión, ¿por qué hay gente atea? "El ateísmo actual es un fenómeno nuevo y queremos investigarlo, sí", dice Barrett por teléfono. ¿Tiene que ver con el avance de la ciencia, capaz de dar al menos algunas de esas tan buscadas respuestas? Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media. Pero hay excepciones; los matemáticos y los físicos, en especial los que se dedican al estudio del origen del universo -¡precisamente!-, tienden a ser más religiosos. No hay consenso sobre si un mayor grado de educación, o de cociente intelectual, hace ser menos religioso. "El ser religioso o no seguramente depende de muchos factores que aún no conocemos", dice Barrett.De mitos y cosmogonías
Eloy Gómez Pellón
¿Por qué el hecho religioso es universal? Sin duda, porque proporciona no sólo creencias que suplen necesidades humanas, sino también normas de conducta y valores que son percibidos, de forma unánime, como deseables. Todas las religiones, de alguna manera, predican el amor hacia los demás, el consuelo en la aflicción, la vida en paz y la esperanza de una vida futura.
La religión supone, en términos generales, una decantación ideológica, capaz de fundir a la comunidad de creyentes en un cuerpo único y duradero. Se entiende, en consecuencia, que su universalidad esté ligada a su efectiva función cultural. Las religiones, así concebidas, encierran una explicación metafísica del mundo que alimenta toda clase de cosmogonías o, si se quiere, de mitos sobre el origen del mundo, cuya comparación revela frecuentes parecidos, y de escatologías o teorías sobre el fin. El hecho de ser parte de la cultura explica, contra lo que se suele pensar, y mediante simple inferencia, que la religión sea un hecho cambiante, debido a que la cultura es una especie de ecuación ajustada en la cual cada vez que se modifica uno de sus elementos lo hacen los demás. La anomia (desorientación ante las normas) que se percibe en otros ámbitos de la cultura no es ajena a la religión. En este sentido, la secularización de la vida actual en los países occidentales es un efecto de los cambios culturales, más accesorio que fundamental en lo que se refiere a la esencia de la religión. Por otro lado, cuando los cambios en materia religiosa son intensos, es frecuente que se generen integrismos y fundamentalismos, propios de algunos grupos que defienden la vuelta a la pureza y a los ideales previos. Asimismo, en el seno de las religiones se producen disfunciones, como es el caso de las sectas, formadas por pequeños grupos de creyentes, organizados rígidamente en estructuras herméticas.| "Las supersticiones más infantiles" | ||||
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sábado, mayo 17, 2008
Mad men - Masculinidades oficinescas
Iba a escribir sobre las masculinidades oficinescas de Casual day y me he topado con este artículo sobre uan serie que desconocía. Habrá que verla…
Hombres desesperados
Televisión, Por Rodrigo Fresán.
Abc de las artes y las letras.10 de mayo de 2008 - número: 849
Fuente: http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9787&num=849&sec=35
La clave y el guiño -luego de esos brillantes títulos de apertura con hombre cayendo desde las alturas de un rascacielos, tan al estilo de los que solía pensar Saul Bass para los filmes de Alfred Hitchcock- está ya en uno de los primeros episodios/capítulos de la serie televisiva Mad Men. Allí, Don Draper vuelve en tren a su casa en las afueras de Manhattan luego de un largo día en los pasillos y oficinas de la agencia de publicidad Sterling Cooper. Draper es un mad man: etiqueta que se las arregla para hacer comulgar la locura de un oficio y la contracción de Madison Avenue, donde a principios de los años 60 floreció la idea de la publicidad tal como la conocemos, padecemos y disfrutamos hoy.
Hay algo que falla. Y Draper ha bebido un whisky de más y cae la noche y el cartel de la estación en la que se baja Draper anuncia que estamos en Ossining: el mismo suburbio residencial en el que un escritor llamado John Cheever ocupaba las páginas de The New Yorker contando las historias de hombres como Don Draper, enloquecidos por la idea de que, se supone, tienen todo para ser felices y sin embargo hay algo que falla en el teóricamente perfecto producto de sus vidas. Eso que algún publicista tan astuto como Draper bautizó como el Sueño Americano pero que cada vez se confunde y se funde más con la pesadilla del insomnio.
Mad Men es la brillante idea de Matthew Weiner, guionista y productor de Los Soprano. Weiner la ofreció a la HBO pero no mostraron interés. La AMC, en cambio, aceptó encantada y así esta serie -cuya primera temporada, emitida en USA en el 2007, le valió un merecido Globo de Oro a la Mejor Serie Dramática- se convirtió velozmente en prueba renovada de que estamos viviendo una nueva Edad de Oro de la televisión. Ya saben: la «caja idiota» demostrando, de golpe, que tiene un alto cociente intelectual y generando incómodas afirmaciones en cuanto a la superioridad ante el cine y hasta la novela.
Un nuevo mundo. Mad Men -que conecta directamente con todo un subgénero oficinesco de la literatura americana que incluye a títulos como El hombre del traje gris, de Sloan Wilson; Vía revolucionaria, de Richard Yates; Algo ha pasado, de Joseph Heller; La pianola, de Kurt Vonnegut; American Psycho, de Bret Easton Ellis; y, recientemente, Entonces llegamos al final, de Joshua Ferris- propone también un viaje en el tiempo a un pasado donde se creó nuestro presente. El momento exacto donde la sociedad de consumo comenzó a consumir a sus consumidores. El sitio preciso donde se establecieron las pautas de un nuevo mundo a dividirse y repartirse entre jefes, empleados, secretarias, esposas y amantes.
