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lunes, marzo 31, 2008

Jóvenes y callejones sin salida

Comenta José Antonio Marina en Arquitecturas del deseo que la alianza del principio de individuación y del principio del placer nos ha conducido a un callejón sin salida que hace inviable la vida social.

En lugar de actuar como sujetos libres, capaces de ir más allá del deseo, nos dejamos aprisionar por los estímulos que otros nos diseñan y que actúan como los grilletes de nuestra cárcel egoica. Enajenados de nosotros mismos y de los demás, y confinados en circuito hastiante, nuestra vulnerabilidad es cada vez mayor.

Este duro diagnóstico, todavía es más severo si pensamos en nuestros hijos, a los que no hemos conseguido trasmitir aquellos referentes residuales que a los adultos aún nos permiten alzar el vuelo, cuando el deseo se desboca. Al parecer, la única aspiración intensa que les hemos contagiado con éxito es la de ser feliz a cualquier el precio. Y en coherencia con este programa, los padres-niños eludimos poner limites a nuestra descendencia, convirtiendo a nuestros hijos en caricaturas de nosotros mismos.

Desarmados por la permisividad imperante, estos chicos y chicas satisfacen su anhelo ilimitado de “gozar sin trabas” en el mercado que, dispuesto a manipularlos y exprimirlos sin piedad, los lanza a un hiperconsumo devastador. El mundo adolescente parece educarse, construirse y alinearse exclusivamente a partir del orden económico. Son hijos del mercado. Se nos han escapado de las manos.

Pero, ¿qué efectos produce en nuestros jóvenes semejante deriva?. Tanto si nos centramos en el terreno del consumo, en el de la sexualidad -que el mercado explota a edades cada vez más tempranas-, o en el de las relaciones persónales, los estudios, los especialistas destacan, entre otros efectos, los siguientes:


-Dependecia de las modas en sucesión incesante dictadas por el amo-mercado
-Balcanización del consumo
-Comportamientos fragmentados, sin reglas, volátiles
-Perfomances constantes
-Inconstancia y inestabilidad
-Banalización de la sexualidad

Sin embargo, la sobrestimulación artificial del deseo tiene un límite imprevisto: el tedio. Es algo que ya se detecta en el ámbito sexual. Sin normas, sin límites, sin represión ni posibilidad de transgredir, los adolescentes se encuentran sin discursos en los que inscribir sus experiencias y dotarlas de sentido, sin vías de acceso al otro. El resultado es un sexo sin pasión, ni encuentro, construido bajo el signo de la indiferencia, quizás el estado emocional que mejor define nuestra época. Dice Lipovetsky, que el permisivismo “engendra un neo pauperismo tanto libidinal como afectivo”. Esos adolescentes “fijados, atornillados, a sus blogs, sus SMS, sus pantallas” más que el encuentro lo que negocian es el no encuentro, la relación sexual apática: hablar poco, hacerlo eventualmente, sacar la menor consecuencia posible. A la banalización del sexo ha seguido el desmoronamiento del imaginario controversial. La gastada retórica romántica mal sobrevive en la ficción mediática, pero ya no alcanza a la calle, y nada la ha reemplazado.

Esa ausencia de referentes que permitan percibir las propias experiencias en toda su plenitud, se abre el camino a nuevas búsquedas cada vez más fronterizas e inquietantes. Así se explica la prolofercaión de conductas cada vez más extremas, perversas y destructivas: droga, alcoholismo, comportamientos cínicas e incluso sádicos, violencia, los maltratos...


Éxito masivo de un juego que fomenta la cirugía estética
y la dieta en niñas


La Vanguardia, Sección 'Tendencias', Pàgina 22. 26/03/2008

El fenómeno ´Miss Bimbo´ desata la polémica en Francia y el Reino Unido

RAFAEL RAMOS - Londres. Corresponsal

Todo empieza con una dieta severísima para perder peso y quedarse con una cinturita más delgada que un alfiler, sigue con una operación de cirugía estética a fin de lucir unos pechos de película, y termina por supuesto cazando a un multimillonario... Pero no se trata de los mandamientos de Victoria Beckham o algún otro icono femenino contemporáneo, sino de un juego en internet para que niñas de menos diez años aprendan desde la más tierna edad a ser las "bimbos perfectas".

La página web con el jueguecito en cuestión, creada por un francés que se ha establecido en Londres, tiene alrededor de un millón y medio de seguidoras menores de dieciséis años que compran lencería, bikinis y vestidos de noche virtuales para sus bimbos,les dan pastillas para adelgazar y en general las matan de hambre, en un proceso que ha sembrado la alarma de numerosos padres y ha despertado la condena de organizaciones que se dedican a ayudar a las víctimas de la bulimia y la anorexia.

"Sólo faltaba que gracias a internet las niñas de primaria se dediquen ya a comer lechuga y conviertan la cirugía estética para tener el tipo perfecto en la gran aspiración de su vida: esa es una receta para la infelicidad", dice Susana Clayton, psicóloga británica especializada en ayudar a adolescentes con desórdenes alimentarios. Pero el creador de la web, un empresario francés llamado Nicholas Jacquart, opina que el juego es constructivo y enseña a las chicas a lidiar con situaciones a las que tendrán que enfrentarse en su vida.

