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lunes, noviembre 29, 2010

La educación integral, un misionero catalán y un obispo camerunés

El viernes de la semana pasada pude asistir al encuentro de los alumnos de religión del instituto en el que trabajo con Barthelemy Yaouda[1], obispo de la diócesis Yagoua, Camerún, que pasó unos días Cataluña, tras ser invitado por el Cardenal Martínez Sistach con motivo de la consagración del templo de la Sagrada Familia.

La historia de este joven obispo es sorprendente y conmovedora, pero para explicarla hay que retroceder en el tiempo y hablar de otra persona fuera de lo común: Jordi Mas, un misionero que hace 50 años se estableció en la pobrísima región de Yagoua al Norte del Camerún, trabajando desde entonces incansablemente por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, construyendo pozos, promoviendo escuelas y hospitales, y fomentando la educación de las mujeres. Los habitantes de Yagoua son los massa[2], una de las seis etnias bantúes de la zona, y su religión es animista. Cuando en el pasado los musulmanes invadieron el Camerún, los massa huyeron a estas inhóspitas zonas del norte montañoso donde escasea el agua, y la religión islámica se extendió por las regiones circundantes más ricas y habitables. Desde entonces, los massa para subsistir no tuvieron más remedio que dedicarse al pastoreo y a una agricultura de muy bajos rendimientos.

Según me han contado[3], un día, uno de los niños massa que se iniciaban en el pastoreo se acercó a la escuela del misionero Jordi Mas y se quedó embobado oyéndole. Desde entonces decidió frecuentarla como escuchante, aunque sin seguir formalmente los estudios que allí se impartían. Con el tiempo, ese joven pastor, de ovejas criado en el seno de una familia animista y polígama, acabó completamente impregnado de las palabras y el buen hacer de “Baba Georges” –así es como llamaban allí al misionero- y se convirtió al catolicismo, ordenándose sacerdote años más tarde, pese a no haber cursado los estudios reglados habituales. Pero no acabó ahí la cosa, porque el joven Barthelemy pocos años después fue ordenado obispo a propuesta de la entusiasta comunidad cristiana de Yagoua y pese a su falta de titulaciones académicas. Por cierto, el misionero Jordi Mas falleció la semana pasada coincidiendo con la visita a Cataluña del obispo, que fue quien presidió con otros obispos locales la misa funeral[4].

Más allá de otras consideraciones, esta bella historia de entrega, generosidad y imprevisibles frutos me ha hecho pensar en la conferencia reciente de Greogorio Luri Educar con el ejemplo[5]. Precisamente, nos habló de la importancia impregnación, es decir de ese plus de contenido que no figura en las programaciones y que trasmitimos al alumnado lenta y sutilmente con nuestras actitudes, valores y convicciones. Sin duda constituye nuestra más importante y duradera aportación a su proceso formativo. Se trata de un legado en el que se trenzan maneras de hacer y pensar, gestos, creencias, convencimientos, disposiciones y estados de ánimo, muchas veces poco conscientes pero efectivos[6], porque acaban siendo compartidos entre profesores y alumnos.

Abundando en estas cuestiones, Gregorio Luri nos habló de un movimiento pedagógico norteamericano, que ha tomado conciencia de la importancia de ese plus aparentemente intangible y ha optado por explicitarlo en forma “hábitos de la mente” saludables que deberían impregnar a nuestros alumnos. Para confeccionar un listado, fue muy útil el análisis de las razones del éxito académico alcanzado en Estados Unidos por los alumnos de origen oriental. A pesar de que las primeras generaciones de los alumnos de esta procedencia crecieron mayoritariamente en condiciones socioeconómicas adversas, sus resultados escolares fueron satisfactorios al parecer porque estaban imbuidos e impregnados de la convicción de que no hay situación que no pueda mejorar con esfuerzo. A este patrón de conducta, el movimiento habits of mind -que cuenta con importante red de escuelas en estados Unidos- incorporó otros como escuchar con comprensión y empatía, ser persistente, manejar la impulsividad, pensar y comunicarse con precisión y claridad, etc. hasta completar una lista 16[7] hábitos en total, que ayudan a resolver los problemas que no parecen tener una solución fácil. Según sus defensores, todos podemos realizar siempre progresos significativos en esta vertiente del aprendizaje, algo que sin embargo puede resultar difícil en otros aprendizajes más específicos, si se arrastran déficits importantes[8].

La historia del misionero Jordi Mas y del obispo Barthelemy Yaouda me parece una bella confirmación de todo cuanto postula esta corriente pedagógica. Pero, sería por mi parte un ejercicio de ciego reduccionismo limitarla sólo a la expresión de un listado de hábitos mentales eficientes. En ella hay otros elementos intangibles importantísimos que percibí en la reunión entre los alumnos y el obispo y que parecieron muy poderosos. Me refiero al clima de cálida comunión fraternal y de confianza plena en la bondad que allí se palpaba, algo que por cierto hace mucho tiempo que no percibía de manera tan nítida en un aula. Había allí alumnos de muy distintos orígenes –como es habitual en un centro público- reunidos con un obispo camerunés, que se había criado en el seno de una familia polígama y animista y que ejerce su ministerio en una zona donde la religión mayoritaria es la musulmana, pero escuchándole ninguna de estas circunstancias parecían un obstáculo al “milagro” del amor confiado y desinteresado.