Y la agencia Sterling Cooper -donde todos fuman y beben y fornican y se traicionan alegremente con modales que hoy son políticamente incorrectos pero entonces eran las reglas del juego- funciona como un perfecto y feroz ecosistema donde un puñado de machistas y prejuiciosos hombres desesperados luchan entre ellos frente a mujeres que los contemplan con una rara mezcla de adoración y desprecio. Allí, Don Draper (un perfecto Jon Hamm, ganador del Globo de Oro al Mejor Actor) es el difuso héroe: un condecorado veterano de Corea con un don para vender lo que sea y ocultar un oscuro secreto familiar acostándose (exitosa empresaria judía o ilustradora chica beatnik) con todo lo que se le pone a tiro de su sexo en la ciudad mientras, en casa, espera una perfecta pero turbulenta esposa-barbie al borde de un ataque de nervios y antecedente directo de las mujeres desesperadas de Wisteria Lane.
Jack Daniels y Wilder. Y a su alrededor, entre otros, orbitan la ambiciosa e ingenua Peggy Olsen, el patético y trepador conspirativo junior Pete Campbell, la secretaria fatal Joan Holloway, el cínico Roger Sterling, el director de arte y (Cheever otra vez) homosexual reprimido Salvatore Romano, y el jerarca casi zen Bertram Cooper quien nunca usa zapatos en la oficina y contempla todo desde las alturas de su oficina/monasterio donde se orquestan las campañas para revolucionar el diseño de un paquete de los cigarrillos Lucky Strike o la campaña presidencial de un tal Richard Nixon. Y algo no funciona del todo bien en la cabeza de los clientes y de los fabricantes y todos mienten salvo Jack Daniels y vamos a ver y a reír con El apartamento de Billy Wilder, dicen que es muy buena.
El look y la excelente dirección de arte termina de jerarquizar guiones implacables para describir una época y una profesión que -según alguien que estuvo allí- «no fue otra cosa que un montón de borrachos conversando entre nubes de humo de tabaco». Pero lo verdaderamente interesante de Mad Men pasa por lo que sucede dentro, retratando el instante en que el hombre norteamericano descubrió que se podía ser muy infeliz siendo tan feliz en una atmósfera fumadora, alcohólica, adúltera, sexista, homofóbica, adicta a las pastillas y racista donde el psicoanálisis es «el caramelo de moda» y las fajas reductoras producen orgasmos. Los trajes y camisas, eso sí, siempre impecables.
La muerte de Justina -uno de los relatos más famosos de Cheever- concluía con un publicista atormentado redactando como eslogan para un tónico llamado Elixircol (con supuestos poderes para curar todos los males de los depresivos) aquel pasaje de la Biblia que comienza con «El Señor es mi pastor?» y acaba rogando por la protección para aquellos que caminan por «el valle de la sombra de la muerte».
«Don?t think twice». El último episodio de la primera temporada de Mad Men -la segunda no ha comenzado aún en los Estados Unidos, la caja con la primera temporada se editará allí en julio- termina con Dan Draper solo en su casa, lost y sin los súperpoderes de Héroes, sentado en las escaleras, preguntándose a dónde se fueron todos y qué será lo que vendrá mientras, como música de fondo, se escucha la voz de una nueva era que posiblemente no lo incluya en sus planos y planes: un joven y freewheelin? Bob Dylan cantando Don?t Think Twice, It?s All Right.
Los tiempos están cambiando, sí, una vez más.
La primera temporada de «Mad Men» se emite en Canal + los jueves a las 21:30 horas.
martes, mayo 13, 2008
Masculinidades: salirse del guión
La tarde de los miércoles es suele ser uno de esos pocos pedacitos de la semana que los padres separados podemos pasar con nuestros hijos. Por eso, me incomoda extraordinariamente interferir o perturbar este retal de tiempo con otras actividades. Sin embargo, casi todas las conferencias o presentaciones de libros relacionadas con las nuevas masculinidades suelen caer en miércoles y esta semana le propuse a mi hijo Luis –10 años- que me acompañara a escuchar a Michael Kimmel –uno de los especialistas sobre masculinidades con más proyección internacional- al centro Francesca Bonmaison, dónde iba a mantener un diálogo público con Amparo Tomé, profesora de Sociología de la Universidad autónoma y una de las personas que más ha contribuido a fomentar el estudio de las identidades masculinas.
El acto se retrasó y no pude vivir más que sus momentos iniciales, porque ejercer como padre es más importante que oír hablar sobre la importancia de la paternidad. De todos modos, me dio tiempo a comprar un libro en el mini punto de venta que montó la librería feminista Pròleg (Daguería nº 13) a la entrada del acto. Se titula Cuando los hombres hablan de PatricK Guillot y la verdad es que semejante título me atrajo porque tengo la sensación de que los hombres rehuyen hablar sobre la masculinidad y que, cuando lo hacen, no se atreven a salirse del guión políticamente correcto que se ha establecido desde el profeminismo y los Men’s Studies . Este libro, sin embargo, sí parece salirse del guión, e incluso en un capítulo (“los hombres rosas”) se atreve a criticar sin complejos la tendencia a atribuir los sufrimientos masculinos a la no realización de los modelos de masculinidad soñados por el feminismo. Afirma el autor que muchos grupos de hombres que inspirados por estos se reúnen para hablar de sus problemas –en España hay unos cuantos- conciben un discurso de gran compromiso profeminista, pero poco sincero porque su deuda ideológica les impide abordar muchas cuestiones incómodas, que quedan silenciadas. Me parece un buen diagnóstico de la situación general que se vive en nuestro país en relación a la cuestión masculina: cualquiera que se aventure a hablar sobre este tema sabe lo difícil que resulta no despertar suspicacias si se abandona “la imaginería feminista de la mujer-víctima y el hombre-verdugo”, impelido a “integrar un fuerte sentimiento de culpabilidad”.