"No creo que se trate de una mala influencia - dice Jacquart-, más bien de un espejo del mundo real. Las niñas aprenden que las frutas y verduras son mejores para la salud que el chocolate y las chucherías, por ejemplo. Las operaciones de pecho son tan sólo una pequeña parte, y en ningún momento animamos a las chicas jóvenes a que se sometan a ellas".

El registro para jugar en la red a Miss Bimbo es gratis, pero las participantes tienen que adquirir bimbodólares para alimentar, vestir y llevar de marcha a sus muñecas mediante mensajes de texto que cuestan el equivalente de unos dos euros. Tan sólo en Francia 1,2 millones de niñas y adolescentes están enganchadas al proyecto de desarrollar la chica perfecta de piernas largas, cintura diminuta y pechos considerables que abunda en las pasarelas de la moda, y que además sea feliz.

Las participantes pasan por una serie de niveles como en los juegos de rol, con desafíos cada vez más difíciles que les valen puntos que pueden canjear por prendas, limpiezas de cutis, estiramientos de piel u operaciones de cirugía estética para sus bimbos.El nivel diecisiete, una vez que la muñeca de los sueños ha adquirido ya por medios naturales y artificiales la figura ideal, consiste en llamar la atención de un multimillonario y conquistar su amor (y su dinero, se supone).

El objetivo del juego es crear "la bimbo más cool,más rica y más famosa del planeta", que según los creadores de la web es la receta de la felicidad. Pero padres y sociólogos creen más bien que se trata de un ejemplo pernicioso para niñas influenciables que pueden caer en la tentación de querer convertirse de mayores en sus muñecas.

miércoles, diciembre 19, 2007

Generación YO

Días después de asistir a un ciclo de charlas sobre los adolescentes al que aludí en mi anterior post , cayó en mis manos el artículo que reproduzco sobre la llamada GENERACIÓN YO (EP3, EL PAÍS, viernes 7 de diciembre) En sus análisis y comentarios he creído reconocer mejor que en algunas de esas conferencias la realidad de los adolescentes actuales.

YO SOY LA ESTRELLA

TEXTO: XAVI SANCHO REALIZACIÓN: GERARD ESTADELLA

"Han crecido cuestionando a los padres. Y ahora, a los jefes" (J. Kaplan)

"Parece que hoy todos quieren ser y vestirse como si tuvieran de 20 a 25 años” (Jean Twenge)

"En el capitalismo global todos actúan como estetas de clase media" (Eloy F. Porta)

Manejan Internet como una extensión de su propio cuerpo y la emplean para autorretratarse y documentar públicamente sus experiencias. Sin pudor: la estrella soy yo, y el mundo entero, mi público. A esta generación yo se la podrá tachar de frivola y narcisista, pero demuestra, ante todo, un asombroso realismo: ¿quién mejor para promocionarse que uno mismo?

TEXTO: XAVI SANCHO REALIZACIÓN: GERARD ESTADELLA

"Ojalá fuera especial, tan especial /pero soy un arrastrado / soy un raro/ ¿Qué demonios hago aquí?/ No pertenezco a este sitio"(Creep. Radiohead, 1993).

"Alala alala / Eres tan guay /¿Puedo ser tu amiga? /Te conduciré hasta el final / Alala alala / Estoy tan preocupada / Me. compré esta ropa pija / y sigo pareciendo tan fea" (Alala. CSS, 2006).


TRECE años y más de media docena de intentos de definición generacional separan estas dos canciones. El tránsito de una quinta que se odiaba a contraluz a otra que dice odiarse en fluorescente, que no es más que quererse en otro color. Porque las reglas han cambiado y la demografía, la geografía y la coyuntura macroeconómi-ca no son los principales elementos para formalizar el retrato generacional. De la disolución de las tribus urbanas, a la democratización de la moda. Del nihilismo, al narcisismo. De la obsesión adolescente por la privacidad, al exhibicionismo. Del "mi querido diario" a "he cambiado el color de mi perfil online". De la soledad de mi habitación con The Cure cantando cómo me siento, a toda esta multitud que ha entrado en mi alcoba a través del ADSL pidiendo que me haga otra foto con el móvil y le envíe un e-mail con el último sencillo de Klaxons en MP3.

Generation Y, Millenials, generación yo.

Hijos de padres sobreprotectores que les han convencido de que son especiales, de que deben aprender a amarse a sí mismos antes de querer a los demás.

Víctimas y verdugos de la cultura del "tú también puedes hacerlo", opuesta a los que crecieron con el "no intente hacer esto en casa".

Ex-travertidos, narcisistas, ¿o, mejor, individualistas? Están encantados de conocerse y tienen unas ganas locas de que les conozcas, pero demuestran ser tremendamente realistas: saben que nadie les promocionará mejor que ellos mismos, y que Internet es el vehículo perfecto para conseguirlo. Tú puedes ser tu propio Gran Hermano. Esto va a ser muy divertido. MySpace, YouTube,flickr,facebook, wiki-pedia,fotolog, blog,xanga, sconex...

