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martes, junio 17, 2008

Los hijos compartidos frente a los hijos como propiedad

En un reciente artículo sobre la custodia compartida, la escritora Luisa Castro volvía a recurrir al viejo tópico de la pobre mujer desamparada, generalmente víctima de la violencia machista, que sabe que será ella quien deberá asumir en solitario la educación y cuidado de sus hijos. Frente a ella, se alza el hombre-monstruo patriarcal, que se empeña en reclamar la custodia compartida, no porque quieran cumplir con su responsabilidad de padre y garantizarles a sus hijos su presencia y apoyo, sino porque “considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia”. La madre, frente a este ser pérfido – generalmente un acosador: “las separaciones se producen por algo”-, no tiene otra opción que alejar al padre – y garantizar a sus hijos “la paz, el sosiego de una casa segura y de un ambiente grato, en el que no se vean constantemente utilizados o chantajeados por las disputas de dos padres que si tenían problemas cuando convivían, raras son las situaciones en que no los seguirán teniendo una vez separados”.

Sin duda, un artículo interesante, porque difícilmente se podría resumir mejor el circuito alucinado que alimenta el imaginario de muchas mujeres empeñadas en justificar lo injustificable. Ya en pleno arrebato, pontifica sobre el derecho de la madre sobre los hijos porque “la madre es el primero de los vínculos afectivos que uno establece con el mundo que le rodea” : “así lo ha hecho la naturaleza”. Y aunque admite que la sociedad puede modificar la naturaleza y “encaminarse hacia una sociedad en que la igualdad entre hombres y mujeres sea total.”, le parece que “poner a los padres y a las madres en pie de igualdad en el tema de la custodia” es un exceso que “sólo complica las cosas para los hijos.”. Fíjese que dónde Luisa dice hijos cualquiera lee madres. Es sorprendente su ceguera para advertir que está erigiéndose descaradamente en única intérprete legítima y autorizada del bienestar de sus hijos y que está haciendo coincidir sus intereses con los suyos. Sin embargo, ella que no tiene reparos en defender la exclusiva propiedad materna de los hijos, y atrapada por su perorata místico-victimista, acaba con una afirmación delirante: El Pater Familias romano, árabe o protocristiano surge de sus cenizas y exige lo suyo, lo que es de su propiedad.

Otra mujer, Ássun Pérez, le da hoy cumplida replica en otro artículo que también reproduzco.

Los hijos como propiedad

LUISA CASTRO

EL PAÍS - Opinión - 11-06-2008

Obviamente, una separación conlleva un desgarro para uno de los progenitores, el que se queda sin los hijos. El desgarro no es menor para la madre, que debe redoblar su rol materno, educarlos en el amor al padre, y al mismo tiempo trabajar para contribuir a medias económicamente, eso en el mejor de los casos. Es desde luego falso pensar que la madre se lleva un botín, es decir, que la retribución por alimentos del padre cubre todas sus necesidades y las de sus hijos, la típica visión machista que considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia, que vive a expensas de lo que el marido le dicte o le dé.

En la sociedad actual, al menos la que yo conozco, no hay pensión de alimentos que cubra ni al 50% las necesidades de los hijos. La madre, además de atenderlos y velar por su alimentación, su salud física y mental, su educación y su ocio, además de la preocupación y la responsabilidad constante que supone la convivencia con ellos, en detrimento del tiempo libre de la mujer y de su sociabilidad, debe también trabajar y ganar dinero para aportar el 50%, el 60% o el 70% de los ingresos necesarios para mantenerlos.

Ésta es la sociedad de padres separados que yo conozco, en la que todo el peso recae sobre la madre y en la que ésta lleva a cabo su labor a veces incluso cuestionada por el resentimiento de un padre cercano, lejano o a media distancia. Hay muchísimas separaciones en las que el padre no paga y la madre renuncia a exigirlo.