Pero, la reflexión sobre las masculinidades difícilmente progresará sino damos un paso más y nos depredemos de estos estereotipos de nuevo cuño. Como explica Guillot hay una multitud de asuntos que preocupan a los hombres y de las que los hombre profeministas hablan poco: el hambre de masculinidad, la relación con el padre, la necesidad de mentores masculinos, la necesidad del grupo masculino, la asunción de la propia violencia, la necesidad de probarse y de sentirse competitivo, el afán de trascendencia y de obras significativas, el invisible muro femenino que aísla al padre de la relación con sus hijos y de la vida familiar, el matriarcado doméstico, la dependencia emocional de la mujer, la agresividad femenina, la necesidad de compañeros masculinos, la falta de intimidad masculina, etc. Son cuestiones poco relevantes para quienes entienden que la masculinidad básicamente es una ideología que tiende a justificar la dominación masculina y que constituye la razón última de todos los males que padece el mundo actual. Cualquier apelación a una irreductible condición masculina sustentada en evidencias científicas es mirada con recelo, a pesar de que cada nueva investigación no hace más confirmar que nuestros patrones de conducta responden al peso decisivo de la naturaleza frente a la modesta influencia del medio. Sin embargo, hasta que no asumamos plenamente esta evidencia y decidamos construir las nuevas feminidades y masculinidades desde el reconocimiento des ese sustrato femenino y masculino irreductible, la reflexión sobre las masculinidades seguirá resultando forzada y artificiosa.
Quizás, por ese siempre me he sentido más en sintonía con la corriente mitopoética - tan denostado por los profeministas-, ya que a pesar de su excesos masculinistas (antítesis de la mística feminista propugnada desde el feminismo de la diferencia) , como mínimo ha tenido el acierto de reconocer la especificidad masculina e identificar muchos de sus procesos e itinerarios. No podemos seguir repitiendo indefinidamente que un hombre es un producto cultural construido a partir de tres negaciones: no ser un niño, no ser una mujer y no ser un homosexual (E. Badinter). Ingenioso pero rematadamente falso.
Por cierto, mientras escribía este post he recordado el fuego que se cruzaron Vicente Verdú y Luis Bonino en relación a los hombres feministas.
La mujer barbuda. Por Vicente Verdú / El País 26-06-2004
Sólo es posible imaginar algo peor que un hombre feminista: la mujer barbuda. El hombre feminista -a menudo torpe o fracasado en la relación con la mujer- trata de congraciarse con las mujeres por el peor camino posible como es el de intentar copiarla. De esta manera, el hombre feminista resulta ser una réplica barata en la batalla de la mujer y, en consecuencia, termina convirtiéndose en su escudero. De ahí no pasa.
Deberá esperar que ella se defina otra vez para volver a definirse y encontrará, al cabo, su definición en ser aceptado como un elemento sin cabeza. Los hombres feministas se amoldan y las mujeres, con razón, recelan de ellos. Porque aunque no les venga mal de vez en cuando su apoyo, sólo les sirven como medios y nunca como sujetos enteros. De esa manera es fácil que se valgan de ellos en cuanto instrumentos, abusen de su obsequiosa disposición y terminen repudiándolos a causa de su blandura.
En resumidas cuentas, este hombre feminista podría ser mejor que la mujer barbuda puesto que, debido a su falsificación, le sería posible arrancarse el postizo en cualquier momento, pero es peor que la mujer barbuda en atención a su falsificación odiosa. Creen que seducirán a las mujeres mediante este cariño ideológico y que aparecerán ante ellas como "nuevos hombres" que abrazan el alma femenina. Pero no entienden nada.
Toda esperanza en esta dirección quedará frustrada y sus tropiezos con las modelos (o patronas) serán todavía más ingratos. En muchos aspectos, la directiva mundial que invita a acentuar la feminidad de los varones para ponerse al día y ganar amigas es entendida por los hombres feministas al revés. Porque no se trata de ser más deseable a las mujeres militando a su sombra en el campo de batalla, sino en hacerse más deseable, en general, abriendo la luz y diversidad del campo.
De esa manera habrá sitio para todos y no ofuscación de cuerpos e ideas. Es decir: confusión de la justicia con el agasajo o de la equidad con la etiqueta. Los reveses sirven para aprender y, especialmente, cuando el ridículo que se hace en el envite brinda gratuitamente el antídoto natural contra la tentación de prorrogar la tontería.
Los Antifeministas. Por Luís Bonino. Lunes 28 junio 2004
Existen hombres misóginos y antifeministas que aparecen siempre que se discute alguna ley favorable a las mujeres. Aquí y en todas partes. Hombres resentidos y reaccionarios que obstaculizan enormemente el camino hacia la igualdad real entre los géneros.
Algunos, con protagonismo mediático van de progres y se cuidan de oponerse muy abiertamente al discurso igualitario ofreciendo para ello una fachada "pro-feminidad". Sin embargo no pueden ocultar su indignación y resentimiento, que depositan ya no sólo en las mujeres feministas, sino también en otros hombres -los pro-feministas- , a quienes descalifican globalmente.