Hasta hace un rato, la mayoría de estudios generacionales habían sido creados desde una perspectiva anglosajona, basada en sus vaivenes macroeconómicos, en demografía (hay dos décadas de diferencia entre el babyboom yanqui y el patrio) y las tendencias de su industria cultural. Esta vez existen rasgos comunes, un principio de homogeneización. Claro, según la Asociación Europea de Publicidad Interactiva (EIAA), el 82% de los jóvenes españoles entre 16 y 24 años confiesan conectarse a la Red una media de 12 horas semanales, prefiriendo sacar humo del rooter que del mando a distancia y si, además, las redes sociales de Internet son utilizadas con frecuencia por un 47% de usuarios, la receta global está servida. En España,, se utiliza el Messenger el doble que en el resto de Europa, y un 83% declaramos que no podríamos vivir sin alguna de las opciones que ofrece la Red. Ya tenemos nuestra propia oficina de MySpace España. Se celebró su llegada con un concierto de Smashing Pumpkins, antiguos epígonos de la generación X. "Cualquier cosa que se haga para destruir la herencia de las generaciones precedentes y hacer la vida imposible a las subsiguientes me parece chachi", apunta Eloy Fernández Porta, profesor de Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y autor del ensayo Afterpop (Benerice, 2007). "Esta generación, en la medida en que la conozco por mi trabajo universitario, es mejor que la que tiene el poder ahora; no están calvos, no votan y, sobre todo, no les parece que Ángela Molina se haya vuelto más glamurosa con los años".

Este grupo se caracteriza por
una enorme autoestima,un narcisismo desarrollado hasta al paroxismo, un dominio de las nuevas tecnologías casi terrorífico,una acumulación de experiencias vitales de gran precocidad, una sanísima falta de prejuicios estéticos y musicales y un desprecio por lo establecido, no procedente de una herencia anarcosindical o de rebeldía punk de anuncio de refrescos, sino de un convencimiento casi absoluto de que ellos saben más y mejor.

Ellos son lo más importante de sus vidas. Y de la tuya. "Han crecido cuestionando las decisiones de sus padres y ahora cuestionan las de sus profesores o sus jefes.

Es muy difícil lograr que se callen y casi imposible que se adapten al clásico esquema de uno ordena y otro acata", apunta Jordán Kaplan, profesor de Relaciones Laborales de la Universidad de Long Island.

Jean Twenge, autora del libro Generation me (Free Press, 2006), estudio fundacional de estos jóvenes nacidos a partir de 1980, encantados de conocerse —y de que les conozcas—, recuerda:

"Esta gente con un nivel tan alto de narcisismo encuentra serios problemas a la hora de articular sus relaciones con otros humanos. A pesar de ser muy transparentes en tanto que exhibicionistas, el mundo no conectado a sus principios sigue encontrándolos complicados de entender. He recibido cartas de madres, profesores o jefes que afirman haber entendido el extraño comportamiento de hijos, alumnos o empleados tras leer el libro".

Y es que, a diferencia de otras generaciones, ésta es menos comprensible porque tiene muchas menos ganas de explicarse.

Eso sí, si los hippies eran despreciados por sucios, los punkis por peligrosos o los grunges por nihilistas, estos jóvenes de los "20 megas a ver si te enteras" despiertan la simpatía y el interés del establishment, ya sea porque se les supone tecnológicamente eficientes, o por la reciente llegada a los órganos de decisión metacultural de la generación Peter Pan.

Twenge lo tiene claro: "Los niños quieren ser adolescentes lo antes posible, mientras que los adultos, ya sean jóvenes o sospechosamente mayores, quieren mantenerse adolescentes el máximo tiempo posible. Parece que hoy día todo el mundo quiere actuar y vestirse como si tuviera entre 20 y 25 años".

Detectada la tendencia a sabotear el reloj tan extendida en la actualidad, Porta va un poco más allá y recuerda que la uniformidad sobrepasa el hecho de que padre e hijo lleven el mismo modelo de zapatillas Vans. "Los moas y los heavies, por ejemplo, tenían conciencia de clase, un curioso sentimiento que se desarrolla cuando existe una limitación práctica de acceso a los medios técnicos o a los objetos culturales. En nuestros días ese sentimiento ha desaparecido, porque en el capitalismo globalizado todo el mundo se comporta como un esteta de clase media, aunque sea pobre o muy pobre". En la marca HM (a esta generación que nos ocupa también se la conoce como generación HM), tras preguntárseles sobre su responsabilidad con todo esto, dan una decepcionante respuesta estándar: cipan a las futuras demandas de los clientes. Su inspiración a la hora de crear la moda proviene de diferentes ámbitos, como son la moda urbana, la música, videoclips, medios de comunicación, el cine, viajes realizados y la influencia de diferentes culturas". Buf.

HM, Vans, KillCity, Lux, Cheap Monday, Adidas, American Apparel, Converse, Lo-reakMendian, Wesc...