Las madres separadas y con hijos somos un mundo aparte. La sociedad no nos conoce, en este sentido actúa sobre nosotras del mismo modo que el hombre que se queda solo: cuestionándonos, cuando no ignorándonos. Nuestros problemas se dirimen en los juzgados, y afortunadamente hay jueces que lo saben ver.

Las demandas de separación en España en un 90% de los casos las inician las mujeres. Ninguna que lo haga es ignorante de lo que le espera después de la separación. Pero las separaciones se producen por algo, y la ley ampara este derecho al divorcio desde 1979. Si la madre, ciudadana libre que decide por sí misma y que piensa en su bien y en el de sus hijos, establece su domicilio en un lugar diferente al del padre, por razones de trabajo, afectivas o simplemente por rehacer su vida lejos de un padre acosador, evidentemente éste se ve menoscabado, pero la distancia no actúa así en los hijos. Lo que éstos agradecen ante todo es la paz, el sosiego de una casa segura y de un ambiente grato, en el que no se vean constantemente utilizados o chantajeados por las disputas de dos padres que si tenían problemas cuando convivían, raras son las situaciones en que no los seguirán teniendo una vez separados. Tomar una decisión de este tipo para una madre nunca es fácil, pero a veces es la única posible para mantener su integridad afectiva y psicológica y así asegurarles a sus hijos la suya.

El derecho del menor hasta hoy aconseja que los niños de corta edad crezcan en contacto con su madre, el primero de los vínculos afectivos que uno establece con el mundo que le rodea. Así lo ha hecho la naturaleza. Pero como tantas cosas que ha hecho la naturaleza también esto se puede deshacer. Cambiar las leyes para compartir la custodia de los hijos pudiera ser la opción hacia la que se encamina una sociedad en que la igualdad entre hombres y mujeres fuera total.

Permítanme, sin embargo, que dude mucho de que esta solución deba imponerla el Estado. Son los padres los que deben consensuarlo. Si no es así, poner a los padres y a las madres en pie de igualdad en el tema de la custodia sólo complica las cosas para los hijos. Directamente se convierten en una mercancía, un bien o una carga según convenga. Si estaban en una guerra cuando convivían los padres, seguirán expuestos a ella cuando éstos vivan en domicilios separados.

¿Desde cuándo los hijos necesitan al padre y a la madre a partes iguales? ¿Están en inferioridad de condiciones cuando no es así? Pudiera parecer que los derechos recientemente adquiridos por la mujer (su derecho al divorcio, al aborto, al trabajo) fuera una conquista excesiva que esta sociedad patriarcal no acaba de digerir. Pudiera parecer que esta sociedad que tiende a la igualdad, deseara corregirla cuando del tema más peliagudo se trata, de la familia, de la sagrada familia. El Pater Familias romano, árabe o protocristiano surge de sus cenizas y exige lo suyo, lo que es de su propiedad.

En un hipotético caso de que se estableciera la custodia compartida me atrevo a pronosticar que serán muchas menos las separaciones pero muchas más las familias infelices, y cada una a su manera, como decía Tolstoi.

Los hijos compartidos

ÀSSUN PÉREZ AICART

EL PAÍS - Opinión - 17-06-2008

En el artículo titulado Los hijos como propiedad, publicado en este diario el 11 de junio pasado, Luisa Castro exponía sus argumentos en contra de la custodia compartida y defendía entre líneas la tesis de que los hijos son y deben seguir siendo por naturaleza propiedad de las madres. Paradójicamente, la señora Castro acusaba a los padres varones que piden la custodia compartida de este afán de apropiación sobre los hijos, echando mano para ello de viejos y polvorientos términos en latín (Pater Familias), aparte del socorrido comodín de la amenaza del retorno del patriarcado.

Su tesis se reduce, en esencia, a una vieja polémica: la dicotomía entre la naturaleza y la ley, o entre la naturaleza y la cultura. Según su opinión, la custodia de los hijos debe ser concedida a la madre pues es una cuestión de respeto a la naturaleza, de manera que la ley no debe ir contra esta naturaleza, sino ser su correlato. Es decir, el Estado no debe imponer la custodia compartida, si no es con el visto bueno de la madre, pues es la ley natural de la madre, figura ésta sí absolutamente necesaria, la que debe prevalecer. Estos planteamientos naturalistas y maternalistas no se sostienen ni desde el punto de vista del derecho contemporáneo, ni desde el punto de vista de la actual psicología evolutiva.