El artículo de contraportada de EL PAÍS del 26-6 parece mostrar esa estrategia. El mensaje que V. Verdú lanza desde un lugar destacado del periódico es simple y nada innovador, no obstante puede convencer a hombres -y mujeres- no sensibilizados a la problemática de la igualdad y la diversidad. Según Verdú los feministas no piensan por sí mismos, sino se transforman en una copia ridícula y falsificada de la mujer, en meros ecos de las "barbudas" feministas, y sobre todo, no entienden nada. ¿Quién lo dice: él?. De lo que se deduciría que para no dejar de ser hombres con ideas propias, mejor alejarse de las feministas (y del feminismo). Pues no. El feminismo es un movimiento que busca la igualdad y la equivalencia entre mujeres y hombres, y muchos hombres que nos nutrimos de él, hace tiempo que detectamos a los antifeministas que pretendiendo superioridad moral lanzan sus "verdades" que no son otra cosa que ecos de su intocada tradición machista.
¿Pensarán este tipo de hombres que puede ser una estrategia exitosa asustar al resto, con el falso argumento de que quien se acerca al feminismo y a las feministas terminará sin pensamiento propio a la sombra de las mujeres ?. Se equivocan. Y aunque ellos sean causa perdida para el pensamiento igualitario, por suerte el numero de hombres feministas están aumentando, con voz propia, en varios lugares de España y del resto del mundo. Y esto es así le pese a quien le pese.
Fuente: http://www.mujeresenred.net/news/article.php3?id_article=38
jueves, abril 24, 2008
Educar en la gratitud
Acostumbro a practicar el post largo y la falta de tiempo me lleva a descuidar esta bitácora. Hoy me he hecho el propósito de escribir post más breves y frecuentes. Pues bien, empecemos.
Hoy me ha llamado la atención el libro ¡Gracias! de Robert A. Emmons. Se trata de una de esas obras que incurren en ese estilo empalagoso, característico la literatura de divulgación yanqui. Sin embargo, es un libro hermoso. Me ha hecho pensar sobre todo en el poco peso que tiene la gratitud en la educación actual. Enseñamos a nuestros jóvenes a desconfiar, a criticar, a cuestionar, a exigir, a reclamar..., pero ¿y a agradecer?. Ahí nos duele. Cuando el joven entiende que lo que recibe no es un regalo, sino que se lo merece, el aprendizaje padece un severo cortocircuito. Sólo se puede aprender desde la actitud de agradecimiento por la oportunidad de ampliar nuestros conocimientos, de crecer, de amar, de crear, de compartir y de ayudar a otros. He revisado el currículum de secundaria y no he encontrado nada equivalente a “educar en la gratitud”. Creo que si no se rectifica esta laguna, seguiremos empantanados.
lunes, marzo 31, 2008
Jóvenes y callejones sin salida
Comenta José Antonio Marina en Arquitecturas del deseo que la alianza del principio de individuación y del principio del placer nos ha conducido a un callejón sin salida que hace inviable la vida social.
En lugar de actuar como sujetos libres, capaces de ir más allá del deseo, nos dejamos aprisionar por los estímulos que otros nos diseñan y que actúan como los grilletes de nuestra cárcel egoica. Enajenados de nosotros mismos y de los demás, y confinados en circuito hastiante, nuestra vulnerabilidad es cada vez mayor.
Este duro diagnóstico, todavía es más severo si pensamos en nuestros hijos, a los que no hemos conseguido trasmitir aquellos referentes residuales que a los adultos aún nos permiten alzar el vuelo, cuando el deseo se desboca. Al parecer, la única aspiración intensa que les hemos contagiado con éxito es la de ser feliz a cualquier el precio. Y en coherencia con este programa, los padres-niños eludimos poner limites a nuestra descendencia, convirtiendo a nuestros hijos en caricaturas de nosotros mismos.
Desarmados por la permisividad imperante, estos chicos y chicas satisfacen su anhelo ilimitado de “gozar sin trabas” en el mercado que, dispuesto a manipularlos y exprimirlos sin piedad, los lanza a un hiperconsumo devastador. El mundo adolescente parece educarse, construirse y alinearse exclusivamente a partir del orden económico. Son hijos del mercado. Se nos han escapado de las manos.
Pero, ¿qué efectos produce en nuestros jóvenes semejante deriva?. Tanto si nos centramos en el terreno del consumo, en el de la sexualidad -que el mercado explota a edades cada vez más tempranas-, o en el de las relaciones persónales, los estudios, los especialistas destacan, entre otros efectos, los siguientes:
-Dependecia de las modas en sucesión incesante dictadas por el amo-mercado
-Balcanización del consumo
-Comportamientos fragmentados, sin reglas, volátiles
-Perfomances constantes
-Inconstancia y inestabilidad
-Banalización de la sexualidad
Sin embargo, la sobrestimulación artificial del deseo tiene un límite imprevisto: el tedio. Es algo que ya se detecta en el ámbito sexual. Sin normas, sin límites, sin represión ni posibilidad de transgredir, los adolescentes se encuentran sin discursos en los que inscribir sus experiencias y dotarlas de sentido, sin vías de acceso al otro. El resultado es un sexo sin pasión, ni encuentro, construido bajo el signo de la indiferencia, quizás el estado emocional que mejor define nuestra época. Dice Lipovetsky, que el permisivismo “engendra un neo pauperismo tanto libidinal como afectivo”. Esos adolescentes “fijados, atornillados, a sus blogs, sus SMS, sus pantallas” más que el encuentro lo que negocian es el no encuentro, la relación sexual apática: hablar poco, hacerlo eventualmente, sacar la menor consecuencia posible. A la banalización del sexo ha seguido el desmoronamiento del imaginario controversial. La gastada retórica romántica mal sobrevive en la ficción mediática, pero ya no alcanza a la calle, y nada la ha reemplazado.