"El otro día vi un perfil Aefawhook en el que una chica escribió sobre una foto de ella misma: '¡Malditospaparazzis!'. Parecía que le encantaba la idea de que un amigo sacara u"Las colecciones se crean y se planifican en el departamento de diseño y compras, en nuestra sede central en Estocolmo. Allí trabajan más de cien diseñadores internos que prevén tendencias y se antina foto de ella sin que la protagonista lo esperara. Lo mismo que les pasa a los famosos cuando los pillan desprevenidos", recuerda Jean Twenge cuando se le pregunta sobre la influencia de la cultura de los famosos, las revistas del corazón y sus icónicos robados en esta exhibición de vicios y virtudes pixeladas. Años y años de ediciones y más ediciones de Gran Hermano han provocado una pléyade de concursantes que llegan a la casa sabiendo exactamente qué deben hacer para llamar la atención, cómo ganar, cómo perder.

El esquema se repite en la Red gracias a las posibilidades tecnológicas y la conversión de la fama por la fama en algo aspiracional. Si la revista Vanity Fair no me da una portada, ya me la doy yo mismo. Mónica, 30 años, miembro de la generación X y usuaria de Fotolog, el blog fotográfico online favorito de los veinteañeros (y, por tanto, infiltrada en un calendario que a priori no debería ser suyo), ironiza sobre toda esta creación de estrellas con perfil en MySpace.

"Básicamente, utilizo mifotolog para reducir el gasto telefónico y amargarle la existencia a mi ex, al que parece que le interesa más mi vida ahora que cuando éramos novios. Y sí, soy la mar de famosa". Sergi, feliz en esa franja de edad (tiene 25años) que según Twenge lodo el mundo parece hoy querer; y fotologero activo, se, reconoce sorprendído de la repercusión de algunas de sus actividades, sobre todo de sus crónicas de la última edición del reality Supermodelo. "La verdad es que da miedo ver cuántas visitas tiene tu página. Con las crónicas he llegado a tener 2.000 en un día. Cuando alguien que no tienes ni puta idea de quién es te para y te dice que te conoce de Internet, te sorprende y asusta a la vez. La fama no es mi objetivo y me la trae al fresco, pero sí reconozco cierto componente narcisista que elfoto-log se encarga de satisfacer".
Porta, por su parte, cree que toda esta feria de vanidades tal vez sea hoy masiva, pero no nueva. Se remonta, agárrense, a antes de Gran Hermano. "Si hablamos de autobiografización de la experiencia y tecnologías del yo, tendríamos que remontarnos al romanticismo, y en particular a William Blake: '¡Antes ahogar a un bebé en su cuna que renunciar al más pequeño de nuestros caprichos!'. José Luis Molinuevo [catedrático de Estética de la Universidad de Salamanca] lo llama tecnorromanticismo, y es una renovación de esa estética a través de los nuevos medios".
Klaxons, Felá Kuti, CSS, Bonde do Role, NickDrake, Wombats, BeachBoys, M.I.A., Justice, Burial, Sonic Youth, Diplo...

Y son estos nuevos medios de comunicación los que parecen ser, no por primera vez, pero sin duda sí más que nunca, los elementos vertebradores de todo este festival. En el futuro, los estudios generacionales serán de carácter tecnológico más que de geoestrategia de la industria cultural. Así, parece más importante que escuches música en formato MP3 que saber qué es lo que escuchas. Twenge coincide en que "será imposible hacer cualquier tipo de retrato generacional sin tener en cuenta las innovaciones tecnológicas, y las generaciones avanzarán al mismo ritmo que estos cambios tecnológicos. No hay más que ver el tiempo que pasa entre la llamada generación X [grunge, nihilista, nacida en los años setenta] y la generación 7 [jóvenes que en los albores del milenio adoptaron y reformularon el ideario yu-ppy], y la cantidad de generaciones que parecen acumularse desde la llegada de ésta, no hace más de cuatro años". Kaplan coincide y va más allá: "En un futuro, las personas serán lo menos importante de los estudios generacionales".

De cualquier modo, y a pesar de la universalización de la tarifa plana, esta gente, abocada como está al teclado y a la cá mará digital, no coincide para nada con la imagen de aspirante a Bill Gates, con camisa azul cielo y manchas de tinta en el bolsillo, que hasta hoy se ha tenido de los más tecnófllos. Tienen vida offline.

María tiene 23 años, nació en Zaragoza y tiene MySpace y Fotolog, ambos con una actividad que ya quisiera el Gobierno Montilla. A María le gustan The Killers, Kaiser Chiefs, Mika o Scissor Sisters. También es fan de la mítica serie Los problemas crecen y le gustaría conocer a un casi vivo, Pocholo, y a una muy muerta, Carmina Ordóñez. Su fondo de MySpace es un primer plano de sus ojos y su flequillo. El resto de imágenes son instantáneas tomadas en clubes, fiestas, en la pista de baile... Siempre de noche. Si no fuera porque se la ve la mar de guapa y contenta, uno pensaría que vive en pleno invierno islandés.