Francesc Torralba en su obra Inteligencia espiritual (2010) habla de la necesidad de incorporar en la educación formal la capacidad de trascender lo inmediato y de percibir el sentido del bien, de la bondad y del amor, porque sólo desde el cultivo de la dimensión espiritual podemos alcanzar la plenitud de nuestra condición humana. Explica Torralba que en Francia se han formulado ya interesantes propuestas para introducir la educación de la inteligencia espiritual en la escuela laica, por ejemplo como la de Pierre Hadot[9], que durante años promovió la enseñanza de la filosofía entendida como ejercicio espiritual, o la de Philippe Filliot (2007) [10], quien llega a una plantear una pormenorizada metodología para conseguirlo, enfatizando aspectos clave como el silencio (cada vez más ausente en las aulas); la simplicidad, la austeridad y la sencillez (valores que chocan con el consumismo imperante); la la repetición (porque ayuda a concentrarse en un punto y no dispersarse en múltiples direcciones); y el esfuerzo (sin dedicación, riesgo y sacrificio no se consigue nada). Torralba también cita un documento titulado Reflexiones en torno a la competencia espiritual (2008)[11], promovido por las escuelas católicas españolas –hubiese sido todo un acierto evitar su formulación excesivamente confesional y conseguir también la adhesión de escuelas no confesionales- en el que, entre otras cuestiones, se habla de desarrollar la capacidad de hacerse preguntas sobre el significado y el sentido; de experimentar el asombro y el misterio; de practicar y explorar sentimientos de admiración y de gozo contemplativo; de buscar respuestas consistentes a partir de la experiencia personal y de las grandes tradiciones espirituales; de establecer vínculos empáticos sobre todo en situaciones de injusticia, vulnerabilidad, superación y cooperación; etc..

Todo ello me parece de enorme interés, aunque me despierta una reserva: las expresiones “inteligencia espiritual” o “competencia espiritual” se me antojan empobrecedoras, porque parecen sugerir algo más que agregar a un listado formalizado y extenso, en lugar de subrayar que la espiritualidad es el saber esencial, el sustrato básico de sobre el que ha de edificarse una educación integral. Estamos ya tan inmersos en mundo tan angosto y materializado que quizás sin advertirlo pretendemos algo tan poco espiritual y viable como intentar formular la espiritualidad (y los saberes que la expresan) con criterios y sentido instrumentales.



[3] Utilizo segundas fuentes, porque en su encuentro con los alumnos de religión el obispo Barthelemy habló muy poco de si mismo.

[6] En este sentido, me han llamado la atención los testimonios sobre Jordi Mas que lo presentan como a una persona de acción y poco dada a la retórica y a las estrategias comunicativas, pero que a pesar de ello consiguió trasmitir a las personas que más le trataron los valores y actitudes que guiaron su vida.

[7] 1. Ser persistente. Terminar las tareas o problemas y mantenerse concentrado.

2. Manejar la impulsividad. Tomarse su tiempo, pensar antes de actuar, permanecer calmado pensativo y deliberar.

3. Escuchar con comprensión y empatía. Buscar entender a los otros. Dedicar energía mental a las ideas y pensamientos de los otros. Mantener nuestros propios pensamientos pero percibir el punto de vista y las emociones del otro.

4. Pensar flexiblemente. Intentar ver la situación desde una forma distinta, cambiar de perspectivas, generar alternativas y considerar opciones.

5. Pensar sobre el pensamiento. Conocer sobre tu forma de conocer, estar alerta ante los pensamientos propios, las estrategias, y las acciones propias, y cómo afectan a otros.

6. Buscar la exactitud. Verificar una y otra vez nuestro trabajo, fomentar el deseo por la exactitud y la fidelidad.

7. Plantear y proponer problemas. ¿Cómo conozco? Desarrollar una actitud de cuestionamiento. Considerar la información que necesitamos, elegir las estrategias que producen la información y encontrar problemas para resolver.

8. Aplicar el conocimiento pasado a nuevas situaciones. Usar lo que sabemos. Utilizar nuestro conocimiento y transferirlo a través de situaciones en que hemos aprendido.

9. Pensar y comunicarse con claridad y precisión. Ser claro. Buscar la comunicación exacta tanto en forma escrita como oral. Evitar las generalizaciones extremas, las distorsiones y las omisiones.

10. Reunir información a través de todos los sentidos. Utilizar nuestras formas naturales de recopilación de información a través de los sentidos.

11. Crear, imaginar e innovar. Intentar formas diferentes de acción, generar nuevas ideas, buscar la fluidez y la originalidad.

12. Responder con asombro y admiración ante nuestro entorno. Permitirse maravillarse ante los fenómenos naturales y la belleza que nos rodea.

13. Asumir riesgos de manera responsable. Experimentar el límite de nuestra propia competencia.

14. Encontrar el humor. Sonreír. Buscar la incongruencia en la vida. Reírse de uno mismo, cuando se pueda.

15. Pensar de forma interdependiente. Trabajar con otros. Trabajar y aprender de los otros en situaciones recíprocas.

16. Permanecer abierto al aprendizaje continuo. Aprender de las experiencias. Estar orgulloso y ser humilde para admitir lo que no sabemos. Resistir las complacencias.

PONCE MEZA. Miriam: Reseña de "Los hábitos de la mente" de Costa Arthur & Kallick B, Revista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, junio-julio, año 2002, vol. 5, número 018-017, Universidad La Salle, Distrito Federal, México, pp. 103-105

Otras referencias:

http://www.authorstream.com/Presentation/aSGuest18515-187753-bitos-de-pensamiento-16-costa-kallick-education-ppt-powerpoint/

http://www.educadormarista.com/descognitivo/Habitos_de_ la_mente-c1.htm

http://www.slideshare.net/enriquearaujoviedo/performance-2556703

http://www.docstoc.com/docs/4045203/EMOCIONES-Y-APRENDIZAJE-2

http://pedablogia.wordpress.com/category/educacion/metacognicion/

jueves, diciembre 04, 2008

Educación: una jornada muy intensa


Me hubiese gustado asistir a la presentación del Manifiesto por la Educación impulsado por ESADE, pero según ha anunciado la prensa[1] se trataba de un acto restringido, “reservado a las entidades de la sociedad civil catalana y a instituciones públicas no directamente implicadas en la enseñanza”. Pues... bueno. Ya me parece bien que se escenifique aquello de que “para educar hace falta toda la tribu y no sólo los docentes”, pero no era necesario excluirnos. Dicen que las instituciones educativas “están ahora en otro debate” y que no se trata de “invadir espacio que es responsabilidad de otros" (palabras del ex presidente del Parlamento catalán, Joan Rigol, promotor del manifiesto). De todos modos, según parece han asistido además del President de la Generalitat, el Conseller Ernest Maragall y algunos de los sindicatos del sector.