Esa ausencia de referentes que permitan percibir las propias experiencias en toda su plenitud, se abre el camino a nuevas búsquedas cada vez más fronterizas e inquietantes. Así se explica la prolofercaión de conductas cada vez más extremas, perversas y destructivas: droga, alcoholismo, comportamientos cínicas e incluso sádicos, violencia, los maltratos...
y la dieta en niñas
La Vanguardia, Sección 'Tendencias', Pàgina 22. 26/03/2008
El fenómeno ´Miss Bimbo´ desata la polémica en Francia y el Reino Unido
RAFAEL RAMOS - Londres. Corresponsal
Todo empieza con una dieta severísima para perder peso y quedarse con una cinturita más delgada que un alfiler, sigue con una operación de cirugía estética a fin de lucir unos pechos de película, y termina por supuesto cazando a un multimillonario... Pero no se trata de los mandamientos de Victoria Beckham o algún otro icono femenino contemporáneo, sino de un juego en internet para que niñas de menos diez años aprendan desde la más tierna edad a ser las "bimbos perfectas".
La página web con el jueguecito en cuestión, creada por un francés que se ha establecido en Londres, tiene alrededor de un millón y medio de seguidoras menores de dieciséis años que compran lencería, bikinis y vestidos de noche virtuales para sus bimbos,les dan pastillas para adelgazar y en general las matan de hambre, en un proceso que ha sembrado la alarma de numerosos padres y ha despertado la condena de organizaciones que se dedican a ayudar a las víctimas de la bulimia y la anorexia.
"Sólo faltaba que gracias a internet las niñas de primaria se dediquen ya a comer lechuga y conviertan la cirugía estética para tener el tipo perfecto en la gran aspiración de su vida: esa es una receta para la infelicidad", dice Susana Clayton, psicóloga británica especializada en ayudar a adolescentes con desórdenes alimentarios. Pero el creador de la web, un empresario francés llamado Nicholas Jacquart, opina que el juego es constructivo y enseña a las chicas a lidiar con situaciones a las que tendrán que enfrentarse en su vida.
"No creo que se trate de una mala influencia - dice Jacquart-, más bien de un espejo del mundo real. Las niñas aprenden que las frutas y verduras son mejores para la salud que el chocolate y las chucherías, por ejemplo. Las operaciones de pecho son tan sólo una pequeña parte, y en ningún momento animamos a las chicas jóvenes a que se sometan a ellas".
El registro para jugar en la red a Miss Bimbo es gratis, pero las participantes tienen que adquirir bimbodólares para alimentar, vestir y llevar de marcha a sus muñecas mediante mensajes de texto que cuestan el equivalente de unos dos euros. Tan sólo en Francia 1,2 millones de niñas y adolescentes están enganchadas al proyecto de desarrollar la chica perfecta de piernas largas, cintura diminuta y pechos considerables que abunda en las pasarelas de la moda, y que además sea feliz.

Las participantes pasan por una serie de niveles como en los juegos de rol, con desafíos cada vez más difíciles que les valen puntos que pueden canjear por prendas, limpiezas de cutis, estiramientos de piel u operaciones de cirugía estética para sus bimbos.El nivel diecisiete, una vez que la muñeca de los sueños ha adquirido ya por medios naturales y artificiales la figura ideal, consiste en llamar la atención de un multimillonario y conquistar su amor (y su dinero, se supone).
El objetivo del juego es crear "la bimbo más cool,más rica y más famosa del planeta", que según los creadores de la web es la receta de la felicidad. Pero padres y sociólogos creen más bien que se trata de un ejemplo pernicioso para niñas influenciables que pueden caer en la tentación de querer convertirse de mayores en sus muñecas.
jueves, marzo 13, 2008
VIEJAS Y NUEVAS MASCULINIDADES EN LA LIZA POLÍTICA
Se han hecho muchos análisis de los resultados electorales, pero que yo sepa hasta ahora ninguno ha reparado en un factor: el modelo de masculinidad que cada candidato encarnaba. Zapatero sigue jugando bien las bazas del buen chico bienintencionado, educado, integrador, solidario y sensible, al que se le pueden perdonar muchas cosas. Su perfil responde al de las masculinidades de nuevo cuño que hacen gala de los valores tradicionalmente atribuidos a las mujeres. Sin embargo, Rajoy - forzando su natural bonhomía- se ha empeñado en escenificar una masculinidad bronca y rancia, que puede servir para fidelizar a los suyos, pero no para ganar. Exhibir rigidez, dureza gratuita, formas ásperas y argumentos fríos y excluyentes, en lugar de trasmitir la imagen de un líder consistente y enérgico -como quizás algunos quieran creer-, lo que hace es espantar votantes. Frente a un Zapatero muy femenino, un Rajoy machito, al que esa patética “niña” de última hora, todavía ha puesto más en evidencia. El resultado ahí lo tienen.
En el futuro, si Rajoy quiere conectar mejor con el signo de los tiempos, debería plantearse un lifting de género. Yo le aconsejaría dedicar algún tiempo al estudio de las nuevas masculinidades.
Se quiera o no ver, se está librando una batalla colosal -todavía invisible y silenciosa- entre las viejas y las nuevas masculinidades. Es un fenómeno de alcance planetario,aunque de momento sólo perceptible en Occidente. La estereotipia de género asimétrica ha resultado una estrategia ordenadora plausible para la especie humana hasta hace muy poco, pero su mantenimiento nos resulta cafa vez más insoportable y asfixiante, porque ya hemos abrazado los principios de equidad de género y la deconstrucción de la masculinidad se ha popularizado (es le argumento más reiterado de las series de humor actuales). De hecho, la crisis de las figuras de autoridad y la crisis de la educación si algo están reflejando es la crisis de la masculinidad tradicional.