En los Estados democráticos es inconcebible que el derecho de una parte se haga depender de la autorización de la otra parte en litigio, pues en ese caso hay una parte que es a la vez juez y parte. Justo lo que ocurre en nuestro país con la custodia compartida, pues su concesión depende del beneplácito de la madre. Lo que preconizan quienes defienden la custodia compartida sólo con acuerdo es en realidad el derecho de veto de una parte (la madre), es decir, un contraderecho o privilegio basado en la variable del sexo.

Desde el punto de vista de la psicología, los mitos relativos a la necesidad que tiene el menor de la madre como figura de apego prioritaria por naturaleza hace tiempo que están superados por la ciencia. La psicología actual se decanta por los beneficios que tiene para el niño el apego múltiple, con independencia del sexo de los referentes. Es decir, nada más enriquecedor y fomentador de la autonomía personal y del desarrollo psíquico y emocional del menor que la conservación de una pluralidad de referentes primarios que, además, le quieren y le reconocen como ser querido. Y nada más dañino para la autoestima y estabilidad de un niño que el alejamiento forzado e injustificado de uno de sus padres y, en general, de cualquier otro ser querido, pues cuando se rompen los lazos de un menor con su padre también se destruyen los vínculos con toda la familia paterna.

En realidad, las coartadas para justificar el derecho del progenitor custodio a trasladar al menor geográficamente a donde le plazca no son más que malas coartadas. ¿Cómo puede ser bueno para un menor apartarle de sus seres queridos, de su entorno de referencia estable, de su universo relacional ya definido? Es una aberración defender, bajo pretexto de una presupuesta inocencia sobreprotectora de la madre, que el niño necesita ser llevado a una burbuja totalmente controlada por esta última, lejos de la perniciosa influencia del padre, siempre sospechoso, cómo no, de impulsos de dominación irreductibles y primordiales.

El niño no necesita el control exclusivo de la madre. Ni del padre. El niño necesita la participación de los dos en su crianza, en su cuidado y en el roce cotidiano. Porque como decía la copla, sin roce no hay cariño. Y eso es lo que más obsesiona a algunas recelosas madres, como la tristemente famosa letrada María Dolores Martín Pozo, presunta inductora del asesinato de su ex marido Miguel Ángel Salgado; mujeres que no quieren compartir con ningún igual el cariño del ser amado, el amor de los hijos, por cuya escritura de propiedad exclusiva se afanan en batallar por todos los medios a su alcance y desde los más altos castillos.

Los niños no son una propiedad, y no se pueden partir, como sí se puede partir una casa, cuyo valor material no obstante tampoco se parte, porque va en el mismo lote que la propiedad materna de los hijos. Claro que los hijos no se pueden partir, pero sí se pueden y se deben compartir. Tal vez todos deberíamos empezar a conjugar el verbo compartir, pues es nuestra obligación con nuestros hijos e hijas. Y en caso de no aprender a conjugar el verbo por nosotros mismos, entonces el Estado debería poner a cada uno en su sitio e imponer el derecho allí donde todavía no ha llegado. Precisamente para que haya más familias felices, porque como decía Tolstói, las familias felices no tienen historia, y hoy por hoy en nuestro país hay demasiadas familias y demasiados niños que arrastran una tortuosa historia.

lunes, noviembre 19, 2007

Víctimas de LA VÍCTIMA

Recientemente, Anthropos dedicó un monográfico a René Girard, un autor insuficientemente conocido que ha sabido iluminar con sus análisis las complejas relaciones entre víctimas y victimarios. Leyéndole, no es difícil descubrir la pirueta más utilizada actualmente por la violencia para invisibilizarse y actuar con impunidad: proclamar víctima a todo un colectivo, convertirse en lobby y declarar sus privilegios como prevención de la violencia o protección de los intereses de potenciales víctimas. Es una máscara magnifica, aureolada de incuestionable legitimidad. Ante ella, todos sucumben, temerosos de ser acusados de simpatía con los agresores o de dar aliento a sus desmanes.