Mi apoyo, en cualquier caso, a una iniciativa que habla de recuperar valores como la exigencia, el esfuerzo y el rigor. Sólo un pero. Me ha inquietado que en un manifiesto[2] que no pretende invadir terrenos, la única alusión explícita que se hace a la educación secundaria sea para insistir en el alto grado de fracaso escolar en esa etapa y en la necesidad de abordar este problema “sin la interferencia de intereses corporativistas”[3]. ¿Qué se querrá sugerir exactamente?.


Yo prosigo entre tanto con mi lectura de L’escola contra el món (lo compré ayer en un tercer intento: en las dos primeras librerías se había agotado ya) de Gregorio Luri, que precisamente hoy intervendrá en L'hora del lector (C33, 23h). Hasta ahora suscribo al cien por cien todo lo que dice, pero lo que me está gustando especialmente es el tono en que lo dice, siempre libérrimo y bien humorado. Como señalaba Sergi Pàmies el pasado pasado Luri ha elaborado un discurso críticamente optimista que genera complicidades...

´La lupa de Luri´, Sergi Pàmies

Hace unas décadas, lo subversivo era escribir libros denunciando la deplorable situación del sistema educativo y apelando a nuevas formas de enseñanza, más justas y progresistas. Hoy ocurre justo lo contrario: elaborar un discurso críticamente optimista, señalar las vergüenzas del progresismo transformador y apelar a la confianza en una educación capaz de convertir la información en conocimiento suena a herejía punk. El hereje, en este caso, se llama Gregorio Luri y es el autor de L´escola contra el món en el sentido más amplio del término-acerca de la envenenada cuestión educativa. Ahí van dos ejemplos de su estilo. Primero: "No tinc cap dubte de la necessitat de promoure l´educació en el consum responsable. El que em deixa perplex és que no s´eduqui també en el treball". Segundo: "¿No seria molt més útil - fins i tot des de la perspectiva de l´activisme pedagògic-ensenyar els alumnes a descriure i raonar abans d´estimular-los a opinar?"

Luri, al que el sistema se permite el lujo de jubilar, aboga por una actitud más que sospechosa: el optimismo. Es una osadía discutible, sí, pero la lluvia de datos y observaciones que la acompañan resulta más irrebatible. Destilando vocación y sentido de la observación, L´escola contra el món alivia dudas, proporciona complicidades, apunta atajos no dogmáticos (es capaz de alejarse de la dichosa Finlandia ejemplarizante y contemplar otros modelos educativos, como los de Corea, Singapur o Baviera) y establece una batería de objetivos francamente interesante: confianza, lealtad, disciplina, responsabilidad, retorno de la autoridad a los profesores, estímulo del sentido de pertenencia, educación de la frustración como instrumento de aprendizaje, rechazo de la impaciencia y la aceleración (dos formas de disfrazar la falta de rigor), desactivación del peterpanismo entre profesores y padres y, en general, una obsesiva reivindicación del sentido común.

La música y la letra de esta canción (a ratos de protesta y a ratos de amor) produce en el lector ganas de corear un estribillo que desacompleja, libera de algunos dogmas agresivos que presiden cualquier conversación sobre esta materia y, además, acaba con la machacona cantinela del abrir debates.En esta cuestión, Luri se muestra implacable y, derrochando precisión y criterio, afirma: "En el món de l´educació s´ha generalitzat el vici del debat. Perquè el debat degenera en vici (en cridòria o gesticulació banal) quan es perllonga indefinidament amb la falsa convicció que, mentre es mantingui viu, alguna cosa positiva en sortirà". Así que ya lo saben: cada vez que alguien intente torturarles con la amenaza de la enésima apertura de debates sobre la educación, llévense la mano a la cartera y recuerden las reconfortantes - aunque me temo que excesivamente optimistas-opiniones de Luri.

28-XI-08, Sergi Pàmies, lavanguardia

Por cierto, he asistido hoy a una jornada institucional sobre Calidad en la Educación y me ha parecido que sus participantes seguían otra partitura. Mañana o pasado lo cuento.


[1] Las entidades directamente relacionadas con la educación no asistirán al acto, ya que los firmantes consideran que la responsabilidad de la educación recae en toda la sociedad, y las instituciones educativas están actualmente en otro debate. "No pretendemos invadir espacio que es responsabilidad de otros", afirmó Rigol. http://www.europapress.es/nacional/noticia-rsc-mas-30-entidades-sociales-unen-mejorar-educacion-cataluna-20081202145223.html?rel

[2] Convocatòria social per l’educació a Catalunya. Manifest final

[3] L’alt grau de fracàs escolar que tenim a Catalunya, especialment en l’educació secundària, ens obliga a fer un esforç de reflexió i debat sobre els defectes del nostre sistema educatiu i les possibles maneres de corregir-los. Ha de ser un debat que compti amb la participació directa dels agents educadors i que eviti la interferència d’interessos partidistes i corporativistes. Però també ha de ser un debat en què s’impliqui tota la societat.

martes, noviembre 25, 2008

Motivos para la esperanza: presentación de “L’escola contra el món” de Gregorio Luri


Desde hace días hago pesquisas para encontrar el nuevo libro de Gregorio Luri: L’escola contra el món, pero todavía no lo he conseguido. El viernes pasado lo intenté de nuevo en Laie sin éxito, pero a cambio acabé llevándome otro libro suyo, la Guía para no entender a Sócrates (2004), en el que sigo enfrascado, y en perspectiva tengo su obra anterior El Proceso de Sócrates (1998). Pero creo que voy a interrumpir estas lecturas para dar prioridad a su ensayo sobre la educación, que por fin ya ha sido presentado, según refiere con unánime aplauso la prensa de hoy.