Durante el periodo de transición hacia las nuevas identidades de género, muchas mujeres optaron por masculinizarse para salir victoriosas en la competición, pero ahora esa estrategia ha quedado obsoleta. La gente prefiere los liderazgos de hombres femeninos como Obama o Zapatero, a los liderazgos machos, aunque los encarne una mujer, como ocurre con Hilary Clinton. En la siguiente entrevista, Mary Lou Quinlan lo cuenta muy bien.
La mujer es Obama"LLUÍS AMIGUET - LA VANGUARDIA, LA CONTRA, 08/03/2008
¿Mi edad? Cada mujer elige una edad y se instala en ella: yo he elegido ser joven sin exagerar. Soy americana: admiro a Hillary, pero votaré por Obama porque es más femenino: los republicanos se quedaron en John Wayne. Participo en Rethink the Basis of Communication
¿Por qué las chicas no votan siempre a otras chicas?
Las chicas suelen votar por los valores de las chicas, aunque a veces los encarne mejor un hombre.
¿Un hombre femenino?
¿Por qué no? Las mujeres de este siglo votamos al candidato - hombre o mujer- que hace suyos los valores femeninos, pero no sólo porque esos valores sean femeninos, sino porque son los valores del futuro.
Por ejemplo.
Cooperación por la excelencia frente a mera competitividad; el pacto frente al dictado; la flexibilidad en la firmeza; la ternura en la disciplina; la actuación familiar, grupal, frente a al individualismo feroz; la preocupación por los más débiles dándoles prioridad... ¡son los valores del siglo XXI, un siglo que ya no es macho!
¿No son más habituales en candidatas?
Depende: Obama es la mujer. Obama es un candidato más moderno; quiere liderar por la persuasión y la complicidad más que por el asentimiento por interés y la obediencia... Y no tiene miedo a sus emociones.
¿Y Hillary es más machota?
Hillary es una formidable persona, pero una líder del siglo pasado: para que la tuvieran en cuenta en un mundo de hombres ha acabado asumiendo los valores de los hombres. Les ha dicho: "¡Eh, tíos! ¡Puedo ser uno de vosotros y hacerlo mejor!". Pero lo que ha sucedido es que esos valores masculinos que ella hace suyos ya son del pasado.
¿Qué valores son esos tan desfasados?
Los del macho John Wayne de toda la vida: autoritarismo, agresividad, competitividad, individualismo, paternalismo, dedicación exclusiva a su carrera y renuncia a su condición femenina y a la expresión libre de sus emociones, algo que nos permite a las chicas sufrir menos estrés.
No sé si la entiendo...
Recuerde que el mejor momento de Hillary fue cuando - mujer- expuso su debilidad...
¿. ..?
¡Lloró! Se salió del guión macho por una vez y volvió a ser popular. Obama, en cambio, ha hecho de esa aparente debilidad su fortaleza toda la campaña.
¿Cómo es un liderazgo femenino?
No busca la obediencia...
Stalin prefería que le temieran a que le quisieran.
¡Qué antiguo! Hoy la líder quiere que la quieran: es un liderazgo emocional y emocionante, no mera gestión. Da y espera cariño y complicidad. ¡Persuade por ejemplo y por ilusión, no por mero cálculo e interés!
¿Y el arte de la seducción?
Es estrategia de macho, más sofisticada que el autoritarismo, pero desfasada. No se trata de que el líder me seduzca, sino de que me convenza y me emocione con esa combinación de delicadeza y firmeza; de generosidad y exigencia, que define lo mejor de la aportación de las mujeres a este planeta.
Pues a Hillary no le va mal tampoco.
Le votan muchos demócratas de la vieja escuela - triunfa en las zonas industriales- en la medida en que comparten los valores de macho de Hillary, mientras que el liderazgo emocional de Obama los desconcierta.
Obama, además, no tiene que preocuparse de cómo le queda el vestido.
A Hillary las mujeres le van a exigir más que a Obama y le van a perdonar menos... Y los hombres también le exigen más a Hillary. Mandar sigue siendo más duro para nosotras, porque nosotras mismas y el machismo que hemos asumido somos parte del adversario que convencer.
¿Cuál de los dos tiene más carisma?
Defina carisma.
¿. ..?
No se puede definir, pero si no lo tienes, está claro que te falta. Los dos lo tienen.
¿Vender un político es como vender una lata de tomate?
Un político - como cualquier persona- funciona como una marca: lo importante es su consistencia...
Defina consistencia.
Una marca promete darte algo por un precio y es consistente en la medida en que cumple las expectativas que despierta.
¿Cómo vendería una candidata o un candidato al segmento femenino?
Yo no le llamaría segmento.En el mundo occidental, las mujeres tomamos el 85 por ciento de las decisiones de compra y, por simple mayoría demográfica, las mujeres decidimos todas las elecciones.
¿Vendería igual un candidato o una candidata a un hombre que a una mujer?
No, porque somos afortunadamente diferentes. La igualdad de la mujer es sencillamente falsa: la ciencia ha demostrado que somos diferentes. Somos iguales en derechos y obligaciones como ciudadanas, pero somos diversas en la manera de ejercer estos derechos.
¿Y yo no puedo ser diverso?
¿Dónde ha comprado sus pantalones?