De este modo, LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL, y todos cuantos pueden obtener beneficios amparándose bajo esta abstracción (las víctimas reales no son la prioridad), instaura su dictadura e inicia así el ACOSO Y SAQUEO SISTEMÁTICO DEL AGRESOR INSTITUCIONALIZADO, y de todos cuantos sea posible asimilar a esta abstracción para BENEFICIO DE LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL.

En cuanto seas potencialmente asimilado al agresor institucionalizado, serás declarado directamente CULPABLE MIENTRAS NO SE DEMUESTRE LO CONTRARIO, o como mínimo te convertirás en SOSPECHOSO. De nada te servirá recordar que tú respondes por ti mismo y que no pueden imputarte las conductas atribuidas a ningún colectivo sospechoso: has dejado de existir como persona y ahora sólo cuenta la condición de agresor que te han asignado. Tampoco te servirá subrayar que te están convirtiendo en víctima de una violencia absolutamente injustificada, porque no puede haber más víctima que LA VÍCTIMA.

En coherencia con esta lógica perversa, LA VÍCTIMA INSTITUCIONAL, para seguir legitimándose, alimentará constantemente en el imaginario colectivo el FANTASMA DE LA MALDAD INTRÍNSECA del AGRESOR INSTITUCIONALIZADO.

No es difícil descubrir esta dinámica en la legislación que regula actualmente la relación entre hombres y mujeres. El feminismo que acertó denunciando los privilegios masculinos que mantenían a las mujeres en una posición subordinada, ha acabado sin embargo poniendo en manos de las mujeres privilegios abusivos que les permiten dañar impunemente a sus exparejas masculinas, en nombre de una condición femenina a la que todo le está permitido, porque ha sido previamente declarada víctima de la violencia abstracta de los hombres
[1]. Y, por si nos olvidamos, las campañas institucionales nos recuerdan sistemáticamente los malos que son los hombres: tiranizan y matan a las mujeres, cobran mejores sueldos, son temerarios al volante, reducen las mujeres a objetos de sus deseos depravados, etc. Aunque en teoría se habla de superar los estereotipos tradicionales, se sigue alimentando esta visión estereotipadamente maligna de la condición masculina.

Todo ello ha acabado teniendo su reflejo en la lucha contra la llamada violencia de género –escandalosamente asociada sólo a la violencia masculina-, un arma que permite fácilmente poner bajo las cuerdas a los hombres con falsas acusaciones al iniciar un proceso de divorcio; o en la negación de la custodia de los hijos –ni siquiera en régimen compartido- a los hombres, obligados además a financiar a las madres que les enajenan de la descendencia mutua.

Pero, seguro que a cualquiera le resulta fácil encontrar ejemplos en todos los ámbitos de actuación humana.


Informaciones complementarias

Algo más de la mitad de parejas que se disolvieron legalmente el año pasado tenían hijos menores de edad (en concreto, el 51,3%). Dentro de este conjunto, lo más frecuente son las parejas que se separan cuando tienen sólo un hijo. Los datos del INE muestran también que en el 78,7% de los casos el pago de la pensión alimenticia establecida para los hijos afectados por una disolución matrimonial corresponde al padre.
FUENTE: http://paper.avui.cat/article/societat/105874/matrimonis/breus/es/disparen/any.html

Madres y padres separados exigen la custodia compartida como
mejor solución tras el divorcio. Público, OLIVIA CARBALLAR - SEVILLA - 18/11/2007 20:07


Entre 500.000 y 800.000 padres divorciados tienen problemas
para ver a sus hijos; 160.000 pasan por el calabozo alguna vez
por denuncias falsas; y en el 30-40% de los casos se incumple
el régimen de visitas. Son datos de la Confederación Estatal
de Madres y Padres Separados, que ayer exigieron al Gobierno,
en una manifestación en Sevilla, que se establezca la custodia
compartida como modelo preferente tras el divorcio.