Inicio por tanto un “período Luri”, que a tenor de lo hasta ahora leído y escuchado, espero que dure. Mi primer contacto con el autor fueron sus artículos en LA VANGUARDIA (enlace artículos), que me sorprendieron por la contundencia y libertad con la que abordaba temas tabú en el ámbito educativo como son la autoridad, la disciplina o las prácticas educativas buenistas y pseudoprogres. Una visita suya a este blog me permitió descubrir El café de Ocata, el más activo lugar de encuentro e intercambio de opiniones que conozco en la red, gestionado en tiempo real por el titular de una bitácora. Siempre me ha asombrado la calidad de sus contenidos y la educada y obsequiosa deferencia que emplea con todos sus visitantes.


Y ahora llega este libro, que viene precedido de un tsunami mediático sorprendente(radio televisión, prensa diaria, revistas, bitácoras, etc), máxime si reparamos en su contenido, que -según lo anunciado- no es nada complaciente con las inercias de nuestro sistema educativo, ni con las políticas hasta ahora seguidas, por más que su tono sea amable y positivo.


Pero ahí no acaba la cosa. El libro se adelanta a la presentación de un manifiesto impulsado por Esade-URL y la sociedad civil catalana, en el que Gregorio Luri ha participado decisivamente y que postula “valores como la calidad, la exigencia, el esfuerzo, el rigor o la equidad”.


¡Gracias a Gregorio por su acierto y empeño, y mi apoyo desde ya a ese manifiesto!. Espero estar en su presentación el próximo día 4 de diciembre y reiterar mi respaldo.


En cuanto al libro, confío en que este alegato en favor de “otra pedagogía” tenga el máximo eco y haga audible e inteligible el clamor de muchos que postulamos otro modo de entender la enseñanza, y queremos recuperar algunos de los viejos tesoros que se han tirado por la borda.


No se trata de volver al pasado, ni de menospreciar ninguna innovación valiosa. No se trata de eludir ningún reto. No se trata de defensas corporativas. De lo que se trata es de situar la mirada en algo que casi todos eluden: los principios pedagógicos vigentes, los que cimientan nuestra práctica educativa cotidiana. Son raros los pedagogos que los cuestionan sin tapujos y Gregorio Luri es uno de ellos. Quizás sea tarde ya, pero estaría bien que nuestros máximos responsables educativos se permitieran revisarlos, leyendo y releyendo a Luri. Sería un medida prudente antes de concluir la última aventura legislativa en el terreno educativo, porque... ¿cabe hablar de evaluar el sistema educativo si sus principios pedagógicos son intocables?.


Pensando en la futura LEC, me pregunto: ¿con qué ánimos se espera que la asumamos los profesionales de la educación, si vamos a ser evaluados según principios pedagógicos que muchos consideramos inadecuados?. Si el sistema falla de manera alarmante, habría que empezar evaluando los principios que lo sustentan y no a los profesionales que los siguen. A mi juicio, esta es la razón más poderosa del malestar docente que ha suscitado la LEC.


Pero, todavía hay motivos de esperanza. Gregorio Luri ha sabido vehicular su mensaje y confío en que se trate sólo del inicio de una poderosa onda expansiva.


Con sorpresa leo que a la presentación acudió el conseller Maragall -todo un gesto- y que, además, se mostró encantado con el libro. Quizás si el conseller insistiera en esa línea, algunos reduciríamos nuestra desconfianza hacia la LEC.


Espero ansioso leer esta obra y de momento abro boca con algunos aperitivos:





Radio:

En El Cafè de la República, amb Joan Barril




“L’escola contra el món”

Fuente: REVISTA DE LETRAS

Por Diego Giménez | Entrevistas | 17.11.08

Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y Premio Extraordinario de Doctorado, fue profesor de Filosofía en la UNED de Barcelona y en la Escuela Superior de Diseño de Sabadell. Coordinador del volumen La razón del mito (2000), es autor entre otros textos de El proceso de Sócrates (1998), Prometeos. Biografías de un mito (2001) y Guía para no entender a Sócrates (2004). El próximo lunes presenta L’escola contra el món, un libro en que Gregorio Luri se desmarca de los tópicos que alrededor del mundo de la educación.

¿Cómo emerge “L’escola contra el món”?

Me tuve que jubilar, por cuestiones de salud, el 1 de septiembre del curso pasado. Pocos días después recibí una carta del “conseller d’Educació” en la que me manifestaba su agradecimiento “por toda una vida profesional dedicada a hacer crecer a nuestros chicos y chicas en el pensamiento, en la reflexión, en el espíritu crítico y en la creatividad”. Al leerla me pregunté cómo sabía el Señor “Conseller” que yo no había sido un inepto. ¿Cómo podía saber si compartía su visión sobre mi trabajo? La carta me anunciaba también un regalo que recogí enseguida. Resultó ser un libro, titulado La educación en Cataluña. Salvador Cardús firmaba el último artículo afirmando que, respecto la escuela, “El malestar se va extendiendo”. ¿Hacía falta tomarse esto como una imputación? Reflexionando sobre estos temas tomó cuerpo el libro.

¿En qué momento se encuentra la educación hoy?

La carta del “Conseller” nos orienta. Me agradece que haya estimulado el crecimiento del pensamiento crítico, la reflexión y la creatividad de los jóvenes catalanes, pero no me explica por qué estos valores son más importantes que, por ejemplo, la lealtad, la disciplina y la responsabilidad, ni tampoco porqué no parece conceder ninguna importancia a los contenidos que haya podido impartir a lo largo de mi vida profesional. No parece importar si los alumnos que han estado bajo mi responsabilidad, cuando acaban la enseñanza obligatoria, son capaces de situar el Danubio o Moldavia en un mapa de Europa, si están capacitados para hacer cálculos mentales mínimamente complejos o si dominan algo más que un vocabulario de estricta subsistencia. Este desequilibrio define el estado actual de nuestra educación con precisión.

¿Cómo ha vivido el paso de la escuela moderna a la posmoderna?