¿En unos almacenes?
¿Cuánto tardó en elegir y comprar?
¿Diez minutos?
Una mujer tarda de media tres veces más en comprar un pantalón. Compara todas las marcas, las comenta con sus amigas, pregunta, se patea varias tiendas y al final decide.
¿Y al comprar un coche?
Ustedes lo compran, como críos, porque les hace ilusión. Una mujer lo compra pensando, para empezar, si les gustará a los demás: hijos, nietos, abuelos...
domingo, marzo 09, 2008
Matriarcado, matrifocalidad, babuinos y dominio de las hembras.
Mucho han especulado los/as antropólogo/as sobre la existencia o no de matriarcados, sin haberse encontrado hasta la fecha ninguna evidencia sólida que la avale, todo lo más que ha podido constatarse es la matrilinealidad (y la matrilocalidad[1]) en algunas sociedades como las de los indios iroqueses, en las que sin duda el protagonismo de las mujeres es mucho mayor, pero en las que estrictamente no se puede hablar de dominio sobre los hombres, porque la figura del tío materno es determinante. En todo caso de lo que tenemos más experiencia en nuestro entorno es de la matrifocalidad que ha consagrados sorprendentemente nuestra “avanzada” legislación en los casos de separación y divorcio, reduciendo al padre al papel de simple proveedor y presencia ocasional.
¿Cómo sería una sociedad matriarcal?. No excluyo las situaciones transitorias de matriarcado en el futuro. De hecho, hoy proliferan los escenarios en los que durante algún período los hombres ocupan una posición subordinada. Sería interesante estudiarlos.
Por cierto, el estudio de las conductas de primates matrilineales como los babuinos, permite establecer sugerentes paralelismos con los entornos femeninos humanos, como ha hecho el neurobiólogo Robert Seyfarth. Reproduzco el artículo sobre el tema que se publicó en “El País”.
"La sociedad de los babuinos es digna de Jane Austen" JACINTO ANTÓN EL PAÍS 5-3-2008
Impecablemente trajeado y de una seriedad amedrentadora incluso cuando pica unos cacahuetes, Robert M. Seyfarth (Lake Forest, cerca de Chicago, 1948) no parece un individuo que se pasa la vida observando monos y que no hace mucho se salvó por los pelos de un león quisquilloso. Psicólogo y primatólogo, Sey-farth es autor, con su mujer y colega Dorothy L. Cheney -con la que ha estudiado durante años a los babuinos de la reserva de Moremi, en el delta del Okavango (Botsuana)-, del apasionante Baboon metaphysics (University of Chicago Press, 2007). Desayunamos dos sobrios botellines de agua y un platito de cacahuetes. No hay que esperar las efusiones que provoca la buena mesa. La metafísica del babuino... vaya. "El título proviene, claro, de la frase de Darwin: 'Quien entienda al babuino hará más por la metafísica que Locke'. Nuestra investigación ha partido de preguntarnos qué pasa por la mente del babuino cuando contempla al centenar de miembros de su grupo. Hemos descubierto que entienden a la perfección las relaciones sociales en que están inmersos: ésa es su metafísica". El análisis de las deposiciones de los monos, explica el investigador -afortunadamente, el desayuno no ha sido copioso- proporciona datos esenciales sobre el estrés y la ansiedad social.
¿Por qué los babuinos? Parecen de menos enjundia que los grandes primates. Seyfarth, 15 años conviviendo con esos monos ásperos, no parece molestarse por la desconsideración. "Los babuinos son los primates más exitosos de África, y los más fáciles de observar. Forman grandes grupos, compuestos de familias matrilineales, y sus relaciones son extremadamente sofisticadas, especialmente entre las hembras. Éstas desarrollan lazos muy estrechos, con una escala jerárquica muy rigurosa, en la que cada una tiene una posición reglamentada que depende del parentesco". Seyfarth compara a las hembras babuino con los personajes de Jane Austen. "Sí, en la sociedad babuina, mientras el éxito en el mundo de los machos está determinado por el sexo, la lucha y la postura, en el de las hembras depende de la familia, la red social y la intriga, un universo muy embrollado, en el que moverse socialmente requiere mucha habilidad". Orgullo y prejuicio en el Okavango; Sentido y sensibilidad con despiojamiento. "Las hembras conocen al detalle su posición, su rango, en ese complejísimo orden social, lo que implica, creemos, incluso una cierta autoconciencia, lo que William James llamaba sentido del ser social".
Y todo esto, ¿a nosotros qué nos importa? Seyfarth se agita en la silla. "Creemos que la competencia social tiene un papel grande en el proceso evolutivo y que nuestra mente evolucionó porque la de nuestros antepasados lejanos estaba orientada para resolver problemas sociales. La hipótesis es que fue un proceso en dos etapas: la mente evolucionó para afrontar problemas de complejidad social, como los de los babuinos, y luego volvió a evolucionar para resolver problemas tecnológicos".
En una vida de estudio entre los babuinos habrá momentos difíciles. "Una vez tropecé con siete leones. El más grande empezó a seguirme. Llegué a un árbol solitario y me subí a sus ramas, oía al león a mi espalda hasta que el animal no pudo ascender más. Unos días después llevé hasta allí a unos amigos, y ninguno conseguimos trepar al árbol. ¡Con lo fácil que fue con el león detrás!".