Su red social offline es descomunal, y su actividad, frenética. Generación insomnio. La Red como escaparate de una vida real que existe y de qué manera. "Cuelgo cosas mías, que me pasan, que han pasado-Pero sobre todo, del fin de semana. Nunca contaré mi vida privada para darle el gusto a alguna gente", confiesa María. Navegamos por los comentarios que le dejan sus 231 amigos. Un amigo ya no es lo que era en este tiempo de la red social, y un secreto, por lo que leemos, tampoco es aquello que le cuentas a sólo una persona. A María le dejan mensajes del tipo "¿Qué haces conectada? ¿No salías hoy?". Parece que sus fines de semana dan mucho de sí. No nos equivoquemos: toda esta sofisticada y saturada red de relaciones online existe porque, cuando el PC está en reposo, todos ellos entran en modo on.

Vamos al MySpace de Niñofixo, que es desde ya nuestro preferido. Nos avisa: "Si no me vas a poner en tu top, no te molestes en agregarme". Parece una frase de Zoolander. El chico tiene 19 años y dice ser modelo. Como prueba exhibe unas fotos sacadas en París, con Arco de Triunfo de fondo, no vaya alguien a pensar que fueron sacadas en Matalascañas. Niño se encanta y nos encanta, y parece que le encanta a todo dios, pues tiene, el muy bestia, 1.376 amigos. Navegamos por los comentarios y encontramos alabanzas a su belleza y una colección de sujetos enamorados de la moda, la fotografía y el estilismo (nota: ¿quién demonios construirá los puentes y curará a los niños en el futuro?). "Esta noche será máxima", le escribe alguien.

Sergi matiza: "Por suerte aún mantengo la fe en el contacto humano. Y teniendo en cuenta las veces que me muerdo la lengua al escribir no creo que nadie diga lo que piensa. Internet sí te puede dar, sin embargo, muchas pistas sobre el coeficiente intelectual de la gente. Creo que sí hay cierta química que traspasa la pantalla, que puedes llegar a conectar con alguien a través de un teclado. Y dejémoslo claro: la función básica de Internet es ligar". Mientras, Mónica defiende una sana misantropía con respecto a todo esto. "Es un buen medio para que se te quiten las ganas de conocer a cierta gente. Y espero que a esos mismos les pase igual y jamás se molesten en dirigirme la palabra".

"¿Sabías que en Estados Unidos ya casi no se ponen nombres clásicos a los hijos?", cuenta Twenge. "La gente quiere un hijo especial, un trofeo. Deciden empezar a crearlos poniéndoles nombres cada vez más raros, más especiales, diferentes a los que se supone lleva la masa". Esto ya lo relataba el escritor Brett Bastón Ellis en la novela Lunar park, cuando veía a los niños hasta arriba de ansiolíticos para tratar de superar el estrés que provoca ser blanco y de clase media alta en el país más rico del mundo. Hoy más que nunca, la depresión parece una enfermedad de ricos. Les han dicho que serían especiales y se lo han creído. Peligro: catástrofe generacional al final de la próxima legislatura.

"Llegará un momento en que se deban preguntar si sus proyectos son realizables", apunta Luis Hornstein, psicólogo argentino y autor del libro Narcisismo, autoestima, identidad, alteridad. "Hay que dejar de echar toda la culpa a los demás y empezar a entender que hay cosas que jamás lograrás". Twenge vislumbra un futuro aciago para esta generación. "Llegará el momento en que la realidad se entremeterá y los resultados no serán agradables. Preveo un porcentaje enorme de actuales veinteañeros decepcionados y crónicamente deprimidos", sentencia, apocalíptica, la autora.

Parece que la próxima generación vendrá marcada por el precio del petróleo y el fin de la burbuja inmobiliaria, y ni el último aparatejo de Apple les va a salvar. Abandonará el pop en favor del rock y declarará clausurada la era de la felicidad. Al preguntársele cómo le gustaría que fuera la generación definitiva, Eloy Fernández Porta lo tiene claro. Su utopía es "un grupo humano que, sin fundamento cultural, sin aspavientos y sin solos de batería, destruye el poder establecido, pero no ya por convicción política o por conciencia generacional, sino por pura capacidad técnica. Y sin pintas raras". Quizá la próxima...

Generación X, generación Y, generation next, Millenials, Echo boomers, Netizens, Thumb generation, generación yo... ¿Generación Z?.

jueves, agosto 30, 2007

Miedos hipotéticos de unos jóvenes aparentemente maduros.

La noche del lunes 16 de agosto la dediqué a pasear por Gracia. Pude disfrutar de algunos conciertos de jazz y de un ambiente festivo y sosegado. Me pareció incluso demasiado sosegado. Pero, cuando ya me retiraba, oí a lo lejos una música más animada. Provenía del tramo de la calle Córcega colindante con el Paseo de Gracia. Allí se habían congregado una multitud de jóvenes con edades que podían oscilar entre los 15 y los 25 para hablar, beber y moverse cobijados por ritmos electrónicos de intensidad variable. Una ocasión -me dije- de conocer de cerca la multiplicidad juvenil en un medio diferente al habitual.