"Los objetivos que perseguía la ley [del divorcio de 2005] de
reducir la contenciosidad y de proteger el derecho del menor a
relacionarse con ambos progenitores en igualdad han fracasado;
de hecho, la contenciosidad ha aumentado casi un 6%", denunció
el presidente de la confederación, Justo Sáez. "Es totalmente
inaceptable que el menor sufra, que sea maltratado y que sea
manipulado", añadió.

El acto, con el lema Custodia compartida sí. Síndrome de
Alienación Parental no. Denuncias falsas no, coincide con la
celebración, hoy, del Día Mundial de la Prevención contra el
Abuso Infantil y, mañana, del Día Internacional de los
Derechos del Niño y la Niña.

Alienación parental

"Empresario, divorciado desde hace ocho años, afectado por el
síndrome de alienación parental [manipular a los hijos para
que rechacen al progenitor que no tiene la custodia] que
padece mi hija Rocío de 10 años desde hace un año y medio,
momento en el que la madre así lo decidió". Así se presenta
Domingo González en un blog http://custodiacompartidasap.blogspot.com/

"Mi hija no me quiere ver, ni tocar, y el último día que nos vimos me pegó un par de guantazos", escribe.

En conversación telefónica, sin embargo, Domingo, portavoz de
la confederación, prefiere dar protagonismo a casos mucho "más
graves" que el suyo. "No me gusta hablar solamente de mi
historia, las hay peores, como la de Manuel Gancedo, un hombre
cántabro que únicamente puede mover las pestañas, que ha sido
denunciado por maltrato, que no ve a su hija desde hace más de
un año y al que los médicos dan muy pocas esperanzas de vida".

Domingo también critica la ley de violencia de género: "El año
pasado fueron asesinadas 68 mujeres. ¿Sabes cuántos hombres
murieron a manos de sus parejas? 42".

"No sabía que mi hijo tenía un tumor"

Antonio Pino lleva sin ver a su hijo más de diez años porque
no le han dejado. Pero su hijo, Iván, lleva el mismo tiempo
sin ver a su padre porque no quiere. Antonio atribuye la
reacción de Iván al síndrome de alienación parental: “Mi ex
mujer les ha manipulado y eso es un error, porque, aparte del
daño que me hace a mí, el que sufre es el niño”.

A Antonio, que preside la Federación Andaluza de Padres y
Madres Separados desde Granada, se le encoge la voz cuando
cuenta que se enteró de que su hijo estaba gravemente enfermo
por casualidad: “Unos amigos me tuvieron que decir que mi hijo
se estaba muriendo por un tumor”. Su ex mujer, de la que ya
lleva separado unos 15 años, no lo dejaba ir a verlo al
hospital. “Este hijo es mío y no tuyo”, explica Antonio que le
gritaba ella.

Tuvo que intervenir la policía y, desde entonces, pudo ir a
visitar a Iván todos los días. Pero Antonio también tiene otra
hija, hermana gemela de Iván, a la que no ve desde hace más de
seis años. “Una vez la vi en la calle y ni me atreví a
saludarla y mi cuñada me dijo que había hecho bien porque si
mi ex mujer se entera de que me ha saludado le hubiera
pegado”, sentencia.

Los niños han crecido, ya son mayores. “Mi ex mujer se los
llevó a Tarragona y no iba ni a recoger las notas al colegio”.
Y trabajan. “Yo les seguí pasando la pensión hasta que un juez
dijo que no tenía que darles más dinero”. Y su hijo, afirma
Antonio, le llamó y le dijo: “Ya nos veremos en el juzgado
donde te pienso inflar a hostias”. Antonio no se ha vuelto a
casar y dedica su vida a que otros niños no pasen por ello.
“Estoy escribiendo una obra de teatro basada en mi vida”. No
hay ni un solo día que no recuerde a sus hijos. La pasada
Navidad les envió una felicitación. La respuesta no ha llegado
aún.