Más información en: http://www.elmundo.es/suplementos/natura/2007/19/1194649212.html
Sobre matrifocalidad, es muy interesante el artículo de Manuel Delgado:
LA MUJER FANÁTICA.MATRIFOCALIDAD Y ANTICLERICALISMO EN ESPAÑA
http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/laventan/Ventana7/ventana7-3.pdf
[1] Matrilinealidad es una forma de filiación unilineal que determina el parentesco a través de las mujeres, es decir, los hijos e hijas reciben por adscripción un nombre, unos privilegios, una pertenencia a un grupo de parentesco, etc. por línea materna. La matrilocalidad es una de las pautas de residencia después del matrimonio y se refiere al establecimiento de residencia junto a la madre de la esposa. Existe una estrecha relación entre matrilinealidad y matrilocalidad (aunque con tanta o mayor frecuencia se da la relación entre matrilinealidad y avuncolocalidad), pero esas sociedades así caracterizadas, en las que la posición social de las mujeres es efectivamente relevante, no responden al esquema de lo que se considera matriarcado. FUENTE: http://www.uned.es/341060/consultas.htm
Mi hijo va a catequesis. Religión y placebos.
Me preguntan por qué permito que mi hijo vaya a catequesis si yo he dejado de ser creyente. Un pregunta concisa. La respuesta no tanto.
Yo era creyente, pero llegó un día en que se me hizo imposible seguir asumiendo como auténtico el andamiaje religioso que hasta entonces había sustentado mi visión del mundo. A partir de entonces, la evidencia de su carácter ficticio se asentó en mi conciencia con una solidez y consistencia que ha resistido todo envite hasta ahora.
Desde ese instante, y aunque sólo sea por instinto de supervivencia, me he obligado a crear y recrear a diario mi propia estructura de sentido, intentando integrar todo cuanto me rodea y la vida me ha mostrado. Es un trabajo arduo, esforzado, a veces extenuante y amargamente descorazonador. Pero cuando todo se tambalea es una tarea inevitable, a pesar de nuestra limitación extrema.
¡Dame Señor un descanso!. ¡Puedo tan poco!. ¡Cómo me aliviaba dirigirme a Ti y abandonarme confiadamente en tu regazo!. ¿Qué mal se vive sin esa posibilidad?.
Pero dicen que la madurez es haber descubierto esta verdad que todavía mis entrañas se resisten a asumir. Ahora sólo puedo aspirar a vivir con dignidad y a hacer lo posible por un mundo plausible y mejor para los que me rodean. ¿A que más podemos aspirar si sólo somos el resultado imprevisto y sin rumbo de una evolución chapucera?.
Sin embargo, basta agudizar la mirada para constatar la existencia de una ley en nuestra memoria genéticocultural según la cual "cuanto más que niegues la religión, más aberrantes son los placebos que la sustituyen". De la religión nadie puede prescindir, ni siquiera en el caso de haber perdido la fe. Deberíamos asumirlo humildemente.
Y si negar la religión equivale a sustituirla por peores subterfugios, yo prefiero las fuentes primigenias. Frente a los reveses de la vida, el dolor del mundo y del alma o las cárceles del yo, prefiero desegocentrarme optando por los clásicos religiosos (amor, celebración del don de la vida, aspiración a una vida digna, relativización de los imperativos y de las urgencias mundanas...) antes que por la alegría teatralizada, el escapismo de los placeres cotidianos y las demás imposturas con las que nos obligamos a negar el dolor, y en definitiva nuestra finitud. Antes religión sin fe que esta tiranía felicitaría boba que nos acorrala por todas partes.
Sí, me parece bien que mi hijo vaya a catequesis. Ya madurará.
Reproduzco a continuación una entrevista con Peter Bowler, historiador de la ciencia, otra a André Compte-Sponville y un artículo de Suso del Toro sobre las religiones. Creo que se complementan bien.
"Que la evolución sea ciega pone nerviosa a mucha gente"
MALEN RUIZ DE ELVIRA - Bilbao . EL PAÍS - Futuro - 05-03-2008
Hace casi 150 años, el 1 de julio de 1858, se presentaron en la Sociedad Lineana de Londres los trabajos independientes de Charles Darwin y Alfred Wallace sobre la evolución de la vida en la Tierra. A finales del año siguiente Darwin publicó su monumental El origen de las especies, a los 50 años. A punto de comenzar la gran conmemoración mundial de estas redondas cifras -el Año de Darwin-, y cuando resurgen con brío las teorías creacionistas y la ciencia se siente de nuevo atacada, habló en Bilbao Peter Bowler, historiador británico, invitado por la Fundación BBVA y CIC-Biogune.
Pregunta. ¿Por qué debemos de recordar a Darwin y Wallace?
Respuesta. La evolución es una de las teorías científicas más importantes que se han propuesto nunca, que afecta como ninguna otra a nuestra percepción de lo que somos, de dónde venimos, cómo encajamos en el universo. Afecta a la religión, la psicología, la sociología, casi todo lo que se vea desde una perspectiva evolutiva, en especial de la evolución por selección natural, que es, con mucho, la explicación más materialista de la evolución. Se propusieron otras explicaciones de la evolución como un agente con propósito y dirección, una especie de escalera por la que se van subiendo escalones hasta llegar al ser humano como objetivo final. Ese tipo de teoría de la evolución no es tan incómoda para los puntos de vista convencionales, aunque sigue molestando, porque descendemos de todas formas de los monos, pero si tiene como objetivo producirnos a nosotros, es parecido a la visión convencional de que Dios nos crea.
P. ¿Pero y ahora?
R. La evolución, tal como la conocemos ahora por las evidencias científicas, no permite pensar en una escalera, sino en un árbol de la vida. Trastorna todo el concepto de lo que somos.
P. ¿Cómo lo hace?
R. Si hay un objetivo p