Como no domino demasiado el catálogo de modas y tribus juveniles, me resulta difícil adscribir a corrientes o grupos específicos a los chicos y chicas que tuve entonces ante mis ojos. En general dominaba un eclecticismo mestizo de amplio espectro, aunque todos parecían participar de un estilo indolente y desinhibido, con toques de desdén y trascendentalismo. Desde luego no había ni skins, ni góticos, ni okupas, ni hiphoperos ni quillos, ni lolailos, ni garrulos, ni punks, ni tampoco pijos (casualmente una pareja pijilla cruzó por aquel enclave –él con camisa llamativa y ella con vestido largo y zapatos de aguja- y huyó despavorida). Pocos piercings y tatuajes. No olí ni a hachís, ni a marihuana. ¿Solidarios, indies, emos?. ¿Identidades palimpsesto?. Me pierdo.

Flotaba, eso sí, un halo posthippie de inconformismo forzado y hedonismo fatalista. Allí nadie reía, ni se permitía excesos disonantes, ni alardes de desmesura. Si alguno se decidía a exhibir su energía, lo hacía con precisión gimnástica. Aunque estuvieran muy cerca unos de otros, conseguían moverse sin rozarse, siguiendo órbitas independientes. Algunos, situados en la periferia, con su cerveza en la mano parecían indiferentes al resto y sólo alteraban ocasionalmente su estatismo con leves movimientos del tronco. Las miradas mezclaban desdén por el mundo y una lubricidad arrogante. Parecían marineros que han navegado por mil mares y que ya están de vuelta de todo.

Me costó detectar diferencias de género destacables. Entre los chicos, primaba el cuerpo moderadamente musculado y la desenvoltura artificiosa. Algunos exhibían ademanes de desidia y abandono que parecían muy estudiados. Era evidente que la puesta en escena estaba muy calculada. Entre las chicas me sorprendió la abundancia de rostros que exhibían muecas de acritud y sufrimiento aparente. Ignoraba que semejantes poses pudiesen resultar seductoras, pero así debía ser porque –cómo corresponde- el juego mutuo de seducción era obvio.

Me pregunto hasta qué punto lo que vi es representativo de un sector de la juventud actual. En cualquier caso, aquellos jóvenes eran reales y no respondían al patrón de conducta tópico.

Estos día estos leyendo simultáneamente Anatomia del miedo de J. A. Marina e Identidades inciertas: Zygmunt Bauman de Helena Béjar, Y no pude evitar formularme una pregunta: ¿a qué tendrán miedo estos jóvenes? . Aplicando el viejo principio contrafóbico y nada científico del “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, propongo como hipótesis los siguientes miedos:

1. Miedo a no ser nadie

Da la impresión de que la construcción de la propia identidad ha pasado a ser la empresa más absorbente de los adolescentes y jóvenes actuales. Es lógico porque si el hambre de identidad se ha convertido en un componente permanente de la vida de los adultos, que aparentemente ya la han conquistado, entre quienes aún pugnan por alcanzarla, el desasosiego por conseguirlo adquiera ahora tintes más dramáticos que nunca.

Con una estructura familiar más sólida, un entorno con rostros en los que encontrar reconocimiento, un futuro laboral plausible –además vinculable a las aspiraciones personales- y unos referentes conductuales más definidos, conquistar la propia identidad era una tarea asequible y requería menos esfuerzo, incluso aunque fuera por la vía de la rebeldía, ya que al menos el marco de referencia al menos no era confuso. Pero, el joven actual se encuentra con estructuras familiares debilitadas; un entorno que en lugar de sentimiento comunitario, destila indiferencia; un futuro que se augura caprichoso y mudable más allá de los propios esfuerzos y decisiones; y un presente sin contornos, absolutizador y omnirelativizante que alimenta sin cesar la ilusión de deseo e intensidad y el consumo ciego de instantes.

Navegar por este mar proceloso sin quedar ser absorbido y disuelto exige dotarse cuanto antes de una identidad. Pero es difícil construir una identidad sin una comunidad y un proyecto de futuro reconocibles, precisamente dos de las carencias que caracterizan nuestro presente. Además de ser posible actuar así supondría comprometerse, algo que choca abiertamente con principios y mandatos como los del relativismo y de la autonomía que los jóvenes la mayoría de nuestros jóvenes ya han introyectado.

¿Cómo adquirir entonces una identidad? La solución más rápida y socorrida es simularla. A falta de una comunidad real o de un proyecto verdaderamente compartido, existe una opción más asequible: disfrazarse, fingir y escenificar tener una identidad. No requiere siquiera la presencia de una comunidad tangible, basta que los demás la reconozcan, aunque sólo sea como una referencia virtual. Una identidad así no exige ni compromiso, ni exclusividad, y tolera fácilmente la sustitución, la mezcla, la superposición, la creación y la recreación identitaria.

Disponer de una “identidad de préstamo” o crear “identidades palimpsesto resulta fácil. Además permite resolver el problema cómodamente en el mercado, donde las identidades de catálogo cuentan con un abundante merchandising. “La identidad la podemos adquirir comprándola en el mercado como cualquier otro producto. No nos viene dada, como antes, por la familia, por la clase social… Construimos una identidad por aquello que consumimos, por aquello que vestimos…” comenta Joan Carrera Identidades para el siglo XXI, p. 11).