"La mejor vía es la mediación familiar"

“La guerra de géneros es un negocio”. Con esta contundencia se
manifiesta un juez en cuyas resoluciones siempre han primado
el interés y la protección de los menores, como en el caso de
la joven de Benamaurel (Granada), en el que se negó a ejecutar
la orden de devolverla a sus primeros padres adoptivos.
Francisco Serrano, titular del Juzgado de Familia número 7 de
Sevilla, considera que la custodia compartida es “un clamor
social” porque es la “mejor solución para la desprotección
que vienen sufriendo los niños.

El juez Serrano, que atendió a este periódico tras su
participación en un congreso de jueces por la mediación,
aseguró que ésa, la mediación, es la vía adecuada para
solucionar problemas cuyos principales damnificados son los
niños. “Usted puede fracasar como pareja, pero no como padre
ni como madre”, asevera.

Sobre el síndrome de alienación parental, el juez Serrano
pone un ejemplo muy gráfico: “Si el niño de la película La
vida es bella puede ver en un campo de concentración un parque
de atracciones gracias a su padre, está claro que los padres
pueden hacer creer cualquier cosa a sus hijos”. E insiste:
“Para evitar este síndrome, lo mejor es la custodia
compartida, apartar durante un tiempo al niño de la fuente de
alienación”. Y quien se opone a esta fórmula, dice, demuestra
que no está capacitado para obtener la custodia del menor.

Con la misma claridad y contundencia que defiende la custodia
compartida, Francisco Serrano asegura que la Ley Integral
contra la Violencia de Género necesita una “reforma integral”.



Sentencias para mirar con lupa

Una juez de Gavà (Barcelona) denegó a Joan Carles Castañé la
custodia compartida de sus dos hijos argumentando, entre otros
motivos, que la minusvalía que sufre –una cojera derivada de
una poliomielitis– podría representar un impedimento para
cuidar a dos niños tan pequeños.

En Manresa (Barcelona), una juez otorgó a un padre la custodia
de su hija, por un periodo de seis meses, para intentar
remediar la aversión que la niña siente hacia él y que, según
la sentencia, ha sido inculcada por la madre, al haber
impedido que le viera desde su separación. La mujer en un
principio denunció al padre de los menores por “malos tratos”
y éste tuvo una orden de alejamiento.

El juzgado de familia de Oviedo desestimó el pasado 24 de mayo
el recurso de una madre en el que pedía un horario más
flexible para visitar a sus hijos al estimar que la mujer
predisponía a los pequeños contra su padre.

PUBLICO.ES



La Confederación Estatal de Madres y Padres Separados
considera que el aumento en un 74,3 por ciento de los
divorcios en España se debe, en gran parte, a la ley contra la
violencia de género, que favorece a la mujer que denuncia a su
pareja por malos tratos, aunque no pueda demostrarse que el
hecho denunciado sea cierto.

"Con la ley contra la violencia de género en la mano, si la
mujer interpone una denuncia por malos tratos", sean estos
ciertos o no, "el hombre pierde todo derecho (sobre sus
hijos), aunque al final salga absuelto", declaró a Servimedia
Domingo González, portavoz de la confederación.

Y como quien se queda con la custodia de los hijos, continuó
González, se queda automáticamente con el domicilio familiar,
eso lleva a "muchos abogados" a aconsejar a sus clientas que
denuncien a su pareja por malos tratos, añadió.

La ley contra la violencia de género, subrayó el portavoz de
dicha asociación de madres y padres separados, "ha venido a
darle a una de las partes un arma muy poderosa, como es la
custodia de los hijos", a la hora de formalizar una ruptura
matrimonial.

SERVIMEDIA

[1] “La lógica patriarcal”, “la violencia estructural masculina” y otras mistificaciones.