En la escuela tradicional, con todos sus defectos, había una cosa clara: que “enseñar” era un verbo Transitivo. En la escuela posmoderna, lo realmente importante no parece ser que hay que saber, sino como fomentar la reflexión, el espíritu crítico y la creatividad del alumno, con lo cual la autonomía del aprendizaje se ha impuesto a la heteronomía de la enseñanza. Pero no está nada claro que la autonomía sin orientación pueda conducir a la adquisición de los conocimientos que un joven necesita para poder cursar sus estudios universitarios con una base de competencias lo suficientemente sólida. La confluencia de una concepción pedagógica basada en la centralidad de la autonomía del niño con las ideologías individualistas modernas y el fomento creciente del consumo ha propiciado la aparición de un “clientelismo” pedagógico por parte de unas familias que entienden que su relación con la escuela es similar a la que mantienen como clientes con las empresas de administración de servicios.

¿Estamos en tiempos de relativismo y escepticismo moral?

Sí, y por lo tanto, de desorientación. Para ser más libres hemos creído posible renunciar a la dictadura de los criterios orientadores. Incluso se alaba la liquidez como un principio positivo y se sospecha del arraigo (y de las convicciones) como una rémora que nos incapacita para la constante adaptación a no se sabe bien qué.

¿Se ha perdido la autoridad del maestro o profesor?

Se ha convertido en uno de los dogmas de la pedagogía (post) moderna la tesis de que el alumno debe ser el centro de la actividad pedagógica. Es una tesis discutible. En una auténtica relación pedagógica el centro nunca está ocupado por el alumno, sino por la autoridad del maestro, capaz de ganarse la atención de la clase y de organizar la relación del alumno con los contenidos de aprendizaje. Tal es así que si el maestro no tiene autoridad, difícilmente hay aprendizaje. Evidentemente estoy hablando de autoridad, no de arbitrariedad o de fuerza. La autoridad docente es la capacidad del maestro para hacer presente el conocimiento relevante y facilitar su asimilación por parte del alumno. Si la escuela tiene convicciones sobre lo bueno y lo malo, por muy partidario que sea dejar que el niño se exprese, no valorará de la misma manera todas las manifestaciones de su espontaneidad. Estimulará algunas y en reprimirá otros. Ningún maestro digno de este nombre permitiría la libre expresión de las capacidades del niño para la mentira, la hipocresía o la violencia. La autoridad del maestro se encuentra en el centro siempre que el maestro tenga convicciones. Donde no hay autoridad, normalmente lo que falta son convicciones.

¿Qué es la educación de la responsabilidad y de la frustración?

Dice Homer Simpson que “si cuesta mucho hacer algo es que no vale la pena hacerlo”. Reconozco que soy un ferviente seguidor de los “Simpson”, pero no me gustaría mucho que Homer fuera el maestro de mis hijos. Educar a un niño cuesta mucho, y a veces nos sentimos desorientados, pero los padres que quieren a su hijo no lo abandonan a su propia impulsividad, porque en este caso sería incapaz de conquistar la postura vertical o de hablar una lengua. Tal vez una cultura a gatas que se exprese a gritos sería una cultura magnífica, pero por ahora no me veo capaz de renunciar a mis prejuicios a favor de la verticalidad y del lenguaje articulado. Reprimir los caprichos injustificados de los niños no les hace más infelices. Y en cambio la falta de normas y de límites infranqueables los empuja a ser caprichosos e intratables. La incapacidad para hacer frente a pequeños conflictos anuncia la incapacidad para hacer frente a conflictos graves, por la misma razón que aplaudir la “trastada” de un hijo mal educado significa reforzar su falta de urbanidad. Tampoco podemos pretender argumentar siempre nuestras decisiones o poner a votación todas las normas de la casa. No todo se puede argumentar. Los argumentos no les hacen ni frío ni calor a los chantajistas emocionales y dictadores con pantalones cortos. La norma estricta e incuestionable también tiene mucho sentido, especialmente cuando es respetada de forma ejemplar por los mismos padres. Convencer a un adolescente pletórico de energía que no siempre sabe lo que es mejor para él, y que a veces tiene que reprimir sus impulsos y sacrificar su satisfacción inmediata en interés de su futuro, no es fácil. Pero pretender hacer crecer los hijos en un mundo ficticio sin conflictos donde su ingenuidad no se vea expuesta a la complejidad de la vida no es una prueba del amor de los padres, sino de sus miedos. Me parece que fue Beckett quien se propuso como ideal de vida “fracasar, volver a fracasar y, después, fracasar mejor”. Yo no formularía mi ideal de esta manera, pero reconozco mi simpatía por el filósofo Diógenes, que a veces se pasaba largos ratos discurseando con las estatuas de Atenas para “ejercitarse en fracasar”. No es que el fracaso me parezca especialmente atractivo, pero, ya que es un compañero de viaje, vale más aprender a tener allí tratos sin muchas gesticulaciones. Los méritos de una persona no se miden únicamente por sus éxitos, sino también por su capacidad de levantarse cuando cae. A esto me refiero cuando defiendo la necesidad de educar en la frustración.

¿Cuál es el papel de las nuevas tecnologías en la educación?

Lo primero que hay que tener claro es que la escuela ya no está en condiciones de decidir si acoge o no las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida cotidiana y han venido para quedarse. La escuela debe aprender, en todo caso, mantener una relación natural con ellas, lo que no es fácil, por diferentes razones. En primer lugar porque ponen herramientas de un potencial extraordinario en manos de personas muy diversas. El profesor creativo hace maravillas, mientras que el falto de creatividad se siente cada vez más medido por el potencial tecnológico. En segundo lugar porque los adultos hemos tenido que emigrar a un mundo digital habitado por unos nativos que son nuestros hijos. Esto implica que a veces un alumno está más capacitado que su maestro para hacer uso de las nuevas tecnologías. En tercer lugar porque la inmensa (y creciente) cantidad de información que las tecnologías de la información nos hacen accesible, nos sitúa ante la imposibilidad de la selección crítica de los contenidos, por lo que o bien nos dedicamos a movernos al azar (que es lo que hacen muchos internautas) o confiamos en filtros, es decir, en instituciones serias que me puedan orientar. En un futuro próximo el ignorante será aquel que no pueda confiar en ningún experto que le pueda filtrar la información relevante. Aquí se encuentra un reto inmenso para la escuela. En cuarto lugar aparece un elemento psicológico muy importante. Parece que los jóvenes que han crecido con las nuevas tecnologías (los nativos del mundo digital) han desarrollado un tipo de atención específica, muy abierta, que es capaz de atender a diferentes experiencias hora (ver la tele, hablar por el móvil, Jugar con la consola, escuchar música, etc), pero tienen muchas dificultades para mantener la concentración sostenida en una única actividad. Como la herramienta fundamento de la educación de la atención sostenida es la lectura, el texto se presenta cada vez más como un complemento imprescindible del hipertexto.