Pero estas identidades simulacro prefabricadas obviamente son débiles. Cómo señalaba Baudrillard, “…cada cual busca su look. Como ya no es posible definirse por la propia existencia, sólo queda por hacer un acto de apariencia sin preocuparse por ser, ni siquiera por ser visto. Ya no: existo, estoy aquí; sino: soy visible, soy imagen - ¡look, look! -. Ni siquiera es narcisismo sino una extroversión sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria en la que cada cual se convierte en empresario de su propia apariencia.” “Ya no tenemos tiempo de buscarnos una identidad en los archivos, en una memoria, ni en un proyecto o un futuro. Necesitamos una memoria instantánea, una conexión inmediata, una especie de- identidad publicitaria que pueda comprobarse al momento. Así, lo que hoy se busca ya no es tanto la salud, que es un estado de equilibrio orgánico, como una expansión efímera, higiénica y publicitaria del cuerpo -mucho más una performance que un estado ideal-. En términos de moda y de apariencias, lo que se busca ya no es tanto la belleza o la seducción como el look.”
http://caosmosis.acracia.net/?p=668

El éxito de la identidad prefabricada radica en que cada uno la diseña de acuerdo con lo que previsiblemente triunfa…Lo peligroso de todo disfraz es que es posible acabar por encontrarse en la complicada y ambigua posición del travestido. La metamorfosis en un ser del sexo contrario –o su imitación– es una de las más extendidas en la historia de la humanidad (la más básica pareja de opuestos). Se trata de esas mujeres con tacones altos y maquillajes exagerados, esos hombres con barbas y brazos inundados de tatuajes –sin duda calcomanías socorridas que mañana desaparecerán con agua –. Son las Marylyn’s y los marineros; no son hombres ni son mujeres, son la esencia de lo masculino y lo femenino, son lo narrativo del estereotipo. Sin embargo, el estereotipo es una categorización reducida a sus rasgos más grotescos, esto es, a una caricatura. De modo que ser estereotipado es vivir una “identidad” clausurada por la mirada generalizadora y etiquetadora del otro. Como dirá Sartre “el otro es una mirada de la cual soy objeto” y a través de ella logro mi objetividad. Nos vestimos al caer en la cuenta de que estamos presentes ante otros, que son ajenos a nuestra (propia) interioridad. Ante esa mirada del otro configuro mi exterioridad como expresión de lo que soy. Esto nos enriquece, porque añade a nuestro ser corporal nuevos significados que expresan la riqueza interior, dándole así a nuestra apariencia (externa) una gran profundidad. La constitución de nuestra identidad, como intento mostrar, tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva –que otorga consistencia a mi ser –, que me convierte en espectáculo. Ante él estoy en escena, experimentando las tortuosas exigencias de la teatralidad de la vida social. Lo característico de la frivolidad es la ausencia de esencia, de peso, de centralidad en toda la realidad, y por tanto, la reducción de todo lo real a mera apariencia…El éxito de la identidad prefabricada radica en que cada uno la diseña de acuerdo con lo que previsiblemente triunfa –los valores en alza–. La moda, pues, no es sino un diseño utilitarista de la propia personalidad, sin profundidad, una especie de ingenuidad publicitaria en la cual cada uno se convierte en empresario de su propia apariencia.

http://www.ucm.es/info/nomadas/11/avrocca2.htm

Desde el simulacro es difícil construir una identidad. Sólo la interiorización de la experiencia personal en interacción con los demás permite alumbrar auténticas identidades que hagan posible establecer relaciones verdaderas. Y como cita Marina: “un hombre vale lo que valen sus relaciones” (Maurice Merlau-Ponty).

2. Miedo a no resultar interesante

Asumiendo lo discutible de mis apreciaciones, esa noche creí detectar en aquellos jóvenes una verdadera obsesión por parecer interesantes.

Es lógica la preocupación por atraer y gustar entre los adolescentes que se inician en la seducción, pero el “parecer interesante” introduce un plus especial de sofisticación en ese juego. Se trata de despertar el interés del otro dejando apenas entrever cualidades ocultas, que el otro sólo podrá descubrir si se aproxima.

Y, ¿qué cualidades? En este punto, sí creí detectar estrategias de género diferentes.

Entre los chicos, sin duda, era importante aparentar sobre todo seguridad. Una seguridad que pareciese fruto de las destrezas desarrolladas tras una vida densa e intensa, más que de un fortalecimiento físico conseguido en el gimnasio.

Seidler (Masculinidades. Culturas globales y vidas íntimas, Montesinos, 2006, p. ) habla de la tendencia masculina actual a fortalecer el cuerpo cómo compensación a la inseguridad reinante y sin duda muchos chicos la secundan. Sin embargo, el trabajo que habían realizado aquellos muchachos era más sutil: habían logrado invisibilizar su vulnerabilidad interna y parecían creer sinceramente que disfrutaban de la autosuficiencia soñada. En el fondo, se trata de una opción parecida –aunque el autoengaño y fingimiento es mayor-, que implica también enajenarse de la fragilidad íntima, con el coste de "dejar de sentir lo que se siente" y de no concebir siquiera la posibilidad de pedir ayuda (y lógicamente también de ofrecerla). De este modo, aunque con máscaras renovadas, la masculinidad tradicional se perpetúa. Hoy como ayer, “los hombres aprenden a ocultar su vulnerabilidad, incluso a sí mismos. Pero si no pueden permitirse ser vulnerables, -pregunta Seidelr- ¿cómo pueden permitirse amar?.” (Seidler, p. 79).

