En el último post hablaba de conjuntos como Facto Delafé que exploran las nuevas masculinidades. Otros sin embargo, optan por realizar su particular crónica de la crisis del varón contemporáneo. Es el caso del grupo Manos de Topo que ironiza en sus canciones sobre chicos sensibles y románticos a los que ha hundido la frialdad, la dureza y el menosprecio de las chicas que adoran. Se trata de perdedores que se relamen la herida entre el llanto, la impotencia y el resentimiento, implorando con insoportable voz desvalida un poco de atención. Son seres patéticos, incapaces de modelarse sin el concurso de una mujer que les reconozca y tutele emocionalmente. Estos pobres diablos son los últimos epígonos de aquellos caballeros que se declaraban esclavizados por sus damas, o de aquellos héroes románticos más recientes, que se entregaban a la fatalidad de su pasión. Pero, hay una diferencia: estos muchachos atormentados de hoy han perdido todo sentido de la dignidad y se deshacen en lloriqueos quejumbrosos, autocompasivos y cobardes. En lugar de reempoderarse, mendigan compasión, incapaces de hacerse cargo de sus vidas. De ahí a la autoagresión y la violencia hay sólo un paso: creen tener razones para liberar su lado oscuro y resarcirse de su insoportable frustración. Manos de Topo habla de todo ello y mucho más con un caústico sentido del humor.