¿Qué se debe pedir a los alumnos?

Confianza en los padres y los maestros

¿Qué se debe pedir a los padres?

Confianza en ellos mismos

¿Qué se debe pedir a los profesores?

Exactamente lo mismo que a los padres.

¿Qué encontrará el lector en “L’escola contra el món”?

La preposición «contra» del título puede tener diferentes sentidos, que son los que intento poner de manifiesto en el libro. La escuela puede posicionarse contra el mundo cuando ignora la realidad y se muestra incapaz de proporcionar las herramientas indispensables para la competición social que hay en la calle; cuando educa a los alumnos en unos valores que ponen en cuestión tanto el esfuerzo como la jerarquía y la selección, cuando hay un desacuerdo grave entre lo que se enseña en las aulas y lo que la sociedad pide. Se sitúa contra el mundo cuando no se atreve a aspirar de verdad a la excelencia y desconfía de la meritocracia; cuando vive pendiente de unos discursos que hace tiempo que han dejado de tener eco social o cuando confunde la pedagogía con una terapia contra los males de la vida humana, sin darse cuenta que una vida sin frustraciones va en contra de ella misma. La escuela se posiciona también contra su comunidad cuando confunde al alumno con un cliente y el conocimiento con el entretenimiento. Para cumplir fielmente su misión, es posible que la escuela tenga que navegar a menudo contracorriente. No hay que dejarse arrastrar por aquellas psicologías y filosofías que hacen de la frivolidad un principio y menospreciar el rigor, el esfuerzo y la educación del carácter.



En El senyor Boix http://blogs.ccrtvi.com/elsenyorboix

...I ja que avui és dilluns, per superar aquest xic de mandra que sempre dóna tornar a l'escola, fixeu-vos com ataca l'escola i l'ensenyament actual el professor de filosofia Gregorio Luri a aquesta recent entrevista, donada amb motiu de l'edició del seu nou llibre L'escola contra el món (La Campana, 2008).



Ahir diumenge, Gregorio Luri també va participar al debat titulat Què li cal a l'educació? que publicava el suplement «A més a més», del diari Avui, i el qual jo volia enllaçar aquí; però el suplement d'ahir no es trobarà disponible al web del diari fins d'aquí a uns dies.
Al seu llibre, Gregorio Luri anuncia «la fi del projecte pedagògic de l'escola republicana francesa i del model de societat que aquesta volia contribuir a crear (en la que la instrucció pública, la ciutadania i la república formaven un tot)», i denuncia que la decadència de l'ensenyament i de l'escola ha estat provocada, entre altres coses, per «la desaparició de l'esforç personal de l'alumne i la seva substitució per didàctiques de l'interès» i per «la renúncia progressiva a la redacció de textos complexos i a la seva exposició oral, la progressiva introducció de pràctiques de "debat", que reforcen el costum de l'alumne de blindar-se darrere de la seva opinió; o el dogma que el paper fonamental de l'escola és el foment de l'autonomia de l'individu». Així que bon dilluns també de col·legi, amigues i amics!




El filòsof Gregorio Luri fa una demolidora revisió crítica dels pilars ideològics i les bones intencions en què se sosté l'escola catalana
Fuente: http://paper.avui.cat/article//cultura//146634/sense/formules.html

Sense fórmules

Ignasi Aragay
A l'assaig 'L'escola contra el món' el mestre Gregorio Luri advoca per recuperar l'autoritat dels mestres i el valor de la feina de l'alumne

A l'assaig 'L'escola contra el món' el mestre Gregorio Luri advoca per recuperar l'autoritat dels mestres i el valor de la feina de l'alumne
CRISTINA FORÉS

Ni pública ni privada, ni laica ni religiosa, ni elitista ni popular, sinó tot el contrari. Un altre assaig -sí, un més, però no un qualsevol- busca sortides per a l'atzucac educatiu català. Les busca sense fórmules màgiques. És obra del navarrès establert a Catalunya Gregorio Luri, filòsof i professor jubilat. Als 40 anys Luri es va fer un regal: no pensar amb fórmules, i d'aquell magnífic present en surt ara el llibre L'escola contra el món (La Campana), un text on proclama que "l'optimisme és possible" sense renunciar a la crítica dels pilars ideològics i les bones intencions que encara avui sostenen i condicionen l'escola catalana.

El llibre va ser presentat ahir a la premsa en un acte al qual, per sorpresa, s'hi va presentar el conseller d'Ensenyament, Ernest Maragall, que es va mostrar entusiasmat amb les tesis de Luri, tot i que aquest últim no deixa d'ironitzar sobre la carta de serveis prestats que el conseller li va enviar per la seva jubilació: "M'agraeix que hagi estimulat el creixement del pensament crític, la reflexió i la creativitat dels nois catalans, però no m'explica per què aquests valors són més importants que, per exemple, la lleialtat, la disciplina i la responsabilitat; ni tampoc per què no sembla concedir cap importància als continguts que hagi pogut impartir al llarg de la meva vida professional".

Bé, en tot cas, Maragall ahir combregava amb la minirevolució que proposa Luri. I en la mateixa línia va situar-se el sociòleg Salvador Cardús, director de la col·lecció d'assaig Obertures que acull l'obra, i el filòsof Xavier Antich, per qui es tracta d'un assaig "imprescindible".