Entre las chicas, como ya he dicho, dominaba un look sufriente que no parecía de origen reactivo inmediato, sino más bien derivado de una especie de toma de conciencia trascendental del mal del mundo. Quizás es lo que más me chocó, pero tiene sentido. De hecho, entre muchos colectivos juveniles parece bien visto que el disgusto con el presente impida sentirse y mostrarse feliz.

Pero, ¿porqué han de monopolizar las chicas la expresión emocional de esta desazón?. ¿Quizás porque sigue aún vigente el principio de género según el cual las mujeres para seducir han de mostrarse emocionales? Si es así, no cabe duda que mostrarse desdichado es una estrategia eficaz, porque invita a los chicos a romper el hielo e interesarse por ellas, máxime si ese sufrimiento retenido y macerado tiene raíces tan hondas. ¿Un modo más aceptable de legitimarse como objeto del deseo masculino?.


3. Miedo a mostrarse excesivamente interesado por nadie (o por nada)

Tuve la sensación de que todos -chicos y chicas- se miraban con frialdad calculada y siempre de soslayo, exhibiendo independencia y suficiencia. Una actitud –me dije- muy representativa de la “cultura de la evitación” (Gauchet, citado por Béjar) de nuestro momento histórico. ...Te necesito pero poco, por eso al mismo tiempo te evito. No quiero crearte expectativas excesivas, porque no quiero establecer contigo vínculos dependencia que acaben restringiendo mi autonomía. Pero te miro de reojo, porque si lo comprendes, quizás podamos entendernos y negociar nuestros intereses coyunturales.

Estaríamos en la línea de las “relaciones puras” invocadas por Giddens y que condenan la dependencia como una enfermedad. Béjar las glosa así: “En el universo de las relaciones puras, hay que se “flexible”, es decir aprender a independizarse, a desasirse del otro, tanto del amor que siento hacia él como – y sobretodo- del que él siente hacía mí, que se torna enseguida en una carga”.

El individuo necesita del otro para construir su identidad –experimento siempre inconcluso que requiere mantener siempre abiertas todas las opciones- , pero el otro es simultáneamente la máxima amenaza con sus probables expectativas de fidelidad y compromiso. Se instila la ilusión de que los otros pueden vivir en función de la propia autorrealización personal, que es lo que realmente importa.

Por eso, Esther Iborra tituló La generación del imposible Del porqué entablar y mantener relaciones resulta hoy tan complicado ( Ed. Espejo de Tinta, 2006, bitacora homónima http://lageneraciondelimposible.blogspot.com/) su estudio sobre las relaciones amorosas de nuestros jóvenes actuales. Al respecto comenta Béjar: “El resultado de esta ambivalencia entre la búsqueda permanente y el deseo de encuentro lleva a una identidad incompleta, caracterizada por la indefinición y la no-finalidad. Es más, la conciencia de esta ambivalencia es enervante y genera una angustia sin fin… Todo ello se traduce no en un crecimiento de la capacidad amatoria –de la inteligencia emocional , que se hace pasar, bastardamente, por la moderna virtú maquiaveliana- sino de la pérdida en las capacidades de socializad, de empatía, del sentimiento de solidaridad y, por supuesto, de la responsabilidad(p. 158-159).


4. Miedo a no parecer progre y liberado

Es difícil explicitar qué puede significar parecer progre entre los jóvenes actuales, pero voy a arriesgarme. Diría que parecer progre es mostrarse internamente libre de cualquier limitación y dependencia que coarte la afirmación libérrima de uno mismo y de cualquiera, y al mismo tiempo predispuesto a simpatizar con la causa de quienes denuncian la opresión o la discriminación. El correlato de tal postura es la exhibición de autenticidad, no en el sentido de La ética de la autenticidad de Taylor que implicaría la confrontación heterorreferencial, sino de espontáneo, de conectado al yo íntimo que se expresa sin restricciones, cargas, ni ataduras, conociéndose y siendo sincero con uno mismo. Se trata de aparentar una psique sanada y liberada. ¿Cabe pensar en mayor cadena?.

5. Miedo al ridículo

Ajustados a los patrones de conducta que he esbozado, nadie parecía salirse del guión, nadie se permitía ni ligerezas ni torpezas, nadie parecía inadecuado. El problema es que actuando lo único que se consigue es que –como señala Marina- el «yo social» -la imagen que los otros nos devuelven- usurpe el terreno del «yo íntimo».

Para superar los miedos, Marina propone los siguientes consejos:

1. Distingue los miedos amigos de los enemigos
2. Tu no eres tu miedo
3. Declara la guerra a los miedos enemigos que invaden tu intimidad
4. Conoce a las estrategias de tus enemigos y cuáles son tus aliados
5. No puedes colaborar con el enemigo
6. Fortalécete
7. Háblate como si fueses tu entrenador
8. debilita a tu enemigo
9. Busca buenos aliados