L'escola contra el món parteix de la idea que en lloc de seguir parlant de creativitat, llibertat, espontaneïtat, plaer, igualtat, multiculturalisme, innovació i laïcitat s'ha de fer de coneixements, autoritat, silenci, esforç, elitisme democràtic, identitat, tradició i, si es vol un autèntic pluralisme, també de religió -"Caldria explicar amb arguments per què algunes idees, per exemple el laïcisme, són més públiques que les creences religioses"-. El canvi de paradigma, doncs, és més que notable.

D'un extrem a l'altre

Si històricament l'escola autoritària i memorialística va donar com a reacció un ensenyament per a la felicitat, amb la utopia del Maig del 68 com a música de fons i el nen al centre de totes les mirades, Luri proposa ara fer autocrítica i una certa marxa enrere que permeti a l'escola exercir amb garanties el seu rol de mitjancera entre la família i la societat, cosa que vol dir, al seu parer, anar a la contra de moltes coses: de l'acceleració, del consumisme, de l'opinionitis, del candor moral, del peterpanisme, de la sobreprotecció...

Segons Luri, si una cosa tenen en comú tots els sistemes que funcionen, de Finlàndia a Singapur, passant per Corea del sud, Flandes i Baviera, és haver recuperat la confiança en el mestre i haver triat els millors com a mestres. I a partir d'aquí, crear un cercle social virtuós.


Un alegato en favor de la pedagogía

Gregorio Luri combate la visión negativa de la educación en ´L´escola contra el món´ | "Ni el sarcasmo ni el catastrofismo conducen a ninguna parte", señaló el filósofo Xavier Antich

M. Beltran LA VANGUARDIA 25/11/2008

El optimismo no sólo es posible, sino que es el primer deber moral de un educador". Esta es una de las muchas conclusiones a las que se llega con la lectura de L´escola contra el món (Ed. La Campana), del filósofo y profesor Gregorio Luri, donde de forma amena desmenuza los problemas de la escuela para concluir que "los milagros, en pedagogía, existen".



Luri conoce el terreno y con el profundo saber que le da su condición de profesor recién jubilado - desde el curso pasado-desmenuza con inteligencia, no exenta de sentido del humor, la evolución del sistema educativo y la situación de la escuela. Con un lenguaje sencillo desenmascara tópicos; como dijo Cardús, "serena los ánimos y predispone a la acción", siempre lejos del catastrofismo. Y es que "ni el sarcasmo ni el catastrofismo conducen a ninguna parte", señaló Antich, a la vez que propuso que, en contra del cinismo que inunda buena parte de los libros que se escriben sobre educación, "hay que tomar nota y ver qué podemos hacer, cada uno desde su responsabilidad", para que las cosas en la escuela sean diferentes de lo que son.

Todo el texto de Luri rezuma amor a la escuela, y es, por tanto, un libro que la defiende, así como la profesión de docente. Muestra una "confianza en la escuela", aseveró Antich. El autor demuestra ser buen conocedor del funcionamiento del sistema educativo de otros países, aquellos que suelen aparecer en los informes como los mejor situados en cuanto a los resultados académicos del alumnado. La revisión le sirve para romper algunos tópicos, como el hecho de que cuanta más inversión, mejor educación, y también para ratificar aspectos conocidos pero no suficientemente valorados como el papel central del profesorado.

En sus inicios, según confesó el autor, el libro tenía un tono crítico hacia la Administración, pero a medida que el autor fue escribiéndolo - proceso que le costó lo suyo porque utilizaba un estilo excesivamente filosófico-comprobó que "en Catalunya se da una nueva situación que permite criticar determinados dogmas y tratar ciertas cuestiones con normalidad, sin tener que justificar la bondad de nuestro discurso", explicó Luri. El miedo a criticar las "buenas intenciones", que se supone que han guiado gran parte de las decisiones de la Administración en el ámbito educativo, desaparece, porque "ahora sabemos que una buena intención sin sentido común puede hacer mucho daño".

El autor quiso dejar claro que antes de criticar a la escuela catalana "debemos ser conscientes de hasta qué punto está sometida a unas urgencias muy distintas de las de otros países, y que nuestra realidad es muy compleja". En su opinión, y así concluye el libro; "El optimismo es posible; es factible recuperar la confianza de la escuela en ella misma, lo cual es indisociable de la recuperación de la confianza de la sociedad en sí misma".

MÁS INFORMACIÓN
Luri, uno de los expertos que han trabajado en la elaboración de los documentos previos al manifiesto que lidera Esade, presentó ayer el libro junto a otro de los especialistas que han estado en la cocina del manifiesto de la sociedad civil en favor de la educación, el también filósofo Xavier Antich. La editora Isabel Martí y el sociólogo Salvador Cardús, director de la colección Obertures 23, de la que forma parte el libro de Luri, desbrozaron el camino del presentador y del autor con un optimismo digno del libro. No en vano, La Campana celebra sus 300 títulos con L´escola contra el món.


Los male/os de la enseñanza -

19/03/2007 La-Vanguardia.-GREGORIO-LURI-


Teníamos un problema: el sistema educativo estaba haciendo aguas. Ahora tenemos un diagnóstico: la culpa es de los profesores, que no están bien formados. La terapia no puede estar más clara: formación para los formadores.

Quien diga que el profesorado no ha cambiado, o habla con mala fe o es un completo ignorante

Si Victor Hugo levantara la cabeza, no hay duda de que lo haría para asentir. Nadie ha tenido más confianza que él en los poderes taumatúrgicos de la escuela. Sus fórmulas forman parte del subconsciente colectivo de muchas personas bien intencionadas: "Una escuela que se abre es una cárcel que se cierra", decía, o, con otras palabras, "cuando el pueblo sepa leer, entonces será honrado".

Pero la verdad es que el pueblo ha alcanzado la plena escolarización hasta los 16 años y no sólo seguimos abriendo cárceles sino que seguimos lamentándonos de que sigan existiendo los matones de patio de escuela. Pero los dogmas son dogmas porque son intocables y el de la confianza en la enseñanza como terapia para los males del hombre es el dogma por excelencia de la Ilustración. ¡Y a ver quién no va a querer ser ilustrado!

El razonamiento, por tanto, no puede ser más sencillo: (1) Si la cultura nos hace sujetos libres, responsables, educados, participativos, etcétera, y (2) si los resultados escolares no se corresponden con nuestras buenas intenciones, (3) la culpa no puede ser de nuestras buenas intenciones. Así que (4) la responsabilidad hay que buscarla en los gestores de las buenas intenciones de la sociedad ilustrada. Y es aquí donde nos encontramos con la perplejidad docente.

El resto de variables es intocable. El elector, ni tocarlo; los programas están libres de culpa, porque si con algo hemos experimentado es con ellos; la Administración demuestra su inocencia con sus gráficos de incremento del esfuerzo inversor. Así que sólo queda una alternativa: el profesorado es responsable (por acción o por omisión) de su perplejidad postilustrada, por no haber sabido readaptarse a las nuevas demandas sociales renovando su "formación en habilidades sociales y psicología". Así que reformemos la formación del profesorado, y todo solucionado. Claro que, por otra parte, todo puede mejorarse si los implicados en su gestión mejoran: la sanidad, la judicatura, los servicios de recogida de basuras, etcétera. Hasta el amor sería más seguro si nos amásemos con más fidelidad y el trabajo sería más alegre si trabajásemos con más alegría. El que no es utópico es porque no quiere, porque la Ilustración está al alcance de todos.

Pero quien diga que el profesorado no ha cambiado en los últimos años o habla con mala fe o es un completo ignorante. La verdad constatable es que nunca se han dedicado más horas en los centros a las reuniones, a las evaluaciones e incluso a las preevaluaciones. La escuela es un hervidero de programaciones (horizontales, verticales y transversales), de proyectos (estratégicos, tutoriales, docentes), reglamentos, etcétera, etcétera. Nunca han hablado más los docentes entre sí sobre la acción docente. Ni nunca han hablado más con los padres, con los alumnos, con los ayuntamientos. Nunca ha habido más psicólogos, más pedagogos, más mediadores, más asistentes sociales en los centros. Nunca se ha dedicado más atención a la diversidad, a la integración, a la mediación. Nunca ha habido tampoco más incentivos para la formación continua del profesorado.

En la escuela se hacen tantas cosas que hasta parece legítimo dudar de que la instrucción continúe siendo su razón de ser. El riesgo no es que falten profesores bien formados, sino que falten, simple y llanamente, profesores.

G. LURI, filósofo y pedagogo

sábado, diciembre 16, 2006

Hay que recuperar la autoridad perdida

Hay que recuperar la autoridad perdida

GREGORIO LURI, filósofo y pedagogo


LA VANGUARDIA, 15-12-2006

Según la OCDE los profesores españoles son los másdesanimados de Europa. No es ninguna broma. Estamosasistiendo a una progresiva pérdida de confianza de la institución escolar en sí misma. Pero, que nadie se equivoque, la pérdida de confianza en las propias capacidades educativas de la escuela no es meramente un problema escolar; es un grave problema político.La escuela no es sino el fiel reflejo de la confianza con que una sociedad transmite lo mejor de sí misma a las nuevas generaciones. La escuela es solamente el síntoma. Y lo más preocupante es que el meollo de la cuestión no se encuentra en la desazón provocadapor los males presentes, sino en la sospecha más o menos explicitada de que no hemos tocado fondo y de que, por lo tanto, más pronto que tarde acabaremos recordando el presente con nostalgia.

Lo que la realidad está poniendo en tela de juicio no es tal o cual estrategia educativa, sino las convicciones esenciales de la pedagogía progre,que es la que ha sostenido nuestro discurso educativo en las últimas décadas, fundamentalmente la convicción de que no hay instancia superior a la palabra ni en eficacia ni en bondad. Por lo tanto, si no hay problema que no se pueda resolver por medio del diálogo, todo problema debe resolverse por medio del diálogo.

El dogma de la beatería pedagógica imperante sostiene que toda actuación disciplinaria es un fracaso del diálogo y, por lo tanto –aunque no se diga esto explícitamente es lo que parece deducirse del argumento–, el mayor responsable de un conflicto es siempre el adulto, porque debería ser el que tuviera mayor capacidad dialogal. El problema es que hay que tener mucha, pero que mucha fe, para mover montañas, y aquellos a los que el trato cotidiano con la realidad ha ido haciendo escépticos se ven fatalmente sobreexpuestos, desde luego en primera fila, a la tozudez de los hechos.

La beata teoría de la sacralización del diálogo se reduce a lo siguiente: si todos fuéramos mejores, todo sería mejor. Suena un poco ridículo, pero tiene la ventaja de ser solamente una teoría. Lo grave del asunto es cuando se consigue implantar socialmente no como una teoría, sino como un valor, pasando de ser una perspectiva sobre la realidad a ser la perspectiva moral sobre la realidad.Hoy es evidente que este discurso hace aguas por todas partes. Pero aunque se está comenzado a perder el miedo a ser considerado un cínico por defenderotras perspectivas sobre la realidad, aún se necesita coraje para afirmar sin complejos el valor de la autoridad.No va a ser nada fácil –si es que aún es posible– restituir la autoridad de la autoridad.

La autoridad se reconoce porque es, legítimamente, la instancia con capacidad para decir la última palabra e imponer el silencio, si hace falta, por la fuerza. Es la instancia inapelable.

La recuperación de la autoridad supondría, por lo tanto, introducir en los centros de enseñanza una separación clarísima entre la discusión y la decisión dejando bien claro que las instancias decisorias son la representación legítima de la autoridad democrática.Y aquí está el talón de Aquiles de todo este asunto, puesto que quienes tendrían que asumir la valentía de la decisión de imponer el silencio (pienso tanto en políticos como en profesionales de la enseñanza) se han educado en la convicción de que la autoridad es esencialmente perversa y que el poder –todo poder– es el enemigo que hay que batir para que pueda aflorar la espontaneidad inocente del ser humano. No pueden optar por introducir la autoridad sin estar dispuestos a impugnar sus propias biografías.